lunes, 9 de mayo de 2011

Películas - Años 30: Sin Novedad en el Frente (1930)



ALL QUIET ON THE WESTERN FRONT (10/10)


"Este relato no es una confesión ni tampoco una acusación, y mucho menos
una aventura, ya que la muerte no es ninguna aventura para quien se enfrentan
a ella cara a cara. Sencillamente trata de hablar de una generación de hombres a
quienes a pesar de haber escapado de las bombas, la guerra destruyó."


Creo que estamos ante una de las tres piezas que forman el triunvirato de grandes películas bélicas de la historia. El nombre del género es bélico, pero muchos lo llaman anti-bélico, y suele ser así. La gran mayoría de las películas bélicas (salvo las propagandísticas) suelen serlo, ya que muestran los horrores de la misma.
All Quiet on the Western Front, Paths of Glory y The Thin Red Line. Yo a esta tres cintas prefiero llamarlas pro-humanas, y es porque muestran sin pudor ni adorno, con toda su crudeza, y también belleza, lo bueno y lo malo del ser humano en un conflicto bélico.
La cinta de Malick muestra la unión entre la vida, la naturaleza, la tierra, lo bello y la destrucción. La de Kubrick denuncia el poder del alto mando y la indiferencia de este sobre el inferior. Sin Novedad en el Frente es una de las pioneras en mostrar, no solo los horrores de la guerra con un realismo impropio para época, sino en plasmar la decepción y el engaño que sacudió a los hombres que lucharon sin recordar muy bien por qué, para qué o para quién.

La acción comienza en un pueblecito de mi amada Alemania donde los soldados desfilan por las calles mientras que un vigoroso profesor hace una candente proclama sobre el patriotismo aleman, y el deber de los hombres de defender su país y dar la vida. Sin duda alguna es una escena muy importante para la película, sino tanto por la forma, como por el contenido.
Los jóvenes corren a alistarse con ensoñaciones y fantasías. Por fin visten los mismos trajes que los hombres a los que admiran. De un momento a otro se han convertido en hombres... y no es el principio de la madurez, sino el final de la infancia.


Nada más llegar al frente se dan cuenta de lo que es en realidad. Hambre, cansancio, suciedad, miedo, desengaño, locura... roban comida, tiemblan de miedo ante las balas enemigas, pierden los nervios por los incesantes bombardeos, contemplan como miles de enemigos corren hasta ellos entre el fuego de las ametralladoras y las bombas.
Paul, el protagonista, va perdiendo poco a poco a todos sus amigos y su carácter se vuelve mucho más duro e indiferente. Para ello contamos con una magnífica escena que nos devuelve casi al principio de la película, donde un destrozado Paul retorna a su pueblo y va a visitar a su maestro, que sigue comiendo la cabeza a sus alumnos sobre lo bello de la guerra y el morir por tu país; el maestro pide a Paul que corrobore sus palabras con su vivencias personales. El joven no puede más que decir la verdad, explicar lo asqueroso del asunto, y admitir que no hay gloria, solo ratas y muertos. Al poco ve que eso ya no es para él, no puede seguir con personas que viven ajenas a lo que realmente ocurre en el frente.

Estamos ante una de las grandes joyas del cine. Su director Lewis Milestone consiguió un producto digno de estudio. Para empezar, el realismo. Usaron como asesores en el diseño de producción a veteranos alemanes de la primera guerra mundial. Las fidedignas recreaciones de las trincheras obligó a las autoridades sanitarias a mandar un equipo de inspección. El montaje y los movimientos de cámara sigue a los soldados en las mejores escenas de lucha por el embarrado campo. El hecho de que los protagonistas no fueran estrellas ayuda por un lado a la identificación con los personajes y al no poner una cara en concreto a los jóvenes que lucharon en dicha guerra.


La película ganó el Oscar a Mejor Película y Mejor Director.

Setenta años después, la cinta sigue estando a la altura de las más modernas producciones bélicas, y en la mayoría de los casos, por encima.


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