martes, 22 de marzo de 2011

Películas - Años 50: Un condenado a muerte se ha escapado (1956)



UN CONDAMNÉ À MORT S´EST ÉCHAPPÉ (9/10)

Si mi madre pudiera verme...

Las obras maestras lo son, además de porque lo reconocemos con parcialidad, porque nos gustan; y siempre he creído que hay dos tipos. Las que se sustentan en una historia buena, original, compleja y bien hecha; o las que tienen una historia más simple pero mejor narrada y/o dirigida. La película de hoy pertenece al primer tipo. Pronto entenderéis la razón.
Nos situamos en plena segunda guerra mundial. Fontaine (François Laterrier) es un joven perteneciente a la resistencia francesa durante la ocupación alemana del país. Ha sido capturado y es llevado a la prisión de Fort Montluc, Lyon. Desde el primer momento se suceden diferentes intentos de fuga, aunque todos ellos en vano. Ya en prisión, su única motivación continua siendo la evasión, por lo que pronto comenzará a planear dicha fuga con la mayor sangre fría posible. Seremos testigos de cada uno de los pasos que dará Fontaine hasta llegar al momento decisivo.
Nuevamente nos encontramos ante una cinta del género fuga presidiaria, uno de los más infravalorados del cine en mi opinión y con algunas de las mejores cintas de todos los tiempos. Nos han llegado joyas como Le Trou (Jackes Becker, 1960), Le Grande Illusion (Jean Renoir, 1937), o la mítica The Great Escape (John Sturgess, 1962) en donde aportando una mayor o menor complejidad emocional, dependiendo del guión, siempre somos testigos de la misma historia. Una persona, o grupo de personas encerradas por diferentes razones y cuya única motivación es hacerles escapar. La clave se encuentra en los diferentes pasos que dan para lograr tan ansiada fuga y el tratamiento del directo. Unos prefieren cargarlos de escenas emotivas y dramáticas en las que los personajes muestran al espectador sus ansias de libertad, mientras que otros prefieren acudir a la simple y cruda realidad. Sin música, sin drama, solo el/los personaje/s y el plan. Plan que siguen metódicamente y que arrastra al espectador sin piedad alguna, convirtiéndole a él también en un preso.
En el caso de esta cinta, Robert Bresson, director de la cinta, nos invita a acompañar en todo momento a Fontaine en su celda maquinando el modo de fugarse en V.O. Paseando de un lugar a otro; tratando de trucar la puerta; rompiendo las baldas; paso a paso del que somos testigos a su vez que padecemos la angustia de ser descubierto antes de tiempo y de que el plan salga bien. En unas cuantas escenas vemos como baja junto a otros presos a un diminuto patio a asearse donde no pueden hablar. Todo esto cargado de una inhóspita austeridad (muy efectista) de medios. Merece mil y un elogios la habilidad con la que se usó la fotografía para dar una mayor sensación de aprisionamiento. Primeros planos tanto de los personajes como de partes de sus cuerpos, manos, ojos; como de objetos. La sobriedad de algunos de sus planos no son más que una invitación al espectador a hacer uso de su imaginación. No todo se le da por regalado a este, aunque llegados a dicho punto, el espectador ya busca la manera de fugarse junto a Fontaine.
Llegados a un punto avanzado de la historia, cuando queda poco para su fuga, le es asignado un compañero de celda, un joven francés del que Fontaine sospecha y con el cual llegará al punto de pensarse el liquidarlo o no.

Y no solo eso, porque hay otro gran protagonista en la película, y es el silencio. El silencio en el que el Fontaine maquina todo su plan, en el que lo pone en marcha, el silencio que invade por la noche la prisión y la atención a cualquier ruido que suponga un indicio de la llegada inminente de guardias.
Así es casi toda la cinta. La única música que escuchamos en ocasiones, Mozart: 7 fragmentos del movimiento del "Kyrie Eleison" de la Gran Misa, K. 427.
Bresson se llevó el premio a Mejor Director en Cannes. Y no es de extrañar. Este director es a día de hoy uno de los casos más interesantes de analizar de la filmografía francesa. Con apenas una docena de títulos, Robert Bresson se diferenció en su momento por el uso de técnicas de rodaje en las que buscaba dotar sus historias del mayor realismo posible con actores no profesionales, ningún tipo de artificio, y un montaje sobrio, al igual que el uso del sonido. Entre algunas de sus cintas podríamos destacar Les Dames du Bois de Boulogne (1945), Le Journal d´un curé de campagne (1950) o Pickpocket (1959)

"El viento sopla donde quiere, y aunque oyes su
ruido, no sabes de dónde viene y a dónde va".

@solocineclasico

miércoles, 9 de marzo de 2011

Películas - Años 50: Los Siete Samuráis (1954)


SHICHININ NO SAMURAI (9/10)



Incluso los osos salen de los bosques
cuando tienen hambre.

Akira Kurosawa era un conocido director en Japón, e internacionalmente se había hecho un nombre gracias a su película Rashomon, la cual ganó el León de Oro de Venecia. Pero sería en 1954, al estrenar Los Siete Samuráis, cuando se daría a conocer por todo el mundo.

En el Japón feudal, un pequeño pueblo de aldeanos es continuamente sufre los continuos ataques por parte de unos forajidos que les roban la comida. La situación es desesperada, no saben cómo actuar ante tal amenaza, hasta que uno de los miembros del pueblo decide ir a la ciudad y contratar samuráis para que los protejan de los bandidos.
No tienen dinero, no tienen posesiones de ningún tipo de valor, por lo que el pago se efectuará con la manutención de los propios samuráis con comida. La misión no reportará fama ni fortuna. El orgullo de los samuráis es algo que jugará en contra de los aldeanos, pero que en cierto modo es paradójico, ya que finalmente conseguirán siete auténticos samuráis, “justos y puros de corazón”. Capaces de aparcar el típico papel de samurái para emplearse a lo que se deben en realidad. Samurái significa "servir", o "aquellos que sirven".
Cada uno tiene una personalidad distinta pero que no choca entre ellas, y que hará de los samuráis, un curioso y complementario grupo de amigos.
Tras la llegada de los samuráis al pueblo, veremos el respeto y miedo de los aldeanos hacia los guerreros. Kurosawa decide mostrar también el lado más humano de estos al interactuar con los aldeanos y sentir que al proteger la aldea, están protegiendo una parte de sí mismos. Esa misma aldea que la mayoría abandonaron hace ya mucho tiempo y que bien podría ser esta misma. Pero no por ello deja de mostrar el poder y señorío de los samuráis, quizás con el personaje más interesante de toda la cinta, Kikuchizo (Toshiro Mifune) que en su tiempo fue aldeano y sufrió por ello.

SPOILER
No puedo finalizar sin mencionar que quizás lo mejor de la cinta, en mi opinión, es la conclusión a la que llega el maestro samurái cuando ve a los aldeanos festejar la victoria sobre los bandidos junto a las cuatro tumbas de los samuráis.

-Otra vez hemos sido derrotados. Los ganadores
son los campesinos y no nosotros.

Más de tres horas de acción, humor, drama, sin que el ritmo decaiga ni un ápice. Gracias al ritmo que impregna Kurosawa a la cinta, algo que en otras de sus películas no apreciamos, la historia transcurre ágilmente sin que el tiempo sea un impedimento para el disfrute. Cabe destacar, además de la excelente dirección del "emperador", el magnífico diseño de producción, las interpretaciones, y las numerosas reflexiones a las que invita la cinta al espectador. La anteriormente mencionada es solo una de ellas. El propio personaje de Mifune es una de ellas a lo largo de toda la película.

La película fue un gran éxito que impresionó tanto a crítica como a público, e influiría a lo largo de los años a gran número de cineastas.

Tuvo su primer remake en 1960, protagonizado por Yul Brynner, donde la acción principal se traslada al oeste donde siete vaqueros protegen a un pueblo de los ataques de los bandidos.

@solocineclasico

sábado, 5 de marzo de 2011

Películas - Años 10: El Gabinete del Doctor Caligari (1919)


DAS KABINET DES DR. CALIGARI (10/10)



Abrochaos los cinturones, que os voy a hablar brevemente acerca de una obra maestra del cine de terror.

Dos amigos, Francis y Alan deciden ir al carnaval del pueblo de Holstenwall, en Alemania. Al mismo llega el Doctor Caligari con un aterrador número, el de Cesare, un sonámbulo al que el doctor despertara como si de un zombie se tratase y hará que responda cualquier pregunta. Alan es el primero en probar a Cesare preguntándole sobre la fecha de su muerte; Cesare contesta: mañana. Al día siguiente amanece muerto, por lo que Francis sospecha de Caligari y Cesare. Aquí empieza a cobrar emoción la historia de un modo desenfrenado, con un estilo casi impropio de aquella época (más de 90 años hace ya), y que os sorprenderá a todos con un final propio de los mejores thrilles modernos. Una verdadera OBRA MAESTRA.

Para los más cinéfilos, merece la pena comentar puntos como que esta es la primera obra del genero expresionista alemán en el que prima lo subjetivo sobre lo objetivo, y del que hablaremos muy pronto. Podríamos incluir grandes cintas como Nosferatu, El Último, Fausto o Metrópolis.

En un principio los productores querían que Fritz Lang se sentase en la silla del director, pero tuvo que rechazarlo para filmar Die Spinnen. Finalmente fue Robert Wiene quien se haría cargo del proyecto, filmando así la mejor obra de su carrera.
Aunque la cinta viene firmada por Carl Mayer y Hans Hanowitz, fue Wiene (a petición de los productores) el que incluyó la primera y última escena de la cinta lo que cambia por completo el final y toda la historia en si. No quiero soltar spoilers a diestro y siniestro, así que simplemente os recomiendo una vez más que veáis la película.
La idea principal de la historia era denunciar al estado alemán por la situación del país tras el fin de la guerra, comparando al Doctor Caligari con el propio estado alemán que induce al sonambulismo y a perpetrar crímenes contra si mismo.


Otro detalle que hace, sino única pionera, a esta cinta es el diseño de producción, en especial con los decorados. Estos tenían formar extrañas, con ángulos imposibles y bizarros que se asemejaban a los de una "mente retorcida". Esto ayuda a crear un ambiente de tensión e incomodidad durante toda la historia.
El maquillaje de los actores, lo exagerado de sus actuaciones, objetos deformados, los contrastes de luces y sobras, la propia deformación de la realidad... todo ello crea una magnífica atmósfera de terror que más tarde inspiraría a cineastas como Tim Burton, David Lynch o Terry Gilliam.
Además, he visto similitudes entre esta cinta y Shutter Island de Martin Scorses, aunque este no la mencionase entre las películas que le habían servido de inspiración.

El personaje de Cesare, el sonámbulo, llegó a convertirse, junto a Charlot, en uno de los primeros personajes míticos de la historia del cine.




Y aquí podéis ver la película completa:



@solocineclasico
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