martes, 23 de febrero de 2016

Películas - Años 50: El cuarto hombre (1952)


KANSAS CITY CONFIDENTIAL (8/10)

Una de las mejores cosas en la vida es la capacidad que tiene esta para sorprendernos. El cine no podía ser menos. Por mucho cine que veas, aunque queda mucho pendiente, y cuanto más ves, menos probabilidades pareces encontrar para sorprenderte... hasta que un día lo logras. En todos los géneros cinematográficos nos encontramos supuestas obras maestras que decepcionan, y títulos injustamente olvidados que logran encandilarnos. En mi caso, cierto gran debilidad por estas últimas. Si una película es buena, me encanta, pero si además es una cinta infravalorada o dejada de lado, siento como mi humilde deber el traeros dicho títulos a los que dedicáis unos pocos minutos de vez en cuando a leer esta página. Hace unos pocos días tuve el placer de descubrir la obra de Phil Karlson, director de cine entre los años 40 y 70, más recordado por dirigir a Marilyn Monroe en su primer papel protagonista que por el resto de sus trabajos, y me parece terriblemente injusto, ya que en la filmografía de Karlson encontramos unos cuantos títulos realmente interesante y de lo que merecería la pena hacer mención.
Hoy quisiera empezar con una pequeña joya de cine noir, un género a día de hoy practicamente extinto, y cuyos fans se ven obligados a volver a los años 40s y 50s para disfrutarlo. En caso de añoranza, recomiendo fervientemente este título, El Cuarto Hombre, libre traducción de Kansas City Confidential, primera de tres brillantes colaboraciones entre Phil Karlson, y su protagonista, el actor John Payne, quien también firma el guión.
La historia comienza en Kansas City, donde Timothy Foster planea el atraco perfecto y para el que necesita a tres hombres. Ninguno de ellos conoce la identidad de Foster, ya que este contacta con cada uno por separado, y siempre con una máscara. Tampoco ellos conocen la identidad de los otros, ya que solo se ven una vez, durante el atraco, y van también con el rostro cubierto por una máscara. El plan consiste en arrebatar un botín superior a un millón de dólares a los guardas de un camión blindado mientras estos lo recogen de un banco usando como medio de escape una copia de la furgoneta de una floristería que siempre se detiene junto al banco y que siempre se marcha antes de que los guardas salgan. Aprovechando este lapso de tiempo, los atracadores usan la segunda furgoneta para simular que se trata de esta, darse a la fuga, esconderla en un camión mayor, y dejar que la policía detenga a la furgoneta original, lo que les daría tiempo para huir plácidamente. Pero esto no es todo, parte del plan de Foster consiste en que cada uno se separa para, llegado el momento, repartir el dinero de manera segura fuera de los EEUU, para ello les entrega a cada uno la parte de superior de un naipe como medio de identificación. Lo que ninguno de ellos podría imaginar, es que el conductor del camión de la floristería original, detenido por la policía gracias a la trampa de los atracadores, buscará atrapar a los culpables de su arresto como venganza cueste lo que cueste.
No son pocas las virtudes de esta película. Aunque la catalogamos como una más de cine negro, da para mucho más. Tenemos el atraco a un banco, intrigas policiales, persecuciones, anti-héroe, romance, trato entre criminales... llega en un momento en que todo lo que se podía decir sobre este género ya se había dicho, y únicamente te podías limitar a seguir las reglas establecidas la década anterior y confiar en la calidad de los que trabajaban en el proyecto, o morir en el intento. Karlson no trata de hacer algo diferente, pero si que bebe de diferentes subgéneros para presentar un interesante híbrido. El claro atractivo de la historia, unido a un guión con ritmo trepidante, permiten al director presentar un producto casi sobresaliente, que aunque no puede evitar cierto tufo a cine de serie B (posiblemente por lo escaso de los medios), está por encima de la media de todos esto productos y que podríamos situar con no poco orgullo junto a otros buenos títulos del género.
Y si parte de la culpa de que nos encontramos ante una genial cinta es de su director, el otro responsable es, sin duda alguna, su protagonista, guionista y productor, John Payne. El caso de este actor es, cuanto menos, curioso. Comenzo siendo un secundario conocido durante los años cuarenta pricipalmente por sus papeles en los musicales de la Twenty Century Fox. También fue pareja en varias ocasiones de la actriz Maureen O´Hara, como por ejemplo en su trabajo más recordado, Miracle on 34th Street (George Seaton, 1947). Me costó en un principio, pero pasado un rato llegué a recordar donde había visto esa cara, era el marido de Gene Tierney en The Razor´s Edge (Edmund Goulding, 1946). Pero tras la cinta de George Seaton, Payne rescinde su contrato con la Fox y cambia completamente de tercio. Ávido de roles protagónicos y diferentes, empieza a trabajar principalmente en películas de cine negro y westerns, dando vida al arquetipo de anti-héroe americano. Con una turbulenta vida pasada que aún le hace mella, con el mundo en su contra, y únicamente sus puños, su ingenio, y su sangre fría para dar con los responsables de alguna injusticia en la que, por lo general, él es la víctima. La presentación de su personaje es magnífica, ya que tras su detención, nos olvidamos por completo de él. El pobre conductor que poco tiene que hacer en la historia y que ha servido de distracción a los atracadores. Sin embargo, volvemos a él mientras llevan a cabo su interrogatorio. No es su simple personaje más. Descubrimos más cosas, conocemos al personaje. No tardamos en darnos cuenta, que la película que prometía ser otra más de atracos de bancos, trata en realidad sobre la cruzada de un hombre para limpiar su nombre de la única manera posible, haciendo lo que la policía, la justicia, o los medios son incapaces, detener a los culpables. Y aunque gran parte del peso de la película recae en los anchos hombros de Payne, no podría dejar de mencionar a los secundarios que también aportan lo suyo. Preston Foster como el cerebro del plan, a quien vimos en los años 30s en películas como I am a fugitive from a chain gang (Mervyn LeRoy, 1932) o The Informer (John Ford, 1935); Coleen Gray, como la hija de Timothy Foster, y cuya importancia en la obra seguramente sea la más cuestionable; Neville Brand y Jack Elam como atracadores, y un joven Lee Van Cleef que debutaba aquel mismo año en una obra del western, High Noon (Fred Zinemann, 1952).
La recepción por parte de la crítica fue la esperada por una película sin muchas pretensiones. El éxito les valió a a Payne y Karlson para volver a trabajar juntos al año siguiente en otra genial película llamada River Street 99.
Como curiosidad, destacar que, al parecer, según el propio Quentin Tarantino, el argumento de esta cinta le sirvió como inspiranción para su Reservoir and Dogs.
 @solocineclasico

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...