sábado, 21 de diciembre de 2013

Películas - Años 20: El Circo (1928)


THE CIRCUS (8/10)

Cada cineasta vive lo que se denominan como "etapas". Chaplin vivió varias, y nos encontramos que The Circus se encuentra ubicada en dos de ellas. Para empezar, en su tercera película con la United Artist (su propia productora junto a Douglas Fairbanks, Mary Pickford y D. W. Griffith), y a su vez, es la última película muda que realizó. ¿Y City Lights? Luces de Ciudad se estrenó con banda sonora, así que aunque los personajes sean mudos y se usen intertítulos para los diálogos, podríamos considerar estrictamente hablando a El Circo como su última película muda. Por lo tanto, nos encontramos a comienzos de su etapa con la United con la que había comenzado a realizar sus primeros largometrajes (a excepción de The Kid), y en el final de su etapa de cine mudo (aunque habría que esperar 8 años para oír la voz de Chaplin, y 13 para oírle hablar). Es por estas, y otras muchas razones, por las que El Circo es un película imprescindible en su filmografía.
El entrañable vagabundo Charlot pasea por unos recreativos hasta que, debido a una serie de divertidas circunstancias, acaba contratado como payaso en un circo ambulante para colaborar con los originales que ya no hacen reír al público. Ignora que el público le adora y es la razón por la que acuden en masa al espectáculo, debido a que su codicioso jefe se lo oculta para así poder controlarle mejor. A la felicidad de vivir ignorante se le suma el que ame de la hija de su jefe que también trabaja en el show, pero cuando esta se enamora de un musculoso trapecista, Charlot empezará a perder la gracia, sentirse desgraciado, y replantearse su situación en el espectáculo.
Chaplin firma con esta película una de los mejores homenajes que se haya hecho jamás al mundo del circo. Muestra un gran cariño hacia este tipo de vida pero no por ello deja de retratar algunos aspectos más duros de esta (como la personalidad del dueño del circo) aunque sin llegar a los niveles de Fellini en La Strada.  Todo esto capitaneado por uno de los personajes más importantes y queridos de la historia del cine, y con razón, su querido vagabundo. Charlot es un reflejo de todos los aspectos positivos de la humanidad enfrentados a las diferentes adversidades que la vida, o nosotros mismos, nos podemos por el camino. Es un vagabundo, no tiene nada ni a nadie, pero eso no le convierte en una mala persona, todo lo contrario, le hace entender mejor la vida y los problemas de la gente. Puede comportarse en ocasiones como un granuja o niño pequeño, pero no es más que una dulce inocencia que es precedida por unas claras muestras de madurez. En esta película lo vemos en el caso de la chica y el trapecista. Al saber que ella está enamorada de este último, Charlot se pone celoso. En un momento dado, Charlot y la chica están viendo al trapecista hacer su número. Mientras todos ríen y aplauden a este mientras realiza sus trucos, Charlot contempla enfadado; pero cuando el trapecista está a punto de caer y todos se asustan, Charlot comienza a reír. Sí, pero al final (Spoiler), a pesar de poder escapar con la chica, este decide darle el anillo de compromiso al trapecista para que se case con ella y así ambos puedan ser felices. De hecho, hasta es el que más celebra la boda de ambos. (Fin Spoilers). Aunque entiendo el giro del personaje por como Chaplin gusta de contar sus historias, es quizás el punto menos trabajado de la cinta, ya que es un cambio excesivamente brusco tal y como no lo muestra en la película. Sin apenas razones de peso que ayuden a entender su decisión.
Curiosamente, a pesar de ser una de sus mejores comedias, Chaplin se vio envuelto en una espiral de desgracias durante el rodaje de esta película. A la trágica muerte de su madre que tanto le marcó y afectó, hemos de añadir el divorcio con su segunda mujer, los reclamos por parte de la Agencia federal de recaudación fiscal, y un incendio en el plató. El rodaje se retrasó más de ocho meses, pero al final vio la luz, y de qué manera. Fue todo un éxito de crítica y público. Consiguió postularse como séptima película más taquillera del cine mudo y con cuatro nominaciones a los Oscar de 1928 (Mejor Película, Director, Actor y Argumento). Con respecto a los Oscar sucedió algo extraño, y es que la Academia decidió retirarle las cuatro nominaciones y concederle un Oscar Honorífico por la película. La Academia no tiene en cuenta en sus listados estas cuatro nominaciones.
La película volvió a salir a la luz hace unos pocos años cuando un director irlandés afirmó que un viajero del tiempo aparecía en la cinta hablando con un móvil. Aunque es una interesante curiosidad, no pasa de eso. Otra es que la famosa escena del número del trapecista que realiza Chaplin es real. Chaplin estuvo ensayando durante semanas para poder filmarla él mismo, aunque tuvo que repetirla al estropearse el negativo del original. Según el propio Chaplin, la primera vez resultó mucho más divertida. Y para terminar, la canción de los títulos de crédito del comienzo fue compuesta e interpretada por el mismo Chaplin años después. 
En definitiva, sin ser una de las 5 mejores películas de Chaplin o del cine mudo, si que es un gran recordatorio de que el director inglés era capaz de realizar grandes comedias incluso con argumentos a priori simples, sin necesidad de querer contar historias más profundas, personales, o críticas.
Podéis ver la película aquí:

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jueves, 19 de diciembre de 2013

Películas - Años 40: La costilla de Adán (1949)


ADAM´S RIB 7/10

George Cukor era ya un veterano en esto del cine cuando comenzó a rodar La costilla de Adán y, por supuesto, ya tenía la etiqueta de “director de actrices” en Hollywood, donde puso a su cargo a personajes femeninos tan ilustres como Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn, Marilyn Monroe, Greta Garbo o Joan Crawford, entre otras. Su abierta y nunca ocultada homosexualidad no le ocasionó nunca problemas, porque era un hombre de contactos y los amigos no le debían de faltar, salvo en una ocasión, durante el rodaje de Lo que el viento se llevó (1939), donde se comenta que tenía que ser él y no Victor Fleming el que levase el mando absoluto, sin embargo, Clark Gable exigió su sustitución.  
Ha dejado para la memoria cinéfila grandes títulos como My fair Lady (1964) o Historias de Filadelfia (1940). Su forma de trabajar le permitió repetir en sus películas con técnicos y reparto, siendo su musa incondicional Katherine Hepburn, la considerada mejor actriz del cine clásico según  la lista del American Film Institute, cuatro Premios Oscar lo abalan, nadie ha conseguido aún esa cifra de estatuillas doradas. Siempre hubo comentarios acerca de su verdadera sexualidad y su “prohibida” relación con Spencer Tracy –él era católico y nunca se separó de su esposa- fue vista por algunos como una tapadera. No obstante, lejos de leyendas, Hepburn y Tracy fueron pareja desde 1941 hasta la muerte de él en 1967 y juntos rodaron nueve películas, la primera fue en 1942 a las órdenes de George Stevens en La mujer del año.

La costilla de Adán fue la sexta colaboración de ambos, en la que interpretaban a un matrimonio de abogados que se veían obligados a enfrentarse en los tribunales por el caso en el que una mujer es acusada de intento de asesinato de su marido y la amante de este. La guerra de sexos explotará en la sala del juzgado y en su propio hogar.
Llena de diálogos ingeniosos impregnados de un humor negro y situaciones divertidas, es una película de visionado obligado. Puro entretenimiento y perspicacia que nos mantienen enganchados durante todo el film gracias a la frescura y a la química que desprende la pareja protagonista que se baten en el duelo ficticio que nos regalará las escenas más sagaces y agudas de esta obra de Cukor. Si bien es ella la verdadera estrella de la pantalla y se muestra auténtica, Tracy no se deja tapar y nos regala momentos para el recuerdo, sobre todo en la recta final de la cinta. El entretenimiento no se verá disminuido por la reflexión que se ofrece sobre el papel de la mujer en la sociedad y sobre el amor y sus conflictos, que se presenta usando la dicotomía guerra de sexos-guerra matrimonial.

"Nunca olvidaré que a pesar de que pienses como piensas en el fondo piensas como yo"

Sin embargo, se puede considerar que La costilla de Adán no ha envejecido como debería. El germen de su temática reivindicativa bien podría ser aplicado hoy en día, no obstante, su forma de tratarlo se ha quedado obsoleta ya que se está defendiendo con su planteamiento que a la mujer se le permita errar –o cometer un delito- de la misma forma que se le permitía a un hombre y no, por el contrario, que al hombre no se le consienta errar –o cometer un delito- y es ahí donde creo que radica el principal fallo que provoca que esta cinta se vea muy lejana en el tiempo. De hecho, el final de la película hace evidente este mismo error –de la mano del personaje masculino-,  desmontándolo y tirando por tierra todo el carácter reivindicativo o la crítica social.

No obstante, esto no impedirá que disfrutemos de un clásico con mayúsculas que echa chispas con la química entre los protagonistas. Si buscas entretenimiento e ingenio, esta es tu película.  


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lunes, 16 de diciembre de 2013

Películas - Años 60: Lawrence de Arabia (1962)



LAWRENCE OF ARABIA (5,5/10)

Es con Lawrence de Arabia con la que puedo analizar uno de los casos más particulares, desde mi punto de vista, en la historia del cine, y es como con todo a tu favor, con los mejores medios, recursos, equipo, etc., te puede salir una de las películas más aburridas de todos los tiempos. Y lo siento, es únicamente mi opinión. Posiblemente alguno de los otras personas que escriben en este blog no estarían de acuerdo conmigo, pero a mi modo de entender las cosas, Lawrence de Arabia es una película más sobrevaloradas de la historia.
Catalogarla como fracaso absoluto sería un despropósito. Los Oscar, la taquilla, la buena crítica de la época, la banda sonora, la fotografía, los actores... aunque todo esto no quita para que sea una cinta aburrida y valorada en exceso, no llega a la categoría de fracaso.
El argumento, aunque parte de la interesantísima vida de un auténtico héroe, no es suficiente. T. E. Lawrence es un oficial británico, algo peculiar, que es enviado al desierto para apoyar la campaña de los árabes contra Turquía. Pronto se gana el favor y el respeto de los árabes por su entrega y dedicación a la causa, aunque al final todo su esfuerzo no sirve para nada. Después de todas sus aventuras y desventuras, muere en un accidente de moto en Inglaterra. Esto último no es un spoiler, es el comienzo de la película, ya que esta es en su conjunto un gran flashback. La vida de este hombre fue como mínimo, MUY interesante. Pero creo que la película podría haberle hecho justicia de mejor manera.
Lawrence de Arabia es una clara muestra de que la épica, mal ejecutada, es aburrida. Y me cuesta entender que un profesional de la talla de David Lean no sé de cuenta de que lo que tiene entre manos no funciona. O al menos no funciona tal y como él lo cuenta. Pero más que esto, me cuesta entender lo sobrevalorada que está la película. ¿Será porque como todas las piezas son buenas, da igual que no funcionen? No voy a darle mayor importancia de la que realmente tiene, porque como ya he dicho, es solo mi opinión. Podría estar perfectamente equivocado. Tenéis la oportunidad de corregirme a modo de comentario. Mientras, pasemos a lo que salva esta cinta.

El reparto: encabezado por Peter O´Toole, un actor desconocido al ser fichado para el papel principal por su gran parecido con T. E. Lawrence, el cual realiza en esta película su trabajo más conocido e "importante". Importante, desde luego, ya que es seguramente la película más exitosa de las que trabajó, y además como absoluto protagonista. Supondría la primera de sus ocho nominaciones al Oscar, premio que recibió finalmente de manera honorífica en 2003. Yo personalmente prefiero sus trabajos en Lord Jim (Richard Brooks, 1965) o The Lion in Winter (Anthony Harvey, 1968), pero a pesar de ello su trabajo en esta cinta es sobresaliente. En un principio el papel protagonista iba a ser para Marlon Brando, pero este lo rechazó alegando que "...tendría que estar loco para pasar dos años de mi vida subido en un puto camello." 
Peter O´Toole estuvo muy bien acompañado por Omar Sharif, Alec Guinnes (el cual participaría en las tres grandes obras épicas de Lean), Anthony Quinn, Claude Rains, o José Ferrer entre otros.
La banda sonora de Maurice Jarre, que firma seguramente uno de sus mejores y más conocidos trabajos, nos traslada musicalmente al desierto de una manera sublime e inimaginable. También resultó ser uno de sus primeros trabajos conocidos. Consiguió el Oscar, repitiendo tres años más tarde por otro trabajo con David Lean, Doctor Zhivago, y casi 20 años otra vez por una nueva colaboración con el director británico en Passage to India.

La fotografía de Fred A. Young en el desierto es de manual de escuela de cine. Ganaría el Oscar por su trabajo, y tres años después nuevamente por Doctor Zhivago donde se supera. Como curiosidad, apuntar que las escenas en el desierto eran las más complicadas, debido a que un ejército de operarios debían limpiar la arena de huellas del equipo de rodaje. También fue la toma del primer plano del abrasador sol durante unos breves segundos de las que más dolores de cabezas dio a Young. Esto era a causa de que el sol quemaba la película de la cámara, por lo que tuvieron que dibujarlo en un acetato e iluminarlo por detrás. Fue lo único que se rodó en estudio. Ya que lo demás fueron todos exteriores repartidos entre España (Sevilla y Almeria), Marruecos y Jordania.

¿Qué falla entonces en esta cinta? Todos somos mortales, y alguien quien a priori parece inmortal como David Lean, demuestra no serlo. Culpa suya es tanto los grandes momentos de la película (que los hay), como los malos (muchos!). El ritmo de la película es tedioso, inconexo... brilla por su ausencia. Y en esta ocasión la duración de la película no es su aliada como puede ser en The Bridge over the River Kwai o Doctor Zhivago. Además de un mal guión por parte de Robert Bolt  y Michael Wilson incapaz de dar más fuerza a los diálogos o escenas, alargándolas de manera extenuante. Afortunadamente los Oscar a veces son justos y premiaron a Horton Foote por su adaptación de To Kill a Mockingbird.
En total fueron 7 las estatuillas que alzó el equipo de la cinta: Mejor Película, Director, Fotografía, Banda Sonora, Montaje, Dirección Artística y Sonido.

Podéis verla online aquí:

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jueves, 5 de diciembre de 2013

Películas - Años 60: Pierrot el Loco (1965)


PIERROT LE FOU (9/10)

Jean-Luc Godard empezó con buen pie su carrera cinematográfica en 1960 cuando, después de rodar un par de cortos, presentó su primer largometraje Al final de la escapada. El tiempo le ha dado la razón y su opera prima es ahora uno de los referentes de lo que se llamó la Nouvelle vague o Nueva ola, que pretendía romper con las estructuras impuestas en el cine francés y desarrollar su propio estilo con libertad.
Pronto Godard será definido como un director muy prolífico con una sed incansable de hacer películas: desde su comienzo en 1960 hasta 1965 rodó 14 películas y dos cortometrajes. En este último año fue cuando llegó Pierrot el Loco, que nos contaba la historia de Ferdinand Griffon (Jean-Paul Belmondo) -apodado Pierrot, para su desgracia- que, cansado de su insulsa vida en París, donde está casado con una burguesa italiana a la que no ama, huye con una alocada Marianne (Anna Karina) hacia el sur de Francia, con el deseo de empezar una nueva vida en búsqueda de la libertad, pero a la vez, tendrán que tener cuidado ya que una mafia en la que estaba implicada la joven les persiguen –a veces es fácil encontrar similitudes con la pareja de ladrones Bonnie Parker y Clyde Barrow-. Será la  tercera y última colaboración de Godard con Belmondo, y la sexta y última con Anna Karina, su primera esposa, de la que se divorciará en 1967.
En un principio, esta cinta no atrajo al público, pero con los años ha adquirido la etiqueta de película de culto dentro y fuera de las fronteras francesas. Cineastas como Bernardo Bertolucci y Martin Scorsese han afirmado haber estado marcados por la libertad de expresión y técnica que lleva por bandera este film. Y no es para menos, ya que esta película es un auténtico ejercicio de libre dirección y rompe con todos los esquemas narrativos de la época.
Esto alcanza incluso a la trama de la película que supone una delirante mezcla de géneros como el drama, el romance, la comedia, el género de aventuras, el cine negro, la road-movie, el musical y la sátira y crítica social, pero ¿de qué trata realmente Pierrot el Loco? Debido a su complejidad, es probable que tenga múltiples interpretaciones. Sin embargo, bajo mi punto de vista, esta cinta recoge el amplio deseo de dos personas de vivir su amor en libertad, huyendo de los constructos sociales de la gran ciudad y la burguesía, pero que tiene en su contra la incapacidad de la pareja por seguir una misma dirección y el constante acecho del pasado en su vida.
La propia construcción de los personajes frustra desde un principio los anhelos de la pareja. Hay un constante tira y afloja entre los protagonistas que se sostiene con su amor loco, pero ¿hasta cuándo? Mientras que Ferdinand representa la dureza, la realidad y con un insaciable deseo de ser admirado; Marianne, se presume como una joven excepcional, alocada y etérea, incapaz de asentarse y con unas incesantes ganas de vivir la vida, el ahora, porque mañana podría estar muerta. Por eso, mientras vemos el film, puede que se nos cruce la siguiente pregunta: “¿Hasta cuándo aguantará Marianne con Ferdinand? Ella es demasiado libre y excepcional como para estar con él”. Esta diferencia de personalidades y de actitudes se hará evidente a  lo largo de la cinta, tanto en sus escenas -¡Cuántas veces intentará Pierrot retener a Marianne para que no se vaya al baile!-, como en sus diálogos. Sin embargo, el amor también se percibe.

“Me hablas con palabras y yo te miro con sentimientos”

Jean Paul Belmondo, apodado el hombre más feo del cine francés, saca a relucir toda su extraña sensualidad -¿acaso alguien fuma con el estilo con el que él lo hace? Si acaso, Bogart y Mastroianni están a su nivel- y Anna Karina se muestra enigmática, pero a la vez lo suficiente segura para dotar a Marianne de una fuerza inaudita, demostrando que su personaje no es una princesa frágil que tenga que ser rescatada, sino que es un auténtico ciclón que arrastra a Ferdinand, ella es la valiente. Godard rompe con la fantasía masculina de superioridad y control absoluto, será Pierrot quién tema perder a Marianne y no al revés, aunque ambos se amen profundamente y sea Marianne la que crea que Pierrot no le corresponde en sus sentimientos.
Godard llena esta película con situaciones ilógicas, críticas a las guerras de Vietnam, Argelia o Yemen, un reproche a la burguesía y a la decadencia de la sociedad por culpa de la publicidad –viviendo en la sociedad del culo-. Todo ello con el uso de humor fino e inteligente y, a menudo, en un tono de sátira. Además, habrá múltiples referencias culturales: tanto pictóricas, como literarias, filosóficas o cinematográficas e, incluso, a colación de esto último, el director dejará en boca de un pequeño personaje -interpretado por Samuel Fuller a modo de cameo- una reflexión sobre qué representa el séptimo arte: “el amor, la muerte, el deseo, la violencia en una palabra, emociones”. Además de por alusiones, el guion estará marcado por esa libertad que inunda toda la película, pero recogerá geniales diálogos y situaciones que serán imposibles de olvidar y que recogen un torbellino de sentimientos opuestos que se conectarán perfectamente, tal y como lo hacen las personalidades opuestas de nuestros protagonistas. Todo el delirio de Godard alcanza el cenit en su final, que llega como la profecía de Casandra, satírico y mordaz.
Con una fotografía obra de su inseparable Raoul Coutard, el cromatismo jugará un gran papel en el film. La pantalla se inundará de colores azules cielo, personificados en el personaje de Pierrot; y de rojo sangre, que representará Marianne –el blanco aparecerá como intermediario creando la similitud con la bandera gala-. Otros colores primarios como el amarillo o el verde acompañarán y darán su juego en esta estética cuidada, bella y muy visual. Los paisajes del sur de Francia, con sus playas y su cielo despejado y soleado pondrán el resto.

Pierrot el Loco, es el ejemplo de como el argumento de una cinta puede carecer de total importancia y convertirse en un simple MacGuffin, para dar cabida al desarrollo de los personajes en torno a la idea del amour fou y la búsqueda libertad del ser. Una oda magnífica a la expresión latina carpe diem y una auténtica obra maestra.

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martes, 3 de diciembre de 2013

Películas - Años 50: Cantando bajo la lluvia (1952) II


SINGIN´IN THE RAIN (9/10)

“I'm singing in the rain
Just singin' in the rain 

What a glorious feeling 

I'm happy again…” 


¿Quién no ha tarareado esta sintonía alguna vez en su vida? ¿Quién no ha deseado bailar con las farolas bajo la lluvia imitando a Gene Kelly? Más de una vez, en una mañana con un despertar eufórico, me he sorprendido cantando Good morning, It's great to stay up late…”. Es curioso pensar que cuando estas ideas invaden nuestra cabeza es porque, lo más seguro, nos sintamos felices. Y es que si de algo puede presumir Cantando bajo la lluvia es de ser una película que transmite felicidad y optimismo, además de ser un clásico de altura y de gran calidad que todos debemos ver alguna vez en nuestra vida.

Dirigida por Stanley Donen –Siete novias para siete hermanos (1954), Charada (1963)- y el propio Kelly –uno de los actores clásicos más guapos y con más talento-, que ya habían trabajado juntos anteriormente en Un día en Nueva York (1949) y repetirían experiencia años después en Siempre hace buen tiempo (1955). Juntos firman este musical, uno de los mejores de la historia sin lugar a dudas y que será capaz de hacernos reír con sus ingeniosas escenas, hacernos bailar y
cantar a ritmo de claqué e incluso emocionarnos con las escenas más románticas. Porque Cantando bajo la lluvia engloba dentro de sí una cantidad de temas que giran en torno a la trama principal: el paso del cine mudo al sonoro y el trauma que llevó consigo -una trama que adaptó con gran éxito hace pocos años The Artist (2011), pero adoptando, curiosamente, el carácter de película muda-. El argumento se centra en un joven pero afamado actor, Don Lockwood (Kelly), que hace una pareja profesional perfecta con Lina Lamont (Jean Hagen), pero con la llegada del sonido su tándem se tambalea. Para más complicaciones, aparecerá la aspirante a actriz Kathy Selden (Debbie Reynolds) que conquistará el corazón de Lockwood y sacará de quicio a Lina.
El reparto brilla en pantalla con luz propia y las canciones y bailes ponen la guinda a una película que triunfa por su sencillez, pese al duro trabajo que hubo detrás –a Debbie Reynolds le sangraban los pies, Donald O’Connor se tuvo que tomar unas semanas de descanso tras el rodaje de la secuencia de  "Make 'em Laugh" y Gene Kelly grabó la famosa escena cantando bajo la lluvia con fiebre-. De un guion redactado a partir de las letras de las canciones, y no al revés, se sacan diálogos audaces que forman una historia que atrapará al espectador desde las primeras escenas. Si la puesta en escena es sublime, el final es apoteósico y, entre medias, el nivel no decae en ningún momento.  
Lo mejor de Cantando bajo la lluvia recae en esa sensación de felicidad que te deja nada más acabar de ver la película, una cinta optimista y divertida que te obliga a reír y, además, que permanecerá en nuestro recuerdo para siempre ya que, cuando estemos felices, de repente, una sintonía aparecerá en nuestra cabeza: I'm singing in the rain…”.

Podéis ver la películas online aquí:


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lunes, 2 de diciembre de 2013

Películas - Años 40: Recuerda (1945)


SPELLBOUND (3/10)

La diferencia de realizar una crítica de una película clásica y una actual, es que las cintas de hoy que vemos pueden ser malas o buenas, ya que no sabemos como van a ser. No tenemos mucha información previa salvo un par de comentarios de críticos de cine que a veces piensan demasiado en ellos y no en el público. Mientras que las clásicas, son todo lo contrario. Tenemos una gran cantidad de opiniones que nos pueden guiar o servir de referente sobre si seguir adelante y ver esa película o no. Se han escrito libros, incluso hecho películas sobre la misma. Hay cintas clásicas terribles, claro que si, pero ya lo sabemos, así que no las vemos. Las películas que nos han llegado de dicha época, o las más conocidas, son aquellas que triunfaron en su momento, recibieron buenas críticas, premios, o que fueron infravaloradas y han sido rescatadas del olvido. 

Yo estoy abierto a ver todo tipo de cine, y si una película clásica está considerada como "mala", pues la veo de todas maneras esperando confirmar dicha teoría o sorprenderme. Rara vez hago esto último. Pero cuando veo una película que es considerada "buena", y no lo es, pues me decepciona.
Esta va a ser la primera crítica negativa que realice en este blog. Y de hecho no va a ser la última. Muchos no vais a estar de acuerdo. Algunos no opinaréis como yo sobre esta película, ya que realmente os gusta y fascinta (y yo lo respeto); y luego estarán los que no estén de acuerdo conmigo únicamente porque es una película clásica y además de Hitchcock (estos últimos espero que seáis los mínimos posible, porque dichos argumentos no me valen).
La cinta en cuestión, como ya habéis leído en el encabezado, es Recuerda, Spellbound en la versión original, y nos narra la relación que se establece entre la doctora de un psiquiátrico (Ingrid Bergman), y el nuevo, y apuesto, director del centro (Gregory Peck). La primera tiene como única meta en la vida ser más fría que el hielo y perfecta que la perfección, hasta que por supuesto, se enamora del atractivo nuevo director del psiquiátrico, y entonces le cuesta imaginar otro uso al diván que el más divertido. Mientras que él da muestras de una conducta poco alejada de la que imaginaban sus doctos colegas de alguien de su reputación. Tras entablar relación con la chica, que eso en una película clásica son un par de besos apasionados con los que quedas casi comprometidos de por vida, pierde el sentido, descubriendo poco después que no es el doctor, que quizás le haya asesinado, y que no recuerda nada de nada. Se fuga antes de que la policía pueda echarle el guante, y por supuesto, ella le sigue. Está enamorada de él, y quiere ayudarle a recordar su pasado. Este es quizás el único apunte interesante de la cinta, la problemática de la psiquiatra de tratar a un paciente del que está enamorada, aunque esto tampoco llegue a salir a flote. No hay por donde coger la película. 
La pésima actuación de Gregory Peck (que creo jamás entendió lo que Hitchcock quería de él), lo absurdo de la historia y el guión, el personaje de Ingrid Bergman (más propio de Joan Fontaine), o que en realidad nadie creía en este proyecto, salvo Dalí con los decorados que aportó simulando el mundo onírico de los sueños. La historia trata del mundo del psicoanálisis y sus vertientes más exageradas. Parece que eso fue lo que enganchó a Hitch antes incluso de leer el guión, porque otra explicación no tiene. A no, espera... ¿puede que Alfred fuera humano y metiera la pata con esta cinta? Es una posibilidad. Pero como es una película de Hitchcock, tiene que ser buena por huevos. Y no es así. 
Dicho queda.

Podéis ver la película online aquí:


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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Películas - Años 20: El Héroe del Río (1927)


STEAMBOAT BILL, JR. (8,5/10)

Buster Keaton era la gran estrella de la comedia a comienzos de los años 20 junto a Charles Chaplin. Todas sus películas eran éxitos de crítica y público. Pero entre el británico y él había una gran diferencia. Mientras que Chaplin había arriesgado contando historias más personales, más alejados de la simple comedia, Keaton seguía haciendo lo que público quería. Keaton deseaba llegar a los espectadores de la misma manera que Chaplin, haciendo uso de su propio talento, además de poder llevarlo a cabo como él quisiera. El intento se tradujo en The General, y el resultado, fue un desastre.
The General fue (aunque cueste decirlo) un fracaso de crítica y público. Una más en la lista de innumerables obras maestras incomprendidas de su tiempo. Tras esto, Keaton tuvo que volver a realizar las películas que el público continuaba demandando. Las que llevaba haciendo toda su carrera. Pero es que a esto se uno la llegada del cine sonoro, a lo que Keaton se negó. Estamos hablando de una persona, que al contrario que Chaplin, siempre estuvo a favor de todos los adelantos técnicos en el séptimo arte, y sin embargo, también estuvo en contra de que las películas fueran sonoras, ya que en su caso, el tipo de películas que realizaba tenían más que ver con la acción que con la historia (y a pesar de ello hay gran cantidad de gags que son parte de la historia, y no propiamente de la acción que transcurre en ella como una caída, un golpe o una carrera). El "no me echen la culpa si pierden la guerra" en The General es uno de los mejores gags de la historia, y es puro "guión", pero aún así, Keaton se decantaba por el cine mudo.
Por lo que, tras el tropezón de The General, el famoso actor/director/productor/guionista/etc... se pone manos a la obra con películas que le ayuden en su delicada situación económica, y a volver a grajearse el favor del público. Tras las aceptables Battling Batter (Buster Keaton, 1926) y College (James W. Horne, 1927), Keaton realiza en 1927 su penúltima gran película del cine mudo, Steamboat Bill, Jr.
En esta ocasión, Keaton es el hijo débil e inútil del duro propietario de un viejo barco fluvial de transporte. Este no ha visto a su hijo en años, por lo que cuando recibe la noticia de su llegada, imagina a un joven completamente distinto. La decepción se hace latente nada más encontrarse en la estación. Como si esto no fuera suficiente, el joven se enamora de la hija del competidor del padre, algo a lo que ambos progenitores se negaran, evocando una vez más una de las obras más famosas del dramaturgo inglés, William Shakespeare. Tras la decepción de no haber encajado, Buster ha de marcharse del pueblo ante el rechazo de su padre, hasta que este es detenido. El hijo pródigo tratará de sacarle de prisión, justo antes de que una violenta tormenta estalle y ponga en peligro la vida de todos.
No estamos ante la mejor película de Buster Keaton, pero desde luego es una de ellas. Con esta cinta, Keaton se reafirma ante su público, recordándoles que aún sigue ahí dispuesto a jugarse la vida en una escena para impresionarles. Da igual que se arroje al suelo haciendo fuerza con el cuello (y que este no se rompa), que luche contra un ventilador gigante (el cual simula la tormenta), o que deje que le arrojen una la pared de un edificio encima. Él es capaz de hacer de todo.
Hay dos detalles sobre los que os quiero hablar, y que seguramente os permitirán entender al Buster Keaton post-the general de una forma más clara.
Para empezar, Keaton deseaba volver al tipo de cine que le había dado la fama, pero no quería dar marcha atrás reafirmando el fracaso de su Obra Maestra. Debía volver a lo de siempre, pero de una manera distinta. Necesitaba alterar algo propiamente suyo para que se notase la diferencia. No iba a sonreír. Su cara era su emblema. Esto requería de algo menos drástico, a la par que simbólico, por lo que decidió deshacerse del sombrero. Es por eso que vemos una escena en la película en la que su personaje va junto a su autoritario padre a una tienda de sombreros. Allí se prueba más de una docena a cual peor, y es un momento en que el padre no mira cuando el dueño de la tienda le coloca irritado su mítico sombrero bajo de paja. Keaton se mira al espejo y con claro desprecio se lo quita. Es una reacción magnífica a como Keaton no es el de antes.
Y por supuesto, sería un terrible error hablar de esta película y no mencionar su escena más conocida. De hecho, puede que hasta sea la escena más conocida de toda la filmografía de Keaton.


El personaje de Keaton acaba de escapar de la cárcel y se encuentra en mitad del desastre natural en plena acción. Los fuertes vientos están asolando la ciudad y ante su paso solo encuentra destrucción. Edificios viniéndose abajo, objetos voladores por todas partes. Y es mientras que Keaton se está recuperando de la caída de un hombre obeso en su espalda en frente de un edificio, la fachada de este cae frontalmente traspasando a Buster por el diminuto hueco de la ventana superior. Unos pocos centímetros y le habría costado la vida. No solo al personaje, sino al actor. Y es que la pared era auténtica. El propio Keaton preparó la escena (algo habitual en sus películas). Estamos ante seguramente la escena más peligrosa de toda su carrera. Y sobre esto hay varios rumores. En palabras de su tercera mujer (Eleanor Keaton), la estrella vivía una constante presión debido a su situación financiera, por lo que estado de ánimo estaba por los suelos. Llegaban a pensar que la idea del suicidio le acompañaba. Keaton necesitaba el dinero, necesita realizar esta película, y necesitaba hacer esa escena... La otra teoría es quizás la más verosímil, y es que Keaton realizó este tipo de escenas toda su vida. Era un hombre que buscaba un reto continuo. Cuando más arriesgado y complejo mejor, sino mirad la escena de la pelea final en The Cameraman.
(La histórica escena desde otro punto de vista)
La película fue bien recibida por crítica y público. Era su primer éxito desde Seven Chances (Buster Keaton, 1927). Pero las cosas no le iban a seguir yendo bien durante mucho tiempo. De hecho, únicamente se trataba de un ligero rayo de sol en lo que sería su caída.

Aquí podéis ver la película completa:

@solocineclasico

viernes, 15 de noviembre de 2013

Películas - Años 50: La Tentación Vive Arriba (1955)


THE SEVEN YEAR ITCH (7/10)

Cuando hace tanto calor como hoy, ¿sabe lo que hago?, 
meto mi ropa interior en la nevera.
Resulta  curioso las oportunidades que te deparan la vida. Antes de 1954, un director como Billy Wilder era más conocido por sus películas dramáticas o de misterio, que por sus comedias. Había realizado pocas de esta como director, aunque en todas sus películas vemos una importante carga de humor cínico. Casi todo su humor estaba en sus trabajos como guionista. El éxito le había venido por películas como Double Indemnity, The Lost Weekend, Sunset Boulevard o Stalag 17... es por eso que el citado año, Wilder decide estrenar una comedia con dos grandes estrellas del momento y la que se convertiría poco después en una de los dos mayores iconos femeninos de la historia del cine, Audrey Hepburn. Sabrina se convierte en todo un éxito, por lo que el destino se cruza en el camino de Wilder y consigue escribir y dirigir una nueva comedia romántica con el otro mayor icono femenino de la historia del cine, Marilyn Monroe.

La película sería la adaptación a la gran pantalla de otra afamada obra de teatro, en este caso, The Seven Year Itch. La historia transcurre en el caluroso New York, Richard Sherman ha de permanecer en la ciudad por trabajo, por lo que envía (como gran parte de la población masculina) a su esposa e hijo a un pueblo de costa para disfrutar de las vacaciones de verano. Solo en la ciudad, Richard tratará de superar la constante tentación femenina que habita en su prodigiosa, y hasta preocupante, imaginación. Todo irá relativamente bien hasta que conozca a una joven modelo que ha alquilado el piso superior al suyo por unas semanas, y de la que se enamorará perdidamente.
Podemos hacernos una idea de quien interpreta a dicha modelo, ¿no? Pues empecemos primero hablando del responsable de dar vida a Richard Sherman, y luego pasamos con Marilyn. Para este papel, Wilder tomó una decisión arriesgada a la par que lógica, dar el papel protagonista a un actor desconocido para el público de la gran pantalla. Solo algunos con buena memoria le recordarían de Adam´s Rib (George Cukor, 1949), y ni aún así. Pero aquellos que conocieran la obra de teatro, sabrían que Tom Ewell llevaba representándola en Broadway durante tres años, ganando además un Tony. El riesgo venía en que Ewell aparecé constantemente durante los 105 minutos de película, mientras que Marilyn aparece menos de la mitad. El gran atractivo de la película era ir a ver la "mejor y más sexy comedía romántica en años" con Marilyn Monroe, pero el rol de ella no tenía comparación con el de Ewell. Y si es verdad que Norma Jean se come a Ewell en las escenas que comparten, el trabajo del actor es encomiable. Wilder necesitaba a quien mejor pudiese interpretar un papel tan especial, y complejo, como el de Richard Sherman, por lo que la decisión fue la más acertada. Podría haber hecho lo mismo dando el papel de Marilyn a Vanessa Brown, protagonista original en Broadway, pero entonces adiós a la película. Mas no penséis mal, en The Seven Year Itch asistimos al que puede ser perfectamente el mejor trabajo de Marilyn de su carrera.
A todos se nos llena la boca con Marilyn en Some Like It Hot, conque fue su mejor trabajo, su mejor actuación, su mejor papel de comedia... no debería discutir años de historia de cine, pero lo voy a hacer. No estoy de acuerdo. La limitación a la que se veía sometida Marilyn con el tipo de papeles que recibía propició que en la mayoría de sus trabajos conocidos diese vida a rubias tontas y sexys, aunque gracias a que fue una actriz enorme, siempre supo dar algo más a su papel. Algo misterioso y divertido que conseguía convertir a una rubia tonta y sexy, en una rubia sexy e interesante, no tonta. Sus comentarios, su forma de tratar el papel conseguía que no viésemos a una chica tonta, sino más bien ingenua, inocente, aunque resultándonos imposible saber hasta que punto. En la segunda película en la que trabajó con Wilder no veo atisbo alguno de lo que acabo de decir. En esa película es sencillamente tonta del culo, no da para más, rubia sexy tonta. Sin embargo en The Seven Year Itch no es así. En mi opinión, su mejor trabajo junto a The Prince and the Showgirl (Laurence Olivier, 1957) y The Misfits (John Houston, 1961).
Pero la película ha pasado a la historia por otros motivos además del gran trabajo de la pareja protagonista y de su director, y es por una escena. Apenas unos segundos que marcaron a toda una generación y que hoy es una de las escenas más famosas de la historia. Se trata de Marilyn pasando por encima de una reja de ventilación del metro que levanta su vestido y ella cubre, aunque dejando ver parte de sus hermosas piernas. Estos pocos segundos tienen historia, ya que para empezar supusieron el fin del matrimonio de Marilyn con Joe DiMaggio, que estaba totalmente en contra. La escena se rodó en Lexington Avenue, NY, junto a un excitado y alborotado grupo de espectadores. Debido al jaleo, tuvieron que rodar nuevamente la escena en un estudio. La escena está basada en un cortometraje de apenas 80 de 1901 en el que vemos como una mujer que pasea por la calle sufre el mismo "incidente" que Marilyn con una rejilla por la que sale aire. 
Y como curiosidad, los técnicos de la película se pelearon para decidir quien sería el afortunado que accionase el ventilador que debía colocarse por debajo de la rejilla para levantar el vestido a Marilyn.
A pesar de esta conocida y provocativa escena, la película sufrió de la censura por el alto contenido sensual y polémico de la historia. Para empezar, en la obra de teatro, Sherman mantiene relaciones sexuales con la modelo, mientras que la película se limita a los escesos imaginativos del personaje. Algunos de los comentarios de la película rompían con los códigos de la época, por lo que tanto Wilder, como el autor de la misma y co-guionista, George Axelrod, han afirmado en numerosas ocasiones que realizaron la película bajo la presión de la censura.
Hay un detalle que me encanta, y es ver a Robert Strauss en un pequeño papel en otra cinta de Wilder. ¿Quién es este hombre? Pues sencillamente uno de los mejores personajes de otra gran película del genio austríaco, "Animal" en Stalag 17. No me pidais la razón, es que me encanta ese actor.
La película fue un éxito de crítica y público, consiguiendo el Globo de Oro para Tom Ewell y una nominación a la Mejor Actriz Extranjera en los Bafta para Marilyn.


@solocineclasico

domingo, 10 de noviembre de 2013

Películas - Años 50: La Reina de África (1951)


THE AFRICAN QUEEN (8,5/10)

Jamás pensé que una experiencia física pudiera ser tan emocionante.

Afortunadamente contamos con una gran cantidad de géneros en el séptimo arte destinados a todo tipo de público. Y digo afortunadamente, porque no todos estamos hechos para lo mismo. Los hay que han envejecido mejor que otros, y lo respectivo al que mezcla aventuras y comedias, podemos decir que durante el cine clásico se hicieron auténticas joyas. La película de hoy es uno de los mejores referentes a lo que acabo de exponer.
A principios de los 50 encontramos a cuatro personajes en Hollywood con diferentes necesidades. La providencia hará que se unan para dar vida una de las películas más míticas de la historia. Estas cuatro personas eran Sam Spiegel, John Huston, Humphrey Bogart y Katharine Hepburn. El primero, productor, buscaba un éxito con el que salir de su apurada situación económica; el director deseaba realizar una película con la que salir de la mediocridad artística; Humphrey participar en una gran producción; y Hepburn sencillamente participar en una película que no fuese un fracaso económico. Todos creían en el potencial de la película por lo que el propio Spiegel les vendió. Lo que no sabían es que la novela de 1935 de C. S. Forester, The African Queen, llevaba cambiando de mano en Hollywood desde hacía años. Ninguna productora la quería. Ninguna le veía potencial. La Warner llegó a comprar los derechos pensando en Bette Davies y David Niven, para nada... Pero una vez que Spiegel vio el filón comercial a la historia de un marinero borrachín y una puritana misionera en Africa que descienden por el río Ulanga hasta el lago Victoria en un pequeño barco llamado "La Reina de África" para hacer volar un navío alemán con un torpedo casero durante la primera guerra mundial, convenció a los otros tres y se hizo con los derechos para llevar a cabo la película. Ambos actores estaban entusiasmados con el proyecto. Houston algo menos, ya que sólo pensaba en ir a cazar un elefante durante el rodaje. Su estilo duro e indisciplinado haría enfurecer a Hepburn en más de una ocasión. Todo comenzó con la elección de las localizaciones de rodaje. En vez de usar los cómodos estudios de Londres, Houston se decidió a ir a rodar gran parte de la película en mitad del Congo Belga a pesar de los peligros propios del entorno como los animales, las enfermedades, o el clima... y es que como ya habíamos dicho antes, quería cazar un elefante. Un viaje de miles de millas en el interior de uno de los países más salvajes del mundo intercalando aviones, barcos y automóviles. Podríamos decir que el rodaje de la película fue más épico en si que la propia película. Nada más aterrizar el avión en Stanleyville (Congo Belga) donde iban las estrellas y parte del equipo, pocos se sorprendieron no ver allí a Houston esperándoles, ya que se acababa de ir de caza. Sólo Hepburn se indignó con esto. 
(John Houston preparándose para una de sus escapaditas)
Miss "veneno para la taquilla" empezaba a ser conocida, y no únicamente debido a su propia fama, sino a su fuerte personalidad, ya que obligó a todos los miembros del reparto a cumplir unas tajantes normas de higiene, lo que propició innumerables bromas por parte de Bogart y Houston. Todo esto no evitó que la actriz enfermase como todos los demás. Hay una escena en la que se la ve tocado el órgano, al principio de la película. Pues bien, a su lado había un cubo por si necesitaba... usarlo. Bogart y Houston se partían de risa, ya que fueron los únicos que no enfermaron durante el rodaje debido a que no probaban el agua. Únicamente se hidrataban con whisky. Esto les permitió trabajar más seriamente en el papel de Bogart. El director le estaba pidiendo al actor dar vida a un personaje que nada tenía que ver con el actor. Es un hombre de carácter débil. Ni muy inteligente, ni muy simple. Algo infantil, torpe, pero valiente. En ocasiones debía parecer cobarde e inseguro, y en otras tranquilo y decidio. A Bogart le llevó un tiempo entender a su personaje. Ni él ni su querida joven esposa, Lauren Bacall, la cual acompañó a Bogie al rodaje, daban con la tecla. Hasta que finalmente este comprendió a la perfección a su personaje. El resultado fue uno de los Oscars más merecidos de la historia del cine.
Hemos de repartir los méritos de esta gran película. Sam Spiegel por sacar adelante esta película y ser el alma del proyecto; a Houston por su innegable calidad artística y su perfecto control de los personajes y la historia (aunque no tanto de la producción); a Bogart y Hepburn por hacer lo que se les daba tan bien en uno de los rodajes más duros y peligrosos de la historia; y ¿algo más? Desde luego, ya que una de las principales razones de que nos encontramos ante cinta única es su magnífico guión, obra de James Agee (también guionista de La Noche del Cazador) con la colaboración de John Houston y el propio Spiegel. Podríamos decir que la magia de esta cinta recae en la perfecta y radiante química de los dos actores principales. Esto se debe a lo bien definidos que están los personajes en el libreto. Charlie Allnut, un marinero cuarentón  y borrachín con una personalidad algo infantil y entrañable, junto a Rose Sayer, una auténtica misionera solterona de alta cuna que acaba de perder a su hermano pero que no por ello va a perder la compostura y los buenos modales. La primera guerra mundial acaba de estallar. Alemania está en guerra con Inglaterra, por lo que Charlie convence a Rose para que se escondan con su barco hasta que todo haya pasado, aunque es esta la que le convence para fabricar un torpedo casero y volar un navío alemán en el lago Victoria. Lo más sorprendente no es esto, sino que él accede.
(Bogart y Hepburn en una de las muchas y geniales instantáneas de Eliot Elisofon)
Ya desde la primera escena somos testigos de dos personalidades completamente distintas. Mientras que a Bogart le rugen las tripas tomando el té con ella y su hermano. Ella trata de disimular, pero este no se corta : "Vaya con mis tripas, me rugen  como si tuviera dentro una hiena". Pues imaginad a dos personajes tan opuestos metidos en un diminuto barco durante cientos y cientos de millas. Es una genialidad.
-¿Echa de menos su país?
-Sí, sobretodo las tardes del domingo: la paz, la tranquilidad...
-Yo las tardes de los domingos las pasaba durmiendo la mona.
Por supuesto acabarán locamente enamorados por lo de que el roce hace el cariño y porque dos personas tan distintas no podían acabar de otra manera. Él acabará comportándose como un casi perfecto caballero, mientras que ella mostrará su carácter más salvaje y vivo. Dos almas antagónicas que confluirán en un romance entrañable. 
Una película que no os podéis perder.

P.D.: Os recomiendo ver Cazador Blanco, Corazón Negro (Clint Eastwood, 1990)
@solocineclasico

jueves, 7 de noviembre de 2013

Los 10 actores más guapos del Cine Clásico

Esta web estaría coja si existiese un top 10 sobre las actrices más hermosas del Cine Clásico y no existiese su complementario masculino.
"¡Ya no hay hombres como los de antes!", es la típica frase que suelo soltar cuando me pongo cine clásico y aparece en escena el galán en cuestión. Más elegantes, más rebeldes, más todo... ¿quién no se dejaría conquistar por la caballerosidad de Cary Grant en cualquiera de sus películas? ¿o quién no se perdería en el humo del cigarro que fuma Marcello Mastroianni? Ninguno de los dos forma parte de este top, pero podrían haber estado.
Esta no es una lista objetiva ya que está basada en mi gusto y mis preferencias, pero seguro que coincidimos en más de un seleccionado, aunque quizás el orden sería alterado por cada persona a su estilo o quitaría a uno para poner a otro. Por ese motivo, desde aquí invito a la opinión y a que elaboréis vuestro propio top en vuestros tiempos muertos, que además es algo que resulta muy divertido.
Aquí os dejo mi lista por orden de preferencia:

01. James Dean (Estadounidense)

Cualidades: Mi eterna debilidad desde que le vi con camiseta blanca y chupa roja en Rebelde sin causa, era algo más que una cara bonita, tenía una esencia diferente y únicaSu mirada perdida junto con su tímida sonrisa le daban ese aire rebelde y misterioso que tan famoso le hizo y que tan bien supo aprovechar en sus papeles. Le podrán imitar, pero nadie será tan genuino como él. Murió joven y dejó un bonito cadáver.
Te enamoras de él en: Rebel Without a Cause(Nicholas Ray, 1955)




02. Paul Newman (Estadounidense)

Cualidades: En dos palabras: ojos azules. Y no unos ojos azules cualquiera, los más bonitos de Hollywood. Se le puede sumar un rostro encantador con una sonrisa perfecta, pero no es necesario decir más. Cuando Paul Newman aparece en escena, se come la pantalla, ¿alguien puede apartar la vista de él? Fuera de la pantalla formó uno de los matrimonios más estable de Hollywood junto con Joanne Woodward, lo que hacía de él un romántico...y a mi, me chiflan los románticos.
Te enamoras de él en: The Hustler (Robert Rossen, 1961)





03. Marlon Brando (Estadounidense)

Cualidades: Su cara y su cuerpo solo dicen una cosa, sexo. Posee una de las bellezas más brutales y agresivas de todos los actores de cine clásico. Sus papeles de chico duro pusieron el resto.
Te enamoras de él en: A Streetcar Named Desire (Elia Kazan, 1951)




04. Elvis Presley (Estadounidense)

Cualidades: Un movimiento de pelvis bastaba para hacer gritar a un millón de mujeres –y seguro que a más de un hombre- por eso quizás se convirtió en una perita en dulce para la industria de Hollywood, que no dudó en contratarle como actor. El Rey del Rock se especializó en películas muy básicas que le servían para cantar sus canciones y seguir enamorando. Tupé siempre perfecto, cara angelical, ojos verdes, labios carnosos... ¿alguien da más? 
Te enamoras de él en: Loving you (Hal Kanter, 1957)




05. Montgomery Clift (Estadounidense)

Cualidades: Otro actor con esencia de maldito y aire misterioso. Con una belleza evidente de ojos grandes y mandíbula cuadrada y que murió prematuramente. ¿Qué tendrán los atormentados que a todos nos enamoran?
Te enamoras de él en: A Place in the Sun (George Stevens, 1952)



06. Warren Beatty (Estadounidense)

Cualidades: Hay actores que, pese a que les veamos envejecer, nunca pierden ese encanto que tenían en esas grandes cintas de cine clásico. El ejemplo de Beatty es claro: desde El esplendor en la hierba es imposible borrarlo de la memoria romántica. Uno de los actores más guapos de la última etapa del cine clásico.
Te enamoras de él en: Splendor in the Grass (Elia Kazan, 1961)





07. Robert Redford (Estadounidense)

Cualidades: Otro de la etapa clásica más tardía, no me extraña que todas bebiesen los vientos por él. El Brad Pitt clásico –o quizás de Brad Pitt deberíamos decir “el Robert Redford moderno”-. El rubio buenazo de las películas, galán y conquistador. Poco más que añadir.
Te enamoras de él en: Inside Daisy Clover (Robert Mulligan, 1965)





08. Gene Kelly (Estadounidense)

Cualidades: Sus dotes de bailarín y su voz ponían la guinda a este actor con la sonrisa más bonita de Hollywood. A nadie nunca le sentó un traje de marinero tan bien.
Te enamoras de él en: Singin'in the Rain (Stanley Donen, Gene Kelly, 1952)





09. Alain Delon (Francés)

Cualidades: La elegancia y la clase se mezclaban con la rebeldía que reflejaba el rostro de este enfant terrible francés, quizás por eso le comparaban con James Dean. A día de hoy sigue trabajando de forma incansable y pese que ahora las arrugas han aparecido en su rostro, sigue distinguiéndose la profundidad de sus ojos azules.
Te enamoras de él en: Rocco e i suoi fratelli (Luchino Visconti, 1960)





10. Rock Hudson (Estadounidense)

Cualidades: Siempre bien peinado y elegante, con un cuerpo que ya lo querrían muchos y especializado en papeles de “buen partido”. Un galán de los de antes que durante mucho tiempo tuvo que ocultar su verdadero ser, pero… ¿a quién le importa si prefería los caracoles a las ostras? Mirar es gratis.
Te enamoras de él en: Giant (George Stevens, 1956)





Hasta aquí esta lista. Son guapos, ¿verdad? Como decía al principio os invito a comentar y a que elaboréis vuestro propio top, ¿alguien que añadir?

@Peripecias58
@solocineclasico
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