sábado, 20 de junio de 2009

Películas - Años 20: Avaricia (1924)


GREED (8/10)


El joven McTeague, hijo sin futuro de un minero brutal y alcohólico, abandona su miserable pueblo gracias a los esfuerzos de su madre y con el tiempo y mucho esfuerzo se convierte en un reputado dentista de San Francisco. Allí conoce a su mejor amigo, Marcus, que llega a ser para él como un hermano, y se casa con la bella y bondadosa Trina, que le presenta éste y que llega a ser la mujer de su vida. Sin embargo, la infelicidad va a caer sobre McTeague justo cuando su existencia parece encaminarse a la plenitud del amor y de la amistad. A Trina le toca la lotería y, de repente, cambia radicalmente su personalidad y se transforma en una mujer grotescamente avara que empieza a esconder su dinero de los ojos de su propio marido. McTeague se cansa entonces de trabajar mientras su esposa no suelta prenda y Marcus empieza a sentir una terrible envidia de la riqueza de sus dos amigos… La llegada del dinero va a destrozar para siempre las vidas de los tres y las va a precipitar en un pozo de avaricia sin fondo.

El actor y cineasta austríaco Erich Von Stroheim fue uno de los más grandes creadores del cine de su tiempo, creador maldito y siempre incomprendido al que la industria le obligó a retirarse de los rodajes tras la cámara y a sobrevivir únicamente como intérprete. Dio vida a muchos hombres malvados, sádicos, duros, intransigentes y brutales que le hicieron célebre, y se creó una oscura leyenda en torno a su persona que le ayudó a alcanzar una siniestra fama: se dijo que venía de una familia aristocrática y que fue poeta y teniente de dragones del Imperio Austro-Húngaro, y hasta que desayunaba una taza de sangre. Tras emigrar a los USA comenzó en el mundo del cine como actor en películas de Griffith, del que fue ayudante. Inconformista férreo y orgulloso, crítico incansable con la sociedad y con el sistema, luchador por evitar siempre cualquier tipo de concesión en su cine, irónico y a veces hasta descarado, hubo, como otros tantos, de combatir durante toda su carrera contra sus productores. Practicante de un naturalismo sucio, sórdido y tremendista casi aunque cargado de un romanticismo exacerbado, sus películas están llenas de violencia física y psíquica, de rabia salvaje, de crueldad, de sadismo, de miseria física y moral, de personajes destrozados o al borde de la locura y de crítica a menudo insmisericorde a la moral establecida. Erich Von Stroheim, que quería hacer en el séptimo arte lo que escritores como Zola o Maupassant hicieron en la novela, fue declarado persona “non grata” en el propio Hollywood, que masacró sin piedad casi todas sus películas durante el montaje. Sólo pudo dirigir nueve filmes en toda su vida, de los que destacan “Maridos ciegos”, “La ganzúa del Diablo”, el drama sobre la primera posguerra europea “Esposas frívolas”, la comentada y terrible “Avaricia”, la sátira de la aristocracia austríaca “La viuda alegre” (cuyo rodaje fue suspendido y el filme montado por el gran Joseph Von Sternberg) o “La Reina Kelly”, que hubo de terminar y montar la propia Gloria Swanson, su protagonista. La influencia naturalista y brutal de Erich Von Stroheim fue decisiva en muchísimos autores posteriores a él, que reivindicaron con fuerza su incomprendida y despreciada figura, condenada únicamente a ejercer de intérprete para el resto de su vida. Le vimos en grandes películas como “La gran ilusión” o “El crepúsculo de los dioses”. Él, de todas formas, lo que quería era dirigir, pero la industria consiguió hastiarle hasta límites insospechados. Otra carrera que Hollywood destrozó.


Basándose en la novela “McTeague” de Frank Norris rodó Erich Von Stroheim su obra maestra y una de las grandes películas de la historia del cine: “Avaricia”. Ya la nombrada novela había tenido problemas con la Liga de la Defensa de la Moral Norteamericana en el año de su publicación, 1899. Era una historia cruda sobre la locura humana protagonizada por personajes vulgares y de la moral más baja. Era, en definitiva, perfecta para lo que Stroheim quería mostrar en su película: el triunfo del naturalismo en toda su triste desmesura, visceralidad y patetismo. Rodada toda ella en escenarios completamente naturales (desde la verdadera y mítica San Francisco de los años veinte hasta el mismo Desierto de la Muerte, en donde hubo que envolver las cámaras en toallas heladas ante las temperaturas de 50 grados), ”Avaricia”, a pesar de los problemas que tuvo en su momento, fue considerada una de las grandes obras maestras de la historia séptimo arte. Era toda una lección de cine: fue la primera película de la historia rodada enteramente en exteriores, sus interiores tenían techo y cuatro paredes para dotar a la luz completamente natural de plena capacidad para producir nuevas y sugerentes sensaciones, utilizó unos movimientos de cámara completamente innovadores y muy difíciles de lograr hasta el momento, el oro (motor de la trama del filme) fue coloreado por Stroheim en tonos dorados para darle más énfasis y sus actores realizaron tremendos esfuerzos(como vivir en los mismos escenarios de la trama para habituarse al ambiente) que les llevaron más allá de la simple interpretación en su afán de obtener el más descarnado realismo, por lo que el rodaje llegó a ser para ellos un auténtico calvario. Pero no sólo destacaba “Avaricia” por su aspecto técnico: fue además uno de los dramas más desgarradores de su tiempo, estudio minucioso sobre la codicia humana y disección morbosa de la perdición de hombres buenos por culpa del dinero y, además, fuente de numerosos escándalos, como la citada novela en la que se basa. En el filme, violento, pesimista y desencantado, existe hasta una escena de sexo conscientemente mal sugerida, la cual para el momento histórico era imperdonable mostrar en una película. “Avaricia” fue muy mal recibida por la sociedad norteamericana y hasta por la europea. Fue considerada una cinta inmoral y perversa. Stroheim se había cavado su propia tumba con esta obra maestra. No fueron estos sus únicos problemas: los 100.000 metros rodados durante dos años completos de casi nueve horas de película (sí, nueve horas de metraje original) quedaron reducidos a la duración de una historia comercial convencional de 100 minutos (en 1999 por suerte se pudo recuperar el actual montaje, de 4 horas). Erich Von Stroheim, después de eternas discusiones con los productores, terminó llorando de rabia y renegando de aquel horrible montaje final.
Hoy nos faltan palabras para alabar todas las maravillas de su obra estrella. En “Avaricia” encontramos rasgos surrealistas, simbolistas, expresionistas, realistas, casi fellinianos, impresionistas, momentos que vimos posteriormente en “Ciudadano Kane”… Billy Wilder ya se lo dijo a Stroheim: “Su problema fue el de adelantarse diez años a su tiempo”. Él le respondió lo que todos ya sabemos: “Veinte años, veinte”.


Un artículo de Cinemagnificus

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