sábado, 1 de marzo de 2014

Películas- Años 50: Centauros del desierto (1956)


THE SEARCHERS - (8,5/10)

Ya no son blancos, ahora son comanches.

“Me llamo John Ford y hago películas del oeste”, era la simple presentación que hacía de sí mismo este director estadounidense, sin darse apenas importancia. Sin embargo, a lo largo de los años tanto la gente de a pie como del mundillo del cine han ido reivindicando su figura y la influencia de sus películas en el mundo del cine, y es que sus más de 140 películas dan para mucho y le han permitido lucir con orgullo el título de “Maestro” y de haber sido uno de los grandes defendidos de la Nouvelle Vague. Entre esta cantidad de cintas que dirigió, destacó en el western con títulos tan significativos como Fort Apache (1948) o la magnífica El hombre que mató a Liberty Valance (1962); su ascendencia irlandesa le inspiró para rodar cintas como El delator (1935) o El hombre tranquilo (1952); aunque también dejó hueco en su filmografía para grandes dramas rurales (Las uvas de la ira, Qué verde era mi valle), la comedia (Escala en Hawai) o la historia (María Estuardo), entre otros.
Es fácil relacionar el nombre de John Ford con el de su actor fetiche, John Wayne. En sus más de 20 películas juntos nos han dejado historias y personajes memorables y hoy queremos rescatar una de esas grandes colaboraciones que hicieron juntos: ¿cómo pasar por alto Centauros del desierto? Rodada en una época en la que el western no estaba de moda, pasó sin demasiados laureles entre el público y no recibió ningún premio destacable. Sin embargo, el tiempo ha sabido situar esta gran cinta en su lugar y es considerada una de las mejores del género, así como influencia de directores como Spielberg –confesó que la vio constantemente mientras dirigía Encuentros en la tercera fase-, Scorsese –le inspiró para rodar Taxi Driver- o George Lucas –que homenajeó una de sus escenas en La guerra de las galaxias-. Además, abrió nuevos caminos para el cine de acción gracias a sus escenas de persecuciones a caballo o sus combates, que supusieron una auténtica novedad, así como lo fueron su inclusión de la voz en off y el uso fotográfico de la profundidad de campo en sus escenas. Todos estos aspectos que favorecen el transcurso del film la convierten en una cinta que no envejece en absoluto y, como decía Wilder: “El cine que envejece es solo el cine malo. Las mejores películas de la historia del cine son aquellas que se mantienen vivas en el recuerdo para siempre”.
Centauros del desierto parte de un simple argumento que esconderá un gran contenido de forma sutil, con gran riqueza temática y con unos personajes tan bien construidos que resultan complejos, pero empecemos a situarnos para poder atajar toda esta red que se teje en este film. Nos encontramos en 1868, tres años después de la Guerra de Secesión, los estadounidenses dejaban de luchar entre ellos para ampliar sus fronteras encontrando un nuevo enemigo: los indios nativos que plantan cara a la invasión. Es en ese momento en el que el solitario Ethan Edwards (John Wayne), vuelve a su hogar tras perder la guerra -¿por qué tan tarde? Un misterio-. Una catástrofe ocurrirá a su llegada: unos indios comanches asaltarán la casa de su hermano asesinándoles y raptando a una de sus hijas, sobrina de Edwads. Desde ese instante el objetivo de nuestro protagonista será la búsqueda de los atacantes para consumar su venganza y lo hará acompañado de Martin (Jeffrey Hunter), su sobrino adoptivo de sangre mestiza.

“Algún día se convertirá en un agradable lugar para vivir, puede que hagan falta nuestros huesos como abono para que eso ocurra”

Para empezar a disgregar ligeramente toda la profundidad que tiene este mayúsculo film de Ford, deberíamos empezar a diseccionar el personaje que interpreta Wayne. Ethan Edwards es un hombre solitario que vaga durante años para volver al hogar, allí le espera un hermano y una cuñada cuya relación no es absolutamente normal y Ford lo dejará entrever en escenas sin diálogos, donde los gestos y las miradas cobrarán protagonismo, al igual que en las escenas de muerte -un elemento muy presente- no se verán, pero se podrá percibir su horror. Siguiendo con Ethan, este profesa un profundo odio contra los indios comanches, tanto que llega a conocer todas sus costumbres e incluso su lengua creándose un paralelismo entre el personaje protagonista y el antagonista, el jefe de la tribu comanche, Cicatriz (Scar en inglés, ¿os acordáis de El rey León?). En contraposición a Ethan, está Martin, claro defensor del diálogo y el aproximación a otras posturas, lo que le llevará a enfrentarse con el protagonista en numerosas ocasiones –además de por su sangre mestiza- pero a la vez ambos serán su único apoyo durante la larga búsqueda. Este complejo personaje fue uno de los papeles favoritos de John Wayne, de hecho, en 1956 nacería un hijo suyo al que llamaría John Ethan Wayne en honor al protagonista de la cinta. Sin duda, Centauros del desierto es una película sobre un ser ermitaño, lleno de contradicciones y que se mueve por una obsesión que nubla todo lo demás. 
Esta película de Ford posee una estructura circular que comienza con una puerta que se abre y acaba con una que se cierra y durante ese recorrido se tratarán diversos temas con mayor o menos visibilidad como el racismo, la territorialidad, la guerra, el adulterio, las conductas sociales o los prejuicios. Parece mentira que un film con un argumento aparentemente sencillo encierre tal multitud de matices, que son abordados con una sutileza magnánima. Una cinta imposible de olvidar y por la que nunca pasarán los años, una de esas joyas del cine clásico compuestas por un tándem de altura que el tiempo ha sabido poner en su lugar. ¿No te han entrado ganas de verla una vez más?



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...