lunes, 3 de noviembre de 2014

Películas - Años 40: El Tercer Hombre (1949)


THE THIRD MEN (10/10)

La música de una película es tan sumamente útil. Hay gente que no lo creé, pero en mi opinión, una buena banda sonora puede llegar a mejorar una película, mas no al revés. Curiosamente, en el cine clásico tenemos buenos ejemplos de grandes bandas sonoras aunque no tantos como podríamos desear. En mi opinión nuevamente, las bandas sonoras han alcanzado su esplendor a posteriori, pero eso no quiere decir que antes no hayamos contado con magníficos trabajos. Si bien en la mayoría de los casos son en cintas épicas de gran factura, musicales, y algún que otro thriller de Hitchcock, no podemos recordar un cuantioso número de melodías que caractericen o se identifiquen tanto con una cinta. Hay excepciones, afortunadamente. Y una de ellas, posiblemente de las mejores, sea esta.

El responsable del mismo fue un autor viene llamado Anton Karas. Gracias a su talento para la música, su familia decidió pagarle clases en dicha materia, pero debido a su difícil situación económica, solo pudieron permitirse las clases para aprender a tocar la cítara que Anton había encontrado tiempo atrás en la casa de su abuela. A los 22 años contrajo matrimonio y durante la segunda guerra mundial estuvo destinado en el frente ruso en un escuadrón antiaéreo. Al volver a casa tras el conflicto a su Viena natal dividida en cuatro zonas por los aliados, Anton empezó a ganarse la vida tocando la cítara en bares y tabernas. Así hasta un día en 1948 cuando un inglés se le acercó para hablarle de su música y proponerle la creación de la partitura de la banda sonora de una película que pensaba dirigir en breve en Viena. La película se titula El Tercer Hombre, y el nombre de aquel inglés era Carol Reed.
Reed era considerado a finales de los años 30 y especialmente a principio de los 40 como uno de los directores británicos más prometedores junto a Alfred Hitchcock. Esto se debía principalmente a que ambos rompieron con el modelo de cine británico, en el caso de Reed, con títulos como Midshipman Easy, Laburnum Grove, Bank Holiday, The Starts Look Down, o Night Train to Munich. Todas estas cintas son aclamadas por público y crítica, en concreto por el afamado autor Graham Greene
Tras la guerra, Reed rodará probablemente las que son sus tres mejores películas: Odd Man Out (referencia al grupo irlandés del I.R.A.),  The Fallen Idol (primera colaboración entre Reed y Greene, y primera cinta de la London Film, productora de Reed y Alexander Korda), y finalmente la que es considerada por la mayoría de los entendidos como la mejor aportación británica a la historia del cine, The Thrid Men.
Por aquel entonces, y tras su experiencia en la guerra, tanto Reed como Greene estaban interesados en contar una película que se desarrollase en la Viena de posguerra, dividida en las cuatro zonas que ocupaban los aliados (EEUU, Reino Unido, Francia y la URSS). Para ello Greene se encargó de la escritura aunque decidió primero escribir una novela sobre la que guionizar la historia, ya que se veía incapaz de desarrolla un guión directamente. En dicha historia seguimos a Holly Martins, un escritor estadounidense de novelas baratas que acude a Viena tras la llamada de su mejor amigo, Harry Lime, a quien no ha visto en años. Al llegar descubre que Lime ha muerto atropellado en circunstancias sospechosas, lo que impulsará a Martins a investigar su muerte y a unir las piezas del terrible secreto que varias personas relacionadas con Lime tratan de ocultar a toda costa.
A la producción de la misma se unión el mítico productor estadounidense David O. Selznick confiado del éxito de la misma, de la fama de los nombres de Reed y Greene, y especialmente de los protagonistas: Joseph Cotten en el papel de Holly Martins, y Orson Welles como el misterioso Harry Lime, el cual aparece en escena apenas 10 minutos. 
También es de justicia mencionar al resto de miembros principales del reparto como Alida Valli, que venía de protagonizar The Paradine Case (Alfred Hitchcock, 1947); Trevor Howard, uno de los mejores, y más infravalorados, actores británicos de la historia que en 1945 nos regaló una de las más hermosas películas románticas de todos los tiempos, Brief Encounter, de David Lean; sin olvidar a Bernard Lee, Ernst Deutsch, Siegfried Breuer y Erich Ponto, los cuales realizan sus papeles más conocidos en esta cinta.
Especialmente destacable es el caso de Orson Welles, quien en aquel momento buscaba financiación para sus proyectos y aceptaba todos las películas que caían en sus manos, ya fuera para dirigir como para actuar tras los fracasos en EEUU de The Lady from Shanghai y Macbeth. El caso es que debido al innegable talento de Welles, y su figura como leyenda de la historia del cine ganada tan a pulso, se ha comentado en infinidad de ocasiones, y hasta se ha llegado a creer, que el mérito de esta película fue de Welles asesorando a Carol Reed y ayudándole a mejorar la película. Nada más cierto de la realidad, y si he empezado esta crítica hablando de Reed ha sido para destacar la labor y el talento de este director británico ciertamente olvidado, cuya filmografía habla por si misma como una de las más envidiables de la historia del cine de las islas. Si algo aportó Welles a esta cinta fue la archi-conocida frase sobre el reloj de cuco, algo que tanto Reed como Greene agradecieron al estadounidense y que ha pasado a la historia del cine. Aunque también Welles tuvo mucho que agradecerles, ya que con apenas 10 minutos de trabajo, Welles cuenta con las tres mejores escenas de la película: la aparición de Harry Lime (considerada como la mejor presentación de un personaje en la historia del cine), la parte de la noria, y el final en el alcantarillado.
No podemos focalizar la grandeza de esta película en una sola persona. Ni en Reed, ni en Welles. Sino más bien a todos aquellos que colaboraron en la misma. Desde el director hasta el guionista, los productores, el reparto, los técnicos, la población de Viena, y un estado de gracia que contagió a todo el equipo de la película tanto en Austria como Reino Unido, y que permitió presentar al mundo una de las mejores películas de la historia. Porque la historia que nos regaló Reed, y que curiosamente ganó más en su adaptación a guión, es un clásico del cine negro gracias a la misteriosa figura del tercer hombre y el omnipresente Harry Lime que en un principio recuerda a la inolvidable Rebecca de la novela homónima adaptada por Hitchcock. 
(Joseph Cotten y Carol Reed)
Porque la dirección de Reed, que ya venía apuntando maneras en la década de los 40 como una de las más innovadoras, llegó a su apogeo con esta joya del cine negro, ayudado por una magnífica fotografía en blanco y negro de Robert Krasker, tanto en interiores como en exteriores (las calles de la derruida y dramática Viena) junto a la escena final en el alcantarillado. Joseph Cotten, quien nunca me ha parecido mal actor, pero tampoco de los mejores, si tuvo la suerte o el talento para participar en algunas de las películas más interesantes de los años 40, y seguramente es en esta donde realiza su mejor trabajo interpretativo. Y la banda sonora... tras finalizar el rodaje, Reed instaló a Anton Karas en una habitación del Hotel Astoria de Viena para que compusiera la banda sonora. Una vez hecho, Reed se llevó el material a Londres para realizar la mezcla, aunque esto le resultó una tarea imposible por lo que se llevó a Karas a Londres para que le ayudase. Karas se vio obligado a componen la banda sonora de nuevo, trabajando durante 3 meses, más de 14 horas diarias hasta que finalmente lo logró. Aunque el parecer el destino se la tenía jugada a esta cinta, ya que un terrible incendio en los estudios destruyeron la mitad del trabajo de Karas que se vio obligado a repetirlo nuevamente. A la tercera fue la vencida, por lo que el compositor austriaco decidió encender una vela en la Abadia de Westminster como agradecimiento por poder volver a casa. Aunque no fue calma lo que disfrutó precisamente al volver, ya que poco después se estrenó la película recibiendo críticas muy positivas, en especial por la banda sonora que se convirtió en todo un éxito de ventas, impulsando el nombre de Anton Karas a la fama.
Si como decía al comienzo de la crítica, una película no hace mejor a una banda sonora, pero una banda sonora si puede con esta labor. Parece difícil creer que algo pudiese mejorar al Tercer Hombre, pero si nos fijamos, y atendemos al magnífico trabajo de Karas, veremos como una vez más, la música permitió que una gran película destinada a ser una de las mejores películas de cine negro jamás rodadas, se convirtiera en una de las cinco mejores, siendo catalogada como obra maestra.

Podéis ver la película online aquí:

Y para los que tengáis pensado ir a Viena en el futuro y hayáis disfrutado esta película tanto como yo, os recomiendo encarecidamente acudir un sábado de 14 a 18 horas a Pressgasse 25, dirección del Museo del Tercer Hombre. Este proyecto surgió hace años cuando Gerhard Strassgschwandtner decidió sacrificar todos los sábados por la tarde del resto de su vida para llevar a cabo una locura de proyecto, abrir las puertas a un pequeño museo de su película favorita, Der dritte Mann, tanto como de la Viena de posguerra. Poco a poco, con la ayuda de Karin Höfler, el museo ha ido creciendo con el paso de los años adquiriendo material de la película como posters; carteles publicitarios; reseñas de revistas; fotografías; artículos de la cinta; copias tanto de la película en diferentes formatos e idiomas, como de la novela; una sección dedicada a Anton Karas y todas las versiones posteriores del famoso tema de Harry Lime; una sala con todo el material sobre la película en Japón; la copia del guión de Trevor Howard... 13 salas decoradas con auténticos tesoros para los más nostálgicos y adeptos a esta cinta, en una lugar de obligada peregrinación para todos los cinéfilos.
@solocineclasico 

1 comentario:

  1. Sean. Que buen trabajo estás haciendo. Desafortunadamente no funciona el link de la película, una obra maestra. A ver si lo puedes arreglar, saludos.

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