miércoles, 6 de mayo de 2015

Películas - Años 50. La Condición Humana II: El Camino a la Eternidad (1959)


NINGEN NO JOKEN II (9/10)

-¡Soy un monstruo... pero sigo vivo!

Si en la primera entrega de La Condición Humana: No hay amor más grande, analizábamos el mensaje anti-imperialista y anti-totalitarista que su director, Masaki Kobayashi, buscaba transmitir al espectador a modo de crítica y denuncia hacia el pasado de su propio país, en esta segunda parte era el turno del estamento militar. Mencionado también en la primera parte, tanto el director como el autor de las novelas en las que se basa esta trilogía, Junpeo Gomikawa, decidieron dejar su concienzudo análisis del ejército japonés para esta entrega. Sabíamos que ir al frente era poco menos que ir al infierno, como en cualquier guerra. Y a su vez, formar parte del ejército nipón, dirigido con puño de hierro, victima de una disciplina y rigidez pocas veces vista en la historia, tampoco se quedaba corto. El espíritu racista y xenófobo que impregnaba el ambiente de este hacía que las campañas de dicho ejército fueran auténticas masacres. Todo esto era lo que nuestro protagonista, Kaji, trataba de evitar. Sin embargo, al final de No hay amor más grande era enviado al mismo como castigo por negarse a dar un trato "a la japonesa" a los trabajadores chinos de la mina en Manchuria.
Debido a las sospechas de sus superiores a cerca de su simpatía hacía la izquierda, Kaji es enviado al grupo de reclutas que sufren a los instructores más duros de todo el ejército. A pesar de habilidades como soldado, su buena puntería, su coraje, y sus dotes de mando, los oficiales y sub-oficiales tratan de hacerle la vida imposible siempre que tienen oportunidad. Durante el día a día, en los entrenamientos, en los barracones... Pero no sólo a él. Cualquier signo de debilidad, ya sea físico o ideológico ha de ser erradicado por los medios que hagan faltan. Irónicamente, la esposa de Kaji, Michiko, logra milagrosamente a través de un carta al superior de Kaji, cruzar toda Manchuria y llegar al campamento para pasar una última noche a solas con su marido. Finalmente será enviado al frente para luchar contra los rusos. Allí, nuestro protagonista será finalmente testigo de lujo de los horrores de la guerra. El miedo al enemigo, a la batalla, pero también a sus propios oficiales, que mandan a una muerte absurda a sus soldados, dejándose llevar por sus ideales antes que por sus propios conocimientos militares.


Cuando discutimos sobre que película de una trilogía o una saga continuada es mejor, hemos de recordar que cada una depende del resto para tener algún tipo de sentido. El conjunto es al final lo que prevalece. Eso no quita que una pueda gustar más que las demás. En mi caso, me quedo definitivamente con este título. Esta segunda (o cuarta y quinta) entrega se merece un lugar en la historia del cine debido a una simple razón: fue la primera que se atrevió  retratar las oscuras entrañas del ejército (en este caso el japonés) y como en vez de forjar soldados forjaban asesinos. La manipulación, la propaganda, la ideología, la dura disciplina, el acoso por parte de los veteranos a los reclutas, era un tema casi tabú en el cine. Por no mencionar las barbaries que parte de estos llegaban a realizar en el frente. Sí, podemos encontrar casos como Sin novedad en el frente (Lewis Milestone, 1930) en el que se denuncia a los políticos e ideólogos que incitan a las guerras que acaban con millones de vidas inocentes, o el de Senderos de Gloria (Stanley Kubrick, 1957), que se atrevía a criticar al ejército y a algunos de sus oficiales, sin embargo, el resto de cintas se centraban más en criticar al ejército enemigo que al propio. El Camino a la Eternidad supone toda una lección de cine en ese aspecto.

Resulta curioso visionar la primera parte, en la que vemos el día al día de los nuevos reclutas del ejército y del infierno que pasaban antes de marchar al frente. La dura disciplina de sus oficiales, los duros entrenamientos, etc... y que se te venga a la cabeza el comienzo de una película de temática similar, La Chaqueta Metálica (Stanley Kubrick, 1987), la cual copia literalmente en su también primera parte a El Camino a la Eternidad, incluyendo el personaje "patoso" que acaba suicidándose ante la presión de los veteranos y la alienación que sufre víctima de los malos tratos. Kubrick aprovechó, quiero pensar, el hecho de que esta trilogía apenas era conocida fuera de Japón, y no fue hasta tiempo después que comenzó a hacerse un nombre aunque a día de hoy siga siendo bastante desconocida. Y si bien el director norteamericano copió el trabajo de Kobayashi en la primera parte de su cinta, superó claramente al maestro en la segunda, ya que el japonés, más centrado en el mensaje y en mostrar el horror del ejército, descuidó un tanto el aspecto de la batalla final tal cual. Casi tres horas de cinta, y lo que debería haber supuesto el momento culmen de la película peca en casi todo. Le falta alma, le falta crudeza, le falta realismo. Aunque en su conjunto la trilogía pueda resultar actual como el mismo día que se estrenó esta parte carece de la fuerza del resto de la historia. Es, posiblemente, el único aspecto en contra que soy capaz de encontrar a esta magnífica cinta.

Podéis ver la Película Online Aquí:


@solocineclasico

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