miércoles, 24 de julio de 2013

Películas - Años 50: Cuentos de Tokio (1953)


TOKYO MONAGATARI (9/10)


Cuando hablamos de cine clásico japonés, hablamos de buen cine. Cierto es que consideramos notable el cine clásico de un país que no es Estados Unidos, Reino Unido o Francia porque principalmente solo llegan aquellas películas que se destacan por encima de la media. Pero en el caso de Japón contamos con un buen numero de joyas, obras de maestros como Kurosawa, Kobayashi, Mizoguchi, o en este caso, Ozu
Hablar de cine japonés es también hablar de un cine diferente al occidental. Mucho más pausado, que da más importancia a los detalles y a la propia reflexión del espectador mientras visualiza la película. En otras palabras, "lento". Y creo que el principal referente de este tipo de cine es Yasujiro Ozu. Bien es cierto que algunas películas de Kurosawa podemos apreciar un ritmo más lento de la historia, al menos este se aproximaba más al estilo occidental (algo criticado por su compañeros de profesión nipones). Yasujiro Ozu había alcanzado cierta fama antes de la Segunda Guerra Mundial por una de sus mejores películas, "He nacido, pero... (Y sin embargo hemos nacido)" de 1932; y tras el conflicto, volvió al mundo del cine con grandes trabajos como "Primavera tardía", 1949; y "El comienzo del verano", 1950; aunque si hablamos de su obra maestra, es sin duda la película sobre la que vamos a hablar hoy, "Cuentos de Tokio".
La cinta arranca con un matrimonio de ancianos que se disponen a partir en un largo viaje para visitar a sus hijos en Tokio. Al llegar allí, los hijos muestran claros síntomas de rechazo antes sus progenitores. La abismal diferencia generacional entre ellos, y el contrapuesto estilo de vida de la ciudad y el campo hace que los padres tenga que cambiar de casa de sus respectivos hijos, encontrando en ambas una clara muestra de incomodidad. Curiosamente, la única que los acoge con respeto, cariño y devoción en la viuda de uno de los hijos de la pareja que falleció durante la guerra.
El arrollador éxito de cintas como Amour (Michael Haneke, 2012) y Arrugas (Ignacio Ferreras, 2011) sirvió para reivindicar algunos películas clásicas que trataban con gran acierto un tema tan complicado y, a veces, dramático, como la vejez. Der Letzte Mann (F. W. Murnau, 1924); Make Way for Tomorrow (Leo McCarey, 1937); Vivir (Akira Kurosawa, 1952), además de la propia Cuentos de Tokio son sin duda algunas las mejores cintas que podremos encontrar de este género.
Lo que realmente debemos valoras de la cinta de Ozu, y puede que muchos no lo sepan apreciar (yo mismo fui incapaz en el primer visionado) es en la capacidad del director de aportar belleza y simbolismo a lo cotidiano, a lo rutinario. Como una simple y amena conversación entre un padre y un hijo dice mucho más de lo que parece. Las reacciones y el saber estar de cada personaje según la situación a la que se enfrenten. Los padres jamás muestran rechazo o disgusto hacia sus hijos. Llegan a comprender que ellos mismos son un estorbo, pero no les culpan en ningún momento. Ozu llega a hacernos sentir mal al identificarnos nosotros mismos con algunos de los hijos o yernos de los protagonista. Alguna vez hemos rechazado a algún miembro anciano de nuestra familia, no les hemos tenido en cuenta, o hemos mostrado poca paciencia. Personas que han vivido más que nosotros, que saben más que nosotros, que nos quieren profundamente, y cuya propia vejez para lastrar en ocasiones nuestro amor hacia ellos sin razón alguna.
Ozu nos traslada a una familia típica japonesa y nos la presenta con todo el cuidado y detalle del mundo. También nos hace ver las expectativas de los padres de camino a Tokio, y la cruda realidad, tanto para ellos, como para nosotros mismos, ante el trato de los hijos.
Si bien la cara más conocida es la de la actriz Setsuko Hara, actriz fetiche del director, son Chishu Ryu y Chieko Higashiyama el alma y corazón de un cinta inolvidable y considerada como de las mejores de la historia del cine, y de la filmografía japonesa.

Podéis ver la película aquí:

@solocineclasico

miércoles, 17 de julio de 2013

Las 10 Películas Clásicas más Taquilleras!

Cada año una nueva cinta consigue entrar en el Top 10 de películas más taquilleras de la historia según la cantidad de dólares que hayan conseguido recaudar. Titanic, Avatar, películas de Marvel, de Star Wars, del Señor de los Anillos. Pero ¿son realmente las más taquilleras de la historia? Depende de como se exponga. Son las que más dólares han recaudado, sí. Pero no son las que más dinero han conseguido, y cuando digo dinero me refiero a su propio valor. Si ajustamos la inflación a los diferentes años, veremos como este cambia según el estado de la economía, por lo que no según eso, Avatar no sería la película más taquillera de la historia. ¿Queréis saber cual sería? ¿Queréis además saber cuales han sido las 10 películas clásicas más taquilleras de la historia? 
Vamos allá: (Entre paréntesis veréis la cantidad de dinero que recaudaron, y a su izquierda, el valor de ese dinero a día de hoy).

10-Thunderball, 1965 - 593,912,000$ (63,595,658$) United Artists

09-Mary Poppins, 1964 - 620,763,600$ (102,272,727$) Disney


08-Fantasia, 1941 - 659,365,200$ (76,408,097$) Disney


07-Ben Hur, 1959 - 778,120,000$ (74,000,000$) MGM

martes, 16 de julio de 2013

Marlene & Greta

Resulta difícil encontrar dos actrices europeas más influyentes en la historia, no sólo del cine clásico, sino del cine en general que Marlene Dietrich y Greta Garbo. La primera fue una gran estrella durante muchos años dejando interpretaciones históricas, además de ser una de las figuras más influyentes y relevantes de su tiempo. La segunda fue una de las actrices más conocidas, talentosas, deseadas y queridas de los años 30, y que a principios de los años cuarenta sorprendió a todos abandonando el mundo del cine, el glamour, y la vida de estrella, para llevar una existencia solitaria y huraña. Esto no hizo más que acrecentar la leyenda de Greta Garbo. Su popularidad nunca disminuyó, siendo una celebridad hasta el día de su muerte. Como toda leyenda, algunas hechos cobran mayor importancia con el paso del tiempo, especialmente si existen indicios para creerlos y no hay nadie que los niegue. En este caso, estamos hablando de la relación que mantuvieron esta dos actrices en los años 20, y la razón por la que jamás volvieron a hablarse, e incluso simular que no se conocía cuando volvieron a coincidir en Hollywood.
A través de varios libros como "Greta & Marlene. Safo va a Hollywood", o "The Girls", ambos de Diana McLellan, nos sumergimos plenamente en la relación de las dos divas.
Según la autora, ambas se conocieron en Berlín durante el año 1925. En aquel momento, Greta era una celebridad en Europa, y paraba en Alemania justo antes de embarcar a Hollywood. Había firmado una carta prometiendo trabajar para al MGM, aunque antes trabajaría junto a su descubridor, el sueco Mauritz Stiller, en "Bajo la máscara del placer". Fue durante el rodaje de dicha película que conoció a una joven madre de pelo negro, piel blanca, una atrevida, mundana y sexualmente voraz chica de ventitrés años, que la llevó a los distintos cabarets de la feliz capital alemana, entre ellos el cabaret del "Ratón Blanco" (el garito más salvaje del lesbianismo berlinés). Esta mujer era Marlene Dietrich, la cual conquistó a Greta, no sólo con estas cualidades, sino con una "escalofriante danza nupcial" que interpretó para ella. Greta quedó tan impresionada y excitada, que convenció a Stiller para que diese un papel a Marlene en la película.
Ambas comenzaron una relación con la que Greta estaba encantada. El problema era Marlene, conocida como la bisexual más activa de toda Berlín, al contrario que Greta, que era más tímida y reservada. Greta consideró como una traición los diferentes escarceos de Marlene con otros hombres y mujeres, además de contar la relación entre ambas a más personas. Para Greta, la discreción y el secreto eran un pilar imprescindible y excitante en su relación.
Aunque Marlene trató de "educar" sexualmente a Greta, la actriz alemana siempre vio a la joven diva sueca como "estrecha de mente, ignorante y provinciana", además de una gran dosis de envidia por su parte al estar junto a una próxima estrella de Hollywood. Cuando Greta descubrió, no solo las infidelidades de Marlene, sino su traición al ir contando detalles íntimos de la sueca, la relación entre ambas terminó, sellada por un profundo odio.
Greta Garbo llegó finalmente a Hollywood, convirtiéndose en una gran estrella. Años más tarde llegaría el turno de Marlene Dietrich, la cual también alcanzó la fama mundial. Sin embargo, ambas actrices negaron conocerse en absoluto, ni haber coincidido en el rodaje de "Bajo la máscara del placer".
Muchos años más tarde, durante una entrevista, Marlene dio detalles íntimos sobre Greta, explicando que era "grandísima allí abajo", y que "la sueca llevaba ropa interior sucia". Fueron detalles como estos los que pudo contar Marlene mientras estaba con Greta en Berlín los que desencadenaron la ruptura y odio entre ambas para siempre.

@solocineclasico

lunes, 15 de julio de 2013

Películas - Años 60: La Evasión (1960)



LE TROU (10/10)



¿Qué tal si hoy os hablo de una película considerada como la gran obra maestra del cine francés?, algo que si bien no me parece descabellado del todo, si que merecería un cuidado debate, más teniendo en cuenta la cantidad de joyas que han salido de la filmografía gala. Y es que estoy hablando de Le Trou, dirigida por Jacques Becker y estrenada póstumamente en 1960, la cual comienza con una sobria y breve introducción a cargo de Jean Keraudy en la que dice:
“¡Buenos días!, mi amigo Jacques Becker ha descrito con todo detalle una historia verídica: La mía. Todo ocurrió en 1947, en la cárcel de "La Santé".
Así comienza esta obra maestra del cine, y es perfecto, porque ya avisa al espectador de lo que hay. Nada de contemplaciones, nada de diálogos de relleno, nada de poesía visual que invite a una inexistente reflexión, no. La película va a ser dura, fría y real. Y es que es una película de presidio, una película sobre una fuga, una película plagada de tensión. 
Tenemos a cinco personajes principales de los que uno en concreto será el protagonista. No porque su papel tenga una mayor relevancia, o sea de mayor importancia para el desenlace final, sino porque actúa de puente entre los demás personajes y el espectador. Un mero observador entre un grupo de actores, un espectador más, y hasta cierto punto es interesante. Más adelante volveré a este punto. Volviendo a dicho personaje, se trata de Gaspard Claude, un joven acusado de intento de homicidio premeditado que es trasladado a una celda con otros cuatro reclusos. Estos le estudian durante unos minutos. Tienen un secreto que no van a tener más remedio que confesar a Gaspard. Van a fugarse, todo estaba preparado, pero la intrusión de Gaspard ha sido una sorpresa inesperada no exenta de riesgo. De ahí que le interroguen para saber hasta qué punto está dispuesto a arriesgarse. El joven no se lo piensa dos veces y decide colaborar con ellos.
Pasamos, no solo a ser testigos, sino colaboradores de una fuga preparada con todo detalle, llamando nuestra atención la precisión de la misma y de cómo, con lo limitado de los medios con los que cuentan, pueden llevarlo a cabo. No solo eso, también tenemos la oportunidad de conocer un poco mejor algunas curiosidades de la vida en la cárcel, como el pasar un paquete de una celda a otra a través de las ventanas; el trato con los diferentes funcionarios de prisiones; los controles por la noche para ver que todos están en la celda; el registro de los paquetes que reciben los presos; etc… Pero creedme si os digo que esto es lo de menos, lo que realmente os fascinará serán los distintos pasos para realizar la fuga, y los diferentes elementos para disimularla. 
El origen de esta película viene a raíz de la publicación de Le Trou, de Jose Giovanni, en el que describía, con un estilo extraño y torpe, a la par que fuerte y fascinante, el intento de fuga que el mismo realizó estando en la cárcel. Jacques Becker contactó con Giovanni y le convenció para que le ayudase a adaptar la novela para llevarla a la gran pantalla, además de colaborar como asesor técnico. El personaje de “Manu” está basado en Giovanni, al igual que el personaje de Roland, otro de los integrantes y cerebro de la fuga, está basado en Jean Keraudy, dándose vida a sí mismo.
No sería la última vez que Giovanni trabajase en el cine, pero eso es otra historia.
Al ser una película de 1960, se nos pueden venir a la cabeza otras cintas que pudieron inspirar o servir a Jacques Becker como modelo para su obra maestra. Un buen ejemplo de ello sería La Grande Illusion (Jean Renoir, 1937), sobre la fuga de un grupo de soldados franceses de un campo de prisioneros alemán durante la primera guerra mundial, por la relación entre los cinco personajes principales, el trabajo en equipo, las muestras de confianza y compañerismo con apenas unas pocas palabras, miradas y asentimientos, y la propia relación que entablan con el espectador. Estos hombres están en la cárcel, y salvo el caso de Gaspard, no sabemos lo que los ha llevado a ninguno de ellos a prisión, pero tampoco nos importa. Cavamos con ellos, apartamos los escombros con las manos junto a ellos, vigilamos a través del espejito a que los guardias no nos pillen desprevenidos a su lado, esa es la principal propuesta de valor de la película. A esto es a lo que refería al comienzo de la cinta, a la capacidad de Becker para no sólo meternos en prisión, sino en ayudar a estos hombres en su fuga. Esas largas tomas en las que vemos desde primer momento como cavan el túnel, como sierran un barrote… Todo esto además teniendo en cuenta que Becker fue ayudante de dirección de Renoir durante los años 30, incluyendo La Grande Illusion.
También podríamos hablar de Un condamné à mort s´est échappé (Robert Bresson, 1956), película acerca de la fuga de un miembro de la resistencia francesa durante la segunda guerra mundial de la cárcel de Fort Montluc, Lyon, dirigida por las tropas nazis. Le Trou se le asemeja en detalles como el que prescinden de actores profesionales en busca de una mayor autenticidad; la atmosfera sonora, sin banda sonora o música propias, únicamente el sonido y ruidos ambientales de la cárcel; la detallada presentación de la fuga paso a paso. Sin embargo, mientras que Bresson apuesta por el individualismo y lo reflexivo, Becker juega con temas como el compañerismo o la organización colectiva, además de prescindir de una voz en off innecesaria.
Sobre cómo esta joya del cine francés ha influido en otras películas del género de fugas, no hay más que ver películas como The Great Escape (John Sturges, 1963) o Escape from Alcatraz (Don Siegel, 1979), especialmente esta última, mostrando una exhaustiva exposición del plan, los pasos a seguir, y los pocos detalles (innecesario en mi opinión) del protagonista. El claustrofóbico camino que han de emprender los protagonistas en busca de la libertad, una especie de recordatorio de que todo en la vida tiene un precio, y es la perseverancia y el esfuerzo.
Candidata a la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes en el año 1960, Le Trou ha ido ganando admiradores con el paso de los años, sorprendidos por lo bien que ha envejecido, y por su capacidad para seguir sorprendiendo a las nuevas generaciones.
Toda una recomendación de calidad.

 @solocineclasico

domingo, 14 de julio de 2013

Historia del Cine: Femmes Fatales

Femme Fatale es una expresión francesa referida a la "mujer fatal", normalmente una villana que hace uso de su sensualidad y atractivo para atar a los hombres que no pueden resistir la tentación que ella les incita. Es un personaje habitual tanto en el cine como en la literatura de género criminal, misterioso, thriller, e incluso terror. Este personaje va siempre acompañado de las mismas cualidades: una atractiva y potente belleza; un aura misteriosa; una sexualidad insaciable; y por lo general, suelen confundir a los protagonistas de manera que en ocasiones no sabes a ciencia exacta si están a favor del bien o del mal, aunque siempre se arriman al sol que más calienta. 
En Estados Unidos se las conocía como las "Vamp", debido a que por lo general solían ser mujeres extranjeras capaces de "chupar" el alma a sus víctimas mediante la explotación sexual o financiera.
En el cine empezamos a verlas con mayor asiduidad a partir de los años 40 con las películas de cine negro, aunque también podemos encontrar referentes en cintas de los años 20 y 30. Podemos enumerar a un gran número de actrices que dieron vida a este tipo de mujeres con mayor o menos éxito, consiguiendo algunas el ser inmortalizadas en este rol. Estas son las más conocidas y sus interpretaciones más importantes:

Lauren Bacall: La que acabaría siendo la última esposa de Humphrey Bogart alcanzó precisamente la fama dando vida a la mujer fatal que enamoraba tanto en la pantalla como en la vida real al mítico actor. To have or not have (Howard Hawks, 1944) y The Big Sleep (Howard Hawks, 1946) son sus mejores ejemplos.

Joan Bennet: Si Bacall alcanzó la fama, además de por su propio talento, por la dupla de hombres con los que trabajó (Hawks-Bogart), Joan Bennet no se queda atrás. En su caso, fueron el mítico director alemán Fritz Lang y el actor Edward G. Robinson, con los que realizó The Woman in the Window (Fritz Lang, 1944), y Scarlet Street (Fritz Lang, 1945), consideradas dos obras maestras de este género.

Rita Hayworth: Una de las mujeres más sensuales y deseadas del mundo hasta la llegada de Marilyn Monroe eclipsó a más de uno con sus interpretaciones de femme fatale. La versatilidad de la actriz conseguía confundir a la mayoría, haciendonos dudar si estabamos ante un atractiva e indefensa mujer que ansiaba ayuda y comprensión, o de una auténtica vampiresa con una plan perfectamente trazado. Caben destacar sus trabajos en Gilda (Charles Vidor, 1946) y The Lady from Shanghai (Orson Welles, 1947).

Barbara Stanwyck: Aunque he comenzado por las tres primeras debido a que dieron vida más de una vez a mujeres fatales en joyas del género, hay posiblemente una mujer que pueda destacar por ser la femme fatale más importante de la historia. La razón, protagonizar posiblemente una, sino la mejor, película de cine negro de la historia. Se trata de Barbara Stanwyck y su papel en Double Indemnity (Billy Wilder, 1944).

Anne Baxter en All About Eve (Joseph L. Mankiewicz, 1950) donde engañará a todos y todas haciéndose pasar por una inocente y dulce aspirante admiradora de Bette Davies, para llegar a ser una gran actriz de teatro.

Marlene Dietrich en Der Blaue Engel (Josef von Stenberg, 1930). La femme fatale por excelencia, aunque más bien debido a que hizo de su propia imagen la de una mujer fatal. El mejor ejemplo en su filmografía lo encontramos en la película de von Stenberg donde engatusa a un respetable profesor, interpretado por Emil Jannings, haciéndole descender a un infierno de burlas y humillación.

Greta Garbo en Flesh and the Devil (Clarence Brown, 1926) uno de los ejemplos más tempranos que se me vienen a la cabeza. Película de género mudo donde la Garbo hace uso de su atractivo para enfrentar a dos hombres.

Ava Gardner en The Killers (Robert Siodmak, 1946). En este caso, la actriz da vida a la novia de un mafioso que usa a joven excombatiente para hacerse con el dinero de un atraco que preparan.

Jane Greer en Out of the Past (Jacques Torneur, 1947). Creía que no había actriz más hermosa en el cine clásico que Gene Tierney. Al menos eso creía hasta que vi a Jane Greer, que si no supera a la primera, al menos es igual de hermosa. Típica femme fatale que hace uso de su belleza y necesidad de protección para que los hombres acudan a ella.

Veronica Lake en This Gun for Hire (Frank Tuttle, 1942) Algunos se llevaron las manos a la cabeza al no contar con Veronica Lake en la lista de mujeres más hermosas del cine clásico. Bueno, es algo de lo que sigo sin arrepentirme. No es de mi gusto, ¿qué se le va a hacer? Pero desde luego, no podía dejar de contar con ella para este listado, y en especial por esta cinta.

Sue Lyon en Lolita, (Stanley Kubrick, 1962) La femme fatale más joven de esta lista, y posiblemente de todas las que se realicen jamás. Lolita consigue atraer al profesor Humbert, no sólo con su sensualidad y belleza, sino por lo atrayente de lo prohibido.

Marilyn Monroe en Niagara (Henry Hathaway, 1953) Incluso la mujer más deseada de la historia del cine interpretó a una terrible mujer sin escrúpulos en "Niagara". En ella, planea matar a su marido con un ayuda de su amante.

Lana Turner en The Postman Always Rings Twice (Tay Garnett, 1946) Pocas veces se han realizado con mayor atención y cuidado una película para lucimiento personal de su protagonista como en este caso. Lara Turner es la estrella absoluta de este gran clásico que contó con un remake interpretado por Jack Nickolson y Jessica Lange.

Lizabeth Scott en Dead Reckoning (John Cromwell, 1947) Una vez más, Humphrey Bogart tiene la suerte de caer en la red de un femme fatale como fue Lizabeth Scott, en mi opinión, una versión menos agraciada que Lauren Bacall.

Jean Simmons en Angel Face (Otto Preminger, 1952) Siento gran predilección por Jean Simmons. Sin ser una de las actrices más atractivas de la historia, tiene algo que me atrae de manera sobrenatural. En Espartaco o The Big Country no hago más que enamorarme de ella, pero en Angel Face, donde da vida a una sensual y peligrosa joven que trata de matar a su madrastra. Robert Mitchum, menudo cabrito, primero Jane Greer, y luego Jean Simmons. ¡Qué mal vivías!

Simone Sognoret en Les Diaboliques (Henri Georges Clouzot, 1955) Justo después de realizar Le Salaire de la peur, H. G. Clouzot trae una nueva obra maestra en la que dos mujeres tratarán de vengarse de un mismo hombre.

Gene Tierney en Leave Her to Heaven (John M. Stahl, 1945) donde la hermosa actriz da vida a femme fatale que subyuga a través de su belleza a todos los que la rodean para que hagan así lo que quiera, llegando a matar a todos aquellos que se interpongan en su ideal de felicidad y ella.

¿Alguna sugerencia por vuestra parte?

@solocineclasico

viernes, 12 de julio de 2013

Películas: Años 40: La Señora Miniver (1942)


MRS. MINIVER (8,5/10)

El cine propagandístico... sobre el cine propagandístico se ha dicho y escrito muchas cosas. Si ha habido una forma de gobierno que ha sabido hacer buen uso de este ha sido el comunismo. Principalmente por su mayor periodo de existencia que por ejemplo el nazismo, que tampoco se quedó cortó. El cine propagandístico a permitido a cierto directores a mostrar su talento y cualidades artísticas, como son los ejemplos de Eisenstein o Leni Riefenstahl.
Con este género cinematográfico, más propios de documentales que de películas en sí, se buscan ensalzar unos valores sociales, morales, políticos, haciendo uso en ocasiones de la exageración, la manipulación o el engaño. 
Bien. A mi entender, denominar a "La señora Miniver" como una película propagandística no me parece del todo correcto. Yo la denomino más como cine de supervivencia, además de ser anti-bélica, y os diré la razón.
Entre los diferentes documentales que filmó William Wyler durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo la oportunidad de hacer un stop para rodar la adaptación de la novela "Mrs Miniver". La historia nos cuenta el día a día de una familia británica durante los ataques y bombardeos por parte de la aviación alemana en suelo británico. También busca mostrar y denunciar los horrores de la guerra, como toda cinta bélica que se precie. Pero he aquí que durante el rodaje de la cinta, Japón bombardea Pearl Harbor, llevando a EEUU a la guerra, por lo que algunas escenas de la película fueron ligeramente modificadas, buscando ensalzar el orgullo británico, mostrar a la Alemania nazi como al enemigo a derrotar, pero principalmente, para ir mostrando la realidad de la guerra al pueblo norteamericano.
En la película se muestran momentos como los bombardeos por parte de los alemanes, la destrucción de viviendas y edificios públicos, el terror de la población, la constante pérdida de vidas humanas, los paracaidistas alemanes que aterrizaban en suelo británico y buscan la forma de escapar, las rondas de vigilancia en los diferentes barrios por la población civil, la angustia de las familias de los jóvenes pilotos, y especialmente la escena del rescate de parte de las tropas británicas estancadas en Dunkirk por parte de la población civil en lanchas y barcas privadas o de pesca que partieron desde Londres (hecho real).
Estrenada en 1942, fue todo un éxito de crítica y público. No es mi intención restar mérito a la película. Estoy de acuerdo de que si la película se hubiese estrenado diez años después no habría cosechado el mismo éxito. Pero se estrenó en 1942, en pleno epicentro de la Segunda Guerra Mundial, así que los que siguen con el argumento de los diez años después para desprestigiar la película, con toda la educación, iros a tomar a por culo, y buscad una razón de más peso que esa.
El discurso de la escena final ha pasado a ser una de las escenas más recordadas del cine bélico de todos los tiempos por su mensaje anti belicista. De hecho, el presidente de los EEUU, Roosevelt, hizo uso de este mismo como material propagandístico. Este fue reescrito por Wyler y Wilcoxon (el actor que da vida al vicario responsable del discurso) la noche anterior a que filmaran la escena.
No es necesario destacar la gran labor de dirección (como siempre) de William Wyler, pero si la de los actores, especialmente el trabajo de Greer Garson, como Mrs. Miniver (por el cual ganó el Oscar); Teresa Wright, como Carol Beldon (por el cual ganó el Oscar); Walter Pidgeon, como Mr. Miniver (por el cual estuvo nominado al Oscar), y muy especialmente a May Whitty como Lady Beldon (y la inolvidable escena de la rosas).
La película además ganó los oscar a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión Adaptado, y Mejor Fotografía en Blanco y Negro.
Como anécdota final, la actriz Greer Garson se casó tras terminar el rodaje con Richard Key, quien en la película da vida a su hijo, y que en la vida real era 11 años más joven que ella.

Sin ser la mejor escena de la película, si he de quedarme con alguna, elijo esta del comienzo:

@solocineclasico

jueves, 11 de julio de 2013

Películas - Años 50: Gigante (1956)


GIANT  (10/10)

‘Gigante’ fue la última gran película que nos dejó el mítico actor James Dean, que elevó la frase “vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver” a la máxima potencia y catapultó a la estrella a la categoría de leyenda. No hay que ser injustos, no debemos menospreciar a este intérprete por contar solo con tres películas en su filmografía y por morir demasiado joven -quizá su mentalidad de Carpe Diem fuese puro postureo- ; al igual que no hay que elevarle a la estratosfera debido a su corta trayectoria. Sin embargo, podemos decir bien alto y sin tapujos que James Dean fue un gran actor en las tres películas en las que trabajó y estuvo siempre a la altura de las circunstancias. No podemos adivinar si hubiese sido así siempre, pero ¿quiénes somos nosotros para aventurar una vida inexistente?
Dejando aparte el debate de siempre, volvamos al film que nos ocupa. Recordemos que James Dean no es el único actor que participa en ‘Gigante’, sino que también contamos con la presencia de estrellas de la talla de Elizabeth Taylor, Rock Hudson o Sal Mineo, que además de jóvenes y expertos, eran también sex symbols de la época. Este reparto estuvo dirigido por George Stevens que se llevó el Oscar por este magnífico trabajo y se hizo conocido por cintas como ‘Un lugar en el sol’ (1951), en la que ya trabajó con Elizabeth Taylor y con la que ganó su primer premio de la Academia; o por ‘El diario de Ana Frank’ (1959). 
‘Gigante’ nos cuenta una historia apasionante que se alarga en el tiempo y en el metraje -200 minutos aproximadamente- que vagará por la vida de "Bick" (Rock Hudson) y Leslie Benedict (Elizabeth Taylor) un matrimonio que vienen de mundos muy diferentes, pero que tendrán que adaptarse el uno al otro en el nuevo camino que emprenden juntos en la hacienda ganadera de Bick. Allí trabaja Jett Rink (James Dean) que en un golpe de suerte conseguirá cambiar el rumbo de su vida trastocando también el de la familia Benedict. Esta trama pondrá de manifiesto aspectos como la ambición, la decadencia del matrimonio y la tradición o el racismo y las diferencias sociales de la época, convirtiendo esta cinta en un imprescindible del cine clásico.
La grandeza del film de Stevens recae, principalmente, en la evolución que se produce de forma constante en los personajes y en el contexto. Ninguno de los protagonistas es igual al  comenzar la cinta que al acabarla, ya que su vida ha estado cargada de experiencias que han precipitado una evolución y una maduración que es imposible ignorar. Además, pese a su extensión, Stevens consigue un clima absorbente enemigo del aburrimiento;  la acción, siempre candente,  mantendrá una atmósfera adecuada durante las tres horas en las que profundizaremos en la vida de esta familia. Para el recuerdo nos deja grandes escenas, la más recordada, cuando el personaje de Dean encuentra petróleo, ¿quién puede olvidarle bañado en oro negro?
Es difícil enfrentarse a un film tan extenso como este, pero no hay que olvidar que las grandes películas consiguen acortar las horas y ‘Gigante’ es una de esas cintas clásicas que con su magia provoca que el tiempo pase muy deprisa. Si aún no la has visto desde aquí solo podemos animarte a hacerlo, ya que es imposible arrepentirse. Una joya del cine.



@Peripecias58
@solocineclasico

miércoles, 10 de julio de 2013

Películas - Años 40: Que el cielo la juzgue (1945)


LEAVE HER TO HEAVEN (8,5/10)

Nos encontramos ante una película que todo persona enamorada debe ver al menos una vez en la vida. Tened cuidado con la belleza. Prestad atención también al interior ante de tomar ninguna decisión precipitada. Porque más de uno asentiría con la cabeza mientras se limpia la baba diciendo que sí a salir o casarse con una gran belleza, ¿verdad? Si la persona en cuestión desprende una hermosura total, una fuerte personalidad, y parece estar perdidamente enamorada de nosotros, ¿quién dice que no? ¿Quién le dice que no a Gene Tierney? Pues no sería de extrañar que hubiese algo más.
De eso trata "Que el cielo la juzgue": Un conocido escritor conoce a una hermosa y cautivadora joven en el tren. Se enamoran y deciden casarse precipitadamente a pesar de que ella estaba comprometida. El matrimonio comienza con buen píe. Ambos están muy enamorados, y ella es encantadora con el hermano pequeño de él. Pero esta no tardará en mostrar un comportamiento en exceso posesivo, además de un celos patológicos y asesinos, que traerán la tragedia y el desastre a todos los que le rodean, y finalmente mente, al propio marido.
Estamos ante la conocida historia de celos y odio que llevan a una persona a cometer actos de locura y odio. La belleza de la protagonista (Gene Tierney) subyuga a las personas que la rodean consiguiendo lo que quiere. Esto, y el carácter posesivo de la misma lleva a sus "elegidos" a la muerte por agotamiento y opresión; de la misma manera que a los que ella misma ve como un obstáculo para conseguir lo que quiere. ¿La razón? Ahondar en la psicología no es mi campo, pero la propia historia nos da algunas pista sobre los motivos que llevaron a la protagonista a convertirse en una maniática posesiva. La relación con el padre podría haber sido de carácter incestuoso, lo que supondría un trauma infantil que explicaría los momentos de inexpresividad, su distanciamiento con la madre, sus ausencias mentales, sus ataques de rabia e irascibilidad cuando algo no sale como ella esperaba. Además del hecho de que se enamore del protagonista, el cual todos afirman guarda un enorme parecido con el difunto padre de la joven.
Basada en la novela homónima de Ben Ames Williams, "Leave her to heaven" fue la mayor producción de la Fox durante los años 40. Nos encontramos ante un melodrama psicológico, nada fácil de ver, rodado principalmente en exteriores y con una fotografía en Technicolor de Leon Shamroy, lo que supuso un gran contraste con los melodramas de la época, con ambientación interior y en blanco y negro mayoritariamente. Los tonos de color son generalmente azules, al igual que los ojos de la actriz Gene Tierney, lo que parece invitarnos a ver el mundo un poco más como ella misma cree. Y sin dejar de hablar de la actriz, nos encontramos ante seguramente el mejor trabajo de su carrera. Alcanzó la fama mundial por Laura, y sigue siendo su película más recordada. Pero es en esta película donde tiene la oportunidad de crear uno de los personajes femeninos más emblemáticos de la historia del cine clásico a la altura de trabajos como los que pudo realizar Bette Davies o Joan Crawford. Fue por este papel por el que consiguió su única nominación al Oscar.
Tuvo John M. Stahl, director de la cinta, la oportunidad de su vida con esta película, y la supo aprovechar. El resultado es perfecto, siendo esta posiblemente la mejor película de su carrera. Del resto del reparto, cabrían destacar a Cornel Wide, dando vida al torturado y cautivado esposo; Jeanne Crain, como la hermana de Tierney, de una belleza casi comparable a la de la actriz; y sobretodo a Vincent Price, en un corto, pero memorable papel como el novio despechado.
Otra joya más del cine americano de los años 40. Pero esto no queda ahí, pronto vendrán muchas más. Sed pacientes.

Podéis ver la películas online aquí:

@solocineclasico

domingo, 7 de julio de 2013

Películas - Años 40: Duelo al Sol (1946)


DUEL IN THE SUN (7/10)


¿Qué mejor manera de empezar una película que con la majestuosa voz de Orson Welles narrando la leyenda que se cierne sobre la historia que estamos a punto de contemplar? Pocas. Este es solo un ejemplo del derroche de medios que puso un hombre por un mujer. El hombre, David O. Selznick; la mujer, Jennifer Jones; la historia: Duelo al Sol.
Y es que de eso trata esta película, del amor. No estoy hablando del amor de los personajes de la película, estoy hablando del amor de un hombre, de uno de los productores más importantes de la época, llevando a cabo una película épica para su mujer, la actriz Jennifer Jones. Un producto para el lucimiento personal de su señora.
Y es que Selznick era el productor de la épica y exitosa Lo que el viento se llevó, además de haber producido al año siguiente Rebecca, consiguiendo ganar dos Oscar a Mejor Película dos años seguidos, todo un record. Por lo que no era de extrañar que con el tiempo buscasen un éxito similar. De ahí que podamos incluso apodar Duelo al Sol como Lo que el Viento se Llevó 2. Y quien no me crea que vea la sutil diferencia entre los nombre de ambas protagonistas.
Perla (Jennifer Simon) es una joven mestiza hija de un blanco y una india que tras quedar huérfana parte al rancho de los McCanles "Pequeña España", en Texas. Allí es acogida por Laura Belles McCanles (Lillian Gish), prima de su padre, su antiguo amor, y encarnación de la bondad absoluta. La convivencia con el resto de la familia no será igual de fructífera. El marido de esta, el senador McCanles (Lionel Barrymore) muestra un rechazo absoluto ante la hija del antiguo amor de su mujer; Lewton (Gregory Peck), el hijo menor, trata de conquistar a Perla con gestos más bruscos y desinteresados, pensando más en él mismo que en ella. Mientras que sólo Jesse (Joseph Cotten) el hijo mayor, trata de manera amable y considerada a la joven mestiza. Perla se debate entre los dos jóvenes, ya que mientras Jesse es de quien realmente está enamorado, es Lewton quien más caso le hace. El chico bueno y el chico malo. Y es que la relación entre los dos hermanos recuerda a la misma que tenían Caín y Abel, como recalcaba Niven Busch en la novela. Pero de ahí a que entre los dos se produzca una rivalidad por la joven... esto no ocurre hasta el final. No os imaginéis a los dos hermanos luchando constantemente por la joven como si de una comedia romántica se tratase. La única disputa es la de la propia Perla consigo misma sintiéndose atraída por Jesse (buscando ser una joven  señorita instruida y respetada), o Lewton (dejando libre su propio espíritu salvaje).
Al mismo tiempo, el ferrocarril comienza las obras que atravesarán parte de los terrenos de Pequeña España, algo a lo que se opone el Senador, y que terminará con una disputa entre este y Jesse, que si ve con buenos ojos la llegada del ferrocarril.
La película busca en todo momento la épica que tanto destilaba la inolvidable Lo que el viento se llevo, y esto se nota en contados momentos como las multitudinarias escenas de jinetes, la fotografía crepuscular, la magnífica y grandiosa banda sonora de Dimitri Tiomkin, el presupuesto, y el propio reparto. Pero por lo demás, destila más una sensación de constante búsqueda de épica que de propia épica. Esto seguramente se deba a los problemas que tuvo con la censura que recortaron de manera considerable el contenido de la película, principalmente por la sensualidad del personaje de Perla, y su relación con Lewton; y a que la propia historia no daba para más. Demasiado bien lo hicieron.
La producción del rodaje si fue épica en todos los sentidos. No se llegó a los extremos de Lo que el viento se llevó, pero si que se contó con todos los medios disponibles en ese momento. Para empezar, no fue King Vidor el único director, ya que se contó con otros cinco, sin contar al propio David O. Selznich, destacanco William Dieterle o Josef von Sternberg; al igual que con el guión, de Selznick, y en el que colaboraron Oliver HP Garrett y el mítico Ben Hecht. 
Con un presupuesto de más de seis millones de dólares, y otros dos empleados en promoción (algo impensable para la época), la película triunfó en la taquilla, aunque la crítica no la acogió tan bien. Dos de las razones del éxito de la película fue el poco contenido "erótico" que pasó la criba de la censura, y la propia relación de Selznick y Jones.
Consiguió dos nominaciones a los Oscar, una para Jennifer Jones como Mejor Actriz, y otra para Lillian Gish como secundaria. Ambas nominaciones merecidas, pero no creáis que por eso el resto del reparto se queda corto. El trabajo de Joseph Cotton y Gregory Peck es meritorio y perfecto; y el que sin duda es mi favorito el del Senador McCanles (Lionel Barrymore), a pesar de ser el personaje más flojo de la historia.

Podéis ver la Película Completa Aquí:

@solocineclasico

martes, 2 de julio de 2013

Películas - Años 50: La Noche del Cazador (1955)


THE NIGHT OF THE HUNTER (9,5/10)

Desconfiad de los falsos profetas que se cubren con 
pieles de cordero,
pero que en su interior son fieros como lobos.
¿Y si está persona hubiera hecho esto?, ¿y si por esa otra razón, las cosas hubiesen salido de otra manera? Las cosas ocurren por una u otra razón. Normalmente están más atadas de lo que creemos a nuestras propias decisiones, o la de los demás, por lo que no soy de los que meten al "destino" en el listado de causantes de un hecho. Que Charles Laughton sólo dirigiese una película fue debido principalmente al fracaso que supuso en su momento The Night of the Hunter, no el destino. Es así de simple. Pero esta continua formulación de preguntas acerca de esta película no hace más que aumentar su fama y leyenda, ya que estamos hablando de una las mejores películas americanas de la historia.
Ben Harper hace prometer a sus hijos que esconderán el dinero de un atraco que acaba de cometer y no dirán jamás a nadie donde está hasta que sean mayores. Al poco es detenido y enviado a prisión para ser ejecutado. En la celda coincide con Harry Powell, un predicador radical con la palabra "HATE" (odio) tatuada en los dedos de la mano izquierda, y "LOVE" (amor) en la mano derecha. Este conoce la existencia del dinero, por lo que decide ir a la granja de Harper una vez está fuera de la prisión. Allí, gracias a su personalidad, fuerza, y retórica religiosa, conquista a la viuda de Harper y madre de los niños. Powell no solo embauca a la madre, sino a gran parte del pueblo haciendo de los extremos de la religión su mejor arma.
Mientras tanto, trata de averiguar donde se encuentra el dinero amenazando suspicazmente a los niños. La madre, encandilada y cegada por el apuesto predicador, es incapaz de ver la verdad de los actos de su nuevo marido. Es por eso que los niños tendrán que escapar con el dinero, siendo perseguidos incansablemente por Powell.
Estamos ante lo que podríamos definir como un macabro cuento infantil. No veremos sangre, no veremos violencia, pero tampoco dejaremos de sentirla en ningún momento. Es la atmósfera creada por Charles Laughton en la silla del director, la fantástica fotografía de Stanley Cortez evocando al expresionismo alemán, y la banda sonora de Walter Schumann, las responsable de transportarnos a un mundo de pesadilla infantil hecho por adultos. Si en Matar a un Ruiseñor vemos una historia adulta desde los ojos de un niño, en La noche del cazador asistimos a una historia infantil contada por adultos, haciendo uso de un lenguaje casi onírico, de sueños y fantasías, aunque sin despegarse de la realidad. Y no es una historia infantil cualquiera. Es una historia que nos traslada a los miseros años 30, en plena depresión, una época en la que las personas iban de un lado a otro, en la que era fácil asesinar a alguien y desaparecer sin dejar ni rastro. Es el caso de Harry Powell, un predicador asesino y paranoico que afirma hablar con Dios, el cual le insta a terminar con el pecado. Como no podía ser de otra manera, necesita dinero para dicha empresa, por lo que matar a viudas con dinero ahorrado es parte de su misión. Por lo que al saber sobre los 10000$ que los hijos de Ben Harper están guardando, no tarda mucho en acudir a por su presa.
Esta es la historia de un cazador, cuya presa son dos inocentes niños. Laughton se toma las molestias necesarias para dejar este punto claro. La firme presencia de Robert Mitchum como Harry Powell, su personalidad, la música cuando aparece, la tétrica fotografía y sombras que proyecta dan a entender que hay que temerle. De eso hablaré en un momento, pero antes una reflexión, ¿hasta que punto hace personal Charles Laughton esta obra?
Como publiqué hace tiempo, la figura de Laughton como padre siempre ha generado controversia. Todo parece apuntar a que el actor y director británico era homosexual, a pesar de estar casado con la también actriz Elsa Lanchester, y que además deseaba ser padre. Pero también se afirma que Laughton no soportaba dirigir a los niños, que los detestaba, y que incluso fue el propio Mitchum el que se encargó de la dirección de los pequeños de la película. Si vemos la película, nos daremos cuenta como el punto más flojo de la misma son los jóvenes protagonistas. No quiero parecer crítico o exigente, pero el trabajo de los niños deja bastante que desear.
Leyendas urbanas, como quien dice, ya que todo aquel que trabajó con Laughton alguna vez afirma que era la persona más encantadora de la profesión. El mismo Billy Wilder confirmó que Laughton era el mejor actor con el que jamás había trabajado.
Laughton, conocedor de su profesión, decidió narrar esta oscura historia recurriendo al estilo que mejor podía acompañar a semejante narración, el expresionismo alemán. Gracias a la fotografía de Stanley Cortez, el blanco y negro de la película, las sombras, las perspectivas distorsionadas, los ángulos de las cámara, consiguen crear reflejar el carácter siniestro de Powell, el temor de los niños, y la dulzura del personaje de Lillian Gish.
En su momento la película fue un fracaso. Ni crítica, ni público la aceptaron. Tuvieron que pasar unos cuantos hasta que un nuevo público fue capaz de ver en la ópera prima de uno de los actores más grandes que jamás se hayan visto la gran película que es en realidad. Digo público, y digo crítica. La gran mayoría de expertos del séptimo arte se rinden ante la grandeza de este film, y el soberbio trabajo de Robert Mitchum. David Lynch, Martin Scorsese, Terrence Malick, e incluso los hermanos Coen se han visto influenciados por la cinta de Laughton.
Curiosamente, la película se vendió más desde el punto de vista de la relación de los personajes de Shelly Winters (gran trabajo por su parte) y Robert Mitchum, que la propia persecución del predicador hacia los niños. Es algo que no entiendo, y con lo que cierro este artículo.


@solocineclasico

Libros: My Lunches with Orson


Hitchcock tenía, y sigue teniendo su ejército de fans; al igual que Billy Wilder, Charles Chaplin, Stanley Kubrick... pero ¿ha habido una figura más fascinante en la historia del cine que Orson Welles? ¿Realmente la ha habido? Yo creo que no. Y es que fue todo un personaje. Uno de los mejores actores y directores de su época. Responsable de posiblemente la mejor película de la historia, y era la primera en la que trabajaba. Dejó sin terminar un gran número de trabajos, incluido una película sobre el Quijote. Mantuvo desencuentros con todo Hollywood, lo que le supuso una eterna enemistad con buena parte de la industria.
En 1983 comenzó a realizar una serie de entrevistas con su amigo Henry Jaglom con la idea de transcribir las cintas tiempo después para llevar a cabo una autobiografía. En dichas entrevistas, sin autocensura, y con un tono la mar de distendido, hablan de todo un poco, aunque especialmente a cerca de la relación entre Welles y algunos de los personajes más famosos de Hollywood como Joseph Cotten, John Wayne o Marilyn Monroe, a los que no dudaba en elogiar, u otros con los que no guardaba reparo alguno en criticar.
De Laurence Olvier pensaba que era un "estúpido", y que sus primeras escenas de King Lear (Michael Elliot, 1983) eran "lo peor que he visto en toda mi vida"; llama a Charles Chaplin "arrogante"; a James Stewart "mal actor"; a Jennifer Jones "inútil"; y considera a Joan Fontaine "limitada a dos expresiones y ya".
En los casos de Hitchcock, Stanley Kramer o Better Davies entra más en materia: del director inglés dice "Nunca he entendido el culto hacia Alfred Hitchcock. Sobre todo hacia sus películas norteamericanas tardías". "Egocentrismo e indolencia; tienen iluminación de programas de televisión. Anoche vi una de las peores películas que he visto nunca -La ventana indiscreta-. Es completamente insensible a lo que una historia de voyeurismo debería ser". "Lo increible fue descubrir que Jimmy Stewart puede ser un mal actor. Incluso Grace Kelly está mejor que Jimmy, que sobreactúa".
Humphrey Bogart tampoco se libra: "iba por los bares buscando pelea", pero su mayor odio iba dirigido a Stanley Kramer: "Era un hombre odioso". Katharine Hepburn o Bette Davis eran de las feminas que peor opinión tenían Welles, aunque el caso de Elizabeth Taylor es especialmente curioso. Richard Burton se le acercó en un restaurante diciendo: "Estoy con Elizabeth y quiere conocerte, ¿puedo traerla a tu mesa?", Welles contestó: "No. Como puedes ver, estoy comiendo". El director tenía una gran opinión sobre Burton, pero pensaba que Taylor lo arruinó en todos los sentidos.

Tras la muerte de Welles en 1985, Henry Jaglom guardó las cintas en su garaje ante la imposibilidad de llevar a cabo dicha autobiografía. Hasta que llegó el periodista experto en cine Peter Biskind, quien recogió, recogió y transcribió las cintas para llevar a cabo un libro que destapa a Orson Welles como nunca antes habíamos imaginado.
El libro estará a la vente en inglés a partir del próximo 16 de Julio. 

VÍA: Cinemanía
@solocineclasico
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