jueves, 6 de junio de 2013

Películas - Años 40: La Soga (1948)


ROPE (8,5/10)


En el cine podemos encontrar el experto asesino, el cual se dedica a realizar una mierda de película tras otras. Personas sin talento que por alguna razón la cual no acabo de comprender, tienen los medios necesarios para poder dirigir, escribir o protagonizar películas una detrás de otra. Luego está el experto en asesinos, aquel cuyas películas nunca o casi nunca difieran de la temática de asesinatos, robos, misterios o juicios. Si hemos de quedarnos con uno del segundo grupo el nombre de Alfred Hitchcock será el primero que se os venga a muchos a la cabeza, ¿cierto?
Y es que el director británico era así. Su fascinación por retratar el crimen y poder así jugar con los sentimientos encontrados del espectador rozaban la manía. El tema del crimen perfecto es algo presente en su filmografía. Dial M for Murder (traducida en España como Crimen Perfecto), o Vertigo son buena prueba de ello.
En el caso que nos ocupa hoy, Hitchcock no aborda tanto el crimen perfecto como la ejecución, sino más bien el momento justo después en el que pueden saltar los dudas, los temores, la culpabilidad o tranquilidad según la clase de persona que seas. Os estoy hablando de Rope, adaptación de la obra teatral de Patrick Hamilton, y basada en hechos reales acontecidos en los años 20.
La historia arranca con el asesinato de un joven llamado David en un céntrico piso de New York a mano de dos compañeros (Brandon y Phillip) estrangulado con una soga. Tras el crimen, los dos jóvenes esconden el cadáver en un baúl y comienzan a hablar sobre lo ocurrido. Brandon con mayor entusiasmo que Phillip, el cual comienza a mostrar signos de arrepentimiento. Poco a poco vamos conociendo más cosas sobre ellos, como sus nombres, que estaban relacionados con su víctima, y que esperan visita en unos instantes en su casa: nada más ni nada menos que los padres de la víctima, su prometida, un compañero, y un antiguo profesor del colegio. Pero por si esto no fuera suficiente, a Brandon se le ocurre la brillante idea de trasladar vasos, platos, servilletas, etc... de la mesa del salón donde iban a cenar al baúl donde está escondido el cadáver a modo de improvisación.
Poco a poco los invitados llegan y comienzan a tomar unas copas mientras esperan a que lleguen todos. Tanto el padre como la novia del joven asesinado se preocupan por su retraso al desconocer que su cadáver está muy próximo a ellos. Interpretándolo como un retraso sin mayor importancia, a pesar de que no dejan de preocuparse, los invitados comienzan a comer y charlar sobre diversos temas, entre el que destaca las ideas de Nietzsche sobre los superhombres y los mediocres, en la que los más fuertes han de acabar con los más débiles sin considerarles asesinos, sino servidores del bien común, algo que el padre de la victima, furioso, relaciona con el nazismo y sus consecuencias.
La sangre fría de Brandon disminuye con la presencia su profesor, Rupert Cadell, el cual comienza a sospechar, tanto por el comportamiento de los jóvenes, como por el retraso de David. 
La cinta tiene un protagonista de cartel, James Stewart, uno de los actores fetiches de Hitchcock. La estrella comercial de este film interpreta al profesor Rupert Cadell, con una personalidad fuera de lo común, un personaje muy del gusto de Stewart. Pero ¿por qué lo llamo protagonista de cartel? Porque si hemos de destacar por su labor e importancia a alguien en esta película sería a John Dall y Farley Granger, por dar vida a Brandon y Phillip respectivamente, en un papel en el que no solo daban vida a dos claros asesinos con reacciones y comportamiento diferenciados, sino que además son homosexuales.
En una época en que la homosexualidad era un tema tabú en el cine, Hithchcock se las arregló para mostros únicamente a dos jóvenes brillantes que comparten piso en New York y tienen una fuerte amistad. Pero tanto por el comportamiento seguro y controlador Brandon, como el sumiso e inseguro de Phillip, y los reproches del segundo al primero propios de una pareja más que de amigos, nos da a entender su verdadera relación. Además, el hecho de que los verdaderos asesinos, Nathan Freudenthal Leopold Jr. y Richard A. Loeb fueran homosexuales da peso a dicho argumento.
Podemos incluso ir más allá y hablar de los guiños eróticos de Hitchcock (presentes en no pocas películas suyas) como apunta el crítico Robin Wood: la estrangulación de David refleja la euforia de un orgasmo, junto a la flacidez posterior. También hay una escena en la que el personaje de Brandon toca emocionado el cuello de una botella de champán lo que podría ser un reflejo de masturbación emocional.
Pero si por algo quiero destacar esta película es por su carácter técnico. No sólo se trataba de la primera película a color de Hitchcock, sino que el director quiso experimentar y probar cosas nuevas que uniesen la forma de mostrar la película con la propia técnica más que por la historia.
Estamos ante una clara obra de teatro donde el piso, y principalmente el salón, es el único escenario. De ahí la decisión del director de rodar mediante largos planos secuencias de unos 10 minutos cuyas transiciones se producían al llevar el objetivo de la cámara a un plano oscuro (normalmente la espalda de uno de los protagonistas), lo que daba la sensación de que no había habido ningún corte. Con una gran cámara Technicolor en movimiento durante casi toda la película, el atrezo podía suponer un problema, por lo que gran parte de este se movía con ruedas, desplazándolas así cuando estuvieran fuera de plano. Esto no sólo conlleva un gran esfuerzo por parte de los técnicos, sino de los propios actores. 
La idea inicial de Hitchcock era rodar toda la película de una sola toma, pero la cámara sólo permitía rodar un tiempo limitado, de ahí las transiciones camufladas, a excepción de dos muy concretas.
Y para finalizar, podemos ver a través de la ventana del salón un colosal diorama en el que podemos apreciar algunos de los edificios más emblemáticos de New York como el Empire State y el Chrysler. La luz artificial que simula la natural va cambiando según pasa el tiempo para dar la impresión de transición entre el atardecer y el anochecer. Incluso las nubes simuladas, hechas de fibra de vidrio, cambian de posición.
Estamos ante uno de los mejores trabajos técnicos de Hitchcock.

Podéis ver esta película online aquí:


@solocineclasico

3 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo. Es una de esas películas que se pueden ver una y otra vez. Los protagonistas hacen un papel magnifico. Y James Stewart es él, como seguramente pretendía el director. Un abrazo.

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  2. Una gran obra maestra del genial Alfred hitchcock con grandiosos actores .Todos y cada uno de sus protagonistas.....un diez para esta joya de la interpretación.Gracias por compartirla.

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  3. Una de las mejores películas de Hitchcock, en una habitación y un puñado de actores, es capaz de hacer una obra maestra.

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