domingo, 30 de marzo de 2014

ESPECIAL HERMANOS MARX (XIV) - EEUU entra en la segunda guerra mundial (1941-1945)


Sería insensato afirmar que los hermanos Marx decidieron abandonar el cine en 1941 por la entrada de su país al conflicto bélico, ya que, ¿cuándo más necesario la comedia que en tiempo duros como los que se avecinaban? Ya habían contribuido a animar a la nación entera durante la gran depresión con sus películas. No, la decisión había sido tomado con anterioridad. Pearl Harbor fue algo que posteriormente les haría recapacitar sobre su influencia en el público como figuras conocidas de la comedia.
Al igual que cuando la Paramount rescindió su contrato y trataron de buscarse la vida por su cuenta con mayor o menos acierto, ahora los Marx volvían a encontrarse en la misma situación.
Harpo, haciendo nuevamente gala de su admirable patriotismo, se unió a estrellas como Fred Astaire y Lucille Ball para vender bonos de guerra.
Chipo formó una orquesta con la que se fue de gira, y en la que este la dirigía mientras hacía payasadas propias de los Marx ante la complicidad del público.
Por su parte, Groucho volvió a una de sus grandes aficiones, la radio. En ocasiones, para entretener a las tropas, aunque volvió a fracasar en dicho medio, por lo que los productores decidieron dejarle sin el programa. Es por ello que se unió a Harpo en la gira de estrellas para vender bonos. En la primera parada nadie fue capaz de reconocerle sin el bigote y el puro, por lo que se volvió a subir al tren y al bajar recibió la mayor de las ovaciones imaginable. Nadie vendió más bonos durante la guerra aquel mes que ellos.
Tras acabar la guerra, los hermanos volverían con un proyecto que ellos mismos iban a financiar. Una parodía de una de las películas más míticas de la historia del cine.

miércoles, 26 de marzo de 2014

ESPECIAL HERMANOS MARX (XIII) - Tienda de Locos (1941)


BIG STORE (8/10)

-¡Tendremos vino!
-¡Y mujeres!
-¡Y canciones!
-¡Y mujeres!
-¡Y caviar!
-¡Y mujeres!
-¡Y... más mujeres!
Hoy toca reivindicar, y sabéis lo que me gusta. Hoy toca reivindicar una película, y esa es de los hermanos Marx. Se trata por supuesto, de Tienda de Locos. La primera película de los Marx que vi siendo aún un mocoso al que no le gustaban las películas en blanco y negro porque eran "antiguas". Se lo debo a mis padres, porque no solo fue un empuje para convertirme en marxista convencido, sino en un enfermo del cine clásico. Le tengo especial cariño a esta cinta, principalmente por eso, y porque injustamente se le ha tratado como un fracaso que precipitó su "primera" retirada del cine. Algo que vamos a explicar aquí. Pero primero, el argumento de esta nueva película:
Martha Phelps (Margaret Dumont) contratará al detective Wolf J. Flywheel para proteger la vida de su sobrino, Tommy Rogers (Tony Martin), el cual ha heredado los famosos almacenes Phelps y piensa vender para ayudar a jóvenes sin recurso a aprender música. Proteger, digo, ya que hay otra parte poco interesada, encabezada por el terrible Grover (Douglass Dumbrille), en que Rogers lleve a cabo la transacción en su propio beneficio. Con la ayuda de su "secretario-chofer-cocinero-criado" Wacky (Harpo), y Ravelli (Chico) conocido tanto del joven como de Wacky, Groucho sembrará el caos y el desconcierto en los grandes almacenes, regalándonos algunas de las mejores escenas marxistas de toda su filmografía. Algunas de ellas son la escena inicial de Groucho y Harpo con la llegada de Margaret Dumont a su agencia de detectives, en la cual aparentan ser una afamada organización, cuando en realidad esta se cae a pedazos, con el timbre y teléfono falsos, la máquina de escribir y Harpo impidiendo que se escuche nada más que él tecleando, o el desayuno de Groucho escondido quemándose y formando una gran nube de humo. No tiene desperdicio. Y así continua toda la película en cuanto los hermanos están juntos. Acompañados esta vez, de geniales y divertidos números musicales de los que no pasas adelante. Así uno tras otro podría contaros cada escena que merece la pena y no terminaría. En mi opinión la mejor de los Marx en la Metro, además de Una Noche en la Ópera, y de las mejores de su filmografía.
Da gusto volver a tener en el reparto a Margaret Dumont. Sinceramente, con ella en pantalla me creo que estoy viendo realmente una buena película de los Marx. Con la cuarta hermana voy a ver un buen producto, lo sé. Además de Douglass Dumbrille, que ya había trabajado con los hermanos en Un Día en las Carreras. Y por supuesto, cabe mencionar la dirección de Charles Reisner, un director que no se prodigó demasiado pero que en su filmografía podemos encontrar entre otras la co-dirección de una de las mejores cintas de Buster Keaton, El héroe del río.
Pero la película no gustó demasiado. Obtuvo beneficios en taquilla, sí. Y no fue especialmente criticada, pero los hermanos ya estaban hartos. A excepción de Chico, ninguno de los demás necesitaba ya trabajar por razones económicas, por lo que decidieron que esta cinta sería su adiós del mundo del cine. Todos superaban la cincuentena, y el ritmo de los rodajes les dejaban exhausto, tanto a ellos como a la Metro, quienes ya no querían tener nada que ver con los Marx. Ni esta, ni ninguna otra productora de la ciudad estaba dispuesta a trabajar con ellos. Parecía que su momento había pasado y poco más podían ofrecer al gran público. Es por eso que ambas partes firman el finiquito. Pero ojo, todo esto se acordó antes de estrenar la película, no después. De hecho, la misma se anunciaba como la retirada de los Marx del cine.
Pero los Marx volverían, ya lo creo que sí. Pero no sería hasta cinco años después. En 1941 dejaron paso a algo que conmocionó aún más a todos los norteamericanos. El ataque japonés a Pearl Harbor.
Aquí podéis ver la película online:


@solocineclasico

lunes, 24 de marzo de 2014

ESPECIAL HERMANOS MARX (XII) - Los Hermanos Marx en el Oeste (1940)


GO WEST (7,5/10)

-Usted querrá a su hermano, ¿verdad?
-No, pero es mi hermano.

Tras el discreto éxito de Una Tarde en el Circo, el mismo equipo técnico y artístico se pone manos a la obra en el siguiente film de los Marx en la Metro, Go West, traducida en España como Los Hermanos Marx en el Oeste. Edward Buzzell en la silla del director con un guión de Irving Brecher, y Buster Keaton asesorando los gags de la película, especialmente aquellos que transcurren en el ferrocarril, debido a sus conocimientos y experiencia previas. 
Los Marx viajan hasta 1870, en plena fiebre del oro, para hacer su pequeña fortuna particular. Quentin Quayle (Groucho), Joseph (Chico), y Rusty (Harpo) son tres entrañables estafadores que firman un acuerdo con el viejo Wilson un prestamo de 10 dólares a cambio de su propiedad "la Cañada del Muerto". Esto desata la ira de "Red" Baxter, el cual les roba el contrato, ya que quiere hacerse también con el terreno para poder hacer pasar por ahí las vías de su ferrocarril. Es aquí donde entra la pareja de enamorados: Eva, nieta del viejo Wilson, necesita vender la propiedad para poder casarse con su amado, Terry, por lo que los Marx se encargaran de recuperar el contrato sustraído por Baxter.
Sin lugar a dudas nos encontramos con un producto mucho más trabajado y, permitirme la expresión, parodiable que el mundo del circo en mi opinión. Uno de los géneros que más éxitos ha cosechado a lo largo de la historia del cine ha sido sin duda alguna el western, es por ello que los Marx no dudan en desmitificarlo con geniales escenas desde la estafa mutua en la estación de tren, la mina de oro "sin oro", las luchas por los terrenos para el ferrocarril, o los indios. Vemos, como no, rasgos característicos de los Marx propios de su andadura por la Metro como los cuidados números musicales y la pareja de enamorados a los que prestarán ayuda aparcando su "picara" personalidad por un momento.
Pero sin duda, empezamos a notar claros síntomas de fatiga en los hermanos durante la cinta. El humor cada vez es menos físico. Groucho cumplía 50 años y al igual que la anterior cinta aparecía en escena con un ridículo peluquín con el que trataban de rebajar la edad de su personaje. Margaret Dumont no participó en la película, y los tres hermanos cada vez estaban menos interesados en los rodajes o en los guiones, únicamente trabajaban para cobrar. Al igual que ellos, el público cada vez se mostraba menos interesado en el cine marxista, pero mientras hubiera una mínima oportunidad de hacer dinero, y la había, la Metro seguiría contando con ellos.

@solocineclasico

domingo, 16 de marzo de 2014

ESPECIAL HERMANOS MARX (XI) - Una Tarde en el Circo (1939)


AT THE CIRCUS (7,5/10)

"¿Tienes un lápiz? Me dejé la máquina de escribir en los otros pantalones."

Vuelven los hermanos Marx. Vuelve Margaret Dumont. Vuelve la Metro. Vuelven los musicales. Vuelve la recalcitrante pareja de enamorados (esta vez, gracias a Dios, sin Allan Jones). Vuelve incluso Buster Keaton sin acreditar para los gags cómicos. Lo que no vuelve, y jamás volverá, será la exitosa estela de Una Noche en la Ópera y Un Día en las Carreras. Eso si, además de todos los datos mencionados, vuelve el intento de hacer Una Tarde en el Circo una nueva entrega de la saga iniciada por Irving Thalberg, pero se nota, y mucho, que el ávido productor ya no estaba allí. 
Chico y Harpo trabajan en un circo ambulante donde se ha cometido un robo. Acudirán a la única persona capaz de ayudarles, el abogdo J. Cheever Loophole (Groucho). Quien aprovechará también tanto para conquistar al personaje de Margaret Dumont, eterna viuda rica, como para ayudar a la pareja de enamorados. Entre medio divertidos musicales, alocadas y surrealistas situaciones, e ingeniosas frases para Groucho, y Chico.
La Metro había decidido darles otra oportunidad, a lo que los Marx aceptaron tras el sonoro fracaso de El Hotel de los Lios, pensando que podían volver a la senda del éxito, y si os dais cuenta, son las mismas bases que impuso Thalberg para llevar a cabo A night at the opera. Los elementos del éxito, salvo que por si solos no eran suficientes. Hacia falta un productor experimentado e inteligente, y eso se echó en falta. En vez de eso nos encontramos con un producto manido, que no deja de ser entretenido en muchos sentidos y al que le falta muy poco para ser una de las mejores cintas de los hermanos Marx. Ese poco era Irving Thalberg.

Caben destacar escenas como el interrogatorio de Groucho y Chico al pequeño profesor Átomo, la escena del camarote de Golliath, cualquier escena con Harpo, y la canción interpretada por Groucho "Lidia, la dama tatuada", una de sus mejores actuaciones desde Duck Soup.
Como curiosidades destacar la presencia de Jerry Maren como el enano que da vida al pequeño profesor Átomo, quien a día de hoy (16/03/2014) sigue vivo, y que ese mismo año también había aparecido en El Mago de Oz, y que por aquel entonces contaba con 18 años. El pelo de Groucho, que ya se acercaba a los 50 años, también dio problemas, principalmente por la ausencia de este, por lo que la Metro decidió colocarle un terrible y descarado bisoñé tanto en esta como en su próxima película.
(Groucho, Buster Keaton y Chico)

Y mi favorita: uno de los guionistas cómicos de la Metro por aquel entonces era Buster Keaton. Ya había trabajado junto a los hermanos en Una noche en la ópera, y sus diálogos no gustaban a los Marx, ya que no encajaban con su humor. Una tarde discutiendo con ellos acerca de esto mismo, Keaton afirmó muy solemnemente: "Solo hago lo que el señor Mayer me ha dicho que haga. Vosotros, muchachos, no necesitáis ayuda."
La película gustó tanto a crítica como a público, por lo que la Metro consideró que bajo la dirección de Edward Buzzell, podían re-dirigir nuevamente la carrera de los Marx.


(I) - Empezamos 
(II) - The Cocoanuts (Los Cuatro Cocos)
(III) - Animal Crackers (El Conflicto de los hermanos Marx)
(IV) - Monkey Busines (Pistoleros de agua dulce)
(V) - Horse Feathers (Plumas de Caballo)
(VI) - Duck Soup ( Sopa de Ganso)
(VII) - Interludio
(VIII) - A Night at the Opera (Una noche en la Ópera)
(IX) - A Day at the Races (Un día en las Carreras)
(X) - Room Service (El Hotel de los líos)

@solocineclasico

sábado, 1 de marzo de 2014

Películas- Años 50: Centauros del desierto (1956)


THE SEARCHERS - (8,5/10)

Ya no son blancos, ahora son comanches.

“Me llamo John Ford y hago películas del oeste”, era la simple presentación que hacía de sí mismo este director estadounidense, sin darse apenas importancia. Sin embargo, a lo largo de los años tanto la gente de a pie como del mundillo del cine han ido reivindicando su figura y la influencia de sus películas en el mundo del cine, y es que sus más de 140 películas dan para mucho y le han permitido lucir con orgullo el título de “Maestro” y de haber sido uno de los grandes defendidos de la Nouvelle Vague. Entre esta cantidad de cintas que dirigió, destacó en el western con títulos tan significativos como Fort Apache (1948) o la magnífica El hombre que mató a Liberty Valance (1962); su ascendencia irlandesa le inspiró para rodar cintas como El delator (1935) o El hombre tranquilo (1952); aunque también dejó hueco en su filmografía para grandes dramas rurales (Las uvas de la ira, Qué verde era mi valle), la comedia (Escala en Hawai) o la historia (María Estuardo), entre otros.
Es fácil relacionar el nombre de John Ford con el de su actor fetiche, John Wayne. En sus más de 20 películas juntos nos han dejado historias y personajes memorables y hoy queremos rescatar una de esas grandes colaboraciones que hicieron juntos: ¿cómo pasar por alto Centauros del desierto? Rodada en una época en la que el western no estaba de moda, pasó sin demasiados laureles entre el público y no recibió ningún premio destacable. Sin embargo, el tiempo ha sabido situar esta gran cinta en su lugar y es considerada una de las mejores del género, así como influencia de directores como Spielberg –confesó que la vio constantemente mientras dirigía Encuentros en la tercera fase-, Scorsese –le inspiró para rodar Taxi Driver- o George Lucas –que homenajeó una de sus escenas en La guerra de las galaxias-. Además, abrió nuevos caminos para el cine de acción gracias a sus escenas de persecuciones a caballo o sus combates, que supusieron una auténtica novedad, así como lo fueron su inclusión de la voz en off y el uso fotográfico de la profundidad de campo en sus escenas. Todos estos aspectos que favorecen el transcurso del film la convierten en una cinta que no envejece en absoluto y, como decía Wilder: “El cine que envejece es solo el cine malo. Las mejores películas de la historia del cine son aquellas que se mantienen vivas en el recuerdo para siempre”.
Centauros del desierto parte de un simple argumento que esconderá un gran contenido de forma sutil, con gran riqueza temática y con unos personajes tan bien construidos que resultan complejos, pero empecemos a situarnos para poder atajar toda esta red que se teje en este film. Nos encontramos en 1868, tres años después de la Guerra de Secesión, los estadounidenses dejaban de luchar entre ellos para ampliar sus fronteras encontrando un nuevo enemigo: los indios nativos que plantan cara a la invasión. Es en ese momento en el que el solitario Ethan Edwards (John Wayne), vuelve a su hogar tras perder la guerra -¿por qué tan tarde? Un misterio-. Una catástrofe ocurrirá a su llegada: unos indios comanches asaltarán la casa de su hermano asesinándoles y raptando a una de sus hijas, sobrina de Edwads. Desde ese instante el objetivo de nuestro protagonista será la búsqueda de los atacantes para consumar su venganza y lo hará acompañado de Martin (Jeffrey Hunter), su sobrino adoptivo de sangre mestiza.

“Algún día se convertirá en un agradable lugar para vivir, puede que hagan falta nuestros huesos como abono para que eso ocurra”

Para empezar a disgregar ligeramente toda la profundidad que tiene este mayúsculo film de Ford, deberíamos empezar a diseccionar el personaje que interpreta Wayne. Ethan Edwards es un hombre solitario que vaga durante años para volver al hogar, allí le espera un hermano y una cuñada cuya relación no es absolutamente normal y Ford lo dejará entrever en escenas sin diálogos, donde los gestos y las miradas cobrarán protagonismo, al igual que en las escenas de muerte -un elemento muy presente- no se verán, pero se podrá percibir su horror. Siguiendo con Ethan, este profesa un profundo odio contra los indios comanches, tanto que llega a conocer todas sus costumbres e incluso su lengua creándose un paralelismo entre el personaje protagonista y el antagonista, el jefe de la tribu comanche, Cicatriz (Scar en inglés, ¿os acordáis de El rey León?). En contraposición a Ethan, está Martin, claro defensor del diálogo y el aproximación a otras posturas, lo que le llevará a enfrentarse con el protagonista en numerosas ocasiones –además de por su sangre mestiza- pero a la vez ambos serán su único apoyo durante la larga búsqueda. Este complejo personaje fue uno de los papeles favoritos de John Wayne, de hecho, en 1956 nacería un hijo suyo al que llamaría John Ethan Wayne en honor al protagonista de la cinta. Sin duda, Centauros del desierto es una película sobre un ser ermitaño, lleno de contradicciones y que se mueve por una obsesión que nubla todo lo demás. 
Esta película de Ford posee una estructura circular que comienza con una puerta que se abre y acaba con una que se cierra y durante ese recorrido se tratarán diversos temas con mayor o menos visibilidad como el racismo, la territorialidad, la guerra, el adulterio, las conductas sociales o los prejuicios. Parece mentira que un film con un argumento aparentemente sencillo encierre tal multitud de matices, que son abordados con una sutileza magnánima. Una cinta imposible de olvidar y por la que nunca pasarán los años, una de esas joyas del cine clásico compuestas por un tándem de altura que el tiempo ha sabido poner en su lugar. ¿No te han entrado ganas de verla una vez más?



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