sábado, 11 de abril de 2015

Películas - Años 40: El Hombre Atrapado (1941)


MAN HUNT (8,5/10)

¿Y si...?, ¿cuántas veces nos habremos planteado el como habría cambiado nuestras vidas si hubiéramos hecho una cosa en vez de la otra? De tener la oportunidad, cambiarías todo vuestro mundo. Imaginad una acción que cambiase la de todos nosotros. Imaginad un experto tirador con un buen rifle de precisión a una distancia aceptable de la cabeza de Adolf Hitler. Conocemos al género literario de presentar una realidad alternativa que se origina por un momento del pasado distinto al nuestro como ucronía. ¿Qué hubiera pasado si Alemania gana la guerra?, ¿qué hubiera pasado si Hitler no hubiese nacido? Todas estas preguntas sirve como presentación del argumento que se procede a desarrollar en dichas historias. En este caso en concreto, Fritz Lang únicamente presenta la pregunta, pero no ofrece respuesta alguna. Eso no le interesa, o al menos no lo suficiente como para contarlo en una película, y más teniendo en cuenta que la película se realizó poco después de empezar la guerra.
Basada en la novela de Geoffrey Household, Rogue Male, la historia nos presenta al capitán inglés Alan Thorndike, un experto cazador en mitad de un bosque en Alemania poco antes del estallido de la guerra donde desde una cima localiza la residencia de Hitler. Thorndike apunta a conciencia con su rifle de precisión a Hitler y dispara, aunque para sorpresa de todos, menos para él, el arma está descargada. Nuestro protagonista sonríe satisfecho ante la idea de haber tenido al hombre más peligroso del mundo en su punto de mira, pero entonces su gesto cambia, se pregunta: ¿Y sí...? Tras unos segundos de reflexión introduce una bala en el cargador y vuelve a apuntar. No sabemos (al menos al comienzo de la película) si su intención es realmente dispararle o no, ya que en ese mismo momento una patrulla de soldados le detienen. Tras ser torturado, pasa a ser a ser interrogado por el mayor alemán Quive-Smith, otro devoto cazador y conocer de la fama de Thorndike que, con un impecable inglés y unos refinados modales, insta al británico a firmar una confesión en la que asegura que trabaja para el gobierno de su majestad y que su intención era atentar contra la vida de Adolf Hitler. Este se niega en repetidas ocasiones, afirmando que su intención no era matar a Hitler, sino simplemente sentir el poder de decidir entre quitar o no una vida, algo habitual en el juego del cazador. Ante las constantes negativas del inglés, el mayor decide ejecutar al cazador arrojándolo por un precipicio para simular un accidente. Milagrosamente, este sobrevive a la caída y lograr huir a Reino Unido de polizón en un barco sin pasaporte. Pero la caza no terminará ahí, ya que tanto Quive-Smith, como un grupo de agentes alemanes seguirán a Thorndike incansablemente por Londres para atraparle y llevarle de vuelta a Alemania. Las delicadas relaciones diplomáticas del momento entre Reino Unido y Alemania no ayudarán a nuestro protagonista a acudir a las autoridades, por lo que se verá solo y perseguido en su propio país.


Fritz Lang no estaba pasando por su mejor momento creativo por la época en la que aceptó rodar esta magnífica película. A pesar de la genial Furia, y de calidad de Sólo se vive una vez, Lang empezó a filmar trabajos de encargo que poco o ningún interés despertaban en el director alemán, y eso se nota. Es con El Hombre Atrapado donde vemos al genio del expresionismo alemán volver por sus fueros, contar una historia de intriga y acción donde un hombre desamparado deberá enfrentarse al mundo entero con tal de sobrevivir. Y es que la metáfora que nos ofrece la historia del cazador siendo cazado es soberbia. Pero no es solo eso. Reflejado en los personajes vemos a dos naciones cuya confrontación nos tiene en vilo. Thorndike, destilando en casi todo momento la típica arrogancia británica, se ve ciertamente cegado en algunos pasajes a causa de esto por lo que es incapaz (válgase la redundancia) de ver o prever la astucia de los alemanes. Si retrocedemos un par de anos, justo antes de la guerra, vemos que la situación en Europa era la de una Alemania que expandía sus fronteras (Sarre, Austria, los Sudetes, el territorio de Memel) ante la pasividad de británicos y franceses. Estos prefieren mirar a otro lado llegando a vergonzosos acuerdos con tal de evitar la guerra. Alemania se sabe fuerte y poderosa, y espera a que sean los otros los que den el primer paso. Las naciones occidentales se ven (voluntariamente) impotentes ante esta serie de desafíos. El protagonista de la cinta se ve envuelto en una situación en la que se convierte rápidamente en la víctima, y debido a la situación internacional, nada puede hacer para mejorarla. Su país, su gobierno, se ven obligados a darle la espalda. Está solo.
Esta cinta, junto a las posteriores Los verdugos también mueren, y El ministerio del miedo, forman la excelente trilogía anti-nazi de Lang. Mientras que las cintas de la época se dejaban llevar por una estrategia propagandística a través de la exaltación del patriotismo, el director de Metrópolis va más allá, legándonos claros alegatos de denuncia, solo a la altura de maestros como Chaplin o Lubitsch (a excepción, eso sí, de la escena final). Y es esto, junto a ciertos planteamientos de la historia, lo que hacen perder peso a, por otro lado, esta magnífica cinta. Curiosamente, tras todo lo que os comentado anteriormente, no puedo dejar de mencionar que tanto las autoridades en EEUU (que en aquel momento defendía la postura aislacionista), como el productor de la cinta, Darryl F. Zanuck, trataron de censurar la película, temerosos del entusiasmo anti-nazi de Lang. Este se vio obligado a editar la película en secreto junto a Gene Fowler Jr.
Lang contó en casi todas sus películas con actores de renombre en sus películas, y esta cinta no iba a ser menos. Para el papel principal tenemos a gran actor británico, algo olvidado hoy en día, pero que fue uno de los grandes secundarios de lujo de los años 40, Walter Pigdeon, quien da vida al protagonista, y a quien veriamos ese mismo año en otra obra maestra, Que verde era mi valle, de John Ford. Curiosamente, y también en esta película, vemos a un jovencísimo Roddy McDowell, en su primera película estadounidense. Para dar vida a los cazadores del cazador tenemos a George Sanders, quien interpreta con escalofriante elegancia al mayor alemán Quive-Smith, demostrando la capacidad interpretativa de este excelente actor; sin olvidar a John Carradine, cuya mera presencia hiela la sangre. Para terminar, tenemos también a Joan Benett, que si bien realiza una buena interpretación, sufre de tener el persona más flojo, a pesar de la entrañable historía de amor que surje junto a Pigdeon.


@solocineclasico

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