jueves, 5 de diciembre de 2013

Películas - Años 60: Pierrot el Loco (1965)


PIERROT LE FOU (9/10)

Jean-Luc Godard empezó con buen pie su carrera cinematográfica en 1960 cuando, después de rodar un par de cortos, presentó su primer largometraje Al final de la escapada. El tiempo le ha dado la razón y su opera prima es ahora uno de los referentes de lo que se llamó la Nouvelle vague o Nueva ola, que pretendía romper con las estructuras impuestas en el cine francés y desarrollar su propio estilo con libertad.
Pronto Godard será definido como un director muy prolífico con una sed incansable de hacer películas: desde su comienzo en 1960 hasta 1965 rodó 14 películas y dos cortometrajes. En este último año fue cuando llegó Pierrot el Loco, que nos contaba la historia de Ferdinand Griffon (Jean-Paul Belmondo) -apodado Pierrot, para su desgracia- que, cansado de su insulsa vida en París, donde está casado con una burguesa italiana a la que no ama, huye con una alocada Marianne (Anna Karina) hacia el sur de Francia, con el deseo de empezar una nueva vida en búsqueda de la libertad, pero a la vez, tendrán que tener cuidado ya que una mafia en la que estaba implicada la joven les persiguen –a veces es fácil encontrar similitudes con la pareja de ladrones Bonnie Parker y Clyde Barrow-. Será la  tercera y última colaboración de Godard con Belmondo, y la sexta y última con Anna Karina, su primera esposa, de la que se divorciará en 1967.
En un principio, esta cinta no atrajo al público, pero con los años ha adquirido la etiqueta de película de culto dentro y fuera de las fronteras francesas. Cineastas como Bernardo Bertolucci y Martin Scorsese han afirmado haber estado marcados por la libertad de expresión y técnica que lleva por bandera este film. Y no es para menos, ya que esta película es un auténtico ejercicio de libre dirección y rompe con todos los esquemas narrativos de la época.
Esto alcanza incluso a la trama de la película que supone una delirante mezcla de géneros como el drama, el romance, la comedia, el género de aventuras, el cine negro, la road-movie, el musical y la sátira y crítica social, pero ¿de qué trata realmente Pierrot el Loco? Debido a su complejidad, es probable que tenga múltiples interpretaciones. Sin embargo, bajo mi punto de vista, esta cinta recoge el amplio deseo de dos personas de vivir su amor en libertad, huyendo de los constructos sociales de la gran ciudad y la burguesía, pero que tiene en su contra la incapacidad de la pareja por seguir una misma dirección y el constante acecho del pasado en su vida.
La propia construcción de los personajes frustra desde un principio los anhelos de la pareja. Hay un constante tira y afloja entre los protagonistas que se sostiene con su amor loco, pero ¿hasta cuándo? Mientras que Ferdinand representa la dureza, la realidad y con un insaciable deseo de ser admirado; Marianne, se presume como una joven excepcional, alocada y etérea, incapaz de asentarse y con unas incesantes ganas de vivir la vida, el ahora, porque mañana podría estar muerta. Por eso, mientras vemos el film, puede que se nos cruce la siguiente pregunta: “¿Hasta cuándo aguantará Marianne con Ferdinand? Ella es demasiado libre y excepcional como para estar con él”. Esta diferencia de personalidades y de actitudes se hará evidente a  lo largo de la cinta, tanto en sus escenas -¡Cuántas veces intentará Pierrot retener a Marianne para que no se vaya al baile!-, como en sus diálogos. Sin embargo, el amor también se percibe.

“Me hablas con palabras y yo te miro con sentimientos”

Jean Paul Belmondo, apodado el hombre más feo del cine francés, saca a relucir toda su extraña sensualidad -¿acaso alguien fuma con el estilo con el que él lo hace? Si acaso, Bogart y Mastroianni están a su nivel- y Anna Karina se muestra enigmática, pero a la vez lo suficiente segura para dotar a Marianne de una fuerza inaudita, demostrando que su personaje no es una princesa frágil que tenga que ser rescatada, sino que es un auténtico ciclón que arrastra a Ferdinand, ella es la valiente. Godard rompe con la fantasía masculina de superioridad y control absoluto, será Pierrot quién tema perder a Marianne y no al revés, aunque ambos se amen profundamente y sea Marianne la que crea que Pierrot no le corresponde en sus sentimientos.
Godard llena esta película con situaciones ilógicas, críticas a las guerras de Vietnam, Argelia o Yemen, un reproche a la burguesía y a la decadencia de la sociedad por culpa de la publicidad –viviendo en la sociedad del culo-. Todo ello con el uso de humor fino e inteligente y, a menudo, en un tono de sátira. Además, habrá múltiples referencias culturales: tanto pictóricas, como literarias, filosóficas o cinematográficas e, incluso, a colación de esto último, el director dejará en boca de un pequeño personaje -interpretado por Samuel Fuller a modo de cameo- una reflexión sobre qué representa el séptimo arte: “el amor, la muerte, el deseo, la violencia en una palabra, emociones”. Además de por alusiones, el guion estará marcado por esa libertad que inunda toda la película, pero recogerá geniales diálogos y situaciones que serán imposibles de olvidar y que recogen un torbellino de sentimientos opuestos que se conectarán perfectamente, tal y como lo hacen las personalidades opuestas de nuestros protagonistas. Todo el delirio de Godard alcanza el cenit en su final, que llega como la profecía de Casandra, satírico y mordaz.
Con una fotografía obra de su inseparable Raoul Coutard, el cromatismo jugará un gran papel en el film. La pantalla se inundará de colores azules cielo, personificados en el personaje de Pierrot; y de rojo sangre, que representará Marianne –el blanco aparecerá como intermediario creando la similitud con la bandera gala-. Otros colores primarios como el amarillo o el verde acompañarán y darán su juego en esta estética cuidada, bella y muy visual. Los paisajes del sur de Francia, con sus playas y su cielo despejado y soleado pondrán el resto.

Pierrot el Loco, es el ejemplo de como el argumento de una cinta puede carecer de total importancia y convertirse en un simple MacGuffin, para dar cabida al desarrollo de los personajes en torno a la idea del amour fou y la búsqueda libertad del ser. Una oda magnífica a la expresión latina carpe diem y una auténtica obra maestra.

@Peripecias58
@solocineclasico

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