viernes, 19 de febrero de 2016

Películas - Años 50: Sin remisión (1950)


CAGED (8,5/10)

-Mary Allen, 93850.

No nos llevemos a engaños. No son pocas las ocasiones en las que el cine es menospreciado como un arte menor. Los que hay que lo consideran una rama menor cuya principal función es el entretenimiento, dejando de lado la vital importancia de la trasmisión de historias. Como en todo arte, encontramos productos menores que malogran al resto (lo mismo ocurre en la literatura, por ejemplo) pero esto no puede ensombrecer al cine como tal. Como en todo arte, encontramos diferentes géneros, cada uno de ellos enfocados hacia un tipo de mensaje. El cine bélico no es únicamente una explosión tras otra, es un vehículo de crítica sobre las guerras; el cine de boxeo no son dos tipos pegándose sobre un ring, habla del esfuerzo y el sacrificio: incluso las comedias románticas tontas pueden llevar tras de si un mensaje que cale al espectador de manera positiva... Nos encontramos ante un género de gran importancia, el cine social, que si bien no tiene por costumbre arrastrar a las masas a las salas de cine, si que aporta algo más que un granito de arena en forma de denuncia en busca de un mundo mejor. Dentro del cine social encontramos el género carcelario, uno del que soy público y notorio admirador. La película que os traigo hoy, la cual no había tenido la oportunidad de visionar hasta hace poco, resulta todo un ejemplo de lo que os acabo de comentar.
Mary Allen es una viuda de 19 años que acaba de entrar en la cárcel por culpa de un malentendido durante un atraco llevado a cabo por su marido. Mary, que además está embarazada, es una joven inocente e ingenua que decide acatar las normas desde el primer día con la esperanza de salir de prisión al cabo de 10 meses, pero los continuos malos tratos por parte de la temible celadora Harper, la compañía de las otras presas, y el podrido sistema carcelario, convertirán a esta dulce joven, en una fría candidata a reina del crimen.
Como apuntaba en mi crítica de otra joya del cine carcelario, Soy un fugitivo (Mervyn LeRoy, 1932), la Warner Brothers decidió de cambiar de estrategia de mercado durante los años 30s, especializándose en los géneros de gangsters y cine social. Esto fue cambiando con el paso del tiempo, sin embargo, en 1950 nos llega esta película imprescindible para todo aficionado al género, y que sin duda alguna ha servido de inspiración a no pocos directores en las siguientes décadas. Y es que en apenas 90 minutos, la cinta se despacha a gusto en no pocos temas, todos relacionados, sobre el sistema penitenciario. En este caso trata el de EEUU, uno de los países más avanzados del mundo, pero que aún a día de hoy presenta graves problemas en lo relacionado con los presidios. El eterno debate sobre las cárceles. No son parques de recreo para aquellos que han cometido un crimen, pero tampoco hay que olvidar que, a través de nuestros impuestos, castigamos a aquellos que han infringido la ley con la restricción de su libertad. Como sociedad, y a través del sablazo a nuestra nómina cada mes, tenemos la oportunidad de invertir en personas que por diferentes razones han optado por el camino equivocado para que una vez libres, puedan ser de algún tipo de utilidad. Pecaría de ingenuo si creyese que esto se puede trasladar a todos los casos, pero si sé que no son pocas las ocasiones en las que las causas de que un exconvicto vuelva a reincidir tienen origen en su paso por la cárcel. Este es el principal mensaje de la película, como, a pesar de la aparente e inútil lucha de unos pocos idealistas, el sistema penitenciario, regido por políticos despreocupados o ineptos, tiende a agravar el problema. El personaje principal de Mary Allen es el mejor ejemplo, como una joven inocente, acusada injustamente de un crimen menor, que decide acatar las normas y alejarse de los problemas, pierde toda su bondad a causa del sistema. Resulta quizás un ejemplo un tanto oportunista, pero que de la misma manera se puede trasladar a otros casos. No entraremos en las causas que llevan a esta mujer, o a cualquier otra persona a prisión, porque quizás si tratásemos los temas de injusticia social en el exterior parecería que estamos justificando un crimen, y no es mi intención, ni la de la película, pero si lo que puede llevar a motivar a un expresidiario a volver a la celda.
La cinta está dirigida por John Cromwell, director al que que conocía únicamente por su adaptación de Out of Bondage de 1934, basada en la novela de Somerset Maugham, pero del cual tengo varios títulos pendientes. En esta ocasión realiza un trabajo sensacional (desconozco si será uno de los mejores de su carrera) tras las cámaras, y que unido a la excelente fotografía en blanco y negro de Carl E. Guthrie y la dramática banda sonora de Max Steiner, consigue una de las mejores cintas carcelarias del cine clásico. Cromwell trata muchos temas dentro de la cinta, siguiendo el guión de Virgina Kellog, sobre su propio relato titulado Mujeres sin hombres, y no busca andarse por las ramas. La historia va directa al estómago y en ningún momento peca de falta de ritmo, sin embargo (y me resulta paradójico viniendo de mi) no habría supuesto un gran problema el recrearse algo más en ciertos momentos dramáticos. Aunque el mensaje y las intenciones quedan más que claras, echo en falta una mayor exposición en escenas puntuales en busca de una afirmación definitiva. Aunque esto, como digo, es algo meramente opininable y debatible. No empeora para nada el producto final.
Pero si hay algo que merezca la pena destacar de esta sobresaliente cinta, es sin duda alguna su reparto, empezando por supuesto por Eleanor Parker, bellísima actriz clásica que realiza uno de sus papeles protagónicos más importantes interpretando a la joven Mary Allen y que obtuvo una nominación al Oscar por su trabajo, el mismo año que Gloria Swanson por Sunset Boulevard y que Bette Davis y Anne Baxter por All About Eve, y que inexplicablemente ganaría Judy Holliday por Born Yestarday. Un año más tarde repetiría nominación por su también excelente trabajo en Detective Story, de William Wyler, junto a Kirk Douglas. También destacar a Hope Emerson, quien da vida a la despreciable celadora Harper, y que obtuvo también una nominación al Oscar, y a la mítica Agnes Moorehead, por su trabajo como directora de la prisión.
En definitiva, un título olvidado injustamente a día de hoy y de visionado obligado para todo fan del género carcelario y social.


@solocineclasico

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