sábado, 21 de diciembre de 2013

Películas - Años 20: El Circo (1928)


THE CIRCUS (8/10)

Cada cineasta vive lo que se denominan como "etapas". Chaplin vivió varias, y nos encontramos que The Circus se encuentra ubicada en dos de ellas. Para empezar, en su tercera película con la United Artist (su propia productora junto a Douglas Fairbanks, Mary Pickford y D. W. Griffith), y a su vez, es la última película muda que realizó. ¿Y City Lights? Luces de Ciudad se estrenó con banda sonora, así que aunque los personajes sean mudos y se usen intertítulos para los diálogos, podríamos considerar estrictamente hablando a El Circo como su última película muda. Por lo tanto, nos encontramos a comienzos de su etapa con la United con la que había comenzado a realizar sus primeros largometrajes (a excepción de The Kid), y en el final de su etapa de cine mudo (aunque habría que esperar 8 años para oír la voz de Chaplin, y 13 para oírle hablar). Es por estas, y otras muchas razones, por las que El Circo es un película imprescindible en su filmografía.
El entrañable vagabundo Charlot pasea por unos recreativos hasta que, debido a una serie de divertidas circunstancias, acaba contratado como payaso en un circo ambulante para colaborar con los originales que ya no hacen reír al público. Ignora que el público le adora y es la razón por la que acuden en masa al espectáculo, debido a que su codicioso jefe se lo oculta para así poder controlarle mejor. A la felicidad de vivir ignorante se le suma el que ame de la hija de su jefe que también trabaja en el show, pero cuando esta se enamora de un musculoso trapecista, Charlot empezará a perder la gracia, sentirse desgraciado, y replantearse su situación en el espectáculo.
Chaplin firma con esta película una de los mejores homenajes que se haya hecho jamás al mundo del circo. Muestra un gran cariño hacia este tipo de vida pero no por ello deja de retratar algunos aspectos más duros de esta (como la personalidad del dueño del circo) aunque sin llegar a los niveles de Fellini en La Strada.  Todo esto capitaneado por uno de los personajes más importantes y queridos de la historia del cine, y con razón, su querido vagabundo. Charlot es un reflejo de todos los aspectos positivos de la humanidad enfrentados a las diferentes adversidades que la vida, o nosotros mismos, nos podemos por el camino. Es un vagabundo, no tiene nada ni a nadie, pero eso no le convierte en una mala persona, todo lo contrario, le hace entender mejor la vida y los problemas de la gente. Puede comportarse en ocasiones como un granuja o niño pequeño, pero no es más que una dulce inocencia que es precedida por unas claras muestras de madurez. En esta película lo vemos en el caso de la chica y el trapecista. Al saber que ella está enamorada de este último, Charlot se pone celoso. En un momento dado, Charlot y la chica están viendo al trapecista hacer su número. Mientras todos ríen y aplauden a este mientras realiza sus trucos, Charlot contempla enfadado; pero cuando el trapecista está a punto de caer y todos se asustan, Charlot comienza a reír. Sí, pero al final (Spoiler), a pesar de poder escapar con la chica, este decide darle el anillo de compromiso al trapecista para que se case con ella y así ambos puedan ser felices. De hecho, hasta es el que más celebra la boda de ambos. (Fin Spoilers). Aunque entiendo el giro del personaje por como Chaplin gusta de contar sus historias, es quizás el punto menos trabajado de la cinta, ya que es un cambio excesivamente brusco tal y como no lo muestra en la película. Sin apenas razones de peso que ayuden a entender su decisión.
Curiosamente, a pesar de ser una de sus mejores comedias, Chaplin se vio envuelto en una espiral de desgracias durante el rodaje de esta película. A la trágica muerte de su madre que tanto le marcó y afectó, hemos de añadir el divorcio con su segunda mujer, los reclamos por parte de la Agencia federal de recaudación fiscal, y un incendio en el plató. El rodaje se retrasó más de ocho meses, pero al final vio la luz, y de qué manera. Fue todo un éxito de crítica y público. Consiguió postularse como séptima película más taquillera del cine mudo y con cuatro nominaciones a los Oscar de 1928 (Mejor Película, Director, Actor y Argumento). Con respecto a los Oscar sucedió algo extraño, y es que la Academia decidió retirarle las cuatro nominaciones y concederle un Oscar Honorífico por la película. La Academia no tiene en cuenta en sus listados estas cuatro nominaciones.
La película volvió a salir a la luz hace unos pocos años cuando un director irlandés afirmó que un viajero del tiempo aparecía en la cinta hablando con un móvil. Aunque es una interesante curiosidad, no pasa de eso. Otra es que la famosa escena del número del trapecista que realiza Chaplin es real. Chaplin estuvo ensayando durante semanas para poder filmarla él mismo, aunque tuvo que repetirla al estropearse el negativo del original. Según el propio Chaplin, la primera vez resultó mucho más divertida. Y para terminar, la canción de los títulos de crédito del comienzo fue compuesta e interpretada por el mismo Chaplin años después. 
En definitiva, sin ser una de las 5 mejores películas de Chaplin o del cine mudo, si que es un gran recordatorio de que el director inglés era capaz de realizar grandes comedias incluso con argumentos a priori simples, sin necesidad de querer contar historias más profundas, personales, o críticas.
Podéis ver la película aquí:

@solocineclasico

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