viernes, 21 de noviembre de 2014

Los 10 Mejores Personajes de Billy Wilder

Podemos encontrar pocos casos, repito, muy pocos casos (como los de ese monstruo del cine clásico que fue Billy Wilder) en los que un director escribiese todas y cada una de sus películas. Independientemente de que lo hiciera con una varias personas, para mi siempre ha contado mucho, y contará, que el director no se dedique exclusivamente a versionar a su manera el guión de otra persona, sino que además lo haya elaborado anteriormente. Eso permite hacer suya la historia desde el principio creando un nexo perfecto (cuando se tiene talento, claro está) entre papel y celuloide. Aunque también es verdad que hay grandes directores que no necesitan sentarse frente a la máquina de escribir para dar vida la idea de otra persona.
Y me reafirmo en el ejemplo de Billy Wilder y en el gran número de, no sólo grandes películas, sino obras maestras que nos legó, con historias inolvidables. Y si estas historias resultaban tan inolvidables, es que acostumbraban a venir acompañadas con personas únicos que forman ya parte de la historia del cine. Los personajes que Wilder imaginó o adaptó de alguna novela u obra de teatro tuvieron la suerte de contar con algunos de los mejores actores del momento para ponerles un rostro. 
Esto es un listado de los diez mejores personajes que podremos encontrar en la filmografía de Billy Wilder.


01- C. C. "BUD" BAXTER - Jack Lemmon en The Apartament, 1960. Oscar al Mejor Actor
Uno de los personajes más complejos e interesantes de toda la filmografía de Wilder. Un hombre sencillo que presta las llaves del apartamento donde vive a sus jefes para que estos pasen un buen rato con sus amantes a cambio de una futura mejora en la empresa donde trabajan. Buddy es una persona sin malicia alguna. Es consciente del inconveniente moral de su plan, aunque piensa siempre en un bien mayor con el que excusarse así mismo. Al menos hasta que su jefe principal decide llevar allí a la mujer que Buddy ama. Un personaje ciertamente tragicómico que nos hace reír y sufrir a partes iguales y al cual no podemos más que compadecer constantemente. 

02- DON BIRNAM - Ray Milland en The Lost Weekend, 1945. Oscar al Mejor Actor
Al parecer, durante el rodaje de Perdición, el co-guionista junto a Wilder, Raymond Chandler, llevó bastante mal lo de trabajar con el director austriaco por lo que recayó en la bebida, vicio que había dejado tiempo atrás. Wilder decidió adaptar a continuación la exitosa novela de Charles R. Jackson, The Lost Weekend, como homenaje y disculpa a su compañero. Tanto en el libro como en la película seguimos el tortuoso viaje de más de cinco días de Don Birnam, un proyecto de escritor que trata en vano de superar su adicción a la bebida y con el que el espectador aparcará la divertida figura del borrachín de turno, para ver la del alcohólico crónico corrompido y destruido por la bebida. Ray Milland da vida a un personaje que no duda en engañar, utilizar, y hasta robar a sus conocidos con tal de echar un trago ilimitado. Poseedor de un carácter y personalidad tremendamente atractivos, Birnam no duda en hacer uso de sus encantos y talentos para alcanzar sus objetivos, que no es sino más y más alcohol.

03- NORMA DESMOND - Gloria Swanson en Sunset Boulevard, 1950. Nominada al Oscar a Mejor Actriz
Como buen amante del cine, no es extraño que un inmigrante europeo llegado a América durante pleno apogeo del cine sonoro se preguntara dónde estaban las grandes figuras del cine mudo que había contemplado tantas y tantas veces en las pantallas de los cines y que le habían convencido inconscientemente para dedicarse a aquella profesión. Poco a poco fue descubriendo la triste historia de muchas de aquellas antiguas estrellas que se habían visto obligados a cambiar de profesión, o directamente a abandonarla al no encajar con el cine sonoro. Unos lo llevaron mejor, y otros peor, llegando el caso de los que decidieron aislarse del mundo convencidos de que el cine sonoro no era más que una moda pasajera y que con el tiempo llegaría su regreso triunfal. Encerrados entre las paredes de las grandes y lujosas mansiones de Sunset Boulevard, esperando pacientemente, muchas de aquellas antiguas celebridades perdieron la noción de la realidad convirtiéndose en personajes dignos de pena y faltos de reconocimiento. Fue así como Wilder se imaginó a la lúgubre Norma Desmond, una gran estrella pasada que trata de aislarse del mundo e imaginar que sigue viviendo en los gloriosos años 20 que bebe de las figuras de Mary Pickford, Clara Bow y Mae Murray. Fue Gloria Swanson, actriz que en la vida real dejó el cine tras la llegada del cine mudo pero que supo adaptarse sin problema alguno al mundo de la radio, la que dio valientemente vida a este triste y carismático personaje, y por el que se la recuerda a día de hoy, a pesar de llegar a recibir más de 10000 cartas a la semana de sus admiradores durante sus años de gloria.

04- PHYLLIPS DIETRICHSON - Barbara Stanwyck en Double Indemnity, 1944. Nominada al Oscar a Mejor Actriz
Poco se puede decir sobre una de las primeras femmes fatales del cine negro norteamericano, que además protagoniza posiblemente la mejor cinta de dicho género de la historia. Barbara Stanwyck interpreta el papel de su vida con Phyllips Dietrichson, una mujer que seduce y convence a un investigador de seguro para asesinar a su marido y así cobrar su seguro de defunción para repartírselo entre ambos, en uno de los casos que mejor ejemplifica a la mujer fatal. Cruel, inteligente, hermosa (en este caso en concreto podríamos discutirlo), decidida, manipuladora. Jamás pierden los nervios, jamás pierden la sonrisa, jamás pierden el encanto. Pudimos ver todas estas características en muchos personajes femeninos durante los años 40 y 50, aunque jamás con tal protagonismo y fuerza como en la película, y primer éxito de Wilder en Hollywood. 

05- OSGOOD FIELDING III - Joe E. Brown en Some Like It Hot, 1959.
Para muchos, la mejor comedia de la filmografía de Wilder (para mi la de nuestro próximo personaje de esta lista), con algunos de sus mejores personajes. Siempre se tiene en cuenta al hablar de esta cinta a su trío protagonista: Jack Lemmon y Tony Curtis vestidos como mujeres, Marilyn Monroe más atractiva y sexy que nunca, y una frase, la frase final de la película, el cierre con el que Wilder ha pasado a la historia "Nadie es perfecto", aunque en realidad fuera de I. A. L Diamond, co-guionista. Parece que se llega a tener en cuenta mucho más la frase que a su autor en la cinta, que no es ni más ni menos que el divertido y entrañable personaje de Osgood Fielding III un multimillonario en busca de una nueva esposa y que se enamora de Daphne, quien en realidad es un músico buscado por la mafia. El bueno de Osgood se enamora realmente de la "chica" lo que quizás ayude a entender su indiferencia al saber que es un hombre. En mi opinión, Joe E. Brown se come la pantalla en cada una de sus apariciones, convirtiéndose en uno de los personajes más divertidos, no solo de la cinta, sino de todas las películas de Wilder, mas no por el cinismo habitual del director, sino por la dulzura y candidez de este mítico personaje.

06- C. R. MacNAMARA - James Cagney en One, Two, Three, 1963.
Esta sí. Esta sí que sí consideraría, en mi más humilde opinión, como la mejor comedia de Wilder (y escribió unas pocas). Y no es ni más ni menos por el sin fin de frases y citas que podríamos recopilar de la misma y que están cargadas de un humor incomparable en ningún otra película que jamás haya visto. Las historias pueden ser más o menos divertidas, los diálogos también, pero cuando ambos están tan perfectamente hilvanados como es en este caso, con un personaje central como es el de C. R. MacNamara, al que siguen unos secundarios de auténtico lujo, no hay más remedio que inclinarse con respeto.
El hombre al que da vida un siempre genial James Cagney coordina las ventas de Coca-Cola en Alemania desde Berlín Oeste. Su sueño es cruzar la frontera para llegar a Alemania Oriental, aumentar las ventas, y obtener su ansiado puesto de jefe de ventas en Londres, pero todo amenazará con irse al traste cuando su jefe en Atlanta decida enviarle a su tonta y malcriada hija adolescente a pasar unos días con este y su familia, lo que terminará en un romance con joven comunista del este al que tendrán que rescatar y hacer pasar por un joven aristócrata alemán si quiere conservar su trabajo. El frenético ritmo de la película, perfectamente dirigido tanto por Wilder tras las cámaras, como por Cagney en la pantalla, no dan un momento de respiro al espectador que asiste impotente a todo un espectáculo de lujo acompañado de los constante Uno, Dos, Tres de MacNamara.

07- Sgt. J. J. SEFTON - William Holden en Stalag 17, 1953. Oscar al Mejor Actor
Salvo en el caso de Marilyn Monroe, Billy Wilder siempre repitió con determinados actores ya que veía en ellos el suficiente potencial para explotar un personaje al máximo y poder darlo todo. En el caso del cínico y modelo de anti-héroe, el sargento J. J. Sefton, vemos a un William Holden en estado puro. Quizás el actor en el que mejor se vio reflejado el propio Wilder (esto es pura opinión mía), nos regala una de sus mejores interpretaciones dando vida a un antipático sargento norteamericano en un campo de prisioneros en los que un doble agente entre los prisioneros está saboteando todos los intentos de escape. No es de extrañar que todas las miradas se centren sobre Sefton, el cual parece llevar una vida bastante cómoda en el campo, ajeno e indiferente por voluntad propia a los problemas del resto.

08- CHUCK TATUM - Kirk Douglas en Ace in the Hole, 1951. 
En la filmografía de Wilder solemos encontrarnos con personajes de carácter, ciertamente, picaresco. Afables, simpáticos, cínicos, que en algunos aspectos pueden no gustar, pero que son algo más de lo parecen. Vimos ese modelo en personajes interpretados por William Holden, Walter Matthau, John Lund, Ray Milland, Fred MacMurray, pero jamás con un personaje tan brutal y ciego de codicia como el de Chuck Tatum en El Gran Carnaval. Para ello hacía falta un actor con una fuerza y capacidad propias de unos pocos. En este caso, Kirk Douglas, uno de los mejores actores de la historia. Su personaje, Chuck Tatum, es un periodista sensacionalista venido a menos que se ve obligado para trabajar en un periódico menor de provincias tras huir de Nueva York, y que ve en la tragedia de un joven atrapado en una cueva su oportunidad para volver a lo más alto, por lo que no dudará en retrasar el rescate lo máximo posible al hacerse con la exclusiva de la noticia, para así explotarlo al máximo. La película busca denunciar uno de los aspecto más hipócrita de la sociedad, la atracción que provocan las desgracias ajenas disfrazadas de falso interés y solidarización, y que alentados por la prensa siguen siendo uno gran lastre en nuestro días. Una cinta terriblemente actual que no ha envejecido un ápice salvo por la altura a la que lleva Douglas los pantalones.

09- Sir WILFRID ROBARTS - Charles Laughton en Witness for the Prosecution, 1957. Nominado al Oscar a Mejor Actor
Trabajó con algunos de los mejores actores y actrices de su tiempo. Siempre se quedó con las ganas de dirigir a su amigo Cary Grant. Pero de todos ellos, Wilder siempre afirmó que el mejor actor con el que tuvo la oportunidad de colaborar fue la gran leyenda británica, Charles Laughton.
Laughton es parte, no solo de la historia del cine, sino también del teatro. Un hombre con un registro tremendo que dio vida un gran número de grandes e inolvidables personajes. Curiosamente, solo estuvo nominado al Oscar en tres ocasiones, ganándola en su primera vez por interpretar a Enrique VIII. Partiendo de esta base, y analizando el colosal personaje de Sir Wildrid Robarts, vemos como Laughton hizo suyo uno de los protagonistas más trabajados de Wilder en el que combina un humor cínico y brillante, junto a una ternura casi infantil. 

10- LA CHICA - Marilyn Monroe en The Seven Year Itch, 1955. 
Mucho se hablar de Marilyn y su trabajo con Wilder en Con Faldas y a lo Loco. No dudo del talento de la actriz, y del gran resultado que dio en dicha película, a pesar de todos los problemas durante el rodaje. Pero es, nuevamente en mi opinión, en La tentación vive arriba, donde Wilder saca lo mejor de Monroe como pocos supieron hacer. El personaje de La Chica, una joven rubia, atractiva, con apariencia de ingenua, pero más lista de lo que parece bajo varias capas, no es ni más ni menos que la propia Marilyn, haciendo uso de todo su talento y encantos al servicio de la película. La película además nos regala una de las escenas más famosas de la historia del cine en la que el vestido de ella se levanta a causa del aire proveniente de una rejilla del metro y que ella, coquetamente, sujeta.

Esta es el listado que surge de mi más modesta opinión. Otros grandes personajes se han quedado en el tintero como Barton Keyes (Edward G. Robinson), Irma (Shirley MacLaine), Phoebe Frost (Jean Arthur), Richard Sherman (Tom Ewell), Christine (Marlene Dietrich), Sabrina (Audrey Hepburn), o Phillys MacNamara (Arlene Francis). ¿Qué opináis vosotros?

P.D.: Entiéndase que he seleccionado personajes de películas de Billy Wilder de hasta 1965.

@solocineclasico

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Películas - Años 30: La Gran Ilusión (1937)


LA GRANDE ILLUSION (9/10)

Ahí fuera los niños juegan a soldados. Aquí dentro los soldados jugamos como niños.

Bajo una misma temática un director puede contarnos una historia, mientras que otro otra completamente distinta. Mientras que en La Gran Evasión, John Sturgess se limita a mostrarnos la fuga de un grupo de oficiales aliados de un campo de prisioneros alemán a través de un túnel, y su infatigable lucha en busca de la liberta, Jean Renoir nos cuenta, con un argumento bastante similar, mucho más. No es mi intención infravalorar la labor de Sturgess, todo lo contrario, sino más bien mostrar la grandeza de la cinta de Renoir, el cual dirige una cinta catalogada como de fuga y que va mucho más allá. Bajo la latente amenaza de un nuevo conflicto bélico a escala mundial, el director francés narra la historia de un grupo de oficiales franceses durante la I Guerra Mundial que buscan evadirse a toda costa del campamento de prisioneros alemán en el que se encuentran recluidos. El objetivo de Renoir, más que hablar de la propia fuga, o consiguientes fugas, es la realidad del hombre allí atrapado, las consecuencias de la guerra, el humanismo o la falta del mismo, y otros aspectos sociales que busca criticar o ensalzar a partes iguales.
El teniente Maréchal (un trabajador de los suburbios parisinos) y el capitán de Boeldieu (aristócrata y oficial de carrera) son derribados mientras sobrevuelan una zona enemiga, y encarcelados juntos en un campo de prisioneros alemán. Aunque deciden colaborar junto al resto de los oficiales franceses de su cuarto en la fuga, la convivencia entre ambos se basa más en el respeto que en la amistad al ver que no tienen nada en común y que aunque compartan el mismo objetivo, no hay nada más que les una. A lo largo de la cinta Renoir busca mostrarnos la relación entre estos dos hombres en busca de retrata la realidad social del momento, la diferencia de clases, el auge de los trabajadores y los burgueses (retratados por Maréchal y el teniendo judío Rosenthal), y el declive de las vieja aristocracia europea.
Sobre esta última hay mucho más que analizar gracias a la figura tanto del capitán de Boeldieu y su carcelero alemán, el mayor von Rauffenstein, también aristócrata, militar de carrera, y el piloto que derribó a los dos protagonistas. De Boeldieu tiene mucho más en común con un hombre de su misma clase social, a pesar de ser enemigos, que con sus compañeros de diferente procedencia social. Estos lazos de amistad se plasman en el conocimiento de ambos a través de conocidos, también de alta clase y disposición social, el hablar varios idiomas, y una educación e ideales bastante similares. Esta unión entre ambos personajes, el capitán francés y el mayor alemán, se acrecienta al ser ambos testigos de como los de su propia clase comienzan a desaparecer para ser engullidos por las emergentes clases inferiores, dispuesto a tomar el mando social.
Pero esta no es la única inquietud que busca reflejar Renoir en su película. El antisemitismo es otro de los temas que trata, en busca de denunciar el odio proveniente de la Alemania nazi hacia los judíos. El director lucha contra el estereotipo clásico del judío avaro, mostrando al teniente Rosenthal, proveniente de una rica familia al que no le importa compartir todo que le envía su familia con sus compañeros.
Y finalmente, el título de la cinta, la gran ilusión, en referencia a una conversación entre dos de los protagonistas en el que uno afirma que esa guerra sería la última por su brutalidad y el sufrimiento mutuo de los hombres por ella independientemente de que fueran enemigos o no, a lo que el otro responde que aquello era una ilusión. La película es un claro alegato pacifista surgido durante los tensos años anteriores al estallido de la segunda guerra mundial, un intento casi desesperado y conscientemente ingenuo en busca de concienciar a los hombres del terrible mal que supone la guerra. Evidentemente, el intento fue vano, pero no por ello dejó de despertar todo tipo de reacciones. Fue declarada como película enemiga número uno por el ministerio de propaganda nazi de Goebbels y prohibida en todo el país, mientras que en Francia sería prohibida al iniciarse el conflicto por su mensaje pacifista para no desmotivar a las tropas. En otros países europeos se prohibiría por las mismas razones que los dos anteriores. Por otro lado, en EEUU contó con un gran éxito, al menos para la crítica especialidad, y la academia, nominándola al Oscar a Mejor Película, siendo la primera cinta de habla no inglesa en conseguir dicho honor.
La película cuenta con escenas que han pasado a la historia del cine, aunque seguramente una historia que no ha llegado con la suficiente fama que merecen, entre las que podemos destacar la del guarda alemán que se apiada de Maréchal; los buenos modales del mayor alemán cuando recibe a los dos franceses como invitados a su mesa tras derribarlos con su avión; cuando uno de los oficiales más jóvenes se disfraza de mujer y todos se le quedan mirando con añoranza; y la historia alrededor de la flor del mayor alemán. Todas con gran cantidad de simbolismos y mensajes.
Hemos de destacar a los cuatro actores principales de la cinta, a los que Renoir entrega todo el peso de la película: Jean Gabin, como protagonista principal, el cual era una de las grandes estrellas del cine francés del momento tras los éxitos derivados de Maria Chapdelaine, La Bandera, y Pépé le Moko, todas dirigidas por Julien Dudivier; Pierre Fresnay, como el capitán francés; Erich von Stroheim, afamado director, productor y actor del cine mudo de Hollywood, toda una leyenda. Conocido como un dictador durante los rodajes, la llegada del cine sonoro y sus problemas con las productoras le hizo decantarse por la actuación, donde daría vida principalmente a aristócratas europeos; y Pierre Fresnay, quien repetiría con Renoir en La regle du jèu, la otra (considerada) obra maestra del director, junto a Gaston Modot y Julien Carette. Sin olvidar a la actriz alemana Dita Parlo, protagonista de L´Atalante (Jean Vigo, 1934).
Toda una joya del cine bélico, que no muestra ni una sola escena de lucha, pero que aún así rebosa del mismo horror. Una cinta con un mensaje, como su reparto e historia, universal. De obligado visionado.

Podéis ver la película online aquí:


@solocineclasico

lunes, 3 de noviembre de 2014

Películas - Años 40: El Tercer Hombre (1949)


THE THIRD MEN (10/10)

La música de una película es tan sumamente útil. Hay gente que no lo creé, pero en mi opinión, una buena banda sonora puede llegar a mejorar una película, mas no al revés. Curiosamente, en el cine clásico tenemos buenos ejemplos de grandes bandas sonoras aunque no tantos como podríamos desear. En mi opinión nuevamente, las bandas sonoras han alcanzado su esplendor a posteriori, pero eso no quiere decir que antes no hayamos contado con magníficos trabajos. Si bien en la mayoría de los casos son en cintas épicas de gran factura, musicales, y algún que otro thriller de Hitchcock, no podemos recordar un cuantioso número de melodías que caractericen o se identifiquen tanto con una cinta. Hay excepciones, afortunadamente. Y una de ellas, posiblemente de las mejores, sea esta.

El responsable del mismo fue un autor viene llamado Anton Karas. Gracias a su talento para la música, su familia decidió pagarle clases en dicha materia, pero debido a su difícil situación económica, solo pudieron permitirse las clases para aprender a tocar la cítara que Anton había encontrado tiempo atrás en la casa de su abuela. A los 22 años contrajo matrimonio y durante la segunda guerra mundial estuvo destinado en el frente ruso en un escuadrón antiaéreo. Al volver a casa tras el conflicto a su Viena natal dividida en cuatro zonas por los aliados, Anton empezó a ganarse la vida tocando la cítara en bares y tabernas. Así hasta un día en 1948 cuando un inglés se le acercó para hablarle de su música y proponerle la creación de la partitura de la banda sonora de una película que pensaba dirigir en breve en Viena. La película se titula El Tercer Hombre, y el nombre de aquel inglés era Carol Reed.
Reed era considerado a finales de los años 30 y especialmente a principio de los 40 como uno de los directores británicos más prometedores junto a Alfred Hitchcock. Esto se debía principalmente a que ambos rompieron con el modelo de cine británico, en el caso de Reed, con títulos como Midshipman Easy, Laburnum Grove, Bank Holiday, The Starts Look Down, o Night Train to Munich. Todas estas cintas son aclamadas por público y crítica, en concreto por el afamado autor Graham Greene
Tras la guerra, Reed rodará probablemente las que son sus tres mejores películas: Odd Man Out (referencia al grupo irlandés del I.R.A.),  The Fallen Idol (primera colaboración entre Reed y Greene, y primera cinta de la London Film, productora de Reed y Alexander Korda), y finalmente la que es considerada por la mayoría de los entendidos como la mejor aportación británica a la historia del cine, The Thrid Men.
Por aquel entonces, y tras su experiencia en la guerra, tanto Reed como Greene estaban interesados en contar una película que se desarrollase en la Viena de posguerra, dividida en las cuatro zonas que ocupaban los aliados (EEUU, Reino Unido, Francia y la URSS). Para ello Greene se encargó de la escritura aunque decidió primero escribir una novela sobre la que guionizar la historia, ya que se veía incapaz de desarrolla un guión directamente. En dicha historia seguimos a Holly Martins, un escritor estadounidense de novelas baratas que acude a Viena tras la llamada de su mejor amigo, Harry Lime, a quien no ha visto en años. Al llegar descubre que Lime ha muerto atropellado en circunstancias sospechosas, lo que impulsará a Martins a investigar su muerte y a unir las piezas del terrible secreto que varias personas relacionadas con Lime tratan de ocultar a toda costa.
A la producción de la misma se unión el mítico productor estadounidense David O. Selznick confiado del éxito de la misma, de la fama de los nombres de Reed y Greene, y especialmente de los protagonistas: Joseph Cotten en el papel de Holly Martins, y Orson Welles como el misterioso Harry Lime, el cual aparece en escena apenas 10 minutos. 
También es de justicia mencionar al resto de miembros principales del reparto como Alida Valli, que venía de protagonizar The Paradine Case (Alfred Hitchcock, 1947); Trevor Howard, uno de los mejores, y más infravalorados, actores británicos de la historia que en 1945 nos regaló una de las más hermosas películas románticas de todos los tiempos, Brief Encounter, de David Lean; sin olvidar a Bernard Lee, Ernst Deutsch, Siegfried Breuer y Erich Ponto, los cuales realizan sus papeles más conocidos en esta cinta.
Especialmente destacable es el caso de Orson Welles, quien en aquel momento buscaba financiación para sus proyectos y aceptaba todos las películas que caían en sus manos, ya fuera para dirigir como para actuar tras los fracasos en EEUU de The Lady from Shanghai y Macbeth. El caso es que debido al innegable talento de Welles, y su figura como leyenda de la historia del cine ganada tan a pulso, se ha comentado en infinidad de ocasiones, y hasta se ha llegado a creer, que el mérito de esta película fue de Welles asesorando a Carol Reed y ayudándole a mejorar la película. Nada más cierto de la realidad, y si he empezado esta crítica hablando de Reed ha sido para destacar la labor y el talento de este director británico ciertamente olvidado, cuya filmografía habla por si misma como una de las más envidiables de la historia del cine de las islas. Si algo aportó Welles a esta cinta fue la archi-conocida frase sobre el reloj de cuco, algo que tanto Reed como Greene agradecieron al estadounidense y que ha pasado a la historia del cine. Aunque también Welles tuvo mucho que agradecerles, ya que con apenas 10 minutos de trabajo, Welles cuenta con las tres mejores escenas de la película: la aparición de Harry Lime (considerada como la mejor presentación de un personaje en la historia del cine), la parte de la noria, y el final en el alcantarillado.
No podemos focalizar la grandeza de esta película en una sola persona. Ni en Reed, ni en Welles. Sino más bien a todos aquellos que colaboraron en la misma. Desde el director hasta el guionista, los productores, el reparto, los técnicos, la población de Viena, y un estado de gracia que contagió a todo el equipo de la película tanto en Austria como Reino Unido, y que permitió presentar al mundo una de las mejores películas de la historia. Porque la historia que nos regaló Reed, y que curiosamente ganó más en su adaptación a guión, es un clásico del cine negro gracias a la misteriosa figura del tercer hombre y el omnipresente Harry Lime que en un principio recuerda a la inolvidable Rebecca de la novela homónima adaptada por Hitchcock. 
(Joseph Cotten y Carol Reed)
Porque la dirección de Reed, que ya venía apuntando maneras en la década de los 40 como una de las más innovadoras, llegó a su apogeo con esta joya del cine negro, ayudado por una magnífica fotografía en blanco y negro de Robert Krasker, tanto en interiores como en exteriores (las calles de la derruida y dramática Viena) junto a la escena final en el alcantarillado. Joseph Cotten, quien nunca me ha parecido mal actor, pero tampoco de los mejores, si tuvo la suerte o el talento para participar en algunas de las películas más interesantes de los años 40, y seguramente es en esta donde realiza su mejor trabajo interpretativo. Y la banda sonora... tras finalizar el rodaje, Reed instaló a Anton Karas en una habitación del Hotel Astoria de Viena para que compusiera la banda sonora. Una vez hecho, Reed se llevó el material a Londres para realizar la mezcla, aunque esto le resultó una tarea imposible por lo que se llevó a Karas a Londres para que le ayudase. Karas se vio obligado a componen la banda sonora de nuevo, trabajando durante 3 meses, más de 14 horas diarias hasta que finalmente lo logró. Aunque el parecer el destino se la tenía jugada a esta cinta, ya que un terrible incendio en los estudios destruyeron la mitad del trabajo de Karas que se vio obligado a repetirlo nuevamente. A la tercera fue la vencida, por lo que el compositor austriaco decidió encender una vela en la Abadia de Westminster como agradecimiento por poder volver a casa. Aunque no fue calma lo que disfrutó precisamente al volver, ya que poco después se estrenó la película recibiendo críticas muy positivas, en especial por la banda sonora que se convirtió en todo un éxito de ventas, impulsando el nombre de Anton Karas a la fama.
Si como decía al comienzo de la crítica, una película no hace mejor a una banda sonora, pero una banda sonora si puede con esta labor. Parece difícil creer que algo pudiese mejorar al Tercer Hombre, pero si nos fijamos, y atendemos al magnífico trabajo de Karas, veremos como una vez más, la música permitió que una gran película destinada a ser una de las mejores películas de cine negro jamás rodadas, se convirtiera en una de las cinco mejores, siendo catalogada como obra maestra.

Podéis ver la película online aquí:

Y para los que tengáis pensado ir a Viena en el futuro y hayáis disfrutado esta película tanto como yo, os recomiendo encarecidamente acudir un sábado de 14 a 18 horas a Pressgasse 25, dirección del Museo del Tercer Hombre. Este proyecto surgió hace años cuando Gerhard Strassgschwandtner decidió sacrificar todos los sábados por la tarde del resto de su vida para llevar a cabo una locura de proyecto, abrir las puertas a un pequeño museo de su película favorita, Der dritte Mann, tanto como de la Viena de posguerra. Poco a poco, con la ayuda de Karin Höfler, el museo ha ido creciendo con el paso de los años adquiriendo material de la película como posters; carteles publicitarios; reseñas de revistas; fotografías; artículos de la cinta; copias tanto de la película en diferentes formatos e idiomas, como de la novela; una sección dedicada a Anton Karas y todas las versiones posteriores del famoso tema de Harry Lime; una sala con todo el material sobre la película en Japón; la copia del guión de Trevor Howard... 13 salas decoradas con auténticos tesoros para los más nostálgicos y adeptos a esta cinta, en una lugar de obligada peregrinación para todos los cinéfilos.
@solocineclasico 
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