viernes, 5 de diciembre de 2014

Películas - Años 40: Días sin huella (1945)


THE LOST WEEKEND (10/10)

Me deshace el higado, ¿verdad, Nat? Me ataca los riñones, sí. Pero ¿qué le hace a mi mente? Me libra de todo el lastre y puedo subir por los aires. De repente estoy por encima del suelo, lo puedo todo.

En 1944 un directo europeo asalta definitivamente Hollywood tras varios años trabajando como guionista y director. Ha colaborado entre otros con el gran Ernst Lubitsch mostrándose como un alumno aventajado. Logra, como decía al comienzo, un gran éxito con Double Indemnity, asentando las bases del cine negro norteamericano de los años 40 con gran éxito. Se trataba de Billy Wilder, que lograba su primera nominación como director por su tercera película, a pesar de haber sido nominado en tres ocasiones con anterioridad como guionista. Tras el éxito de Perdición, Wilder se pone manos a la obra con la adaptación de la exitosa novela de Charles R. Jackson, The Lost Weekend, junto a Charles Brakett.
La historia nos presenta el tormentoso y alargado fin de semana que pasará un escritor, Don Birman, que trata de dejar el alcohol con ayuda de su novia y de su hermano, pero que se ve incapaz de lograrlo por su propio alcoholismo, y el efecto que este provoca en él, alejándole de todos los problemas que se le plantean a lo largo de la vida. Con gran efectismo, somos testigo del descenso a los infiernos de Birman desde un colapso en unas escalares, hasta su reclusión en un centro médico para alcohólicos crónicos como él.
Wilder acaba de volver de Europa tras filmar el duro documental de Death Mills y buscaba filmar algo completamente distinto a su anterior película y que, por supuesto, le ayudase a reflejar la angustia que acaba de vivir en su regreso al viejo continente. La novela de Jackson le pareció cumplir las expectativas. Tratar los vicios irrefrenables de un alcohólico y el pavor y sufrimiento del mismo ante la impotencia de los que le rodean. Lo que Wilder vio en Europa le afectó gravemente, descubriendo además que había perdido a gran parte de su familias en los campos de exterminios, incluida su madre. En aquel momento quería aislarse del mundo haciéndole lo que mejor se le daba, crear una película.
Fue sin duda una de las primeras películas, sino la primera, que trato el tema del alcoholismo en la sociedad norteamericana como lo que era, un gran problema. Con los años llegarían otras cintas que también tratarían el tema con mayor o menos acierto como Días de vinos y rosas (Blake Edwards, 1962); The Small Back Room (Michael Powell y Emeric Pressburger, 1949); El sabor del sake (Yasujiro Ozu, 1962);  El fuego fatuo (Louis Malle, 1963). Aunque la principal virtud de esta cinta es el tratamiento de la historia y su actualidad. Sin duda alguna hay problemas universales y constantes en el tiempo siendo el alcoholismo uno de ellos. La historia de esta película también. Da igual que esté ambientada en los años 40s, sigue siendo actual gracias al propio vicio del alcoholismo y el efecto que tiene en su protagonista y el resto de personajes.

Para el papel principal nos encontramos a Ray Milland, que ya había trabajado con Wilder en The Mayor and the Minor tres años antes, y que se encontraba en pleno apogeo de su carrera. Su trabajo dando vida al proyecto de escritor, Don Birman, le valió merecidamente el premio a Mejor Actor en Cannes, además del Oscar en la misma categoría, siendo seguramente el gran papel de su vida. Le acompañan un buen número de secundarios entre los que destacaría a Jane Wyman, ganadora del Oscar a Mejor Actriz tres años después, y que daría vida a Angela Channing en los 80s en la popular Falcon Crest, y que da vida a la infatigable novia de Birman; Phillip Terry, como el hermano de Birman; Howard Da Silva como Nat, el paciente barman que escucha hastiado las historias de borracho del protagonista; Doris Dowling, como Gloria, una chica de compañía enamorada de Birman y a la que consigue sonsacar algo de dinero por afecto; y finalmente a Frank Faylen como "Bim" Nolan, el enfermo del centro de desintoxicación para alcohólicos donde acaba Birman.
Como curiosidad apuntar que en un principio se pensó estrenar la película sin banda sonora. Tras una prueba con público se demostró que aquello era una pésima idea, por lo que se contrató a Miklós Rózsa para dicha tarea componiendo uno de sus mejores trabajos, entre lo que destacaba el uso del Theremín para crear el efecto propio del y que no ganó el Oscar por ganarse a sí mismo por la banda sonora de Spellbound (Alfred Hitchcock, 1945).
La cinta se llevaría finalmente 4 Oscars, Película, Director, Actor, y Guión Adaptado.
Toda una joya de obligado visionado.

@solocineclasico

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