domingo, 22 de marzo de 2015

Películas - Años 30: Soy un fugitivo (1932)


I AM A FUGITIVE FROM A CHAIN GANG (9,5/10)


-¿Qué harás para sobrevivir?
-¡ROBAR!

A la hora de analizar y escribir sobre cine clásico, uno se encuentra con un gran número de oportunidades para rescatar del olvido a ciertas películas, o reivindicar algunas otras. Puedes reivindicar que la crítica en el pasado no la supo tratar y que por ello aún hoy sigue infravalorada o ignorada (el caso de Ace in the Hole de Billy Wilder es el primer ejemplo que se me viene a la cabeza), o en otros casos sencillamente rescatarla (no tanto del olvido como del desconocimiento), y es que esta critica va dedicada a todos aquellos amantes del género carcelario, ya que si I am a fugitive from a Chain Gang que si bien no fue precursora del género, si que fue pionera en cuanto al estilo.
El sargento James Allen, héroe de la primera guerra mundial, vuelve a casa con la intención de iniciar una nueva vida. Una vida que nada tiene que ver con lo que le espera. Incapaz de adaptarse a la rutina de su antiguo empleo, deja el hogar para cumplir su sueño, convertirse en un gran ingeniero. Recorre todo Estados Unidos sin suerte en busca de un trabajo que no aparece por más que busque, hasta que se ve envuelto por accidente en el atraco a un restaurante, siendo acusado y acusado por el mismo a pesar de ser inocente. Enviado a un campo de trabajos forzados en el estado sureño de Georgia, Allen vivirá en sus propias carnes el infrahumano trato que reciben los reos por parte de los guardias y las durísimas condiciones de vida en la prisión. Es por eso que buscará sin descanso la manera de evadirse, y lo logrará. Logrará rehacer su vida, encontrar el trabajo de sus sueños y ascender en el mismo por sus propios méritos hasta que una conocida descubra su terrible pasado y le haga chantaje a cambio de guardar silencio.
La película adapta fielmente la autobiografía de Robert E. Burns I am a fugitive from a Georgia Chain Gang, a excepción del mítico final. Burns, que había ejercido como médico en la Primera Guerra Mundial, fue acusado y condenado a cumplir de 6 a 10 años de trabajos en forzados por el robo de una mercería, cuyo botín fue de apenas 5 dólares, en 1922, en el estado de Georgia. Logró evadirse y rehacer su vida en Chicago, donde se convirtió en un afamado escritor y editor, pero poco después, su ex-mujer le denunciaría, por lo que Georgia reclamaría al fugado. A pesar de las peticiones de indulto, y la evidencia de ser un personaje reinsertado con éxito en la sociedad, Burns volvió a prisión tras llegar a un acuerdo de 90 días de trabajos forzados, tras los cuales sería puesto en libertad, pero esto no fue más que un ardid para trabajar al escritor, ya que pasados los 90 días aún permanecía "secuestrado". Eso no impidió que este volviera a fugarse e instalarse en Nueva Jersey. Georgia volvía a pedir la extradición de Burns, pero esta vez el estado se negó en rotundo. La publicación de la novela tuvo una gran repercusión a nivel nacional, pero no sería hasta el estreno de la película en 1932 cuando sus vivencias pasaran y repercutieran por mérito propio en la historia de EEUU.


Fue la Warner Bros. la que consiguió adquirir los derechos de autor de la novela para llevarla a la gran pantalla. Por aquel entonces, la productora de los cuatro hermanos Warner había decidido aparcar los musicales ante la sobresaturación del mercado ante dicho género, especializándose en el cine de gangsters, y el cine social y realista que puede recordar lejanamente al neorrealismo italiano de los años 40. Para dirigir la cinta se puso al mando a uno de los directores más eficientes de la Warner, Mervyn LeRoy. LeRoy venía de dirigir con éxito cintas como Little Caesar, Five Star Final o Two Seconds, todas sobre gangsters y con Edward G. Robinson como protagonista. Era, sin duda alguna, el modelo de director de estudio (al igual que William Wyler por poner un ejemplo), un hombre que jamás se encasilló en un solo género, supo abordarlos todos y cada uno de ellos, cumpliendo con el calendario y sin sobrepasar el presupuesto. Pero el acierto de la cinta, sin duda alguna, fue dar el papel principal a Paul Muni, un joven actor de teatro, respetado y aplaudido en Broadway, que sin bien había logrado una nominación al Oscar por su primer papel en The Valiant (William K. Howard, 1929), no lograría recaudar suficiente en taquilla ni con esta, ni su siguiente película. Desengañado por estos fracasos, Muni había decidido centrarse en el teatro hasta que Hollywood le ofreció dos papeles que cambiarían su vida para siempre. El primero sería dando vida al legendario Scarface (Tony Camonte) en Scarface (Howard Hawks, 1932), obra maestra del género de gangsters. El segundo llegaría desde los despachos de la Warner para dar vida a James Allen, alter-ego de Robert E. Burns en I am a fugitive from a Chain Gang. Este último trabajo le valió una nueva nominación al Oscar.


LeRoy demostró todo su talento en el que es (en mi opinión) su mejor trabajo como director, dotando a la cinta de un realismo impropio para la época. La convivencia con los otros presos; el trato recibido por los guardias; la elegancia con la que muestra (o no) las escenas más duras y violentas; algunos de los diálogos, sencillos o simples a primera vista pero con un mensaje mucho más fuerte... el director nos lleva al mismísimo infierno sin apenas inmutarse. Las transiciones entre escena y escena, el ritmo de la cinta, el desarrollo de los personajes, los momentos en silencio en los que no se dice nada, pero se dice todo, todas estas características han sido imitadas hasta la saciedad en las siguientes películas de uno de los mejores (sub)géneros que ha dado el cine, influyendo claramente en películas como Birdman of Alcatraz (John Frankenheimer, 1962), Cool Hand Luke (Stuart Rosenberg, 1967), In the Name of the Father (Jim Sheridan, 1993), The Shawshank Redemption (Frank Darabont, 1994), The Green Mille (Frank Darabont, 1999), o incluso la reciente ganadora del Oscar 12 Years as Slave (Steve McQueen, 2013).


Pero lo realmente importante de esta película, y es en lo que debemos centrarnos, es su mensaje de denuncia. La cinta analiza las duras condiciones de vida de los presos en campos de trabajos forzados en el estado de Georgia (aún sin mencionar el estado en la película por presiones del estado a la Warner) buscando que el ciudadano norteamericano sea consciente de esta barbarie. Busca criticar también el sistema judicial estadounidense, endurecido en exceso con la intención de dar ejemplo y evitar el crimen sin éxito alguno, retratando a jueces dictando sentencias sin lógica alguna. También recuerda el difícil proceso de adaptación de los veteranos de la Gran Guerra que volvían del frente, con la perpicaz escena de la casa de empeños con las medallas. Y por supuesto a Estados Unidos como país de la libertad, y al sueño americano. Sin dejar de ser una democracia con garantías, eso no evita que la corrupción destruya la base de los ideales sobre los que se forjó el país. El sistema judicial y la aparente imposibilidad de la reinserción en la sociedad (con ese inolvidable final en penumbras y la contundente, y dramática, respuesta de Muni que os dejo al comienzo de la crítica), son los principales objetivos de la cinta. Fue gracias al éxito de esta que finalmente lograron cambiar dicho sistema en Georgia, demostrando que el pueblo aún tiene, o tenía, el poder en sus manos.
P.D.: Como curiosidad, y gracias al éxito de la cinta, la Warner estrenó aquel mismo año otro gran éxito del género, 20000 Years in Sing Sing, dirigida por Michael Curtiz, y protagonizada por Spencer Tracy y Bette Davis.

Aquí os dejo el trailer de la época:


@solocineclasico

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