jueves, 22 de enero de 2015

Películas - Años 30: Furia (1936)


FURY (8,5/10)

Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los hombres buenos no hagan nada.
Edmund Burke

No fueron pocos los directores europeos que emigraron a EEUU por tres razones principalmente: la llamada de Hollywood, la ascensión del nazismo, y ya tiempos después, el estallido de la guerra. Hoy hablamos de unos de los más grandes directores que América tuvo la oportunidad de acoger durante la década de los años 30, Fritz Lang, y su particular "homenaje" tanto a su país natal, como al receptor con su primera película.
La cinta nos presenta a Joe (Spencer Tracy) un joven idealista que monta una gasolinera con sus dos hermanos menores y, tras ahorrar el dinero suficiente, va en busca de su prometida (Sylvia Sidney) para casarse con ella en un pequeño pueblo de la "américa profunda". De camino a su destino, la policía de una localidad cercana detiene por error a Joe confundiéndole con uno de los miembros de una banda de delincuentes que ha secuestrado a una joven no hace mucho. Joe permanece arrestado en la comisaria provisionalmente hasta que se pueda probar su inocencia, pero no pasan apenas unas pocas horas cuando el rumor de que uno de los delincuentes de la banda ha sido arrestado por lo que todo el pueblo, movido por unas pocas voces cantantes arremete contra la prisión atacando a los agentes que custodian a Joe y prenden fuego al edificio con este dentro. Katherine, que escucha la noticia de que han detenido a Joe, va hasta el pueblo y es testigo de como Joe está atrapado en el interior entre las llamas. Un par de cartuchos de dinamita arrojados al fuego, y la consiguiente explosión, ponen fin al macabro espectáculo. Con el paso de los días se detiene a los auténticos secuestradores, demostrando la inocencia de Joe, y escandalizando a todo el país por el suceso. Los hermanos de Joe se disponen a ir a juicio junto al fiscal de la zona para detener a los principales culpables del linchamiento cuando aparece Joe. Este, que ha sobrevivido al incendio gracias a un agujero en su celda producto de la explosión, se presenta únicamente a sus hermanos, no solo con las comprensibles secuelas físicas, sino también psíquicas. El carácter del protagonista ha cambiado, perdida toda fe en la humanidad o justicia, busca venganza para los que por poco acaban con su vida. Los hermanos deciden guardar silencio sobre el regreso de Joe, incluida a su prometida, por lo que se convertirán en cómplices en el juicio que podría acabar con 22 personas condenadas a muerte. 
Pero volvamos a Fritz Lang, remotando un poco en su propia historia, para comprender el porque de una trama semejante. El director vienés fue durante los años 20 unos de los más grandes y afamados artistas, no solo de Alemania, sino de toda Europa. Las tres luces, las cintas sobre el doctor Mabuse, Metrópolis, M, el vampiro de Dusseldorf, son solo algunas de las películas con las que había cosechado un gran éxito y reconocimiento. Sin embargo, a principio de los años 30, y tras finalizar el rodaje de la segunda parte de Mabuse, la oficina de cultura nazi, encabezada por Joseph Goebbels, le ofrecen hacerse cargo de la UFA (Universum Film AG), los grandes estudios cinematográficos alemanes del momento, controlados en aquel momento por los nacional socialistas. Lang, contrario a las ideas del nazismo, y temeroso de lo que supondría una negativa, huye esa misma noche a París dejando toda su vida atrás, incluida a su esposa, Thea von Harbou, más afín a la corriente de Hitler.
En París rueda Liliom, un film menor, tras el cual huye a EEUU donde es contratado por la MGM. Allí empieza a trabajar en diferentes proyectos que son rechazados por los estudios y la censura. Harto de esta situación consigue finalmente sacar adelante un proyecto con el que poder desahogarse. Escrito a medias entre Norman Krasna (quien se basó en un hecho real) y Joseph L. Mankiewicz (productor de la misma), retocado por el propio Lang, y vuelto a retocar por el estudio para que el final no fuese excesivamente oscuro, la MGM presenta en 1936 "Fury", un film de denuncia social con el que Lang critica a las masas enfurecidas y cobardes que son dirigidas con suma facilidad, en la que podemos ver una clara referencia a la situación de Alemania en aquel momento.
Abordar una película de denuncia social de estas características no era tarea sencilla, sin embargo Lang se desenvuelve a la perfección, haciendo uso de su consagrada técnica que tan buenos resultados le había dado en Europa. Un acercamiento a los protagonistas, a lo que ayudan tanto el carismático Tracy, como la joven e inocente Sidney; un buen ritmo de la cinta sin exceso de diálogos; el inteligente uso de transiciones como el de las gallinas y la turba; una atmósfera asfixiante in crescendo desde la detención de Joe hasta su linchamiento, acompañada de la partitura de Franz Waxman. 
El problema de la cinta comienza durante el tercer acto en el juicio por la muerte de Joe. Tras el éxtasis vivido en las escenas anteriores, Lang frena el ritmo de la película para mostrar con quizás demasiada parsimonia, y hasta aburrimiento, las diferentes declaraciones de los acusados, el nuevo carácter de Joe, y el sufrimiento de sus hermanos. Como digo, la película pierde fuelle en esta última parte, contando con un final de estudio con el que ahorrarse exceso de polémica por el mensaje de la cinta.
La película fue un éxito tanto para el público como para la crítica, recaudando tres veces lo que costó, y obteniendo una nominación a los Oscar por el guión.
Como curiosidad, el perro del protagonista es el mismo que dio vida al celebre Toto en El Mago de Oz.


@solocineclasico

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