jueves, 22 de mayo de 2014

Películas - Años 40: Los Mejores Años de Nuestras Vidas (1946)


THE BEST YEARS OF OUR LIVES (10/10)

-Reconozco el mérito de la Marina. Le enseñaron bien a ese chico usar esos ganchos.
-Pero no pudieron enseñarle a abrazar a su novia, ni acariciarle el pelo.

1946.
Hace un año que la guerra ha terminado y el mundo trata de adaptarse. Algunos lo tienen más difícil que otros. EEUU es el claro vencedor en muchos sentidos ya que no tiene que reconstruirse a nivel de infraestructuras (obviando planes de ayuda a Europa como el plan Marshall), pero si tiene una gran tarea pendiente en otros campos, como la adaptación de los veteranos de guerra a la sociedad, y la economía. El pueblo americano los recibe en un principio como héroes, pero el trato que reciben en algunos aspectos empieza a hacer recelar a la gente. Algunos se ven incapaces de encontrar trabajo, otros de reintegrase en la sociedad. No sólo hay heridas externas, también las hay internas. Algo conocido en todas las guerras anteriores, y con un claro precedente de la Gran Guerra. No era un tema agradable, ni un tema del que se quisiera hablar o mostrar en pantalla. Los años de cine bélico con fines propagandístico habían terminado, los años del cine bélico con fines patrióticos comenzaban. Y en medio se encuentra esta joya de la filmografía de William Wyler.
El afamado había dirigido únicamente dos películas en los últimos cinco años, La Loba y Mrs. Miniver. Esto se debía principalmente a su tarea filmando documentales de guerra, entre los que destaca el del Memphis Belle. El director también se reintegraba en la sociedad, parcialmente sordo por las explosiones que había sufrido en los distintos aviones de combate en los que había vivido, y con miles de historias de jóvenes soldados en la cabeza, decide adaptar junto al guionista Robert Sherwood la novela de MacKinlay Kantor Glory for Me, la cual era en realidad un encargo de Samuel Goldwyn al autor sobre la adaptación de los veteranos en la sociedad. Wyler ve la oportunidad de expresar lo que siente y dar voz a miles y miles de hombres y mujeres que no pueden hacerlo por si mismos.
La historia arranca cuando tres veteranos se conocen en un avión camino a casa tras la guerra. El condecorado capitán de aviación Fred Derry (Dana Andrews), el sargento de infantería Al Stephenson (Frederich March), y el marinero Homer Parish (Harold Russell), quien ha perdido ambas durante una explosión en su barco. Traban amistad y prometen reunirse en un bar algún día de estos. Todos tienen planes para su regreso, aunque le asusta el que el momento haya llegado y tengan que empezar a llevarlos a cabo. Tienen miedo de lo mucho que pueden haber cambiado las cosas tras la guerra y de como les va a afectar. Fred vuelve con su mujer, la cual espera que le de una buena vida como cuando estaba en el ejército; Al regresa a su antiguo trabajo (un banco) como responsable de los créditos para veteranos de guerra; y Homer junto a su familia y su novia con la que planeaba casarse... pero todo es más complicado de lo que parece: Fred no encuentra trabajo por ningún lado por lo que ha de aceptar su empleo anterior de encargado de mostrador en unos grandes almacenes, además de enamorarse de la hija de Al (Teresa Wright); este último ve de manera distinta la política del banco sobre los créditos a los veteranos; y Homer da largas a su novia al no querer que ella tenga que cargar con él el resto de su vida. 
La historia permite analizar los puntos claves de la adaptación de los veteranos como las oportunidades laborales, el trato recibido por la sociedad, o el día a día con sus familias y seres queridos. En el caso de Fred, nos encontramos ante una persona sin estudios, la cual trabajaba anteriormente en una tienda de helados y que cinco años de experiencia de combate, un gran número de condecoraciones al valor, y la gradución de capitán, no sirven de nada para buscar un empleo. Vemos el rechazo de otros trabajadores al verle debido que al ser veterano posiblemente va a recibir un trato de favor. También protagoniza junto a Homer, una de las escenas claves de la película, y es la de la discusión con el americano patriota de derechas que se compadece del marinero por haber perdido las manos por nada, ya que no tuvo sentido alguno de que EEUU entrase en la guerra. Y por último, el miedo de Homer por dar una vida desgraciada a su novia por su discapacidad, y el de Fred ante la imposibilidad de dar una buena vida a la hija de Al, Peggy, son también un claro reflejo de muchas historias de soldados que volvían con sus novias o esposas y que sentían como habían cambiado demasiado como para que todo fuera como antes. Aunque son tanto Al como su esposa los que dan la clave en una escena mítica:
-Nunca habéis tenido ni el menor problema. ¿Cómo vais a entender lo que pasa entre Fred y yo?
-¿Crees que nunca tuvimos problemas?, ¿cuántas veces te he dicho que te odiaba y que estaba convencida de ello?, ¿cuántas veces me has dicho que estabas harto de mi y que todo había terminado entre nosotros?, ¿cuántas veces tuvimos que enamorarnos de nuevo desde el comienzo?
La película fue todo un éxito, tanto de taquilla (recaudando 10 veces lo que costó), como de crítica. Arrasó en los Oscar de 1947 alzándose con Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor (Frederich Marsh), Mejor Actor de Reparto (Harold Russell), Mejor Guión, Mejor Montaje, Mejor Banda Sonora, además de un Oscar Honorífico para Harold Russell, el mismo año de Enrique V, Que bello es vivir, Breve Encuentro y El filo de la navaja.
Wyler volvió a reunir a un espectacular reparto (algo muy común en su filmografía), llevando a cabo una magnífica dirección de actores, especialmente con el personaje de Dana Andrews quien en cierto modo (aunque salvando las distancias) es casi un alter ego del propio director por su experiencia en combate con aviones y bombarderos. La escena del cementerio de aviones lo dice todo. Frederich Marsh interpreta el papel de su vida, al igual que Harold Russell, mutilado de guerra quien llamó la atención de Wyler con una película documental que realizó sobre la adaptación de los veteranos de guerra, quien además se convirtió en la primera (y única a día de hoy) en conseguir dos Oscars por el mismo papel. Y por supuesto, no podía faltar la hermosa y talentosa Teresa Wright, quien ya había trabajado en las dos películas anteriores de Wyler, siendo nominada al Oscar por ambas, las cuales eran sus dos primeras películas.
Para terminar, hacer mención especial a la fotografía de la cinta. Wyler se empeñó en rodar en localizaciones auténticas en vez de en decorados, lo que aporta un mayor realismo a la cinta. El trabajo de Gregg Toland en digno de encomio. Especialmente brillante es la escena en la que Al está con Homer junto a un piano, y en la esquina superior izquierda Fred realiza una dolorosa llamada telefónica. Una contraposición perfecta de felicidad y tristeza en una misma escena. Una obra maestra de ¿quién sino? William Wyler.


@solocineclasico

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