miércoles, 22 de junio de 2016

Películas - Años 40: El Político (1949)



ALL THE KING´S MEN (7/10)

-El dolor es un mal, no el mal. Stark es el mal en si mismo. 

Existe un debate la mar de interesante entre los aficionados al cine clásico, o el cine en general, y es como de bien o mal ha envejecido una película. La estética cuenta, el apartado técnico cuenta, y la historia cuenta. Llegados a este punto lo que más me interesa, ya que ciertas películas tratan de captar un momento concreto de su tiempo el cual puede verse alterado con el paso de los años, es la historia. Y es que la historia acostumbra a repetirse, aunque en ocasiones no se ve ni siquiera interrumpida. All the King´s Men es un buen ejemplo de todo ello ya que trata varios temas relacionados entre si como la corrupción política, el cambio que ejerce en uno el poder, o el uso del populismo y demagogia como imán de votos. 
El director y guionista Robert Rossen, responsable de títulos como El Buscavidas, adapta la novela ganadora del Pulitzer, All the King´s Men, del escritor Robert Penn Warren, para traernos el retrato de un político norteámerico imaginario de la primera mitad del siglo XX y su ascenso al poder. La historia se centra en Willie Stark, un campesino que se hizo a sí mismo, que llegó a ser abogado estudiando por las noches con la ayuda de su esposa, que sabía que no podía mejorar su vida sin mejorar la de los demás, y que decidió presentarse a gobernador para cambiar las cosas. Para acabar con la corrupción de los políticos, con el poder de los bancos y las grandes fortunas, para construir un lugar mejor en el que vivir, aunque para ello tuviera que utilizar cualquier tipo de medio para alcanzar sus objetivos como el soborno, el acoso, la violencia, y hasta el asesinato. Seremos testigos de toda esta evolución a través de los ojos de Jack Burden, un joven periodista que comparte las ideas y sueños de Stark, y que se verá arrastrado por la fuerte atracción del mismo.
Penn Warren se basó en parte en la figura de Huey Long, un político demócrata del estado de Luisiana conocido por radicalismo y populismo, y que llegó a ser gobernador de dicho estado entre 1928 y 1932. Long escribió su biografía titulada Every Man a King, título que al parecer Penn Warren adaptó para su propia novela. Y es que las similitudes entre Long y Stark no son pocas. Ambos comparten orígenes humildes, los dos empezaron desde cero a través de un gran esfuerzo, y gracias a un claro conocimiento de los problemas de los más pobres e indefensos, alcanzaron el poder. Ambos se presentan como lo nuevo dispuesto a acabar con lo antiguo de una vez por todas, y evidentemente hay grandes cambios. Una gran inversión pública para la construcción de carreteras, hospitales, colegios. Una política fiscal que ayuda a respirar a los más pobres y aprieta a los más ricos. Ayudas al campo. Pero para lograr todos estos objetivos, tanto Long como Stark hacen uso de los mismos métodos que tanto criticaban en sus antecesores. El poder acaba destruyéndoles, tanto a ellos como a las personas a su alrededor. 
Huey Long no es un caso aislado en la historia. Willie Stark es un claro reflejo de todos los Huey Long del pasado, del presente, y del futuro. Aunque la corrupción que trata la historia que nos preocupa hoy tiene tintes más mafiosos por el ejercicio de la violencia y extorsión que a los que estamos acostumbrados en la actualidad, la corrupción política sigue al orden del día. Ninguna ideología se libra, ya que giran alrededor de diferentes partidos, y estos están formados por personas. Muchas de ellas honestas, decididas a ejercer un servicio público durante el tiempo que los ciudadanos consideren oportunos. Pero con otras cuantas que, como Willie Stark, están dispuestas a todo, con tal de alcanzar su meta, la cual no siempre tiene nada que ver con el bien mayoritario. 
El Político es un claro ejemplo de película atemporal cuyo mensaje no ha envejecido ni un ápice. Sí, la fotografía es en blanco y negro; sí, el sonido tiene ese característico y maravilloso zumbido de película antigua; sí, los hombres llevan la hebilla del cinturón a la altura del ombligo; pero lo que realmente importa, la historia que busca transmitir, sigue siendo actual. Terriblemente actual.
La película está protagonizada por Broderick Crawford, quien da vida a Willia Stark. Crawford era un veterano actor secundario que logró su papel de mayor importancia en esta cinta por la que ganó el Oscar. Cuentan que Robert Rossen ofreció el papel de Stark a John Wayne, pero este lo rechazó por antiamericano. Tiempo después Crawford ganó la estatuilla dorada a Wayne, nominado por Arenas Sangrientas (Allan Dwan, 1949). A este le siguen Mercedes McCambridge, también ganadora del Oscar a Mejor Actriz de Reparto, dando vida a Sadie Burke, la mano derecha de Stark en todo momento, y mi personaje favorito en la película. McCambridge dibuja a su personaje de todo lo necesario, fuerza, ambición, soledad. Posiblemente lo mejor de la cinta. Y a esto sigue John Ireland, conocido secundario de diversos Westerns, y que aquí nos deja una de sus mejores interpretaciones por la que logró una nominación al Oscar. Ireland es el joven periodista que en un principio casa con las ideas de Stark pero que pronto se ve afectado por la acciones de este. El desarrollo del personaje de Ireland, al igual que en cierto modo el de Crawford presenta problemas en paralelos con la propia película. Queda claro en todo momento la intención de Rossen de dibujar la transformación a peor de los personajes principales cuanto mayor es el poder de sus figuras, al igual que Orson Welles con su Ciudadano Kane, sin embargo, esto es algo que en ocasiones no queda demasiado claro o es presentado de manera excesivamente abrupta. Al documentarme sobre la película hallé respuesta a todo esto: La versión original de Rossen excedía las cuatro horas y no sabía que cortar o alterar de la misma, por lo que finalmente fue el montador Al Clark, junto a Robert Parrish, los que llevaron a cabo un montaje casi experimental que les supuso una nominación al Oscar pero que, en mi opinión, nos deja una película en ocasiones cojas, con saltos incoherentes entre escenas. 
Aunque la película contó con un gran éxito entre la crítica desde el primer momento, y lograría el Oscar a Mejor Película, junto a las otras dos estatuillas anteriomente mencionadas y otras cuatro nominaciones, la cinta tendría graves consecuencias para su principal responsable, Robert Rossen. Este sería llamado a declarar poco después ante el Comité de Actividades Anti-Norteamericanas e incluido en la lista negra. Debido a las presiones, y la imposibilidad de trabajar, acabaría declarando y dando los nombres de otros artistas de izquierdas en Hollywood. Esto le obligaría a trasladarse a Europa por un larga temporada. 
La intención de Rossen, tras leer la novela de Robert Penn Warren, fue mostrar el peligro proveniente de la mala influencia que el poder podía ejercer en la política y en los hombres. Denunciar las acciones promovidas por el radicalismo y el populismo. Poco tiempo después acabaría siendo víctima de esto mismo. Nos encontramos ante uno de estos maravillosos, a la par que terribles, casos, en los que la ficción busca desesperadamente abrazar la realidad ya que en ocasiones no hay apenas diferencias entre ellas.


P.D.: En el 2006, el director y guionista Steve Zaillian estrenó una nueva versión protagonizada por Sean Penn, Jude Law, Kate Winslet, James Gandolfini y Anthony Hopkins.

@solocineclasico

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