miércoles, 5 de noviembre de 2014

Películas - Años 30: La Gran Ilusión (1937)


LA GRANDE ILLUSION (9/10)

Ahí fuera los niños juegan a soldados. Aquí dentro los soldados jugamos como niños.

Bajo una misma temática un director puede contarnos una historia, mientras que otro otra completamente distinta. Mientras que en La Gran Evasión, John Sturgess se limita a mostrarnos la fuga de un grupo de oficiales aliados de un campo de prisioneros alemán a través de un túnel, y su infatigable lucha en busca de la liberta, Jean Renoir nos cuenta, con un argumento bastante similar, mucho más. No es mi intención infravalorar la labor de Sturgess, todo lo contrario, sino más bien mostrar la grandeza de la cinta de Renoir, el cual dirige una cinta catalogada como de fuga y que va mucho más allá. Bajo la latente amenaza de un nuevo conflicto bélico a escala mundial, el director francés narra la historia de un grupo de oficiales franceses durante la I Guerra Mundial que buscan evadirse a toda costa del campamento de prisioneros alemán en el que se encuentran recluidos. El objetivo de Renoir, más que hablar de la propia fuga, o consiguientes fugas, es la realidad del hombre allí atrapado, las consecuencias de la guerra, el humanismo o la falta del mismo, y otros aspectos sociales que busca criticar o ensalzar a partes iguales.
El teniente Maréchal (un trabajador de los suburbios parisinos) y el capitán de Boeldieu (aristócrata y oficial de carrera) son derribados mientras sobrevuelan una zona enemiga, y encarcelados juntos en un campo de prisioneros alemán. Aunque deciden colaborar junto al resto de los oficiales franceses de su cuarto en la fuga, la convivencia entre ambos se basa más en el respeto que en la amistad al ver que no tienen nada en común y que aunque compartan el mismo objetivo, no hay nada más que les una. A lo largo de la cinta Renoir busca mostrarnos la relación entre estos dos hombres en busca de retrata la realidad social del momento, la diferencia de clases, el auge de los trabajadores y los burgueses (retratados por Maréchal y el teniendo judío Rosenthal), y el declive de las vieja aristocracia europea.
Sobre esta última hay mucho más que analizar gracias a la figura tanto del capitán de Boeldieu y su carcelero alemán, el mayor von Rauffenstein, también aristócrata, militar de carrera, y el piloto que derribó a los dos protagonistas. De Boeldieu tiene mucho más en común con un hombre de su misma clase social, a pesar de ser enemigos, que con sus compañeros de diferente procedencia social. Estos lazos de amistad se plasman en el conocimiento de ambos a través de conocidos, también de alta clase y disposición social, el hablar varios idiomas, y una educación e ideales bastante similares. Esta unión entre ambos personajes, el capitán francés y el mayor alemán, se acrecienta al ser ambos testigos de como los de su propia clase comienzan a desaparecer para ser engullidos por las emergentes clases inferiores, dispuesto a tomar el mando social.
Pero esta no es la única inquietud que busca reflejar Renoir en su película. El antisemitismo es otro de los temas que trata, en busca de denunciar el odio proveniente de la Alemania nazi hacia los judíos. El director lucha contra el estereotipo clásico del judío avaro, mostrando al teniente Rosenthal, proveniente de una rica familia al que no le importa compartir todo que le envía su familia con sus compañeros.
Y finalmente, el título de la cinta, la gran ilusión, en referencia a una conversación entre dos de los protagonistas en el que uno afirma que esa guerra sería la última por su brutalidad y el sufrimiento mutuo de los hombres por ella independientemente de que fueran enemigos o no, a lo que el otro responde que aquello era una ilusión. La película es un claro alegato pacifista surgido durante los tensos años anteriores al estallido de la segunda guerra mundial, un intento casi desesperado y conscientemente ingenuo en busca de concienciar a los hombres del terrible mal que supone la guerra. Evidentemente, el intento fue vano, pero no por ello dejó de despertar todo tipo de reacciones. Fue declarada como película enemiga número uno por el ministerio de propaganda nazi de Goebbels y prohibida en todo el país, mientras que en Francia sería prohibida al iniciarse el conflicto por su mensaje pacifista para no desmotivar a las tropas. En otros países europeos se prohibiría por las mismas razones que los dos anteriores. Por otro lado, en EEUU contó con un gran éxito, al menos para la crítica especialidad, y la academia, nominándola al Oscar a Mejor Película, siendo la primera cinta de habla no inglesa en conseguir dicho honor.
La película cuenta con escenas que han pasado a la historia del cine, aunque seguramente una historia que no ha llegado con la suficiente fama que merecen, entre las que podemos destacar la del guarda alemán que se apiada de Maréchal; los buenos modales del mayor alemán cuando recibe a los dos franceses como invitados a su mesa tras derribarlos con su avión; cuando uno de los oficiales más jóvenes se disfraza de mujer y todos se le quedan mirando con añoranza; y la historia alrededor de la flor del mayor alemán. Todas con gran cantidad de simbolismos y mensajes.
Hemos de destacar a los cuatro actores principales de la cinta, a los que Renoir entrega todo el peso de la película: Jean Gabin, como protagonista principal, el cual era una de las grandes estrellas del cine francés del momento tras los éxitos derivados de Maria Chapdelaine, La Bandera, y Pépé le Moko, todas dirigidas por Julien Dudivier; Pierre Fresnay, como el capitán francés; Erich von Stroheim, afamado director, productor y actor del cine mudo de Hollywood, toda una leyenda. Conocido como un dictador durante los rodajes, la llegada del cine sonoro y sus problemas con las productoras le hizo decantarse por la actuación, donde daría vida principalmente a aristócratas europeos; y Pierre Fresnay, quien repetiría con Renoir en La regle du jèu, la otra (considerada) obra maestra del director, junto a Gaston Modot y Julien Carette. Sin olvidar a la actriz alemana Dita Parlo, protagonista de L´Atalante (Jean Vigo, 1934).
Toda una joya del cine bélico, que no muestra ni una sola escena de lucha, pero que aún así rebosa del mismo horror. Una cinta con un mensaje, como su reparto e historia, universal. De obligado visionado.

Podéis ver la película online aquí:


@solocineclasico

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