lunes, 30 de septiembre de 2013

Películas - Años 50: La gata sobre el tejado de zinc (1958)


CAT ON A HOT IN ROOF (9/10)

La literatura universal ha sido durante años la base para la redacción de guiones y el nacimiento de nuevas películas que se han dedicado a transformar –o por lo menos a intentarlo- las palabras en imágenes. Con mayor o menor destreza se intenta traspasar la sensibilidad de los libros a la tosquedad de la pantalla con la ayuda de unos actores que llevarán en sus hombros la mayor responsabilidad.
La gran industria del cine se encuentra en Hollywood, por lo que no es de extrañar que gran número de adaptaciones sean extraídas de las letras escritas por artistas nativos como Ernest Hemingway, Scott Fitzgerald o Truman Capote que han aportado grandes historias que trasferir al celuloide. Hoy conviene rescatar una película basada en la obra teatral de un gran literato estadounidense: La gata sobre el tejado de zinc, de Tennessee Williams. Este escritor ya ha dado base a otras cintas como Un tranvía llamado deseo, Dulce pájaro de juventud o La noche de la iguana, grandes piezas tanto del cine como de la literatura, sin embargo, La gata sobre el tejado de zinc es una de las más completas, tratando las relaciones familiares y conyugales mezcladas con temas como el alcoholismo o la muerte.
Richard Brooks (A sangre fría, El fuego y la palabra)-casi un experto en adaptaciones literarias- fue el encargado de dirigir este largometraje, cuyo guion elaboró él mismo en colaboración con James Poe (Réquiem por una mujer; Danzad, danzad, malditos) firmando adaptación bastante fiel a la obra teatral original, pero que suaviza los temas más controvertidos para esquivar la censura. Este acierto les valió a ambos la nominación al Oscar en la categoría de Mejor Guión Adaptado –junto a otras cinco nominaciones de las cuales no salieron triunfantes en ninguna-.
Siguiendo la regla teatral de las tres unidades, la historia transcurre en la casa de los adinerados Pollitt durante el cumpleaños del patriarca de la familia que desconoce su grave estado de salud. En este evento, toda la familia está presente: por un lado, el hijo menor Brick (Paul Newman), lisiado, alcoholizado e infelizmente casado con Maggie (Elizabeth Tayloy), su sensual mujer que lucha por mantener su sitio en la casa Pollitt y en el corazón de su marido; por otro lado, el primogénito Gooper, cuya ambición será compartida por su esposa. La tensión familiar se hace evidente y ni las felicitaciones, ni el dulce pastel evitarán que, según vayan avanzando los acontecimientos, las máscaras de cada invitado vayan cayendo revelándose las verdaderas intenciones de cada uno.
El encanto que posee La gata sobre el tejado de zinc recae en su intensa trama que recoge una cantidad de temas divididos entre los tres matrimonios que aparecen en el film. Por una parte, tenemos a los padres Pollitt, en concreto el patriarca, cuya riqueza no le salva de estar cerca de la terrorífica muerte, lo que le hace arisco ante la hipocresía de la vida y se revela contra su mujer y sus descendientes. Por otra parte, el
matrimonio del hijo mayor, podría decirse que modélico, ambos cónyuges se presentan deseosos de ocupar el negocio familiar y enriquecerse, usan a sus hijos para comprar un cariño falso y fingido.  Finalmente, Brick y su pareja,  son totalmente antagónicos a Gooper y a su esposa, jóvenes y atractivos, pero sin hijos ni amor. Enfrentados entre ellos por antiguos celos, su relación es una tapadera que Maggie mantiene por su propia ambición mientras Brick se entrega a la bebida.
Esta cinta de Richard Brooks busca romper con el mito del falso idilio de la familia sureña adinerada, queriendo demostrar que hasta en la mejor casa la perfección puede quedar rota por los miedos y ambiciones. ¿Cuál es el verdadero papel que cada persona juega en su entorno? La gata sobre el tejado de zinc nos obliga a hacer un ejercicio mental para descubrir el verdadero rostro de cada personaje y sus flaquezas, ya que ni el menos hipócrita de ellos, el Papá Pollitt, puede ocultar al final sus auténticos miedos.
Además de una genial obra literaria, tenemos ante nuestros ojos un clásico que no nos podemos perder por su perfecto y profundo guion capaz de transmitir al espectador toda la hondura de sus redondos personajes que son interpretados con maestría por unos actores que dan la talla ante tal tesitura. Con ayuda de Tennessee Williams, Richard Brooks firma una película que habla de la egoísta y codiciosa condición humana que solo buscará su beneficio acudiendo a la más triste hipocresía.

@Peripecias58
@solocineclasico

1 comentario:

  1. Difícil olvidar a Paul Newman en esta cinta. Me confieso enamorada de este hombre así que cada vez que la veo me siento una gata sentada en un tejado, jejeje

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