martes, 2 de septiembre de 2014

Películas - Años 20: El Viento (1928)


THE WIND (10/10)

Esta es la historia de una mujer que entró en los dominios del viento.

Tengo la sensación de que por más tiempo que pase seguiré siendo capaz de encontrar obras maestras sobre las que hablar del cine clásico. Esta la encontré hace bastante tiempo y ya iba siendo hora de compartirla con vosotros. No dejé de pensar en ella hace unas semanas cuando pasé por Lisboa. La razón fue el terrible viento que azotó la ciudad sin compasión las 36 horas que estuve allí. Todos hemos sufrido alguna vez un día ventoso y sabemos lo molesto que puede llegar a ser. No sólo cuando estás en la calle, sino cuando dentro de tu casa no dejas de escuchar el aullido del viento. Os aseguro que tras ver esta película siempre se os vendrá a la cabeza en tales días.
Letty (Lillian Gish) es una joven y preciosa muchacha que se traslada al oeste de los Estados Unidos desde Virginia para visitar a unos familiares que viven en una población en mitad del desierto. Allí el viento es amo y señor, siempre presente, marcando el día a día de toda la población. No son pocos los hombres que caen rendidos ante la belleza y personalidad de Letty, incluida su primo e hijos. Esto provoca los celos de la mujer de este, por lo que obliga a la joven a buscarse un hombre y marcharse de allí. Letty escoge a uno a quien no ama realmente y con el que se ve obligada a vivir en una especie de exilio total en mitad del desierto, en una diminuta cabaña víctima constante de la implacable ventisca. Esto irá minando poco a poco el carácter y la resistencia de Letty, prisionera no sólo del clima, sino de un marido al que no desea, y al que no se entrega.
Todo comenzó cuando Lillian Gish leyó la novela homónima de Dorothy Scarborough y convenció a Irving Thalberg para que la Metro la produjera. Debido a que era una de las pocas actrices con capacidad de decisión en sus proyectos, encargó personalmente la adaptación del guión a Frances Marion (primera persona que ganó dos Oscar); dio el papel masculino principal (principal entre comillas ya que ella era la actriz protagonista) a Lars Hanson y Victor Sjöström, con quienes había trabajado en su anterior película.

Victor Sjöström, director, guionista y actor de origen sueco, venía de rodar numerosas obras en su país natal, algunas de ellas con gran repercusión como Ingebord Holm (1913), Había una vez un hombre (1917), Los Proscritos (1918) o La Carretera Fantasma (1921). Ya en EEUU, tras acudir a la llamada de Louis B. Mayer, y después de dos películas intrascendentales, estrena una adaptación de la famosa novela de La Letra Escarlata, con Lillian Gish, que recibe buena acogida, lo cual permite que en 1928 estrene dos películas bastantes ambiciosas. Una fue La mujer divina, en la que al fin conseguía trabajar con su compatriota Greta Garbo, aunque actualmente sólo se conservan 8 minutos de cinta de la película. Y la otra fue El Viento, nuevamente con Gish. 
Sjöström traslado el rodaje de la cinta al desierto de Mojave acompañado de grandes ventiladores a los que los técnicos arrojaban tierra y arena, esparciéndola por todo el plató de rodaje de manera que simulaba a la perfección las continuas ventiscas y tormentas de la película. Es mérito del director sueco que durante toda la película sintamos el viento como un personaje más, y más si pensamos que es una cinta muda. 
Pero Sjöström era principalmente un director de actores, es por ello que pone toda su atención al reparto, principalmente en su actriz principal que llegados a ese punto  poco más podía aprender, ya que hablábamos de una de las mejores actrices de Hollywood, y sin embargo es considerado su mejor trabajo. El director exprimió al máximo su personaje al que se le maltrata tanto física como psicológicamente durante casi todo el metraje. La joven Letty sufre las inclemencias del tiempo en sus propias carnes. La joven Letty sufre a causa de los celos que despierta en su cuñada y la relación con su marido al que no desea y al que no deja que la toque, lo que crea una fuerte sensación de impotencia y furia por su parte. La joven Letty sufre en el habitáculo en el que vive semi-abandonada en el desierto, incapaz de salir por culpa del viento ni realizar con normalidad tareas del hogar o cabalgar por sus tierras (por poner un ejemplo, de nada sirve recoger toda la arena que entra la casa si cada vez que abren la puerta esta vuelve a entrar desde el exterior). La joven Letty se tortura mentalmente sentada en su cama porque no puede llevar una vida normal. Pensando, sufriendo, escuchando el viento, pensando, sufriendo, escuchando el viento, no hay nada más que hacer. El espectador acaba sufriendo con la protagonista consciente de la dramática situación a la que se enfrenta.
Considerada actualmente como la última obra maestra de la época del cine mudo, en su día fracasó, lo que unido al auge del cine sonoro, hizo que Gish tomase la decisión de abandonar el cine por el teatro hasta su regreso en los años 40 en películas como Duelo al Sol.
Rescatada por los críticos con el paso de los años como la gran cinta que es, sirve de referente para otras películas tanto de Sjöström (recomiendo cualquiera de las mencionadas), como de la genial Lillian Gish.
Una gran recomendación para los amantes del cine.


@solocineclasico

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