lunes, 30 de noviembre de 2015

Películas - Años 50: Cuentos de la luna pálida de agosto (1953)


UGETSU MONOGATARI (10/10)


-Veo la marca de la muerte escrita en tu rostro.

Los comienzos, si son buenos, mejor. Un momento puede definirlo todo para siempre. Si nos sumergimos en un determinado tipo de arte y no empezamos con buen pie, seguramente no le demos una segunda oportunidad. Esto es algo habitual en el mundo del cine, juzgar el trabajo de un director, actriz, o lo que sea, según la primera película que veamos de dicho personaje. Tanto para lo bueno como para lo malo. Por eso quisiera haceros hoy una recomendación que no solo evite el que podáis dar de lado el cine de un maestro como Kenji Mizoguchi, sino como empezar de la mejor manera posible con su filmografía. Y es que cuando hablamos de Mizoguchi, hablamos de uno de los grandes directores de la historia del cine, además del mejor director japonés junto a Kurosawa, Ozu y Kobayashi. Para ello, no puedo recomendaros mejor película que la que os traigo hoy.
Basada en dos relatos de Ueda Akinari, y con cierta influencia del autor francés, Guy de Maupassant, Cuento de la luna pálida (de agosto) nos narra la historia de cuatro campesinos japoneses del siglo XVII y como la guerra causa en ellos estragos irreparables. Tobei es un alfarero que ansía hacer una fortuna durante la guerra vendiendo su muestrario de jarrones, tazas, platos, etc..., mientras que Genjuro sueña con convertirse en samurai. La esposa del primero empieza a preocuparse ante la obsesión de su marido por aumentar su muestrario, llegando a ignorar el peligro de un ataque a su pueblo, con tal de hacer dinero, en vez de disfrutar de la vida de ambos con su pequeño; por otro lado la mujer de Genjuro (el cual ayuda incansablemente a Tobei en su empresa esperando su parte del dinero) teme que este la abandone definitivamente para convertirse en samurái. La guerra, la ambición, y también la mala suerte, separará el camino de los protagonistas deparándoles finales dispares e irremediables.
Y es que si, por ejemplo, John Huston era un referente en el mundo de los perdedores, Mizoguchi era un maestro a la hora de mostrar la miseria humana, siendo este uno de los temas fijos en su filmografía. La miseria humana se nutre de la injusticia, de la mala suerte, pero también de las decisiones de las personas. De la misma manera que el aleteo de una mariposa puede provocar un huracán en la otra punta del mundo, el camino que toma un personaje puede repercutir en el de otro. En esta ocasión, las acciones de los dos hombres tendrá un efecto directo en el destino de las dos mujeres (víctimas involuntarias en el cine de Mizoguchi). Mientras gana una fortuna vendiendo su muestrario en el mercado, Tobei se enamora perdidamente de una misteriosa mujer de la alta nobleza de la ciudad que vive en un pequeño y aislado palacio. El poder de atracción de esta mujer hará que Tobei se olvide su esposa e hijo, los cuales huyen desesperadamente de la guerra. Por otro lado, y tras reunir el dinero suficiente, Genjuro abandona a su mujer y a su amigo para comprar una armadura y convertirse en samurái. Mientras la esposa de este le busca, es violada por un grupo de samuráis, lo que la obliga a convertirse en prostituta. Mizoguchi no se limita a mostrar los horrores propios de la guerra, ya que en la película no veremos batalla o combate alguno, sino que prefiere centrarse en el impacto de esta en las personas. La guerra supone muerte, violaciones, persecuciones, robo, pero también oportunidad de negociar, de hacerse un nombre, de obtener una fortuna a costa de los demás. Todo depende de saber aprovechar tu oportunidad guiado (o cegado) por la ambición y la codicia.


El cine japonés había dado un gran salto a nivel internacional tras el éxito de Rashomon (Akira Kurosawa) en el Festival de Cine de Venecia, y posteriormente ganando el Oscar a Mejor Película Extranjera. El interés despertado por el cine nipón vino unido a una época de esplendor (posiblemente la mayor de su historia) gracias a directores que habían visto coartada su libertad creativa durante el régimen anterior y que ahora contaban con la oportunidad de contar las historias que querían y como querían. La gran mayoría, a través del género del melodrama, suelen mostrar un visión crítica con la sociedad, el país y su historia, como si de un neorrealismo atemporal se tratase, ya que podían retratar tanto el Japón actual, como el medieval o de otras épocas. En ese aspecto, y siempre muy vinculado al mundo de la mujer encontramos a Mizoguchi. Este era consciente del papel de esta en la sociedad. Por regla general, la mujer es retratada como víctima de una sociedad dominada y regida por los hombres, en la que sufren siempre a causa del marido o por un cúmulo de mala suerte que viene originado por acción relacionada con un hombre. No hay más que ver algunos de sus mejores trabajos y los temas que tratan, como por ejemplo Historia del último crisantemo; La señorita Oyu; Vida de Oharu, mujer elegante; Los amantes crucificados; El intendente Sansho... era el director japonés, un artista comprometido con su tiempo, aunque hablar de su vida daría para un especial. Pero es que no se limitaba a esto. Mizoguchi fue seguramente uno de los mejores directores técnicos que encontraremos en la historia. A través de su conocida teoría de una escena, un plano, e influenciado por el teatro Kabuki, el director era todo un maestro en los movimientos de cámara, todos ellos realizados con gran elegancia, que daban paso a las transiciones que hilvanaban a la perfección las diferentes partes de la película. Toda esta grandeza visual en su cine se daba gracias al fantástico equipo técnico con el que solía contar, como el director de fotografía Kazuo Miyagawa, el compositor Fumio Hasayaka, o el guionista Yoshikata Yoda, (además del reparto) a los que dirigía de manera dictatorial (de manera parecida a la de Kurosawa).

Cuentos de la luna pálida (de agosto) contó casi desde el principio con una gran aceptación en occidente, alzando el Leon de Plata del Festival de Cine de Venecia, y logrando una nominación al Mejor Vestuario en los Oscar de aquel año. Y si hoy os traigo esta cinta es por dos razones: para presentaros la figura de este gran artista con su trabajo (aquí viene una blasfemia) más comercial o apto para un segmento mayor de público; y de esta manera, preveniros que veréis muchas más reseñas en los próximos tiempos de su cine.

Podéis ver la película online AQUÍ

@solocineclasico

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