jueves, 11 de agosto de 2016

Películas - Años 50: Crimen Perfecto (1954)


DIAL M FOR MURDER (9/10)

El término "crimen perfecto" se define realmente bien. Creo que poco más hay que decir al respecto. Da igual la categoría del mismo, un crimen es un crimen, ya sea un robo, un secuestro, un atraco, un asesinato... la perfección de este se alcanza cuando planificación y realización van a la par, de manera que jamás seas atrapado. El maestro del crimen en el séptimo arte fue, y creo que siempre será, el gran Alfred Hitchcock. El director británico vivió siempre obsesionado con el mundo del crimen, llevandolo a la gran pantalla en numerosas ocasiones. La organización, la ejecución, la investigación, el juicio... todo interesaba de sobremanera a Hitch. Y aunque repasando su filmografía hallaríamos más de un buen ejemplo, creo no equivocarme al afirmar que con Dial M for Murder es con la cinta con la Hitchcock lo desgrana con mayor placer, como si de un libro de texto de la Universidad del Crimen se tratase. La razón es que no hallamos nada que no este relacionado con el crimen.  Nada que distraiga nuestra atención sobre lo que estamos viendo o vamos a ver. Sabemos en todo momento que en esta historia no tiene cabida nada más que el crimen por si mismo. Todas las subtramas giraran en torno al mismo para darle mayor peso y coherencia al desarrollo de la historia. En el futuro, de la misma manera que en el pasado, el crimen seguirá teniendo un gran peso en el cine hitchcockiano, pero jamás con la metodología y ejecución que en Crimen Perfecto.
La historia nos traslada al Londres de los años 50. Tony Wendice es un ex jugador profesional de tenis ya retirado que aún mantiene un buen nivel de vida (a pesar de trabajar como simple vendedor de artículos deportivos) gracias a la fortuna de su joven y hermosa mujer, Margot. Tras descubrir que esta anda enamorada de un norteamericano escritor de guiones para la televisión, y aterrado ante la posibilidad de perder su lujoso tren de vida, decide planear su asesinato de manera que obtenga su dinero sin que jamás sospechen de él, logrando lo que consideraríamos como el crimen perfecto. Para ello hará uso, mediante el chantaje, de un antiguo conocido suyo de turbulento pasado para matar a su esposa mientras el se halla en otro lugar con una coartada perfecta. Sin embargo, y como recuerdan en la propia cinta, el destino es caprichoso y el plan toma otros derroteros, por lo que Tony deberá hacer uso de su agudo ingenio e inteligencia para adaptarse y evitar que las tornas dejen de estar a su favor.

La película esta basada en la obra de teatro de Frederick Knott, que escribe también el guión de la misma, y como en otras tantas ocasiones a lo largo de la historia del cine, y especialmente el clásico, nos encontramos con una perfecta adaptación de una pieza teatral. Hitchcock, sabedor de la importancia del escenario para mantener la tensión en sus espectadores, se decide a rodar casi la totalidad de su cinta en el salón de los Wendice, lugar de la planificación y ejecución del asesinato. En una obra de teatro tiene un sentido práctico, pero el director de la cinta decide usar ello a su favor para alejarse de cualquier cosa que no tenga nada que ver o que pueda distraer la atención, de la misma manera que hacía en su película de 1948 Rope (La Soga) con la que guarda no pocos parecidos. Si en ocasiones podemos criticar los guiones o las historias de las cintas de Hitchcock, jamás su preocupación por la técnica. El director creó escuela mediante su exhaustivo cuidado y control de los pormenores de cualquier aspecto de la cinta. Sabedor de las limitaciones propias de rodar en una única habitación, y sin abusar de excesivos movimientos de cámara (Hitchcock no quiere que nos sintamos como personajes de la obra, únicamente testigos) decide jugar con una serie de planos estudiados al milímetro pasando de picados, generales a primeros planos de manera que casi nos enteramos, pero que están al servicio de la narración.
En el reparto destacan cinco nombres, ya que salvo algún que otro figurista de apenas segundos, la historia gira en torno a ellos cinco: Ray Milland da vida a Tony Wendice, el celoso y frío marido decidido a acabar con la vida de su mujer. Sin llegar a ser una de las grandes estrellas del Hollywood clásico, Milland siempre contó con un buen cartel durante su carrera. Su interpretación de Wendice, junto a la del atormentado Don Birman, son de las más recordadas y aplaudidas de su carrera. Junto a este en importancia nos encontramos a una joven Grace Kelly en su primera cinta con Hitchcock, el cual quedó prendado por ella en más de un sentido, convirtiéndola en su musa. Ese mismo año estrenaría también con el director británico Rear Window (La ventana indiscreta), otro de los grandes éxitos en la carrera de ambos. Los otros tres miembros del reparto son Robert Cummings, el enamorado de la señora Wendice y que como en otras ocasiones, Hitchcock no da gran importancia sobre la escena (a pesar de lo que diga el libreto) y trata como secundario florero; Anthony Dawson, como el asesino, perfecto en la que posiblemente sea la mejor interpretación de su carrera; y por supuesto a John Williams (no confundir con el compositor) como el inspector Hubbard, capaz de poner a prueba y desafiar el desgarrador ingenio de Tony Wendice. A pesar de haber participado en gran número de películas (además de televisión y teatro) el papel de Williams como Inspector jefe es seguramente el más importante y recordado de su carrera.
La película contó desde el principio con el beneplácito tanto de crítica como de público, enmarcada en la época dorada de Hitchcock, Dial M for Murder es considerada por casi todos los expertos como una de sus grandes obras maestras.



@solocineclasico

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...