viernes, 20 de noviembre de 2015

Películas - Años 50: El puente sobre el río Kwai.


THE BRIDGE ON THE RIVER KWAI (9/10)

-Es cuestión de principios.

Los que me leéis desde hace tiempo sabréis como disfruto desgranando los diferentes géneros. No es "drama", es "drama-romántico", "drama-social", "drama-familiar", por poner un mero ejemplo. Con el cine "bélico" ocurre algo curioso, y es que mientras que las películas, cuyo transfondo tienen que ver con una guerra, se centran más en el aspecto dramático, como las vivencias de los soldados, o las secuelas, es mucho más aceptado por los críticos que aquellos que se limitan a mostrar una batalla o serie de enfrentamientos (salvo contadas excepciones). Basta con mencionar algunas de las cintas bélicas más aplaudidas de la historia como Paths of Glory - Senderos de Gloria (Stanley Kubrick, 1957); All quiet on the western front - Sin Novedad en el frente (Lewis Milestone, 1930); La infancia de Iván (Andrei Tarkovsky, 1962); The Best Years of our Lives - Los mejores años de nuestras vidas (William Willer, 1946)... Todas buscaron un enfoque en el que la acción tal cual jamás tuviera más peso que la propia historia. Con El puente sobre el rio Kwai, el director británico David Lean va más allá, ya que logra rodar una de las mejores películas bélicas jamás hecha, sin rodar ni una sola batalla (a excepción de un pequeño enfrentamiento al final). Ahora pasamos a hablar de ello, primero la historia:
Durante la Segunda Guerra Mundial, las tropas japonesas, expandidas por casi todo el sudeste asiático, deciden llevar a cabo la construcción de una línea de ferrocarril que vaya desde Bangkok, Tailandia, hasta Rangun, antigua capital de Burma (Birmania/Myanmar). Para ello usan como mano de obra tanto a prisioneros de guerra como a civiles, costando más de 100.000 vidas. La historia, en este caso, se centra en la construcción de un puente sobre el río Kwai que atraviese dicha línea. Junto a dicho río se establece un campamento de prisioneros (principalmente británicos) que deben construir el puente para un fecha señalada. El jefe japonés del campamento, el comandante Saito (Sessue Hayakawa), impone una disciplina absoluta para con los prisioneros, dejando de lado la graduación de estos. Todos deben trabajar. Esto es algo a lo que los oficiales de la nueva tanda de prisioneros británicos, encababezados por el coronel Nicholson (Alec Guinness), se oponen tajantemente. El enfrentamiento entre Nicholson y Saito no tardará en comenzar. El japonés impondrá duros castigos a este para que se doblegue y tome parte en la construcción, algo a lo que Nicholson se opondrá con gran resistencia. Al mismo tiempo, un prisionero norteamericano, el mayor estadounidense Shears (William Holden), logra fugarse del campamento, atravesar la jungla, y llegar más muerto que vivo a la costa donde es encontrado de manera milagrosa por tropas británicas. Una vez recuperado, y debido a que conoce la zona, el mayor británico Warden (Jack Hawkins) le obligará a unirse a una partida de comandos para volver al campamento y volar el puente.
 La película se divide en dos partes claramente diferenciadas, por un lado como el coronel Nicholson pierde el juicio de manera progresiva y ve en la construcción del puente como un objetivo patriótico para él y sus hombres. No una ayuda al enemigo, sino como una oportunidad de demostrar al mundo y a la historia, que un grupo de militares británicos fueron capaces de levantar un puente en condiciones adversas. La personalidad y el carisma del coronel resultará un impulso clave para sus hombres y para que estos colabores en dicha construcción, a pesar de la incredulidad de otros oficiales. Por otro lado tenemos la misión de los comandos, que deberán atravesar nuevamente la jungla y las líneas enemigas para destruir el puente y entorpecer la campaña japonesa en Burma. Ambas partes se acabarán cruzando en el recordado y aplaudido desenlace de la cinta. Un final que no gustó nada al autor de la novela en que se basa, el francés Pierre Boulle (también autor de El Planeta de los Simios). Aunque el puente existió realmente, la novela de Boulle es principalmente ficción, en cuanto a lo que los personajes se refiere. La principal diferencia con el final es que en la novela el puente no estalla, algo que en palabras del propio autor daba más sentido a su novela. En mi opinión, me quedó con el final del film, a pesar de no ser real. El enfoque que desprende la cinta dificilmente podría haber aceptado un final distinto. Y es que, por el contrario, dicho enfoque en ciertos aspectos es lo que me impide reconocer a esta magnífica película como obra maestra. Seguramente debido a que es una producción británica (con mano estadounidense también), el desarrollo de los personajes perjudica a la historia. Mientras que algunos de los miembros del reparto, como Alec Guinness o James Donald, no cesaron en ver la novela como un panfleto anti-británico, la adaptación por parte de Michael Wilson y Carl Foreman trató de suavizar aptitudes por ambos bandos. Por un lado, los británicos muestran una fuerte resistencia y capacidad de superación ante cualquier tipo de situación, mostrando orgullo y fortaleza. Por el otro, vemos al coronel Saito como un hombre cruel por una necesidad impuesta por la propia guerra más que por su propia culpa, mostrándose como un hombre amante de occidente, dejando las condiciones duras condiciones de vida de los prisioneros casi como una anécdota. Estamos hablando de una gran producción de los años 50 que buscaba más contar una historia de lucha y supervivencia, que una realidad. Una realidad, quizás, para que la sociedad aún no estaba preparada, ni había necesidad de mostrar, como la auténtica crueldad de los campos de prisioneros japoneses. Puedo entender las razones de los productores y del director para enfocar la historia desde dicho punto de vista, pero esto es, en mi opinión, el principal handycap de, por otro lado, de esta soberbia película.
Sorprende gratamente la elección de David Lean para la silla de director de esta cinta, y es que sería gracias a su trabajo en esta película, como el director de algunos de los mejores dramas (hoy algo olvidados) del cine clásico, se convertía en un director de género épico. A las pruebas me remito: Lawrence de Arabia y Doctor Zhivago. Y es que antes que él sonaron nombres de grandes director con mucha más experiencia en este campo como John Ford, William Wyler, Fred Zinemmann, Howard Hawks, o incluso Orson Welles. Sin embargo, el director británico supo, al igual que el coronel Nicholson, enfrentarse a toda y cada una de las adversidades. Se las vio continuamente con su el protagonista de la cinta, y amigo suyo, Alec Guinness, a la hora de desarrollar el personaje del coronel que da vida este último (Lean le espetó en una ocasión de Guinness que se podía volver a Inglaterra, ya que prefería rodar con Holden); a la hora de rodar la explosión del puente contaron también con innumerables problemas logísticos, por lo que el productor, Sam Spiegel, decidió que se rodará la escena con un gran número de cámaras; al terminar de rodar la película, entre Tailandia y lo que hoy es Sri Lanka, el material rodado debería haber sido trasladado a Reino Unido en barco, pero debido a la crisis de Suez tuvo que ser por aire... sin embargo el avión no llegaba a suelo británico, el caos se apoderó de toda la producción, buscando el avión por todo el mundo hasta que fue localizado en una pista de aterrizaje en Egipto... A pesar de todo esto, y mucho más, el resultado final fue el que todos conocemos, excelente. Y es que estamos hablando de una producción por la que se apostó desde el principio, y esto lo podemos ver en el reparto. Alec Guinness en el papel más importante y reconocido de su carrera, junto a William Holden (en mi opinión uno de los mejores de toda la historia), un Jack Hawkins que se come la pantalla, y por supuesto Sessue Hayakawa, un actor japonés que merecería un artículo a parte, y que logró una nominación al Oscar por su interpretación del coronel Saito. 
La película fue un éxito, tanto de crítica como de público, siendo la gran ganadora de los Oscar de 1957 (Mejor Película, Director, Actor, Guión Adaptado, Montaje, Fotografía y BSO), en un año con película como 12 Hombres sin Piedad, El Séptimo Sello, Las Noches de Cabiria, Senderos de Gloria, Testigo de Cargo, o Trono de Sangre
Como curiosidades finales, apuntar que la galardonada banda sonora compuesta por Malcom Arnold, se basa en una marcha militar británica conocida como la Marcha del coronel Bogey, que es la que los soldados silban mientras marchan en un par de escenas de la película. Y por otro lado, la historia del guión. Como apuntaba anterioremente, la novela de Pierre Boulle fue adaptada por Michael Wilson y Carl Foreman. Ambos autores estaban en la lista negra de Hollywood, por lo que la productora se vio obligada a poner en su lugar al autor de la historia original, aunque curiosamente, este apenas hablaba una palabra de inglés. Todo el mundo en Hollywood sabía quienes eran los autores del guión, pero al no poder ser reconocidos, no pudieron recoger los Oscar que la Academia otorgó al guión aquel año. Los familiares de Foreman y Wilson no recibirían los galardones hasta 1984 de manera póstuma.

@solocineclasico

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