viernes, 31 de enero de 2014

Películas - Años 60: Días de vino y rosas (1962)


DAYS OF WINE AND ROSES (9/10)

They are not long, the days of wine and roses:
Out of a misty dream
Our path emerges for a while, then closes
Within a dream.

Pocas películas hay tan demoledoras como Días de vino y rosas. Pocas películas, por no decir ninguna, han tratado el tema del alcoholismo de la manera que esta cinta lo hace y es que -con todos mis respetos a la gran obra de Billy WilderDías sin huella- el film que hoy nos ocupa es el que mejor ha llegado a reflejar lo destructiva que puede llegar a ser una adicción, en este caso, el alcoholismo. Es de esas películas que no se hacen fácil de ver ni de olvidar y que, después de contemplarla, te deja una sensación de desasosiego de la que es difícil desprenderse. Lo más curioso de todo esto es que el film estuviese dirigido por un director cómico por excelencia, como era Blake Edwards -que venía de rodar películas como Vacaciones sin novia (1958), Operación pacífico (1959) o, su obra cumbre, Desayuno con diamantes (1961)- y protagonizada por un actor cómico como era Jack Lemmon, sobre todo en sus primeros tiempos -luego hizo más de un drama-, después de protagonizar Con faldas y a lo loco (1959) El apartamento (1960). Lee Remick, más entrenada en el género, será la pareja de este en la película que nos contará la historia de un trío amoroso destructivo: un relaciones públicas, una oficinista y una botella.
Cierto tinte wilderiano tiene el comienzo de esta cinta, que empieza como una inocente comedia romántica: nos encontraremos con un edificio de oficinas, un ascensor, un amor casi a primera vista. Sin embargo, eso será la primera parte del film, que ya avisa: “Recoged las rosas mientras podáis. Largos no son los días de vino y rosas”. Pronto la película adquiere un tinte oscuro y sombrío que usará para mostrarnos la enfermedad que padece la pareja protagonista y cómo el alcohol se vuelve necesario para poder seguir conviviendo juntos, aunque eso esté, en realidad, acabando con ellos. Una triste paradoja que nos llevará a contemplar escenas desagradablemente tristes –como la del invernadero- interpretadas y dirigidas de forma maestra.

"Tú y yo y la botella... vaya trío, ¿recuerdas?"

Además de la música de Henry Mancini, cuya canción se alzó con el Oscar, es necesario destacar también el trabajo de guion, que crea unos personajes redondos con una evolución muy clara, pero siendo mostrada de forma sutil y paulatina. Teniendo en cuenta que el tiempo interno del film es de unos 6 años, se nos enseñarán situaciones clave, dando pequeños saltos temporales, pero bien enlazadas para que no se pierda lógica, sino que se gane en verosimilitud. La tensión en el film será una constante y a medida que avance la película los sentimientos se harán más angustiosos y las escenas más duras. 
Una historia narrada sin anestesia que cobra vida gracias al insuperable trabajo que hace el dúo protagonista: Jack Lemmon demuestra que no solo es un actor con una insuperable vis cómica, sino que también puede ser un excelente intérprete de drama, algo que reafirmará con otras películas a lo largo de su carrera. Por su parte, la Lee Remick que se pone en la piel la dulce e indefensa Kristen, nada tiene que ver con sensual y provocador papel que nos mostraba en Anatomía de un asesinato (1959) y tiene momentos absolutamente gloriosos en un film que tanto a ella como a él les valió la nominación a los Premios Oscar.
Pero, ¿qué hace grande a Días de vino y rosas? Sin duda, la amplia visión tan completa que nos ofrece del alcoholismo comenzando por mostrarnos la percepción social que tiene este dándole un toque divertido y glamouroso -Lemmon es un relaciones públicas que tiene que beber para dar señales de confianza, además lo disfruta-. Seguidamente, la cinta pasa a enseñarnos el comienzo de la adicción y a la degradación que eso va produciendo, sobre todo en papel que interpreta Remick, llevando a la pareja por un camino peligroso en el que el alcohol se convierte en el centro y en el pilar que sostiene su relación. Finalmente, se acaba llegando a la enfermedad, su lado más salvaje y cruel, pero, amigos, en este punto se nos abren dos caminos: puede haber redención y también puede haber un laberinto del que se hace imposible salir. 
La película de Blake Edwards nos habla, en última instancia, de la dureza de la vida y del uso del alcohol como escapatoria a los problemas que esta nos plantea y la incapacidad de algunas personas de abordarlos. El alcohol llena un vacío perpetuo en la vida de nuestros protagonistas, provocado por un trabajo que odian, por una familia desestructurada y solo les queda su amor y una botella. Una historia tan real que nos pondrá la piel de gallina.
Nunca antes dos amantes fueron sus peores enemigos, nunca una película fue tan documental. 



@Peripecias58
@solocineclasico

2 comentarios:

  1. Solamente he podido verla una vez y de eso ya hace un buen puñado de años por lo que es un clásico que tengo ganas de revisionar, principalmente porque me gusta mucho Jack Lemmon y porque tengo un recuerdo excelente de la película.

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  2. La puedes ver aquí,http://mispeliculasenlinea.blogspot.com.es/2012/08/dias-de-vino-y-rosas.html,
    Si no funciona el enlace, copia y pega,

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