lunes, 23 de mayo de 2016

Películas - Años 50: La canción del camino (1955)


PATHER PANCHALI (7,5/10)

Hablar de cine clásico asiático que no lleve por bandera la nipona resulta, cuanto menos, complicado. Sin embargo hoy os traigo la primera de tres excepciones. Tres cintas procedentes de La India que forman parte de un todo, y quien sabe si en el futuro habrá más. De momento nos quedamos con tres películas que unidas constituyen la conocida y aplaudida Trilogía de Apu, obra maestra de su director, Satyajit Ray. Y sin que sirva de precedente, quiero alterar ligeramente la estructura de mi crítica empezando por hablar del director de La canción del camino
Satyajit Ray nació en 1920 en una familia de artistas bengalí que se podía rastrear hasta diez generaciones. Desde joven mostró un gran interés por el mundo del séptimo arte, convirtiéndose en un ávido espectador en las salas de cine. En un principio estudió diseño gráfico en la universidad Visva-Bharati en Santiniketan, fundada por el prestigioso Rabindranath Tagore. Aunque no terminó sus estudios, su estancia en la universidad le permitió conocer de primera mano el arte oriental, y especialmente el hindú, el cual llegaría a ser una clara influencia. Comenzó a trabajar como diseñador gráfico en diferentes lugares y compañías, y en 1947 funda junto a Chidananda Dasgupta y otros cinéfilos Calcutta Film Society, lo cual le permite visionar gran número de películas de procedencia extranjera. Gracias a los contactos que realiza llega a conocer al director francés Jean Renoir, el cual se encontraba en La India buscando localizaciones para su película El Río. Fue gracias a este que comprendió que convertirse en director de cine podía ser la perfecta y necesaria válvula de escape para su vena artística. Durante una estancia de trabajo en Londres vio y estudió un gran número de películas, pero fue tras visionar Ladrón de Bicicletas (Vittorio de Sicca, 1948), que se convenció de la idea de que debía convertirse en director de cine. Ray ya había discutido en un par de ocasiones con Renoir acerca de una idea de película que posteriormente sería Pather Panchali, proyectó que el director de La Gran Ilusión animó a Ray a llevar a cabo. 
Influido por la obra maestra de Vittorio de Sicca, el director se basó principalmente en la novela homónima de Bibhutibhushan Bandyopadhyay sobre la infancia de un joven bengalí a principios del siglo XX para llevar a cabo su ópera prima. Como los propios directores neorrealistas, Ray tuvo problemas financieros desde el principio para rodar su película. Usó sus únicos ahorros para arrancar el proyecto con la idea de que tras el visionado de lo rodado hasta el momento lograría algún tipo de financiación. Estas ayudas no llegaban, y cuando lo hacían, eran rechazadas ya que imponían cambios en el guión, por lo que proyecto se alargó durante tres años cuando, tanto Ray como su director de producción, Anil Choudhary, contaban con dinero nuevamente. La elección del reparto no podía ser más neorrealista, todos los actores y actrices eran meros aficionados, con la clara intención de aportar un toque lo más realista posible. De la misma manera que el equipo técnico apenas tenía experiencia cinematográfica, algo que no impidió que el resultado final fuese, cuanto menos, notable. Gracias a una ayuda estatal, Ray consiguió terminar y estrenar su película en 1955, convirtiéndose en un éxito tanto de crítica como de público. Y no únicamente en La India, también en occidente la cinta logró recopilar premios de la crítica. Uno de sus principales impulsores fue el director John Huston, quien se encontraba en La India buscando localizaciones para su El hombre que pudo reinar, y que tras ver la escena de Apu y su hermana en las vías del tren, trató de dar a conocer la cinta entre sus círculos en EEUU. También contó con detractores, como el propio François Truffaut, aunque fueron minoritarios. 
Con 34 años, y tan solo una película en su haber, Satyajit Ray se convierte en el director más aclamado de La India. ¿Cómo? Contando la crónica de los Roy, una desafortunda familia bengalí de principios de siglo formada por unos padres, una abuela, una hija, y el pequeño de la familia, Apu, testigo al igual que el espectador, de las vicisitudes a las que se enfrentan los protagonistas. Un padre que trabaja por una miseria y que dedica el poco tiempo libre que tiene para escribir poesía y ejercer como curandero. Una madre, cabeza de familia, que trata de sacar adelante a sus hijos con las parcas rentas que tienen, tomando prestado, y aguantando los comentarios hirientes de vecinos y familiares. Una abuela demasiado anciana para ser realmente útil, que es considerada como un estorbo por su nuera, además de otra boca (sin apenas dientes) que alimentar. Y una hija holgazana y rebelde que no se comporta como su madre espera de ella, y que roba en ocasiones en los huertos de los vecinos. El tema central de esta historia es la miseria, una miseria consecuencia del destino, mala suerte, como queráis verlo, dibujada siempre con trazos propiamente dramáticos. Ray busca retratar la sociedad bengalí de principios de siglo (XX) llevándonos al estrato más pobre de la misma como hacían muchos de los neorrealistas europeos. 
El ritmo de la cinta es en ocasiones lento, debido principalmente a los planos largos y estáticos, otros lo consideran contemplativo, y es que debido a la influencia del teatro hindú y el rasa, el cual considera que el arte ha de conmover en su esencia, Ray se toma con mucha calma las diferentes escenas y momentos claves de su historia para que el espectador se imbuya por completo. Pero dejando de lado este aspecto, nos encontramos con una cinta que podría pasar por europea perfectamente, y es que la influencia del cine extranjero es clara y notable en esta primera película de Ray. Sin embargo, he dejado de lado un factor clave y es el que, en mi opinión, mejor trasmite la verdadera esencia hindú, y esta es la banda sonora de Ravi Shankar. Ray emplea la música en su cinta como otra herramienta narrativa con gran maestría. Esta es capaz de llevarnos a la verdadera India desde el momentos que los créditos iniciales arrancan, hasta el propio final. Destaca, en mi opinión, la presentación del personaje de Apu, interpretado por Subir Banerjee, en el que la hermana busca a este para ir al colegio y lo primero que vemos del pequeño es su ojo a través de una agujereada sabana.
No creo que esta primera entrega de La trilogía de Apu sea una película recomendable para aquellos que no sean auténticos entusiastas del cine o del arte hindú, pero si al menos para aquellos con un mínimo interés por algo que tampoco difiere mucho del cine neorrealista europeo de finales de los 40s, principios de los 50s, y que nos da la oportunidad de ver la realidad de un mundo diferente al nuestro en muchas cosas, y demasiado parecido en una en concreto, la miseria.
@solocineclasico

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