domingo, 15 de junio de 2014

Películas - Años 20: El Último (1924)


DER LETZTE MANN (9/10)

Considerada por muchos críticos como la segunda mejor película de la historia, mucho se ha dicho y escrito sobre esta importantísima cinta del expresionismo alemán. Mi intención no será otra, además de dar mi propia opinión sobre la misma, que la de acercaros a esta obra maestra de obligado visionado por todo aquel aficionado al cine, y para ello hemos de hablar principalmente de su director, F. W. Murnau.
Por aquel entonces, el director alemán estaba disfrutando de su gran apogeo en Europa. Los éxitos cosechados por sus últimas películas (Nosferatu y El nuevo Fantomas entre otras) le permitieron apostar por un proyecto revolucionario con el apoyo de la U.F.A. (Universum Film AG), la gran productora de cine alemana. Para ello además contó con tres nombres capitales del cine alemán de los años 20: Emil Jannings (la gran estrella de cine del momento), Carl Mayer (posiblemente el mejor guionista de la década de los 20), y Karl Freund (director de fotografía que revolucionó la historia del cine con su trabajo).
La historia nos lleva a la entrada de un lujoso hotel en cualquier ciudad del mundo occidental. En ella nos encontramos al portero (Emil Jannings), un robusto y respetado hombre que no solo carga con las maletas de los clientes, sino que es el nexo de unión entre la entrada y salida de dos mundos muy diferentes. Los huéspedes le admiran, los trabajadores le idolatran, pero una vez en su barrio de clase media-baja, allí se convierte en un Dios. Saluda a todo el mundo portando aún su uniforme de portero de corte militar y siendo saludado (por no decir venerado) por la vecindad. Su orgullosa sobrina está a punto de casarse y habrá una celebración por todo lo alto. Mas el día de la boda por la mañana, cuando nuestro protagonista marcha hacia su trabajo, se encuentra que debido a su edad ha sido sustituido por un hombre mucho más joven y fuerte, mientras que a él le destinan al baño de hombres para trabajar como mozo. Toda una vida de orgullo y respeto se marcha por la taza del water que ha de dejar impoluta cada vez que es usada. El hombre, desmoralizado, decide ocultar la verdad a su sobrina por lo que vuelve a casa con el uniforme, el cual deja en una taquilla de la estación de tren antes de entrar, y vuelve a recoger al salir.
A diferencia de otros films que narran los pormenores de la vejez y el trato que reciben en ocasiones los ancianos por parte de sus familiares como en Cuentos de Tokio o Dejad paso al mañana, El Último se centra más en la dolorosa transición laboral de ser el primero a ser el último, o no ser nadie. El portero nunca fue nada salvo por su trabajo. No tiene nombre, solo el sobrenombre en los créditos finales de Hotelportier. Es toda una autoridad allá por donde va, pero únicamente por su uniforme. Como si de un superhéroe se tratase que sin este nada puede. Y, ¿por qué tanta fijación por la apariencia en vez de centrarse algo más en el drama mismo? Para captar lo que era una realidad en la Alemania de la post-guerra. Un país en el que muchos hombres habían vivido siempre tras un uniforme lleno de medallas, y que sin él se encontraron desnudos, al igual que nuestro protagonista. El toque marcial del mismo, el saludo militar que hace a todo aquel que se cruza con él, son guiños a dicha realidad. Al igual que los vecinos, los cuales siempre saludan con respeto al portero, los que dejan sus tareas ante el paso de este, y que una vez que descubren la verdad, disfrutan de la humillación de este. Porque finalmente se descubre la verdad. 
El portero ya no es "El Portero", solo un hombre más. Un hombre viejo y destruido. Nada. Junto a las risas de los vecinos, encontrará el rechazo de su propia familia al haberse convertido en una humillante carga. Únicamente encontrará piedad en el vigilante nocturno del hotel, el cual le acompaña al baño del mismo donde se arroja sabiendo que es su final. Piedad del vigilante, y del propio guionista, Carl Mayer, quien sabiendo que su personaje no merece dicho final, nos muestra una nota aclaratoria en la que decide dar un giro más digno y feliz a la vida del portero aunque siempre especificando que es algo que hace porque esto solo puede ocurrir en la ficción, jamás en la realidad. Como burlándose de aquella conocida cita bíblica en la que se afirma que los primeros serán los últimos, y los últimos serán los primeros. Sencillamente brillante. Y atención porque este será el único "intertítulo" que encontrareis a lo largo de la película. Murnau nunca fue amigo de los diálogos, por lo que decide mostrar de la manera más natural posible, regalándonos seguramente la más brillante muestra cinematográfica del movimiento alemán de Kammerspiel, inventado por Max Reinhardt, y que tanto influyó en la dirección de actores del cine alemán.
Pero la que característica más representativa de todo el film se encuentra en el apartado técnico, bajo la dirección fotográfica de Karl Freund, quién decidió innovar de una manera revolucionaria al dotar de movimiento a la cámara. En lo que más tarde se conocería como el movimiento del entfesslte Kamera (cámara sin cadenas), Freund apuesta por mover la cámara para dotar de mayor realismo a la acción que se nos narra y que el espectador se sienta parte de la escena misma. Para ello Freund llegó a atarse la cámara a su pecho mientras montaba en bicicleta por el plató. Otra técnica fue la de atar la cámara a un cable y arrojarlo desde una ventana para que cruzase la calle hasta la entrada del hotel, luego, en la sala de montaje, se invertía la escena de manera que parezca que es la cámara la que asciende.
Hay motivos de sobra para considerar esta gran película como la segunda mejor película de la historia. Sin duda me parece una afirmación en exceso atrevido, y el gusto de cada uno tendrá una importancia capital a la hora de corroborarlo, pero si de lo que trata el debate, es sobre la importancia de la cinta, si que podríamos casi asegurar que solo un par de películas en la historia del cine, o al menos en sus orígenes, han tenido una mayor relevancia que Der Letzte Mann.
Podéis ver la película online aquí:
@solocineclasico

miércoles, 11 de junio de 2014

Películas - Años 30: Dejad paso al mañana (1937)


MAKE WAY FOR TOMORROW (9/10)

-Cuando se tienen 17 años uno piensa en divertirse. Cuando tienes 70, la máxima diversión consiste en fingir que no te importa enfrentarte a los hechos... ¿te importaría que siguiera fingiendo?

Dependiendo del género cinematográfico del que hablemos nos vendrán a la mente algunas u otras películas que definen a la perfección las premisas de esta. Y he aquí que nos encontramos con un subgénero poco frecuente en el mundo del cine, seguramente por lo atrevido y complicado del mismo. Dentro de la rama del drama, estaría junto a familiar, con la palabra clave vejez. En 2012, el director austriaco Michael Haneke nos regaló Amour con la que triunfó por el mundo entero. Ya, si retrocedemos un poco encontramos otro caso similar. En concreto la obra maestra de Yasujiru Ozu, Cuentos de Tokio. Y no podía una película aún más anterior a estas, Dejad paso al mañana. Posiblemente la más dura y dulce de todas ellas.
La historia arranca con una reunión familiar. Un anciano matrimonio que informa a sus hijos de que están en bancarrota y que el banco se va a quedar con su casa, por lo que necesitan ayuda. La única solución es que cada uno de los hijos se quede con uno de los padres, separándolos por primera vez desde que están juntos. El trato que recibirán de sus hijos no será el más adecuado, viendo en ellos siempre más un incordio constante que un familiar. El padre se pondrá enfermo y deberá trasladarse con otro de sus hijos a California, separándose aún más de su mujer, con la que se verá por "última" vez en NY antes de partir
Lo primero que me llamó la atención de esta película es que esté dirigida por un hombre de comedia como Leo McCarey, incluyendo en mi opinión la mejor películas de los Marx, Sopa de Ganso, y que triunfó en 1944 ganando 7 Oscars con Going my Way, además de ser el descubridor de Laurel y Hardy. Un hombre con un gran talento, sí, que lo pone a disposición de este imprescindible film en el que nos habla no solo de la vejez per se, sino que desglosa lo que ello conlleva: amor y desprecio; aceptación y rechazo; estupidez y sabiduría; experiencia e inexperiencia; comodidad y sacrificio... toda una lección de lo que es la vida a través de la pareja de ancianos más entrañables de la historia del cine. Un hombre y una mujer, que a pesar de su edad siguen perdidamente enamorados el uno del otro. Que sufren por la distancia impuesta por sus hijos. Que se emocionan como críos por una llamada telefónica o una carta por parte del otro. Dos seres humanos a los que la justicia debería obligar a vivir juntos para aportar un poco de felicidad y ejemplo a un mundo cruel.
En la película somos testigos de un gran número de escenas inolvidables, portadoras de una pequeña lección: la llamada de teléfono de la madre, presenciada por un grupo de personas que se sentían incómodos con su presencia y que al oír la dulce conversación de esta no pueden evitar compadecerse de ella por no estar junto a la persona a la que ama; la de la carta que el tendero no terminar de leer al padre (debido a que este no tiene las gafas con él) por ser demasiado hermosa y personal; la escena del baile; el dramático a la parte que hermoso final en la estación; y por supuesto, la más curiosa y genial de toda la cinta, la escena del "no beso", un momento en el que anciano matrimonio está a punto de besarse y en el que de espaldas, la mujer mira a cámara un momento y frena el beso al ser algo demasiado personal y hermoso como para compartir con el público:

Y he aquí otro dato que podrá sorprender a más de uno, la pareja protagonista no era tan mayor como reflejaban sus personajes. Beulah Bondi, la madre por excelencia a finales de los años 30 y durante los cuarenta contaba por aquel entonces con 49 años, mientras que Victor Moore, rondaba la cincuentena. Toda una curiosidad que en mi caso no hace más que incrementar mi admiración por estos dos actores, algo olvidados, pero que en el caso al menos de ella, supone un capítulo a parte en la historia del cine clásico.
@solocineclasico

viernes, 6 de junio de 2014

Películas - Años 40: Los Ángeles Perdidos (1948)


THE SEARCH (7,5/10)


-¿Dónde está mi madre?, ¿dónde está mi madre? Yo sé que la tenía. ¿Dónde está?

Tras la presentación de la nueva película de Michel Hazanavicius en el prestigioso festival de Cannes, The Search, no pude sino acordarme del homónimo film original del que parte la premisa de lo último del director de The Artist. Y es que Los Ángeles Pérdidos no es una cinta excesivamente conocida. Cuando busquemos películas de Fred Zinnemann o Montgomery Clift, no la veremos entre las primeras (a pesar de ser el debut del segundo), y por eso hoy voy a hablaros de ella.
La acción tiene lugar en Alemania tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Miles y miles de niños (la mayoría huérfanos a causa del conflicto) andan perdidos por todo el continente tratando de sobrevivir lo mejor que pueden. Las fuerzas de ocupación intentan rescatar al mayor número posible para darles una nueva oportunidad y devolverles la humanidad que les ha sido despojado durante guerra. Es la historia de un niño en concreto. Un introvertido niño de nueve años que ha sobrevivido al terrible campo de concentración de Auschwitz y que no recuerda nada de su vida anterior. Tras fugarse junto a un compañero, conocerá a Ralph "Steve" Stevenson, un carismático ingeniero de puentes del ejército que lo acogerá en su hogar, le enseñará su idioma, y que tratará de adoptarlo al pensar que la madre del niño ha muerto durante la guerra. Mas nada más lejos de la verdad, ya que la madre sigue viva, recorriendo todos los campos y centros de acogidas en busca de su hijo.
Este es el trágico, a la par que interesante argumento de la película. Una película que no parece en absoluto una cinta de corte americano. Tanto la temática, el toque semi-documental y el rodaje en auténtico exteriores con actores no profesionales, la acerca más a lo que sería el neorrealismo europeo que el cine norteamericano. Rodada en ciudades destruidas por la guerra como Nuremberg, Würzburg o Ingolstadt gracias al permiso del ejército norteamericano, esta película tiene más similitudes al cine de Rossellini o de Sica que al de cualquier otro director estadounidense, y esa quizás sea otras de las razones por las que hoy no es tan recordada. Solía ocurrir (ya no tanto) que el cine norteamericano que trataba de emular al europeo fracasaba o era ciertamente incomprendido. Esta cinta no es una excepción, aunque sería atrevido en exceso hablar de fracaso. Sencillamente, Fred Zinnemann, director austriaco afincado en EEUU desde hacía casi 20 años fue fiel a su estilo, realismo por encima de todo, y predilección por el detalle. Esta técnica le daría muchas alegría en cintas futuras como en Sólo ante el peligro o De aquí a la eternidad.

El reparto es también digno de mención, empezando por el pequeño Ivan Jandl, quien ganaría un Oscar especial por su trabajo en esta película, y quien es el epicentro de toda la historia. El jovencísimo actor checo da vida al niño perdido al que Steve apodará cariñosamente como Jim, y que muestra con gran realismo la cara de muchos niños sin hogar ni familia tras la guerra. Jarmila Novotná, celebre actriz y soprano checa interpreta a la madre de "Jim", a quien busca incansablemente por toda Europa, en el mejor trabajo de su carrera. Y por supuesto, a un jovencísimo Montgomery Clift, algo alejado de los papeles de chico rebelde e introvertido a los que no tiene acostumbrados, debido en gran parte a ser uno de sus primeros papeles. Era en 1948 cuando debuta en el cine. Red River, de Howard Hawks y The Search eran sus primeras películas, aunque ya demuestra sus dotes de gran actor, consiguiendo una nominación al Oscar como Mejor Actor por la película que nos atañe hoy.

Lo mejor de la cinta, junto al reparto que acabamos de comentar, es el realismo del que está impregnada gracias a la magnífica labor de dirección de Zinnemann; la historia, escrita por Richard Schweizer y David Wechsler, los cuales ganaría el Oscar por su trabajo; y finalmente, el trabajo de los niños, y esos pequeños detalles que sorprenderán a todos como el porque no quieren subir a las ambulancias.

Un documento único de la guerra. Una cinta bélica sin batallas, y que no las necesita. La destrucción también se lleva por dentro.
Aquí podéis ver la película online:


@solocineclasico
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