lunes, 4 de mayo de 2015

Películas - Años 50. La Condición Humana I: No hay amor más grande (1959)


NINGEN NO JOKEN I (8,5/10)

Existen muchas maneras de alcanzar el éxito al realizar una película. La mayoría subjetivas y dependientes de factores ajenos a uno mismo como artista. Sin embargo, se ha convertido en algo habitual para un servidor encontrar el alejamiento cultural y estilístico de origen de una cinta como algo digno de alabanza y sinónimo de calidad. Por poner un ejemplo, algo muy típico en España para catalogar una película como buena es decir que no parece española, aunque en nuestro caso sea porque somos así de especiales. Por el contrario, en el cine clásico, cuando este estaba menos globalizado, la procedencia de la cinta era algo fácil de ver y catalogar. Claro, que había excepciones. Si pensamos en el cineasta más conocido de Japón, por poner un ejemplo, Akira Kurosawa, podemos afirmar sin duda alguna que si bien su estilo era japonés, este se encontraba ciertamente alejado al habitual del país nipón. En occidente se le reconocía por ello, mientras que en su país de origen ciertas voces le resultaban críticas. Algo similar ocurrió con otro gran director japonés, Masaki Kobayashi, quien en su magnífica trilogía de La Condición Humana, dota de un estilo y ritmo a sus tres películas más propio de occidente, y dicha característica se le considera como algo digno de elogio. Por mi parte, todo lo que sea alejarse del pesado ritmo de cine japonés clásico es más que bienvenido. Pero esto no es todo.
Kobayashi nos traslada hasta la Segunda Guerra Mundial, conflicto en el que Kaji, un japonés socialista y pacifista acepta el puesto de supervisor laboral de una mina en la zona ocupada de Manchuria. para así evitar el servicio militar y poder seguir junto a su joven esposa, Michiko. Allí tratará de mejorar las condiciones de vida los trabajadores, prisioneros chinos, lo que le reportará no pocos problemas con sus superiores hasta que como castigo es enviado a servir en el ejército como soldado.

El argumento está basado en la trágica historia real de Junpeo Gomikawa, quien tras ser liberado de un campo de prisioneros de guerra japoneses en 1948, publicó su autobiografía en la que narraba tanto sus experiencias en Manchuria, como en el frente durante la Segunda Guerra Mundial. Esta serie de novelas impresionaron tanto al director Masaki Kobayashi, el cual se identificó en ciertos pasajes con Gomikawa por sus propias vivencias e ideales políticos durante la guerra, que decidió hacerse con los derechos de la misma tras hacerse un nombre en la industria fílmica japonesa gracias al éxito de sus trabajos anteriores, La Pared Fina (1956) y Río Negro (1957) para llevarlas a la gran pantalla.
Kobayashi buscó ser lo más fiel posible a las novelas, por lo que además de consultar constantemente al autor, decidió realizar tres películas divididas en dos partes de unos 100 minutos aproximadamente cada una, lo que nos reporta finalmente 10 horas de auténtico cine. Además, para el papel protagonista contó con Tatsuya Nakadai, con quien ya había trabajado en sus dos anteriores películas, y que le supone su primer gran papel. Tras estas cintas, y gracias a su soberbio trabajo, Nakadai se convertiría en toda una estrella en Japón, a la misma altura de Toshiro Mifune y Takashi Shimura, y con quien volvería a trabajar un par de años después de Harakiri (1962), considerada la mejor película japonesa de la historia.

Pero como podemos apreciar la calidad de esta obra (primera, segunda, o tercera entrega) es a través de su mensaje. Un mensaje anti-belicista, ante-totalitario, pro-pacifista y pro-humano. Analizando el momento y el tipo de sociedad que le toca vivir a nuestro protagonista, no podía sentirse más aislado y desamparado del mundo. Un individuo que rechaza todo ese sistema establecido (militarista, racista, imperialista) y que se debate entre ser fiel a sus principios como persona y mostrar su disconformidad hacia todo aquello, o aceptarlo tal y como está para sobrevivir y seguir al lado de su esposa. Ya que en otro tipo de circunstancia o película, el personaje femenino habría sido única y exclusivamente de soporte romántico con, seguramente, un personaje plano y hasta irritante. Pero en La Condición Humana, Michiyo Aratama nos regala una bellísima interpretación gracias a uno de los personajes más tiernamente escritos en la historia del cine. La fuerza de este personaje, y su admirable fidelidad hacia su esposo es digna de elogio y reivindicación, y sino esperad a la segunda entrega.
Existen ciertos momentos en la vida de todo aficionado al mundo del cine en el que tiene la oportunidad de visionar, por recomendación o casualidad, un documento artístico único. La Condición Humana será, dificilmente, la trilogía favorita de alguien, y sin embargo, pocos que la hayan visto y sabido apreciar como lo que es, dejarán de recomendarla y reconocerla como una obra capital de la historia del cine.

Podéis ver la Película Online Aquí:


@solocineclasico

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...