lunes, 13 de enero de 2014

INGRID BERGMAN LOVE´S STORY!

No es la primera vez que tratamos un romance en este blog, ya que este tipo de historia que podríamos aparcar en la sección rosa en cualquier otro medio, aquí cobran importancia de una manera distinta, debido a la repercusión que estos pudieron tener en los trabajos realizados por las personas implicadas. Conocemos todo tipo de romances, como el matrimonio perfecto, el eterno affaire, el sin fin de conquistas, el amor eterno aunque perdido, y después de todo esto está el que vivieron la actriz sueca Ingrid Bergman (1915-1982) y el director italiano Roberto Rossellini (1906-1977). Posiblemente uno de los más interesantes, polémicos, y conocidos de la historia. Es, como digo, un punto y a parte en toda regla, así que pongámonos en situación.
En la primavera de 1948 se estrena en EEUU una película italiana titulada Roma, Citta Aperta (Roberto Rossellini, 1945), y es una pequeña sala donde una joven madre de apenas 30 años, acompañada de su marido, se enamora de la película y de su realización. Poco tiempo después tiene la oportunidad de ver Paisà (Roberto Rossellini, 1946) y el resultado es el mismo. Es por eso que esta joven decide escribirle una carta como otras tantas admiradoras:
Señor Rossellini: he visto sus dos películas y me han encantado. Si necesita una actriz sueca que domine el inglés, que no ha olvidado el alemán, a quien apenas se entiende en francés, y que en italiano sólo sabe decir ti amoestoy dispuesta a acudir para hacer una película con usted.
Ingrid Bergman.
Impresionado por la carta de una de las estrellas más populares y cotizadas de EEUU, y por ende, del mundo, Rossellini viaja hasta Hollywood para conocer a Bergman y a su marido Petter Lindström. Por aquel entonces Ingrid Bergman ya era una actriz plenamente asentada. Al éxito que siguió Casablanca (Michael Curtiz, 1942) habían seguido: For Whom the Bell Tolls (Sam Wood, 1943); Gaslight (George Cukor, 1944), y por la que ganó su primer Oscar como Mejor Actriz; Spellbound (Alfred Hitchcock, 1945); The Bell of St. Mary´s (Leo McCarey, 1945); Notorious (Alfred Hitchcock, 1946); o Joan of Arc (Victor Fleming, 1948), entre otras. Por su parte, Rossellini venía de asentar indirectamente los pilares de lo que pasaría a ser conocido como uno de los géneros más relevantes de la historia del cine, el Neorrealismo Italiano (que no es poca cosa) con su obra maestra Roma, Ciudad Abierta, a la que seguiría Paisa y Alemania, Año Cero. Es por eso que llegan rápidamente al acuerdo de trabajar juntos en el próximo proyecto del director italiano, Stromboli
En 1949, la protagonista de Casablanca se traslada a Italia con unos 300 dólares con la idea de estar el tiempo necesario para el rodaje y volver. Aún no sabe que no regresará a Estados Unidos hasta años más tarde. Durante el rodaje comienza una apasionada y esperada relación con Rossellini, que poco tiene que ver con lo profesional. Esto provoca un escándalo, no solo porque ambos estén respectivamente casados, sino porque además se descubre que esperan un hijo de dicha relación. La reacción mediática y social no se hace esperar. Es sobretodo desde Estados Unidos donde se critica a Bergman con mayor dureza a raíz de que Joseph Green, vicepresidente y director de Códigos de Producción, le pide que desmienta los rumores que  apuntan a que planea divorciarse y abandonar a su hija para casarse con Rossellini. Efectivamente, Bergman se divorciará de su marido para poder casarse con su nuevo amor. Es declarada persona non grata en EEUU, lo que la obliga a exiliarse temporalmente en Italia. Pero ahí no acaba la cosa. Los medios realizan una brutal y desmedida caza sobre la actriz tildándola de adúltera. Se ve imposibilitada de trabajar en ningún proyecto americano por el boicot que la misma industria realiza sobre ella. Su propio marido le prohíbe trabajar con otro director que no sea el mismo. Tanto la Iglesia Católica, como la Luterana de Suecia la critican duramente. Y por supuesto las cartas. Recibe cientos y cientos de cartas de críticas y amenazas hacía su persona, su hijo nonato, y en menor medida, hacia su nuevo marido.

Me llegaban cartas atroces, cada sobre iba lleno de odio. En algunas ponía que yo ardería en el infierno por toda la eternidad. Otras decían que era una agente del diablo y que mi pequeño era hijo del diablo. Y aún otras que mi bebé nacería muerto o sería jorobado. Hablaban de toda clase de horrorosas deformaciones que afectarían a mi hijo. Me llamaban puta. No podía creer que me odiara tanta gente. Al margen de lo que pensaran sobre mi vida, se trataba de mi vida privada, y yo no les había hecho nada. Estaba en estado de shock. Llegaban cartas de todas partes, pero la mayoría de América. América es muy grande, así que había gente para escribir cartas de todas clases. Roberto me preguntaba por qué las leía si me afectaban tanto. Decía que era como leer reseñas de críticos a quienes nunca les gusta tu trabajo. ¿Qué sentido tiene? Yo le respondía que era el único modo para encontrar cartas de amigos que me animaban y me apoyaban.

Debido a la nueva serie de limitaciones que afectaban directamente a su trabajo como actriz, Bergman se vio obligada a ser dirigida únicamente como había sido su deseo en un principio por Rossellini. A Stromboli siguieron Europa 51, Viaggio in Italia, La Paura, y Juana de Arco en la hoguera. Todas ellas fracasaron en mayor o menor medida, en parte por la propia "censura" e inmerecida crítica directa de la que eran víctima tanto actriz como director. La sociedad, en la medida de lo posible, no iba a permitir a esta pareja vivir como querían. Y a las pruebas me remito: Tras el fracaso de su última película juntos, y la crisis tanto económica como artística que sufren ambos, Rossellini acepta a regañadientes que su esposa trabaje con el  gran Jean Renoir en Elene et les hommes, por la que recibe muy buenas críticas. El mismo año, 1956, Bergman estrena su primera película estadounidense en siete años, Anastasia, por la que recibe su segundo Oscar como Mejor Actriz, además de su tercer Globo de Oro. Es gracias a estas dos películas por las que Bergman vuelve al panorama cinematográfico internacional y firma las "paces" con EEUU o al menos con la Academia de Cine. Por el otro lado, Rossellini permanecerá unos años sin realizar ninguna película hasta que regresa en 1959 con uno de sus mejores trabajos, Il Generale Della Rovere, con un colosal Vittorio de Sicca en el papel principal. Además, sus películas con Bergman serán reivindicadas por la generación de la Nouvelle Vague poco después. 
De esta unión surgieron tres hijos. Roberto (1950), y las gemelas Isabella e Isotta (1952).
Pudieron haber sido una de las parejas más recordadas e importantes de la historia del cine por su talento y creatividad si la sociedad les hubiera dado algo más que la espalda. Algo como una oportunidad, ya que capaces eran, y como decía anteriormente, a las pruebas me remito. Ambos empezaron su relación siendo grandes estrellas, y la terminaron (1957) para volver al Olimpo. Siempre por su cuenta. Nunca juntos. Quizás no estuvieran destinados a compartir sus vidas. Yo quiero pensar que si, pero como ocurre tantas veces, el momento y el lugar no son los más idóneos. Sea como sea, su historia daría para una de las mejores historias de amor de la historia del cine. Su legado está ahí, a nuestra disposición. Y la propia leyenda que forjaron, es incuestionable. 

@solocineclasico

1 comentario:

  1. Tengo que confesarte una cosa: adoro a Ingrid Bergman, pero siempre le he tenido manía a Rossellini. Seguramente porque le tengo envidia por estar con una de mis grandes actrices favoritas, ja, ja... Mi sensación, desde mi desconocimiento de la vida de este director, es que se aprovechó bastante de tener una esposa como Ingrid y de que era un tipo algo espabiladillo. Confieso que los trabajos de la pareja son prácticamente de lo poco que me queda por ver de la diva sueca (sólo he visto "Strombolli") y que quiero poner remedio a ello en breve... Creo que ahora estoy más preparado para ver el cine de este director de lo que lo estaba hace muchos, muchos años, cuando descubrí a Ingrid Bergman y yo era quizá demasiado joven para entender ese tipo de cine ;)

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