martes, 24 de febrero de 2015

Figuras del Cine Clásico: Henry Fonda

-¿Usted ha visto caminar a Henry Fonda? Pues eso es el cine.
John Ford

Nacido el 16 de mayo de 1905 en Grand Island, Nebraska, Estados Unidos, Henry Fonda es parte de la historia del cine por méritos propios. Con más de un centenar de películas a sus espaldas, y habiendo trabajado con algunos de los mejores directores de la historia, Fonda ocupa un lugar de honor en el Olimpo de los actores clásicos de Hollywood junto a Cary Grant, Gary Cooper, John Wayne, Spencer Tracy, Gregory Peck, o su buen amigo James Stewart. Sus interpretaciones marcaron a una generación de actores futuros que vieron en Fonda un claro ejemplo de talento imnato convinado con una personalidad arrolladora y profunda. El cineasta y crítico Peter Bogdanovich explicó muy bien el aura que rodeada a Fonda: "Cuando Henry Fonda dice algo, le crees... Esta es una cualidad propia de las auténticas estrellas, y nadie supera a Fonda en ella." 
Fonda terminó la secundaria en su ciudad natal y comenzó a trabajar de todo un poco. Fue durante una función en el teatro local, en la que trabajaba como uno de los carpinteros que montaba el escenario, cuando una mujer llamada Dorothy Brando (madre de Marlon Brando) le convenció para intervenir en la misma. El actor reconoce que jamás se había sentido atraído por el mundo de la interpretación, pero la insistencia por parte de sus allegados, y el confort y libertad que sentía en el escenario terminaron por convencerle. Una vez afianzado como actor, y debido a la Gran Depresión se traslada a Nueva York para convertir esta afición en un oficio. De camino hará amistad con otro joven aspirante a actor con el que llegará a compartir piso. Se trataba de James Steward. 
Una vez en Nueva York no tarda en conseguir papeles con los que empieza a hacerse un nombre. Fonda disfruta trabajando, no tanto la fama que empieza a labrarse poco a poco. Y es tras el éxito en Broadway de The Farmer Takes a Wife en 1934, que la Twenty Century Fox decide adaptar la obra a la gran pantalla, dando el papel principal al protagonista de la obra, Henry Fonda. 
Joven, fuerte, atractivo, de mirada profunda, fuerte y melancólica, el actor no tarda tampoco en hacerse un nombre en Hollywood. La adaptación de la obra homónima de Broadway al cine por parte de Victor Fleming en 1935 es todo un éxito, por lo que Fonda comienza a recibir más y más papeles por parte de la Fox que le ofrecen un contrato de larga duración. El propio actor se ve sorprendido por la rapidez de los acontecimientos. No termina de sentirse cómodo con toda esta presión, pero aún así acepta y decide continuar haciendo lo que mejor saber, actuar. Durante la década de los treinta se especializa con personajes románticos pero con una tónica diferente. Los galanes de la época gustaban, Fonda, sin ser el prototipo de galán, enamoraba.Y no solo eso, además sabía mostrar su gran talento en la pantalla. En los rodajes le apodan "One-Take Fonda", ya que rara vez necesita repetir una toma. Para sus amigos, "Hank".
(fotograma de Las Uvas de la Ira)
You only live once (Fritz Lang, 1937), Spawn of the north (Henry Hathaway, 1938), Jezebel (William Wyler, 1938), Jesse James (Henry King, 1939), son solo algunos de los títulos que recogieron los últimos años de la década de los 30, sin embargo, es en 1939 cuando la carrera de Fonda marca un antes y un después en mi opinión, y esto es su primera colaboración con John Ford en Drums Along the Mohawk y Young Mr Lincoln. Ford tuvo actores predilectos a lo largo de su carrera como John Wayne, Victor McLaglen, James Stewart... pero su relación con Fonda iba más allá. Si buscaba el arquetipo de héroe rudo y fuerte tenía a Wayne; si necesitaba al modelo de hombre sin tacha y de fuertes convicciones, ahí estaba Jimmy Stewart... pero cuando necesitaba a un ser humano, ese era Fonda. La cita con la que abro este artículo lo deja claro.
Trabajan juntos en ocho ocasiones, destacando The Grapes of Wrath, por la que recibe su primera nominación al Oscar, My Darling ClementineFort Apache, la mejor de la trilogía de Ford sobre la Caballería y en la que recita la conocida "Escancie unos versículos", o Mister Roberts. Sin duda alguna, la década de los cuarenta fue la más exitosa para Fonda, con otros títulos como The Ox-Bow Incident (William A. Wellman, 1943) o Daisy Kenyon (Otto Preminger, 1947).
Tras la entrada en EEUU en la guerra, tanto Fonda como su amigo Stewart deciden alistarse juntos pensando que serán más útiles participando en la guerra de verdad y no en la de un decorado. Fonda sirvió originalmente en un destructor, siendo trasladado más tarde a las oficinas de inteligencia del aire. Además de esto recorrió el país vendiendo bonos de guerra al igual que muchos artistas durante aquellos años.
(fotograma de 12 Hombres sin Piedad)
Ya en los cincuenta continua colaborando con grandes directores en interesantes proyectos como The Wrong Man (Alfred Hitchcock, 1956), War and Peace (King Vidor, 1956) o Warlock (Edward Dmytryk, 1959). Aunque es sin duda alguna, su trabajo junto a un joven director llamado Sidney Lumet con el que Fonda pasa a la inmortalidad gracias a su papel protagonista en 12 Angry Men. Considerada una de las mejores películas de la historia, Fonda da vida a uno de los miembros de un jurado que deben decidir si declaran culpable a un joven acusado de matar a su padre. Desde el primer momento todos optan con seguridad por la postura de culpabilidad, únicamente Fonda tiene dudas al respecto por lo que comenzará a discutir con cada uno de los miembros de la mesa para convencerles de lo contrario. Su trabajo le reporta una nueva nominación al Oscar, pero en este caso como productor de la cinta.
(fotograma de Hasta que llegó su hora)
Continua trabajando incansablemente durante los siguientes años, aunque sus papeles protagónicos disminuyen considerablemente. A pesar de ello podemos destacar títulos The Best Man (Franklin J. Schaffner, 1964), Fail-Safe (Sidney Lumet, 1964), Battle of the Bulge (Ken Annakin, 1965), The Boston Strangler (Richard Fleischer, 1968), There Was a Crooked Man (Joseph L. Mankiewicz, 1970)... pero sobre todas estas quiero rescatar varias en concreto: su colaboración con Sergio Leone en el spaguetti western de 1968 Once Upon a Time in the West donde da vida a uno de los mejores villanos de la historia del cine; su participación en la divertida The Cheyenne Social Club, dirigida por el mítico Gene Kelly y protagonizada junto a su gran amigo James Stewart; Midway (Jack Smight, 1976), en la que comparte pantalla con Charlton Heston, James Coburn, Glenn Ford, Robert Mitchum, Robert Wagner o Toshiro Mifune entre otros; y finalmente On the Golden Pong (Mark Rydell, 1981) su última película para la gran pantalla, en la que participó como consideración a su hija, la también actriz Jane Fonda, que había comprado los derechos de la obra original para que su padre la interpretase. Este hermoso relato sobre la vejez contó además de con los Fonda (padre e hija) con la también veterana Katherine Hepburn en uno de sus mejores trabajos. Es con esta película con la que Henry Fonda logra alzar finalmente el Oscar a Mejor Actor. Curiosamente había logrado el Oscar Honorífico el año anterior.
Al año siguiente el mundo del espectáculo se vestiría de luto tras la muerte de este legendario actor.

@solocineclasico

jueves, 5 de febrero de 2015

Películas - Años 40: Larga es la noche (1947)


ODD MAN OUT (8,5/10)

"Esta historia está contada en un contexto de inestabilidad política en una ciudad de Irlanda del Norte. No trata de la disyuntiva entre la ley y las organizaciones ilegales, sino más bien sobre el conflicto en los corazones de las personas cuando se ven implicadas."
Larga es la noche (1947)

Y aún hay personas en contra de los remakes. No voy a izar la bandera de la defensa de dicho tipo de cintas, pero si que procederé a otorgarles cierta medida de justicia. No voy a engañaros, si en este mismo instante se anunciara la aprobación del rodaje de un remake de Senderos de Gloria (Stanley Kubrick, 1957), por poner un ejemplo, me llevaría las manos a la cabeza. Es un hecho que en muy pocas ocasiones un material nuevo iguala o supera al original, pero a veces se da el caso. Aunque la verdad, eso en mi opinión es lo de menos. Lo que me gusta destacar, por buscar aunque sea algo positivo de este tipo de proyectos, es la oportunidad de sacar del olvido la cinta original. El poder atraer al espectador actual que bien ya no la recuerda, o que quizás ni la conoce. Reivindicación es mi término para dicha indirecta retribución.
Hace unos cuantos días se estrenó en España una cinta británica titulada 71, la cual recomiendo visionar en el cine encarecidamente. El argumento trata sobre un soldado británico que es abandonado por accidente en la zona más peligrosa de Belfast en pleno conflicto irlandés. Este se verá obligado a huir y esconderse entre las laberínticas localizaciones de dicha ciudad sin saber si los que le rodean son amigos o enemigos. La película recuerda en ciertos momentos, debido a la temática, a la genial cinta de Paul Greengrass de 2002 Domingo Sangriento, pero no fue hasta leer una crítica en blogdecine cuando recordé una cinta que tengo aparcada desde hace bastante tiempo y que no encontraba ciertamente el momento para visionar, se trataba de Larga es la noche.
Belfast, años 20, un grupo de miembros de La Organización (alusión al IRA) preparan el atraco a la sucursal de una fábrica para financiarse en su lucha armada. Entre ellos está el líder de la misma en Belfast, Johnny McQueen (James Mason), el cual se ha escondido en una casa tras escapar de prisión durante seis meses y que empieza a dudar en privado sobre la efectividad de la violencia en detrimento del debate ciudadano. A pesar de esto llevan a cabo el atraco, en el que Johnny, herido a causa de un disparo en el hombro, mata a un empleado en una pelea al salir de la fábrica. Por una serie de circunstancias, Johnny es dejado atrás. Pronto todo el cuerpo de policía se moviliza para capturar a los atracadores, y en especial a su líder, el cual desorientado y malherido, buscará la manera de escapar de un circulo que se irá estrechando cada vez más sobre él.

Su director, Carol Reed, acababa de volver a casa tras su intervención en la segunda guerra mundial junto a otros cineastas rodando películas propagandísticas o documentales. Reed ya era conocido por aquel entonces como el director británico más celebre, solo superado por Hitchcock, y es que The Stars Look Down (Las estrellas miran hacia abajo, 1939), y Night Train to Munich (Tren nocturno a Múnich, 1940) habían cosechado un gran éxito tanto entre el público como por la crítica. La oportunidad que le brindó el rodar material cinematográfico de corte documental no hizo más que afianzar su defensa del realismo en el cine. Es por eso en 1947 presenta una película que realmente sacude al espectador por su gran realismo y con inusitado número de escenas rodadas en exteriores. (Algo parecido a lo que sucedía con el neorrealismo italiano). Pero no nos limitemos a esto último. El ritmo de la cinta resulta trepidante en todo momento, llegando a asfixiar al espectador logrando una plena identificación con el personaje principal, herido, confundido, perdido, acorralado. Reed es fiel al material de F. L. Green, con el cual, y gracias al excelente trabajo de fotografía de Robert Krasker, lleva al espectador hasta las calles de Belfast en la noche más larga de nuestras vidas.
Destacar la genialidad del director al llevar en ciertos momentos al espectador al exterior del cine aún estando pegando a su butaca, mientras que en otros consigue introducirle en la mente de Johnny siendo testigo de toda y cada una de sus visiones/alucinaciones, producto de la fiebre y la culpabilidad. Y en ocasiones ambos viajes se producen al mismo tiempo.


Pero Reed no solo busca mostrar, también tratar diferentes temas que solventa a las mil maravillas a lo largo de la película. Como era casi obligatorio por aquel entonces, tenemos una historia de amor, que en este caso resulta más atípica de lo normal (como casi toda la película) con un final sobrecogedor. También trata lo social. Una lucha entre "La Organización", y el Estado (representado en este caso por la policía) que alcanza a los ciudadanos en medio que si bien pueden estar a favor o en contra, lo que si están siempre es medio, deseando no mezclarse en los asuntos de los demás. Los encontramos de todo tipo, ya sean la novia de Johnny (Kathleen Ryan) que sólo buscar estar a su lado; su mejor amigo (Robert Beatty) que se sacrifica para que este escape; el sacerdote (W. G. Fay) que lo entregaría a la policía sin duda pero siempre después de expiar sus pecados; el borrachín (F. J. McCormick) en busca de una recompensa; o mi favorito, el excéntrico pintor que buscar retratar los ojos de Johnny cuando pasen de la vida a la muerte, al que da vida Robert Newton.


Reed es como uno de esos ciudadanos, nadie es bueno o malo, son como las circunstancias les han obligado a ser. No busca retratar a ninguno de los personajes como héroe o villanos, sino sencillamente como lo que son, personas, y esto es algo que veremos en muchos de los personajes de su filmografía. Es por eso que seguramente Larga es la noche es la única cinta que si bien trata el conflicto irlandés, nunca lo menciona, denuncia, o se posiciona en alguna de las partes.
La cinta se ve también engrandecida por un buen reparto encabezado por uno de los más grandes del cine, James Mason, el cual es secundado por un buen numero de actores provenientes principalmente del Abbey Theatre de Dublín, todos ellos dirigidos a la perfección por Reed en una de sus mejores facetas, director de actores.
Destacar también la excelente banda sonora de William Alwyn, que firma posiblemente su mejor trabajo.
Un año después Reed repetiría éxito al adaptar un relato corto de Graham Greene The Fallen Idol (El Ídolo Caído, 1948), y es finalmente en 1949 cuando el director presenta la película por la que mejor se le recuerda hoy en día y que en mi opinión en su gran obra maestra, The Third Man (El Tercer Hombre) con la que la cinta que hemos tratado hoy guarda ciertas similitudes, además de la inolvidable fotografía de Robert Krasker.


La película tuvo un gran éxito tanto entre la crítica como el público, logrando el BAFTA a Mejor Película Británica del año y una nominación al Oscar por el Montaje.
Como curiosiodad mencionar que esta cinta es la favorita del director polaco Roman Polanski, el cual la considera superior a El Tercer Hombre.

@solocineclasico

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