lunes, 6 de octubre de 2014

Películas - Años 40: Ser o no ser (1942)


TO BE OR NOT TO BE (10/10)

-¡Heil, Hitler!
-¡Heil, yo mismo!

Nos situamos en plena segunda guerra mundial. Estados Unidos aún no ha entrado directamente en el conflicto. Proporciona material de guerra a los aliados y tropas voluntarias (principalmente pilotos) para enfrentarse en Europa a las fuerzas del Eje. Aunque Hollywood ya participa en lo que sería la guerra mediática. Un buen número de películas se estrenan para denunciar el fascismo en Europa. El caso más conocido hasta la fecha había sido Chaplin con su genial El Gran Dictador
A finales de 1941 EEUU entra de lleno en el conflicto bélico declarando la guerra a Japón tras el ataque de Pearl Harbor. Poco después declara la guerra a Alemania. Es 1942 cuando nos llegan tres obras maestras que trataran el tema de la guerra desde distintos puntos de vistas: Casablanca (Michael Curtiz, 1942); Mrs. Miniver (William Wyler, 1942), y To be or not to be.
Tras las cámaras de esta última situamos a uno de los grandes genios del séptimo arte, Ernst Lubitsch, el autor alemán más prolífico e importante del siglo junto (puede que hasta un paso más) a Fritz Lang. Este ha sido uno de los pocos, además de Chaplin, que se ha atrevido a denunciar diferentes regímenes políticos a través del humor. El ejemplo más claro lo encontramos en la genial Ninotchka, la cual co-escribió Billy Wilder, donde Lubitsch denuncia el régimen soviético a través del humor y haciendo uso de una inolvidable historia de amor. 
Para Ser o no ser, Lubitsch hace uso de las mismas armas situando la acción en pleno conflicto bélico. Para ser más concretos, en la Polonia invadida por las tropas nazis, y en un grupo teatral. Este grupo se dedicaba a interpretar obras en las que ridiculizaban a los nazis, pero tras la invasión han de volver al teatro clásico representando obras como Hamlet. La pareja protagonista, Josep y Maria Tula, son considerados los más grandes actores polacos, de ahí su fama y adoración por parte del público. No es de extrañar que ella tenga un gran número de admiradores. Uno de ellos, un piloto polaco acostumbra encontrarse con ella mientras su marido empieza a recitar el famoso soliloquio del tercer acto de Hamlet (Ser o no ser...). Esto despertará las sospechas del marido hasta que el piloto tenga que abandonar Polonia para unirse a la resistencia en Reino Unido. Pero pronto descubren que los nazis tienen en su poder información que resultará fatal para la resistencia y para el pueblo polaco, por lo que el grupo teatral hará uso de sus armas interpretativas para evitar que esto suceda.

Pero mientras que Wyler hace un llamamiento a necesidad de entrar en el conflicto mostrando la terrible situación de la misma, y Chaplin critica el nazismo desde su vertiente más humana y moral; Lubitsch va más allá. Un tema tan delicado como este no le va a impedir hacer uso de su famoso Toque Lubitsch. Este consistía en algo fácil de explicar pero casi imposible de imitar: tratar de mostrar más de lo que se cuenta. Que lo que el director trata de contar vaya más allá de los diálogos de sus personajes. Todo. El escenario, la puesta en escena, la forma de dialogar (o no). Todo lo que el espectador contempla en la pantalla tiene varias lecturas. No es ni más ni menos que la diferencia entre un cineasta, y un artista.
Y aunque podríamos analizar cada escena repetidas veces para descubrir las intenciones de Lubitsch, la grandeza del director se destapa en el propio argumento y su grupo de actores. Estos interpretan un papel, los nazis otro. En el mundo del teatro, como en el del cine, todo es falso, es pura fantasía. La comparación de Lubitsch es sobresaliente. "Hizo con Shakespeare lo que los nazis están haciendo con Polonia." Algo tan terrible como los nacionalsocialistas no puede ser real. Sólo interpretan un papel que por desgracia creen en demasía. Y es ahí donde en ocasiones, la fantasía llega a ser mejor que la realidad. Su pureza puede contra la crudeza de nuestro mundo.
Ya la escena inicial es toda una declaración de intenciones. Nos encontramos en una calle de Varsovia en la que todo el mundo observa estupefacta a una persona caminando por esta. Adolf Hitler. La voz en off nos dice: "Lubinski, Kubinski, Lominski, Rozanski y Poznanski, estamos en Varsovia, la capital de Polonia. Es agosto de 1939, Europa aún está en paz. De momento la vida en Varsovia transcurre tan normal como siempre. Pero de repente parece haber ocurrido algo. ¿Están viendo un fantasma estos polacos? ¿Por qué se ha detenido ese automóvil? Todos miran atónitos en la misma dirección. La gente parece asustada, aterrorizada. ¿Puede ser cierto? El hombre del bigotito es, es Adolf Hitler. ¿Adolf Hitler en Varsovia, cuando los dos países aún están en paz, y totalmente solo? Parece extrañamente despreocupado por la excitación que ha provocado. ¿Está interesado por los manjares del señor Maslowski? Eso es imposible. Él es vegetariano, y sin embargo no siempre se atiene a su dieta. A veces se traga países enteros. ¿Acaso quiere zamparse a Polonia también? En cualquier caso, ¿cómo ha llegado hasta aquí? ¿Qué ha ocurrido? Todo empezó en el cuartel general de la Gestapo, en Berlín." Esto no llevará a un genial flashback que explicará este comienzo tan peculiar y divertido. Toque Lubitsch.


Y no solo todo esto. La película también hace uso de recursos ya habituales en otras cintas del director alemán como la ironía, el ingenio, el sarcasmo, los dobles contextos, la sátira, malentendidos, suplantaciones de identidad. Todo ello ata una genial historia filmada con gran pulso en el que un numeroso reparto trabaja a toda marcha para dotar de gran ritmo la acción de la que somos testigos.
Desde el primer momento, Lubitsch pensó en Jack Benny para el papel principal de Joseph Tura. De hecho, escribió el guión imaginando el personaje con la cara de este. Sin embargo, para el papel femenino el estudio propuso a Miriam Hopkins, cuya carrera pendía de un hilo en aquel momento. Mas parecer ser que la actriz no encajó con el papel, por lo que acabaron optando por la esposa de Clark Gable, la celebre Carole Lombard, quien moriría unos pocos meses antes del estreno de la película en una accidente de avión mientras recorría el país para vender bonos de guerra. Para ambos fue la película más importante de sus carreras.
La película no contó con una buena acogida. Por un lado el público no estaba de ánimos para ver una comedia sobre la guerra. El ataque a Pearl Harbor aún era reciente, por lo que buscaban un cine más patriótico y alentador. Mientras que la crítica, en parte, no vio con buenos ojos la "ridiculización" por parte de Lubitsch de la situación en Polonia. Años después, crítica y público verían con otros ojos esta genial obra adelantada a su tiempo y supieron degustarla como se merecía.

@solocineclasico

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