sábado, 21 de diciembre de 2013

Películas - Años 20: El Circo (1928)


THE CIRCUS (8/10)

Cada cineasta vive lo que se denominan como "etapas". Chaplin vivió varias, y nos encontramos que The Circus se encuentra ubicada en dos de ellas. Para empezar, en su tercera película con la United Artist (su propia productora junto a Douglas Fairbanks, Mary Pickford y D. W. Griffith), y a su vez, es la última película muda que realizó. ¿Y City Lights? Luces de Ciudad se estrenó con banda sonora, así que aunque los personajes sean mudos y se usen intertítulos para los diálogos, podríamos considerar estrictamente hablando a El Circo como su última película muda. Por lo tanto, nos encontramos a comienzos de su etapa con la United con la que había comenzado a realizar sus primeros largometrajes (a excepción de The Kid), y en el final de su etapa de cine mudo (aunque habría que esperar 8 años para oír la voz de Chaplin, y 13 para oírle hablar). Es por estas, y otras muchas razones, por las que El Circo es un película imprescindible en su filmografía.
El entrañable vagabundo Charlot pasea por unos recreativos hasta que, debido a una serie de divertidas circunstancias, acaba contratado como payaso en un circo ambulante para colaborar con los originales que ya no hacen reír al público. Ignora que el público le adora y es la razón por la que acuden en masa al espectáculo, debido a que su codicioso jefe se lo oculta para así poder controlarle mejor. A la felicidad de vivir ignorante se le suma el que ame de la hija de su jefe que también trabaja en el show, pero cuando esta se enamora de un musculoso trapecista, Charlot empezará a perder la gracia, sentirse desgraciado, y replantearse su situación en el espectáculo.
Chaplin firma con esta película una de los mejores homenajes que se haya hecho jamás al mundo del circo. Muestra un gran cariño hacia este tipo de vida pero no por ello deja de retratar algunos aspectos más duros de esta (como la personalidad del dueño del circo) aunque sin llegar a los niveles de Fellini en La Strada.  Todo esto capitaneado por uno de los personajes más importantes y queridos de la historia del cine, y con razón, su querido vagabundo. Charlot es un reflejo de todos los aspectos positivos de la humanidad enfrentados a las diferentes adversidades que la vida, o nosotros mismos, nos podemos por el camino. Es un vagabundo, no tiene nada ni a nadie, pero eso no le convierte en una mala persona, todo lo contrario, le hace entender mejor la vida y los problemas de la gente. Puede comportarse en ocasiones como un granuja o niño pequeño, pero no es más que una dulce inocencia que es precedida por unas claras muestras de madurez. En esta película lo vemos en el caso de la chica y el trapecista. Al saber que ella está enamorada de este último, Charlot se pone celoso. En un momento dado, Charlot y la chica están viendo al trapecista hacer su número. Mientras todos ríen y aplauden a este mientras realiza sus trucos, Charlot contempla enfadado; pero cuando el trapecista está a punto de caer y todos se asustan, Charlot comienza a reír. Sí, pero al final (Spoiler), a pesar de poder escapar con la chica, este decide darle el anillo de compromiso al trapecista para que se case con ella y así ambos puedan ser felices. De hecho, hasta es el que más celebra la boda de ambos. (Fin Spoilers). Aunque entiendo el giro del personaje por como Chaplin gusta de contar sus historias, es quizás el punto menos trabajado de la cinta, ya que es un cambio excesivamente brusco tal y como no lo muestra en la película. Sin apenas razones de peso que ayuden a entender su decisión.
Curiosamente, a pesar de ser una de sus mejores comedias, Chaplin se vio envuelto en una espiral de desgracias durante el rodaje de esta película. A la trágica muerte de su madre que tanto le marcó y afectó, hemos de añadir el divorcio con su segunda mujer, los reclamos por parte de la Agencia federal de recaudación fiscal, y un incendio en el plató. El rodaje se retrasó más de ocho meses, pero al final vio la luz, y de qué manera. Fue todo un éxito de crítica y público. Consiguió postularse como séptima película más taquillera del cine mudo y con cuatro nominaciones a los Oscar de 1928 (Mejor Película, Director, Actor y Argumento). Con respecto a los Oscar sucedió algo extraño, y es que la Academia decidió retirarle las cuatro nominaciones y concederle un Oscar Honorífico por la película. La Academia no tiene en cuenta en sus listados estas cuatro nominaciones.
La película volvió a salir a la luz hace unos pocos años cuando un director irlandés afirmó que un viajero del tiempo aparecía en la cinta hablando con un móvil. Aunque es una interesante curiosidad, no pasa de eso. Otra es que la famosa escena del número del trapecista que realiza Chaplin es real. Chaplin estuvo ensayando durante semanas para poder filmarla él mismo, aunque tuvo que repetirla al estropearse el negativo del original. Según el propio Chaplin, la primera vez resultó mucho más divertida. Y para terminar, la canción de los títulos de crédito del comienzo fue compuesta e interpretada por el mismo Chaplin años después. 
En definitiva, sin ser una de las 5 mejores películas de Chaplin o del cine mudo, si que es un gran recordatorio de que el director inglés era capaz de realizar grandes comedias incluso con argumentos a priori simples, sin necesidad de querer contar historias más profundas, personales, o críticas.
Podéis ver la película aquí:

@solocineclasico

jueves, 19 de diciembre de 2013

Películas - Años 40: La costilla de Adán (1949)


ADAM´S RIB 7/10

George Cukor era ya un veterano en esto del cine cuando comenzó a rodar La costilla de Adán y, por supuesto, ya tenía la etiqueta de “director de actrices” en Hollywood, donde puso a su cargo a personajes femeninos tan ilustres como Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn, Marilyn Monroe, Greta Garbo o Joan Crawford, entre otras. Su abierta y nunca ocultada homosexualidad no le ocasionó nunca problemas, porque era un hombre de contactos y los amigos no le debían de faltar, salvo en una ocasión, durante el rodaje de Lo que el viento se llevó (1939), donde se comenta que tenía que ser él y no Victor Fleming el que levase el mando absoluto, sin embargo, Clark Gable exigió su sustitución.  
Ha dejado para la memoria cinéfila grandes títulos como My fair Lady (1964) o Historias de Filadelfia (1940). Su forma de trabajar le permitió repetir en sus películas con técnicos y reparto, siendo su musa incondicional Katherine Hepburn, la considerada mejor actriz del cine clásico según  la lista del American Film Institute, cuatro Premios Oscar lo abalan, nadie ha conseguido aún esa cifra de estatuillas doradas. Siempre hubo comentarios acerca de su verdadera sexualidad y su “prohibida” relación con Spencer Tracy –él era católico y nunca se separó de su esposa- fue vista por algunos como una tapadera. No obstante, lejos de leyendas, Hepburn y Tracy fueron pareja desde 1941 hasta la muerte de él en 1967 y juntos rodaron nueve películas, la primera fue en 1942 a las órdenes de George Stevens en La mujer del año.

La costilla de Adán fue la sexta colaboración de ambos, en la que interpretaban a un matrimonio de abogados que se veían obligados a enfrentarse en los tribunales por el caso en el que una mujer es acusada de intento de asesinato de su marido y la amante de este. La guerra de sexos explotará en la sala del juzgado y en su propio hogar.
Llena de diálogos ingeniosos impregnados de un humor negro y situaciones divertidas, es una película de visionado obligado. Puro entretenimiento y perspicacia que nos mantienen enganchados durante todo el film gracias a la frescura y a la química que desprende la pareja protagonista que se baten en el duelo ficticio que nos regalará las escenas más sagaces y agudas de esta obra de Cukor. Si bien es ella la verdadera estrella de la pantalla y se muestra auténtica, Tracy no se deja tapar y nos regala momentos para el recuerdo, sobre todo en la recta final de la cinta. El entretenimiento no se verá disminuido por la reflexión que se ofrece sobre el papel de la mujer en la sociedad y sobre el amor y sus conflictos, que se presenta usando la dicotomía guerra de sexos-guerra matrimonial.

"Nunca olvidaré que a pesar de que pienses como piensas en el fondo piensas como yo"

Sin embargo, se puede considerar que La costilla de Adán no ha envejecido como debería. El germen de su temática reivindicativa bien podría ser aplicado hoy en día, no obstante, su forma de tratarlo se ha quedado obsoleta ya que se está defendiendo con su planteamiento que a la mujer se le permita errar –o cometer un delito- de la misma forma que se le permitía a un hombre y no, por el contrario, que al hombre no se le consienta errar –o cometer un delito- y es ahí donde creo que radica el principal fallo que provoca que esta cinta se vea muy lejana en el tiempo. De hecho, el final de la película hace evidente este mismo error –de la mano del personaje masculino-,  desmontándolo y tirando por tierra todo el carácter reivindicativo o la crítica social.

No obstante, esto no impedirá que disfrutemos de un clásico con mayúsculas que echa chispas con la química entre los protagonistas. Si buscas entretenimiento e ingenio, esta es tu película.  


@Peripecias58
@solocineclasico

lunes, 16 de diciembre de 2013

Películas - Años 60: Lawrence de Arabia (1962)



LAWRENCE OF ARABIA (5,5/10)

Es con Lawrence de Arabia con la que puedo analizar uno de los casos más particulares, desde mi punto de vista, en la historia del cine, y es como con todo a tu favor, con los mejores medios, recursos, equipo, etc., te puede salir una de las películas más aburridas de todos los tiempos. Y lo siento, es únicamente mi opinión. Posiblemente alguno de los otras personas que escriben en este blog no estarían de acuerdo conmigo, pero a mi modo de entender las cosas, Lawrence de Arabia es una película más sobrevaloradas de la historia.
Catalogarla como fracaso absoluto sería un despropósito. Los Oscar, la taquilla, la buena crítica de la época, la banda sonora, la fotografía, los actores... aunque todo esto no quita para que sea una cinta aburrida y valorada en exceso, no llega a la categoría de fracaso.
El argumento, aunque parte de la interesantísima vida de un auténtico héroe, no es suficiente. T. E. Lawrence es un oficial británico, algo peculiar, que es enviado al desierto para apoyar la campaña de los árabes contra Turquía. Pronto se gana el favor y el respeto de los árabes por su entrega y dedicación a la causa, aunque al final todo su esfuerzo no sirve para nada. Después de todas sus aventuras y desventuras, muere en un accidente de moto en Inglaterra. Esto último no es un spoiler, es el comienzo de la película, ya que esta es en su conjunto un gran flashback. La vida de este hombre fue como mínimo, MUY interesante. Pero creo que la película podría haberle hecho justicia de mejor manera.
Lawrence de Arabia es una clara muestra de que la épica, mal ejecutada, es aburrida. Y me cuesta entender que un profesional de la talla de David Lean no sé de cuenta de que lo que tiene entre manos no funciona. O al menos no funciona tal y como él lo cuenta. Pero más que esto, me cuesta entender lo sobrevalorada que está la película. ¿Será porque como todas las piezas son buenas, da igual que no funcionen? No voy a darle mayor importancia de la que realmente tiene, porque como ya he dicho, es solo mi opinión. Podría estar perfectamente equivocado. Tenéis la oportunidad de corregirme a modo de comentario. Mientras, pasemos a lo que salva esta cinta.

El reparto: encabezado por Peter O´Toole, un actor desconocido al ser fichado para el papel principal por su gran parecido con T. E. Lawrence, el cual realiza en esta película su trabajo más conocido e "importante". Importante, desde luego, ya que es seguramente la película más exitosa de las que trabajó, y además como absoluto protagonista. Supondría la primera de sus ocho nominaciones al Oscar, premio que recibió finalmente de manera honorífica en 2003. Yo personalmente prefiero sus trabajos en Lord Jim (Richard Brooks, 1965) o The Lion in Winter (Anthony Harvey, 1968), pero a pesar de ello su trabajo en esta cinta es sobresaliente. En un principio el papel protagonista iba a ser para Marlon Brando, pero este lo rechazó alegando que "...tendría que estar loco para pasar dos años de mi vida subido en un puto camello." 
Peter O´Toole estuvo muy bien acompañado por Omar Sharif, Alec Guinnes (el cual participaría en las tres grandes obras épicas de Lean), Anthony Quinn, Claude Rains, o José Ferrer entre otros.
La banda sonora de Maurice Jarre, que firma seguramente uno de sus mejores y más conocidos trabajos, nos traslada musicalmente al desierto de una manera sublime e inimaginable. También resultó ser uno de sus primeros trabajos conocidos. Consiguió el Oscar, repitiendo tres años más tarde por otro trabajo con David Lean, Doctor Zhivago, y casi 20 años otra vez por una nueva colaboración con el director británico en Passage to India.

La fotografía de Fred A. Young en el desierto es de manual de escuela de cine. Ganaría el Oscar por su trabajo, y tres años después nuevamente por Doctor Zhivago donde se supera. Como curiosidad, apuntar que las escenas en el desierto eran las más complicadas, debido a que un ejército de operarios debían limpiar la arena de huellas del equipo de rodaje. También fue la toma del primer plano del abrasador sol durante unos breves segundos de las que más dolores de cabezas dio a Young. Esto era a causa de que el sol quemaba la película de la cámara, por lo que tuvieron que dibujarlo en un acetato e iluminarlo por detrás. Fue lo único que se rodó en estudio. Ya que lo demás fueron todos exteriores repartidos entre España (Sevilla y Almeria), Marruecos y Jordania.

¿Qué falla entonces en esta cinta? Todos somos mortales, y alguien quien a priori parece inmortal como David Lean, demuestra no serlo. Culpa suya es tanto los grandes momentos de la película (que los hay), como los malos (muchos!). El ritmo de la película es tedioso, inconexo... brilla por su ausencia. Y en esta ocasión la duración de la película no es su aliada como puede ser en The Bridge over the River Kwai o Doctor Zhivago. Además de un mal guión por parte de Robert Bolt  y Michael Wilson incapaz de dar más fuerza a los diálogos o escenas, alargándolas de manera extenuante. Afortunadamente los Oscar a veces son justos y premiaron a Horton Foote por su adaptación de To Kill a Mockingbird.
En total fueron 7 las estatuillas que alzó el equipo de la cinta: Mejor Película, Director, Fotografía, Banda Sonora, Montaje, Dirección Artística y Sonido.

Podéis verla online aquí:

@solocineclasico

jueves, 5 de diciembre de 2013

Películas - Años 60: Pierrot el Loco (1965)


PIERROT LE FOU (9/10)

Jean-Luc Godard empezó con buen pie su carrera cinematográfica en 1960 cuando, después de rodar un par de cortos, presentó su primer largometraje Al final de la escapada. El tiempo le ha dado la razón y su opera prima es ahora uno de los referentes de lo que se llamó la Nouvelle vague o Nueva ola, que pretendía romper con las estructuras impuestas en el cine francés y desarrollar su propio estilo con libertad.
Pronto Godard será definido como un director muy prolífico con una sed incansable de hacer películas: desde su comienzo en 1960 hasta 1965 rodó 14 películas y dos cortometrajes. En este último año fue cuando llegó Pierrot el Loco, que nos contaba la historia de Ferdinand Griffon (Jean-Paul Belmondo) -apodado Pierrot, para su desgracia- que, cansado de su insulsa vida en París, donde está casado con una burguesa italiana a la que no ama, huye con una alocada Marianne (Anna Karina) hacia el sur de Francia, con el deseo de empezar una nueva vida en búsqueda de la libertad, pero a la vez, tendrán que tener cuidado ya que una mafia en la que estaba implicada la joven les persiguen –a veces es fácil encontrar similitudes con la pareja de ladrones Bonnie Parker y Clyde Barrow-. Será la  tercera y última colaboración de Godard con Belmondo, y la sexta y última con Anna Karina, su primera esposa, de la que se divorciará en 1967.
En un principio, esta cinta no atrajo al público, pero con los años ha adquirido la etiqueta de película de culto dentro y fuera de las fronteras francesas. Cineastas como Bernardo Bertolucci y Martin Scorsese han afirmado haber estado marcados por la libertad de expresión y técnica que lleva por bandera este film. Y no es para menos, ya que esta película es un auténtico ejercicio de libre dirección y rompe con todos los esquemas narrativos de la época.
Esto alcanza incluso a la trama de la película que supone una delirante mezcla de géneros como el drama, el romance, la comedia, el género de aventuras, el cine negro, la road-movie, el musical y la sátira y crítica social, pero ¿de qué trata realmente Pierrot el Loco? Debido a su complejidad, es probable que tenga múltiples interpretaciones. Sin embargo, bajo mi punto de vista, esta cinta recoge el amplio deseo de dos personas de vivir su amor en libertad, huyendo de los constructos sociales de la gran ciudad y la burguesía, pero que tiene en su contra la incapacidad de la pareja por seguir una misma dirección y el constante acecho del pasado en su vida.
La propia construcción de los personajes frustra desde un principio los anhelos de la pareja. Hay un constante tira y afloja entre los protagonistas que se sostiene con su amor loco, pero ¿hasta cuándo? Mientras que Ferdinand representa la dureza, la realidad y con un insaciable deseo de ser admirado; Marianne, se presume como una joven excepcional, alocada y etérea, incapaz de asentarse y con unas incesantes ganas de vivir la vida, el ahora, porque mañana podría estar muerta. Por eso, mientras vemos el film, puede que se nos cruce la siguiente pregunta: “¿Hasta cuándo aguantará Marianne con Ferdinand? Ella es demasiado libre y excepcional como para estar con él”. Esta diferencia de personalidades y de actitudes se hará evidente a  lo largo de la cinta, tanto en sus escenas -¡Cuántas veces intentará Pierrot retener a Marianne para que no se vaya al baile!-, como en sus diálogos. Sin embargo, el amor también se percibe.

“Me hablas con palabras y yo te miro con sentimientos”

Jean Paul Belmondo, apodado el hombre más feo del cine francés, saca a relucir toda su extraña sensualidad -¿acaso alguien fuma con el estilo con el que él lo hace? Si acaso, Bogart y Mastroianni están a su nivel- y Anna Karina se muestra enigmática, pero a la vez lo suficiente segura para dotar a Marianne de una fuerza inaudita, demostrando que su personaje no es una princesa frágil que tenga que ser rescatada, sino que es un auténtico ciclón que arrastra a Ferdinand, ella es la valiente. Godard rompe con la fantasía masculina de superioridad y control absoluto, será Pierrot quién tema perder a Marianne y no al revés, aunque ambos se amen profundamente y sea Marianne la que crea que Pierrot no le corresponde en sus sentimientos.
Godard llena esta película con situaciones ilógicas, críticas a las guerras de Vietnam, Argelia o Yemen, un reproche a la burguesía y a la decadencia de la sociedad por culpa de la publicidad –viviendo en la sociedad del culo-. Todo ello con el uso de humor fino e inteligente y, a menudo, en un tono de sátira. Además, habrá múltiples referencias culturales: tanto pictóricas, como literarias, filosóficas o cinematográficas e, incluso, a colación de esto último, el director dejará en boca de un pequeño personaje -interpretado por Samuel Fuller a modo de cameo- una reflexión sobre qué representa el séptimo arte: “el amor, la muerte, el deseo, la violencia en una palabra, emociones”. Además de por alusiones, el guion estará marcado por esa libertad que inunda toda la película, pero recogerá geniales diálogos y situaciones que serán imposibles de olvidar y que recogen un torbellino de sentimientos opuestos que se conectarán perfectamente, tal y como lo hacen las personalidades opuestas de nuestros protagonistas. Todo el delirio de Godard alcanza el cenit en su final, que llega como la profecía de Casandra, satírico y mordaz.
Con una fotografía obra de su inseparable Raoul Coutard, el cromatismo jugará un gran papel en el film. La pantalla se inundará de colores azules cielo, personificados en el personaje de Pierrot; y de rojo sangre, que representará Marianne –el blanco aparecerá como intermediario creando la similitud con la bandera gala-. Otros colores primarios como el amarillo o el verde acompañarán y darán su juego en esta estética cuidada, bella y muy visual. Los paisajes del sur de Francia, con sus playas y su cielo despejado y soleado pondrán el resto.

Pierrot el Loco, es el ejemplo de como el argumento de una cinta puede carecer de total importancia y convertirse en un simple MacGuffin, para dar cabida al desarrollo de los personajes en torno a la idea del amour fou y la búsqueda libertad del ser. Una oda magnífica a la expresión latina carpe diem y una auténtica obra maestra.

@Peripecias58
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martes, 3 de diciembre de 2013

Películas - Años 50: Cantando bajo la lluvia (1952) II


SINGIN´IN THE RAIN (9/10)

“I'm singing in the rain
Just singin' in the rain 

What a glorious feeling 

I'm happy again…” 


¿Quién no ha tarareado esta sintonía alguna vez en su vida? ¿Quién no ha deseado bailar con las farolas bajo la lluvia imitando a Gene Kelly? Más de una vez, en una mañana con un despertar eufórico, me he sorprendido cantando Good morning, It's great to stay up late…”. Es curioso pensar que cuando estas ideas invaden nuestra cabeza es porque, lo más seguro, nos sintamos felices. Y es que si de algo puede presumir Cantando bajo la lluvia es de ser una película que transmite felicidad y optimismo, además de ser un clásico de altura y de gran calidad que todos debemos ver alguna vez en nuestra vida.

Dirigida por Stanley Donen –Siete novias para siete hermanos (1954), Charada (1963)- y el propio Kelly –uno de los actores clásicos más guapos y con más talento-, que ya habían trabajado juntos anteriormente en Un día en Nueva York (1949) y repetirían experiencia años después en Siempre hace buen tiempo (1955). Juntos firman este musical, uno de los mejores de la historia sin lugar a dudas y que será capaz de hacernos reír con sus ingeniosas escenas, hacernos bailar y
cantar a ritmo de claqué e incluso emocionarnos con las escenas más románticas. Porque Cantando bajo la lluvia engloba dentro de sí una cantidad de temas que giran en torno a la trama principal: el paso del cine mudo al sonoro y el trauma que llevó consigo -una trama que adaptó con gran éxito hace pocos años The Artist (2011), pero adoptando, curiosamente, el carácter de película muda-. El argumento se centra en un joven pero afamado actor, Don Lockwood (Kelly), que hace una pareja profesional perfecta con Lina Lamont (Jean Hagen), pero con la llegada del sonido su tándem se tambalea. Para más complicaciones, aparecerá la aspirante a actriz Kathy Selden (Debbie Reynolds) que conquistará el corazón de Lockwood y sacará de quicio a Lina.
El reparto brilla en pantalla con luz propia y las canciones y bailes ponen la guinda a una película que triunfa por su sencillez, pese al duro trabajo que hubo detrás –a Debbie Reynolds le sangraban los pies, Donald O’Connor se tuvo que tomar unas semanas de descanso tras el rodaje de la secuencia de  "Make 'em Laugh" y Gene Kelly grabó la famosa escena cantando bajo la lluvia con fiebre-. De un guion redactado a partir de las letras de las canciones, y no al revés, se sacan diálogos audaces que forman una historia que atrapará al espectador desde las primeras escenas. Si la puesta en escena es sublime, el final es apoteósico y, entre medias, el nivel no decae en ningún momento.  
Lo mejor de Cantando bajo la lluvia recae en esa sensación de felicidad que te deja nada más acabar de ver la película, una cinta optimista y divertida que te obliga a reír y, además, que permanecerá en nuestro recuerdo para siempre ya que, cuando estemos felices, de repente, una sintonía aparecerá en nuestra cabeza: I'm singing in the rain…”.

Podéis ver la películas online aquí:


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lunes, 2 de diciembre de 2013

Películas - Años 40: Recuerda (1945)


SPELLBOUND (3/10)

La diferencia de realizar una crítica de una película clásica y una actual, es que las cintas de hoy que vemos pueden ser malas o buenas, ya que no sabemos como van a ser. No tenemos mucha información previa salvo un par de comentarios de críticos de cine que a veces piensan demasiado en ellos y no en el público. Mientras que las clásicas, son todo lo contrario. Tenemos una gran cantidad de opiniones que nos pueden guiar o servir de referente sobre si seguir adelante y ver esa película o no. Se han escrito libros, incluso hecho películas sobre la misma. Hay cintas clásicas terribles, claro que si, pero ya lo sabemos, así que no las vemos. Las películas que nos han llegado de dicha época, o las más conocidas, son aquellas que triunfaron en su momento, recibieron buenas críticas, premios, o que fueron infravaloradas y han sido rescatadas del olvido. 

Yo estoy abierto a ver todo tipo de cine, y si una película clásica está considerada como "mala", pues la veo de todas maneras esperando confirmar dicha teoría o sorprenderme. Rara vez hago esto último. Pero cuando veo una película que es considerada "buena", y no lo es, pues me decepciona.
Esta va a ser la primera crítica negativa que realice en este blog. Y de hecho no va a ser la última. Muchos no vais a estar de acuerdo. Algunos no opinaréis como yo sobre esta película, ya que realmente os gusta y fascinta (y yo lo respeto); y luego estarán los que no estén de acuerdo conmigo únicamente porque es una película clásica y además de Hitchcock (estos últimos espero que seáis los mínimos posible, porque dichos argumentos no me valen).
La cinta en cuestión, como ya habéis leído en el encabezado, es Recuerda, Spellbound en la versión original, y nos narra la relación que se establece entre la doctora de un psiquiátrico (Ingrid Bergman), y el nuevo, y apuesto, director del centro (Gregory Peck). La primera tiene como única meta en la vida ser más fría que el hielo y perfecta que la perfección, hasta que por supuesto, se enamora del atractivo nuevo director del psiquiátrico, y entonces le cuesta imaginar otro uso al diván que el más divertido. Mientras que él da muestras de una conducta poco alejada de la que imaginaban sus doctos colegas de alguien de su reputación. Tras entablar relación con la chica, que eso en una película clásica son un par de besos apasionados con los que quedas casi comprometidos de por vida, pierde el sentido, descubriendo poco después que no es el doctor, que quizás le haya asesinado, y que no recuerda nada de nada. Se fuga antes de que la policía pueda echarle el guante, y por supuesto, ella le sigue. Está enamorada de él, y quiere ayudarle a recordar su pasado. Este es quizás el único apunte interesante de la cinta, la problemática de la psiquiatra de tratar a un paciente del que está enamorada, aunque esto tampoco llegue a salir a flote. No hay por donde coger la película. 
La pésima actuación de Gregory Peck (que creo jamás entendió lo que Hitchcock quería de él), lo absurdo de la historia y el guión, el personaje de Ingrid Bergman (más propio de Joan Fontaine), o que en realidad nadie creía en este proyecto, salvo Dalí con los decorados que aportó simulando el mundo onírico de los sueños. La historia trata del mundo del psicoanálisis y sus vertientes más exageradas. Parece que eso fue lo que enganchó a Hitch antes incluso de leer el guión, porque otra explicación no tiene. A no, espera... ¿puede que Alfred fuera humano y metiera la pata con esta cinta? Es una posibilidad. Pero como es una película de Hitchcock, tiene que ser buena por huevos. Y no es así. 
Dicho queda.

Podéis ver la película online aquí:


@solocineclasico
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