jueves, 10 de diciembre de 2015

Películas - Años 30: Horizontes Perdidos (1937)


LOST HORIZON (7/10)

Cuando hablamos de determinados directores se nos vienen a la cabeza algunos de sus mejores títulos, y por lo general suelen compartir características similares. Si pensamos en David Lean, pensamos en cine épico; si lo hacemos sobre Billy Wilder, se nos dibuja una sonrisa en la cara por algunas de sus comedias; con Ford agachamos la cabeza para sortear alguna flecha india... esto por poner unos pocos ejemplos. Si repasamos su filmografía no fueron directores que se encasillaron, aunque si que aportaron su talento para un determinado género. A pesar de todo, Lean nos regalo un maravilloso drama romántico como Breve Encuentro, Wilder una joya del cine negro como Perdición, o Ford una soberbia comedia romántica como El Hombre Tranquilo. Hubo otros directores mucho más encasillados, como por ejemplo el maestro de maestros, Ernst Lubitsch, entre los que sorprende encontrar una rara avis como Remordimiento. Una historia muy alejada de sus conocidas comedias. Otro director que, especialmente durante los años 30 y 40, se dedicó en cuerpo y alma a legarnos algunas de las mejores comedias sofisticadas de la época fue el italiano Frank Capra. Las historias de este director buscaban trasmitir un halo de esperanza a través de comedias e historias de amor a una sociedad, la norteamericana, que a causa de la crisis lo estaba pasando realmente mal. Al igual que con Lubitsch, nos encontramos con una cinta que se aleja un tanto del cine al que tiene acostumbrado el director durante la década de los 30s en la que ganaría cinco Oscars. La historia viene a contar lo siguiente:
Robert Conway, un idealista y aventurero diplomático acaba de ser nombrado Secretario de Asuntos Exteriores por el gobierno británico, y ha de partir inmediatamente desde Baskul hasta Shanghai, donde le espera un barco que le llevará a Londres. Junto a él van los últimos supervivientes occidentales que han logrado subirse al último avión que partía desde el aeropuerto a causa de la revolución. Estos no tardarán en descubrir que el avión ha tomado otra ruta, dirección al Tibet. Tras sobrevivir a un accidente aéreo en mitad de la cordillera del Himalaya, son rescatados por un grupo de habitantes de una ciudad secreta entre las montañas llamada Shangri-la. Como si de un paraje utópico se tratase, los pasajeros del avión siniestrado descubriran que Shangri-la resulta un paraje idílico de paz y armonía. Aislada entra las montañas, y víctima de un extraño fenómeno meteorológico, la ciudad disfruta de un constante y agradable tiempo primaveral; la envidia, el odio, el rencor, la avaricia, son características que desconocen; además de que la gente, apenas envejece. A pesar de sus recelos iniciales, los protagonistas de la historia no tardarán en preguntarse si merece la pena quedarse en aquel mundo de ensueño, o por el contrario, volver al despiadado mundo que acaban de dejar atrás.
Aunque como apuntaba al principio, nos encontramos con una película algo diferente a las que nos tiene acostumbrados el director de Sucedió una noche, Capra no deja de contar la misma historia de siempre. Una historia esperanzadora, una evocación de mundos mejores al alcance de la mano si todos ponemos de nuestra parte. Basada en la novela homónima de James Hilton, la historia nos traslada a un lugar idílico como ya hicieran Tomás Moro en Utopía y Tomas Campanella en La ciudad del sol, en el que todo lo bueno y hermoso es posible. Donde la ausencia del mal y la plenitud de la felicidad, permite una vida agradable y placentera. Basado en la tradición budista del reino oriental de Shambhala, un lugar habitado por hombres sabios, justos y buenos, a la espera de que el mundo entre en una devastadora guerra de la que saldrán dispuestos a empezar una nueva era dorada eliminando todo lo malo. Curiosamente, esta historia nos llega poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, el conflicto más pernicioso de nuestra historia. De existir un auténtico Shambhala o Shangri-la, seguramente nunca hayan contado con una oportunidad mejor que esta. Quizás tras un apocalipsis nuclear... pero la verdad es que resulta indiferente. Lo importante es la idea, el mensaje que trasmite. Esperanza de un mundo mejor si nos hacemos responsable del actual. No es necesario estrellarse en los picos del Himalaya para encontrar esa ciudad perdida. Entre todos podemos y debemos construir nuestra propia Shangri-la.
Capra demuestra en esta cinta, como practicamente en todas las que dirigió, que es todo un artesano. La película tiene grandes momentos, pero da la impresión de que la empresa le vino demasiado grande. La complejidad de la historia, lo imposible de trasmitir todo a la gran pantalla evitando diálogos interminables, y las tijeras de la productora acabaron dando lugar a un productor algo inferior de lo esperado. El director contó con un presupuesto elevado, sin embargo, el rodaje sufrió retrasos ante la inseguridad de Capra por las dimensiones del proyecto. Rodó con varias cámaras a la vez desde diferentes ángulos para aprovechar al máximo la fotografía. Repitió escenas en numerosas ocasiones ya que no le convencía, en ocasiones el maquillaje, en otras la actuación de uno de los actores. Hubo problemas también durante el rodaje de las escenas en la nieve, en la que parte de las cámaras y los micrófonos se estropearon por las bajas temperaturas. Tras varios retrasos, y un presupuesto que se elevó de manera alarmante, Capra presentó un primer corte de seis horas. Los productores pensaron en dividir la película en dos partes, pero ante la imposibilidad, se realizaron cortes que dejaron la cinta en tres horas y medias. Se llevó a cabo una proyección de prueba que resultó todo un fracaso. El público se levantaba del asiento y se iba, o se quedaban riéndose en momentos que aparentemente no eran divertidos. La productora canceló la fecha de estreno, realizando un nuevo corte que dejó la cinta en 137 minutos, que fue la que se proyectó finalmente en las salas. Sin embargo, la baja recaudación, y la necesidad de hacer taquilla para recuperar la inversión, obligó a los productores a cortar otros 14 minutos de película, lo que les supuso una demanda por parte de Capra. Y si conocemos la filmografía del director, somos conscientes de que se enfrentó a un rodaje difícil, dejandonos un producto diferente. Paradojicamente, quizás las mejores escenas de la película son todas aquellas que no trascurren en la ciudad de Shangri-la, es decir, el inicio en el aeropuerto Chino, el posteriores secuestro en avión, y la parte final huyendo por las montañas. Las escenas en la idílica ciudad aportan un ritmo mucho más lento a la cinta. Los decorados dejan mucho que desear, y la representación del benerable Gran Lama, interpretado por Sam Jaffe, asustan al más valiente. La esencia de la historia en Shangri-la me dejan un mal sabor de boca, como de intento fallido por parte de Capra de querer contarnos algo grande, pero verse incapaz de hacerlo. No sé si por su culpa o por el trabajo de su guionista habitual, Robert Riskin
Hay que destacar la labor del actor protagonista de la cinta, Ronald Colman, primera y única opción para Capra, y por quien retrasó el proyecto un año hasta que el actor estuviese disponible (tiempo que aprovechó para rodar El Secreto de Vivir). Además del resto del reparto, como H. B. Warner o Thomas Mitchell, habituales de Capra.

A pesar de los problemas relatos anteriormente, gran parte de la crítica alabó la cinta por su cuidada fotografía, la fuerza de la historia, y el cuidado en los detalles técnicos. La película logró siete nominaciones a los Oscar aquel año, alzando dos estatuillas.
Una película diferente, dentro del género de aventuras, que ha sufrido mucho para llegar hasta nuestros días, pero que merece la pena recomendar y visionar, aunque sea que por una vez en la vida, nosotros también visitemos Shangri-la.


@solocineclasico

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