lunes, 19 de mayo de 2014

Películas - Años 40: El Bazar de las Sorpresas (1940)


THE SHOP AROUND THE CORNER (7,5/10)

No es mi intención llevar a cabo un especial de Lubitsch, aunque si lo hiciera podría reventar perfectamente el servidor de este blog, y como mínimo me iba a reír un rato. No. Pero ha dado la casualidad que en las últimas semanas he tenido la oportunidad de revisionar o ver por primera vez algunas de las "mejores" cintas del director alemán, y El bazar de las sorpresas no podía faltar. Y sin embargo, creo que estamos ante una de sus comedias románticas más sobrevaloradas. Viniendo de otro director podría sorprendernos. Viniendo de Lubitsch, poco. Y es que la película ha envejecido mal. Las nuevas generaciones recordarán al instante la cinta de Tom Hanks y Meg Ryan, Tienes un email, la cual no es más que un remake, sin embargo, donde en otras cintas vemos la brillantez de los diálogos de Lubitsch y los continuos enredos y divertidos malentendidos, aquí nos encontramos con dos historias entrecruzadas y que hasta cierto punto parecen forzadas.
Por un lado tenemos al señor Kralik (James Stewart), el mejor vendedor de una tienda de regalos en Budapest, Hungría, el cual se cartea con una joven desconocida de la cual está enamorado. Al mismo tiempo llega una nueva empleada (Margaret Sullavan) a la tienda que le hará perder los nervios por su aptitud y personalidad. Y finalmente tenemos al dueño, Mr. Matuschek (Frank Morgan), quien si en un principio trataba a Kralik como a un hijo, ahora recela de él por razones desconocidas, por lo que la situación entre ambos se irá deteriorando hasta que el primero despida al joven vendedor la misma noche que va a conocer finalmente a la mujer con la que se carteaba, quien resultará ser...
Basada en Parfumerie del escritor húngaro Miklós László, Lubitsch se permite adaptar la trama original para dotarla de su propia visión a la hora de contar historias al espectador (algo que pocos han sabido hacer mejor que él). Mas la cinta carece de auténticos momentos de brillantez cómica, como por ejemplo en Ser o no ser. Si bien nos encontramos ante un claro ejemplo de Screwball Comedy, poseedora del famoso toque Lubitsch, lo que se traduce en una elegancia constante a la hora de contar la historia, mostrar un sin fin de detalles que pueden pasar desapercibidos ante el espectador, y una exquisita dirección de actores, El bazar de la sorpresa podrá pasar a forma parte de la memoria colectiva de cinéfilos de todo el mundo por su historia romántica, la originalidad del enredo de esta, y el propio Lubitsch, pero poco más. Una película de gran importancia histórica para el cine, pero que a día de hoy no ofrece lo mismo que hizo en su momento. Esto le ha hecho perder peso en comparación con otras cintas del director de Remordimiento, pero no por ello queda relegada a un segundo lugar. Hemos de seguir considerándola como una muy buena película, pero no de las mejores de Lubitsch.
Un romance con toques románticos simpáticos y que gustará a todo tipo de espectadores, aunque tampoco suscitará ni un aluvión de carcajadas ni de admiración. Sólo respeto. Respeto ante el genio y figura de Ernst Lubitsch, uno de los mejores directores de la historia del cine. Ni más, ni menos.

Obviando la impresión general que recibimos de la cinta, podemos analizar otras detalles que no hacen más que replantearnos la calidad de la misma. Y sin duda el mejor es el reparto y la dirección de actores de Lubitsch. La pareja protagonista (Sullavan-Stewart) dotan de un gran realismo cada escena que comparten o no, al encontrarse en perfecta comunión con sus personajes. La buena relación entre ambos se debe principalmente a su larga amistad desde sus inicios en el teatro, y a que Sullavan estuvo casada con el mejor amigo de Jimmy Stewart, Henry Fonda. Lubtisch sabe aprovechar la química entre ambos aunque tampoco es que consiga crear a la pareja romántica más inolvidable del cine clásico, o de su filmografía. Aunque es en mi opinión Frank Morgan el gran protagonista de la historia. En un papel en el que habría encajado perfectamente Lionel Barrymore, Morgan da vida al señor Matuschek, dueño de la tienda y que empieza a desconfiar de Stewart, ante la creencia de que este se ve a escondidas con su mujer. Seguramente sea el papel más recordado de la fimografía de Morgan, y además el mejor de la película, siendo su escena final una de las más tiernas que jamás haya visto.



@solocineclasico

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