martes, 24 de febrero de 2015

Figuras del Cine Clásico: Henry Fonda

-¿Usted ha visto caminar a Henry Fonda? Pues eso es el cine.
John Ford

Nacido el 16 de mayo de 1905 en Grand Island, Nebraska, Estados Unidos, Henry Fonda es parte de la historia del cine por méritos propios. Con más de un centenar de películas a sus espaldas, y habiendo trabajado con algunos de los mejores directores de la historia, Fonda ocupa un lugar de honor en el Olimpo de los actores clásicos de Hollywood junto a Cary Grant, Gary Cooper, John Wayne, Spencer Tracy, Gregory Peck, o su buen amigo James Stewart. Sus interpretaciones marcaron a una generación de actores futuros que vieron en Fonda un claro ejemplo de talento imnato convinado con una personalidad arrolladora y profunda. El cineasta y crítico Peter Bogdanovich explicó muy bien el aura que rodeada a Fonda: "Cuando Henry Fonda dice algo, le crees... Esta es una cualidad propia de las auténticas estrellas, y nadie supera a Fonda en ella." 
Fonda terminó la secundaria en su ciudad natal y comenzó a trabajar de todo un poco. Fue durante una función en el teatro local, en la que trabajaba como uno de los carpinteros que montaba el escenario, cuando una mujer llamada Dorothy Brando (madre de Marlon Brando) le convenció para intervenir en la misma. El actor reconoce que jamás se había sentido atraído por el mundo de la interpretación, pero la insistencia por parte de sus allegados, y el confort y libertad que sentía en el escenario terminaron por convencerle. Una vez afianzado como actor, y debido a la Gran Depresión se traslada a Nueva York para convertir esta afición en un oficio. De camino hará amistad con otro joven aspirante a actor con el que llegará a compartir piso. Se trataba de James Steward. 
Una vez en Nueva York no tarda en conseguir papeles con los que empieza a hacerse un nombre. Fonda disfruta trabajando, no tanto la fama que empieza a labrarse poco a poco. Y es tras el éxito en Broadway de The Farmer Takes a Wife en 1934, que la Twenty Century Fox decide adaptar la obra a la gran pantalla, dando el papel principal al protagonista de la obra, Henry Fonda. 
Joven, fuerte, atractivo, de mirada profunda, fuerte y melancólica, el actor no tarda tampoco en hacerse un nombre en Hollywood. La adaptación de la obra homónima de Broadway al cine por parte de Victor Fleming en 1935 es todo un éxito, por lo que Fonda comienza a recibir más y más papeles por parte de la Fox que le ofrecen un contrato de larga duración. El propio actor se ve sorprendido por la rapidez de los acontecimientos. No termina de sentirse cómodo con toda esta presión, pero aún así acepta y decide continuar haciendo lo que mejor saber, actuar. Durante la década de los treinta se especializa con personajes románticos pero con una tónica diferente. Los galanes de la época gustaban, Fonda, sin ser el prototipo de galán, enamoraba.Y no solo eso, además sabía mostrar su gran talento en la pantalla. En los rodajes le apodan "One-Take Fonda", ya que rara vez necesita repetir una toma. Para sus amigos, "Hank".
(fotograma de Las Uvas de la Ira)
You only live once (Fritz Lang, 1937), Spawn of the north (Henry Hathaway, 1938), Jezebel (William Wyler, 1938), Jesse James (Henry King, 1939), son solo algunos de los títulos que recogieron los últimos años de la década de los 30, sin embargo, es en 1939 cuando la carrera de Fonda marca un antes y un después en mi opinión, y esto es su primera colaboración con John Ford en Drums Along the Mohawk y Young Mr Lincoln. Ford tuvo actores predilectos a lo largo de su carrera como John Wayne, Victor McLaglen, James Stewart... pero su relación con Fonda iba más allá. Si buscaba el arquetipo de héroe rudo y fuerte tenía a Wayne; si necesitaba al modelo de hombre sin tacha y de fuertes convicciones, ahí estaba Jimmy Stewart... pero cuando necesitaba a un ser humano, ese era Fonda. La cita con la que abro este artículo lo deja claro.
Trabajan juntos en ocho ocasiones, destacando The Grapes of Wrath, por la que recibe su primera nominación al Oscar, My Darling ClementineFort Apache, la mejor de la trilogía de Ford sobre la Caballería y en la que recita la conocida "Escancie unos versículos", o Mister Roberts. Sin duda alguna, la década de los cuarenta fue la más exitosa para Fonda, con otros títulos como The Ox-Bow Incident (William A. Wellman, 1943) o Daisy Kenyon (Otto Preminger, 1947).
Tras la entrada en EEUU en la guerra, tanto Fonda como su amigo Stewart deciden alistarse juntos pensando que serán más útiles participando en la guerra de verdad y no en la de un decorado. Fonda sirvió originalmente en un destructor, siendo trasladado más tarde a las oficinas de inteligencia del aire. Además de esto recorrió el país vendiendo bonos de guerra al igual que muchos artistas durante aquellos años.
(fotograma de 12 Hombres sin Piedad)
Ya en los cincuenta continua colaborando con grandes directores en interesantes proyectos como The Wrong Man (Alfred Hitchcock, 1956), War and Peace (King Vidor, 1956) o Warlock (Edward Dmytryk, 1959). Aunque es sin duda alguna, su trabajo junto a un joven director llamado Sidney Lumet con el que Fonda pasa a la inmortalidad gracias a su papel protagonista en 12 Angry Men. Considerada una de las mejores películas de la historia, Fonda da vida a uno de los miembros de un jurado que deben decidir si declaran culpable a un joven acusado de matar a su padre. Desde el primer momento todos optan con seguridad por la postura de culpabilidad, únicamente Fonda tiene dudas al respecto por lo que comenzará a discutir con cada uno de los miembros de la mesa para convencerles de lo contrario. Su trabajo le reporta una nueva nominación al Oscar, pero en este caso como productor de la cinta.
(fotograma de Hasta que llegó su hora)
Continua trabajando incansablemente durante los siguientes años, aunque sus papeles protagónicos disminuyen considerablemente. A pesar de ello podemos destacar títulos The Best Man (Franklin J. Schaffner, 1964), Fail-Safe (Sidney Lumet, 1964), Battle of the Bulge (Ken Annakin, 1965), The Boston Strangler (Richard Fleischer, 1968), There Was a Crooked Man (Joseph L. Mankiewicz, 1970)... pero sobre todas estas quiero rescatar varias en concreto: su colaboración con Sergio Leone en el spaguetti western de 1968 Once Upon a Time in the West donde da vida a uno de los mejores villanos de la historia del cine; su participación en la divertida The Cheyenne Social Club, dirigida por el mítico Gene Kelly y protagonizada junto a su gran amigo James Stewart; Midway (Jack Smight, 1976), en la que comparte pantalla con Charlton Heston, James Coburn, Glenn Ford, Robert Mitchum, Robert Wagner o Toshiro Mifune entre otros; y finalmente On the Golden Pong (Mark Rydell, 1981) su última película para la gran pantalla, en la que participó como consideración a su hija, la también actriz Jane Fonda, que había comprado los derechos de la obra original para que su padre la interpretase. Este hermoso relato sobre la vejez contó además de con los Fonda (padre e hija) con la también veterana Katherine Hepburn en uno de sus mejores trabajos. Es con esta película con la que Henry Fonda logra alzar finalmente el Oscar a Mejor Actor. Curiosamente había logrado el Oscar Honorífico el año anterior.
Al año siguiente el mundo del espectáculo se vestiría de luto tras la muerte de este legendario actor.

@solocineclasico

jueves, 5 de febrero de 2015

Películas - Años 40: Larga es la noche (1947)


ODD MAN OUT (8,5/10)

"Esta historia está contada en un contexto de inestabilidad política en una ciudad de Irlanda del Norte. No trata de la disyuntiva entre la ley y las organizaciones ilegales, sino más bien sobre el conflicto en los corazones de las personas cuando se ven implicadas."
Larga es la noche (1947)

Y aún hay personas en contra de los remakes. No voy a izar la bandera de la defensa de dicho tipo de cintas, pero si que procederé a otorgarles cierta medida de justicia. No voy a engañaros, si en este mismo instante se anunciara la aprobación del rodaje de un remake de Senderos de Gloria (Stanley Kubrick, 1957), por poner un ejemplo, me llevaría las manos a la cabeza. Es un hecho que en muy pocas ocasiones un material nuevo iguala o supera al original, pero a veces se da el caso. Aunque la verdad, eso en mi opinión es lo de menos. Lo que me gusta destacar, por buscar aunque sea algo positivo de este tipo de proyectos, es la oportunidad de sacar del olvido la cinta original. El poder atraer al espectador actual que bien ya no la recuerda, o que quizás ni la conoce. Reivindicación es mi término para dicha indirecta retribución.
Hace unos cuantos días se estrenó en España una cinta británica titulada 71, la cual recomiendo visionar en el cine encarecidamente. El argumento trata sobre un soldado británico que es abandonado por accidente en la zona más peligrosa de Belfast en pleno conflicto irlandés. Este se verá obligado a huir y esconderse entre las laberínticas localizaciones de dicha ciudad sin saber si los que le rodean son amigos o enemigos. La película recuerda en ciertos momentos, debido a la temática, a la genial cinta de Paul Greengrass de 2002 Domingo Sangriento, pero no fue hasta leer una crítica en blogdecine cuando recordé una cinta que tengo aparcada desde hace bastante tiempo y que no encontraba ciertamente el momento para visionar, se trataba de Larga es la noche.
Belfast, años 20, un grupo de miembros de La Organización (alusión al IRA) preparan el atraco a la sucursal de una fábrica para financiarse en su lucha armada. Entre ellos está el líder de la misma en Belfast, Johnny McQueen (James Mason), el cual se ha escondido en una casa tras escapar de prisión durante seis meses y que empieza a dudar en privado sobre la efectividad de la violencia en detrimento del debate ciudadano. A pesar de esto llevan a cabo el atraco, en el que Johnny, herido a causa de un disparo en el hombro, mata a un empleado en una pelea al salir de la fábrica. Por una serie de circunstancias, Johnny es dejado atrás. Pronto todo el cuerpo de policía se moviliza para capturar a los atracadores, y en especial a su líder, el cual desorientado y malherido, buscará la manera de escapar de un circulo que se irá estrechando cada vez más sobre él.

Su director, Carol Reed, acababa de volver a casa tras su intervención en la segunda guerra mundial junto a otros cineastas rodando películas propagandísticas o documentales. Reed ya era conocido por aquel entonces como el director británico más celebre, solo superado por Hitchcock, y es que The Stars Look Down (Las estrellas miran hacia abajo, 1939), y Night Train to Munich (Tren nocturno a Múnich, 1940) habían cosechado un gran éxito tanto entre el público como por la crítica. La oportunidad que le brindó el rodar material cinematográfico de corte documental no hizo más que afianzar su defensa del realismo en el cine. Es por eso en 1947 presenta una película que realmente sacude al espectador por su gran realismo y con inusitado número de escenas rodadas en exteriores. (Algo parecido a lo que sucedía con el neorrealismo italiano). Pero no nos limitemos a esto último. El ritmo de la cinta resulta trepidante en todo momento, llegando a asfixiar al espectador logrando una plena identificación con el personaje principal, herido, confundido, perdido, acorralado. Reed es fiel al material de F. L. Green, con el cual, y gracias al excelente trabajo de fotografía de Robert Krasker, lleva al espectador hasta las calles de Belfast en la noche más larga de nuestras vidas.
Destacar la genialidad del director al llevar en ciertos momentos al espectador al exterior del cine aún estando pegando a su butaca, mientras que en otros consigue introducirle en la mente de Johnny siendo testigo de toda y cada una de sus visiones/alucinaciones, producto de la fiebre y la culpabilidad. Y en ocasiones ambos viajes se producen al mismo tiempo.


Pero Reed no solo busca mostrar, también tratar diferentes temas que solventa a las mil maravillas a lo largo de la película. Como era casi obligatorio por aquel entonces, tenemos una historia de amor, que en este caso resulta más atípica de lo normal (como casi toda la película) con un final sobrecogedor. También trata lo social. Una lucha entre "La Organización", y el Estado (representado en este caso por la policía) que alcanza a los ciudadanos en medio que si bien pueden estar a favor o en contra, lo que si están siempre es medio, deseando no mezclarse en los asuntos de los demás. Los encontramos de todo tipo, ya sean la novia de Johnny (Kathleen Ryan) que sólo buscar estar a su lado; su mejor amigo (Robert Beatty) que se sacrifica para que este escape; el sacerdote (W. G. Fay) que lo entregaría a la policía sin duda pero siempre después de expiar sus pecados; el borrachín (F. J. McCormick) en busca de una recompensa; o mi favorito, el excéntrico pintor que buscar retratar los ojos de Johnny cuando pasen de la vida a la muerte, al que da vida Robert Newton.


Reed es como uno de esos ciudadanos, nadie es bueno o malo, son como las circunstancias les han obligado a ser. No busca retratar a ninguno de los personajes como héroe o villanos, sino sencillamente como lo que son, personas, y esto es algo que veremos en muchos de los personajes de su filmografía. Es por eso que seguramente Larga es la noche es la única cinta que si bien trata el conflicto irlandés, nunca lo menciona, denuncia, o se posiciona en alguna de las partes.
La cinta se ve también engrandecida por un buen reparto encabezado por uno de los más grandes del cine, James Mason, el cual es secundado por un buen numero de actores provenientes principalmente del Abbey Theatre de Dublín, todos ellos dirigidos a la perfección por Reed en una de sus mejores facetas, director de actores.
Destacar también la excelente banda sonora de William Alwyn, que firma posiblemente su mejor trabajo.
Un año después Reed repetiría éxito al adaptar un relato corto de Graham Greene The Fallen Idol (El Ídolo Caído, 1948), y es finalmente en 1949 cuando el director presenta la película por la que mejor se le recuerda hoy en día y que en mi opinión en su gran obra maestra, The Third Man (El Tercer Hombre) con la que la cinta que hemos tratado hoy guarda ciertas similitudes, además de la inolvidable fotografía de Robert Krasker.


La película tuvo un gran éxito tanto entre la crítica como el público, logrando el BAFTA a Mejor Película Británica del año y una nominación al Oscar por el Montaje.
Como curiosiodad mencionar que esta cinta es la favorita del director polaco Roman Polanski, el cual la considera superior a El Tercer Hombre.

@solocineclasico

jueves, 29 de enero de 2015

Películas - Años 60: La Infancia de Iván (1962)


IVANOVO DETSTVO (9/10)

Si bien el cine nació en Francia como arte, fue en EEUU donde se convirtió en industria. Pero no por ello vamos a detenernos en dicho país que tantas y tantas obras maestras nos ha legado. Si bien el resto de países fueron incapaces de competir con Hollywood, tanto por su tamaño como por su poder de distribución, no son pocos los que cuentan con obras dignas de figurar en los tops de cualquier ranking de cine clásico. El cine asiático (con Japón a la cabeza), y en especial el europeo demostró a lo largo de todo el periodo que abarca esta web, que podían competir en cuanto a calidad artística sin problema alguno. Hoy traemos un claro ejemplo de ello con uno de los géneros más infravalorados del séptimo arte, el bélico. 
La infancia de Iván no es ni más ni menos que la ópera prima del posiblemente mejor director ruso de la historia (con todos los respetos hacia Eisenstein), Andrei Tarkovski, el cual con menos de 30 años es contratado para sustituir al director Eduard Abalov en la adaptación de un relato corto de Vladimir Bogomolov, Iván. Este mismo trata sobre la historia de un niño, un muñeco roto, una alma desgarrada a causa de la invasión del ejército alemán contra la URSS durante la segunda mundial, el cual ha perdido a su madre y a su hermana, asesinadas, y ahora realiza misiones "suicidas" como informador y explorador entre los dos frentes de lucha.
Tarkovski nos presenta a Iván, aparentemente un niño dulce y encantador al que la guerra ha transformado en un monstruo cuya única finalidad y deseo es el de matar al mayor número de alemanes posibles. Su frialdad y tenacidad llega a preocupar a algunos de sus oficiales, que si bien lo consideran un gran mensajero y explorador, no pueden dejar de verle tampoco como un niño, lo que despierta sus instintos más humanos para con él. Pero Iván no fue siempre así. A través de unas hermosas secuencias oníricas, somos testigos de su verdadera infancia, una infancia feliz junto a una madre y una hermana a las que quería, y que le querían en él, en un paraje bucólico. Una vez que todo esto le ha sido arrancado, el niño no tiene mayor motivación que la venganza. No es valor lo que despierta la admiración de todos los que le conocen, es su total ausencia de humanismo. Esto le permite realizar las misiones más peligrosas, las cuales hacen temblar a los más veteranos y experimentados soldados. Tarkovski nos presenta el más claro ejemplo de producto de la guerra.
Y la técnica, como debe ser con todo gran autor, está al servicio del artista. El director ruso hace uso de un estilo que recuerda al expresionismo por las sombras y encuadres, pero que va más allá con largas tomas acompañadas de elegantes movimientos de cámara, lo que unido a la sobriedad de la producción (y el contar únicamente con la mitad del presupuesto) dotan a la escena de un mayor realismo. Su estilo narrativo calaría en el mundo entero influyendo a grandes directores como Ingmar Bergman.


Tarkovski intercala escenas épicas con gran sentido del ritmo en el exterior, con largas conversación en interior, o fragmentos de sueños más pausadas sin apenas diálogos en el que priman lo visual, acompañado de la música de Vyacheslav Ovchinnikov. Son algunas de las transiciones más hermosas que jamás he tenido la oportunidad de disfrutar en una película.
Para muchos su cinta menos lograda, a pesar de su gran película, y de la que el propio director renegó (de algunas escenas para ser más exactos) debido a su hueca expresividad. Una dura autocrítica en mi opinión.
Sin duda alguna, otro de los méritos de la película fue la elección del joven Nikolai Burlyayev, que por aquel entonces contaba con 16 años (y debía aparentar 12), y que tuvo que soportar las duras condiciones de rodaje, como permanecer en las frías aguas del Dnieper en octubre, además de perder peso para su personaje.
La película tuvo un gran éxito tanto dentro de la URSS, como fuera de esta. En Venecia obtuvo el León de Oro, convirtiendo a Tarkovski en el primer director (y único hasta el momento) que logra el premio con su opera prima. Curiosamente, algunos medios de izquierdas en Europa criticaron la película únicamente por razones políticas, y estas eran que la cinta gustaba demasiado en occidente. El afamado poeta Jean-Paul Satre respondió a estas críticas con una histórica carta.

Podéis ver la Película Online aquí.

@solocineclasico

jueves, 22 de enero de 2015

Películas - Años 30: Furia (1936)


FURY (8,5/10)

Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los hombres buenos no hagan nada.
Edmund Burke

No fueron pocos los directores europeos que emigraron a EEUU por tres razones principalmente: la llamada de Hollywood, la ascensión del nazismo, y ya tiempos después, el estallido de la guerra. Hoy hablamos de unos de los más grandes directores que América tuvo la oportunidad de acoger durante la década de los años 30, Fritz Lang, y su particular "homenaje" tanto a su país natal, como al receptor con su primera película.
La cinta nos presenta a Joe (Spencer Tracy) un joven idealista que monta una gasolinera con sus dos hermanos menores y, tras ahorrar el dinero suficiente, va en busca de su prometida (Sylvia Sidney) para casarse con ella en un pequeño pueblo de la "américa profunda". De camino a su destino, la policía de una localidad cercana detiene por error a Joe confundiéndole con uno de los miembros de una banda de delincuentes que ha secuestrado a una joven no hace mucho. Joe permanece arrestado en la comisaria provisionalmente hasta que se pueda probar su inocencia, pero no pasan apenas unas pocas horas cuando el rumor de que uno de los delincuentes de la banda ha sido arrestado por lo que todo el pueblo, movido por unas pocas voces cantantes arremete contra la prisión atacando a los agentes que custodian a Joe y prenden fuego al edificio con este dentro. Katherine, que escucha la noticia de que han detenido a Joe, va hasta el pueblo y es testigo de como Joe está atrapado en el interior entre las llamas. Un par de cartuchos de dinamita arrojados al fuego, y la consiguiente explosión, ponen fin al macabro espectáculo. Con el paso de los días se detiene a los auténticos secuestradores, demostrando la inocencia de Joe, y escandalizando a todo el país por el suceso. Los hermanos de Joe se disponen a ir a juicio junto al fiscal de la zona para detener a los principales culpables del linchamiento cuando aparece Joe. Este, que ha sobrevivido al incendio gracias a un agujero en su celda producto de la explosión, se presenta únicamente a sus hermanos, no solo con las comprensibles secuelas físicas, sino también psíquicas. El carácter del protagonista ha cambiado, perdida toda fe en la humanidad o justicia, busca venganza para los que por poco acaban con su vida. Los hermanos deciden guardar silencio sobre el regreso de Joe, incluida a su prometida, por lo que se convertirán en cómplices en el juicio que podría acabar con 22 personas condenadas a muerte. 
Pero volvamos a Fritz Lang, remotando un poco en su propia historia, para comprender el porque de una trama semejante. El director vienés fue durante los años 20 unos de los más grandes y afamados artistas, no solo de Alemania, sino de toda Europa. Las tres luces, las cintas sobre el doctor Mabuse, Metrópolis, M, el vampiro de Dusseldorf, son solo algunas de las películas con las que había cosechado un gran éxito y reconocimiento. Sin embargo, a principio de los años 30, y tras finalizar el rodaje de la segunda parte de Mabuse, la oficina de cultura nazi, encabezada por Joseph Goebbels, le ofrecen hacerse cargo de la UFA (Universum Film AG), los grandes estudios cinematográficos alemanes del momento, controlados en aquel momento por los nacional socialistas. Lang, contrario a las ideas del nazismo, y temeroso de lo que supondría una negativa, huye esa misma noche a París dejando toda su vida atrás, incluida a su esposa, Thea von Harbou, más afín a la corriente de Hitler.
En París rueda Liliom, un film menor, tras el cual huye a EEUU donde es contratado por la MGM. Allí empieza a trabajar en diferentes proyectos que son rechazados por los estudios y la censura. Harto de esta situación consigue finalmente sacar adelante un proyecto con el que poder desahogarse. Escrito a medias entre Norman Krasna (quien se basó en un hecho real) y Joseph L. Mankiewicz (productor de la misma), retocado por el propio Lang, y vuelto a retocar por el estudio para que el final no fuese excesivamente oscuro, la MGM presenta en 1936 "Fury", un film de denuncia social con el que Lang critica a las masas enfurecidas y cobardes que son dirigidas con suma facilidad, en la que podemos ver una clara referencia a la situación de Alemania en aquel momento.
Abordar una película de denuncia social de estas características no era tarea sencilla, sin embargo Lang se desenvuelve a la perfección, haciendo uso de su consagrada técnica que tan buenos resultados le había dado en Europa. Un acercamiento a los protagonistas, a lo que ayudan tanto el carismático Tracy, como la joven e inocente Sidney; un buen ritmo de la cinta sin exceso de diálogos; el inteligente uso de transiciones como el de las gallinas y la turba; una atmósfera asfixiante in crescendo desde la detención de Joe hasta su linchamiento, acompañada de la partitura de Franz Waxman. 
El problema de la cinta comienza durante el tercer acto en el juicio por la muerte de Joe. Tras el éxtasis vivido en las escenas anteriores, Lang frena el ritmo de la película para mostrar con quizás demasiada parsimonia, y hasta aburrimiento, las diferentes declaraciones de los acusados, el nuevo carácter de Joe, y el sufrimiento de sus hermanos. Como digo, la película pierde fuelle en esta última parte, contando con un final de estudio con el que ahorrarse exceso de polémica por el mensaje de la cinta.
La película fue un éxito tanto para el público como para la crítica, recaudando tres veces lo que costó, y obteniendo una nominación a los Oscar por el guión.
Como curiosidad, el perro del protagonista es el mismo que dio vida al celebre Toto en El Mago de Oz.


@solocineclasico

viernes, 5 de diciembre de 2014

Películas - Años 40: Días sin huella (1945)


THE LOST WEEKEND (10/10)

Me deshace el higado, ¿verdad, Nat? Me ataca los riñones, sí. Pero ¿qué le hace a mi mente? Me libra de todo el lastre y puedo subir por los aires. De repente estoy por encima del suelo, lo puedo todo.

En 1944 un directo europeo asalta definitivamente Hollywood tras varios años trabajando como guionista y director. Ha colaborado entre otros con el gran Ernst Lubitsch mostrándose como un alumno aventajado. Logra, como decía al comienzo, un gran éxito con Double Indemnity, asentando las bases del cine negro norteamericano de los años 40 con gran éxito. Se trataba de Billy Wilder, que lograba su primera nominación como director por su tercera película, a pesar de haber sido nominado en tres ocasiones con anterioridad como guionista. Tras el éxito de Perdición, Wilder se pone manos a la obra con la adaptación de la exitosa novela de Charles R. Jackson, The Lost Weekend, junto a Charles Brakett.
La historia nos presenta el tormentoso y alargado fin de semana que pasará un escritor, Don Birman, que trata de dejar el alcohol con ayuda de su novia y de su hermano, pero que se ve incapaz de lograrlo por su propio alcoholismo, y el efecto que este provoca en él, alejándole de todos los problemas que se le plantean a lo largo de la vida. Con gran efectismo, somos testigo del descenso a los infiernos de Birman desde un colapso en unas escalares, hasta su reclusión en un centro médico para alcohólicos crónicos como él.
Wilder acaba de volver de Europa tras filmar el duro documental de Death Mills y buscaba filmar algo completamente distinto a su anterior película y que, por supuesto, le ayudase a reflejar la angustia que acaba de vivir en su regreso al viejo continente. La novela de Jackson le pareció cumplir las expectativas. Tratar los vicios irrefrenables de un alcohólico y el pavor y sufrimiento del mismo ante la impotencia de los que le rodean. Lo que Wilder vio en Europa le afectó gravemente, descubriendo además que había perdido a gran parte de su familias en los campos de exterminios, incluida su madre. En aquel momento quería aislarse del mundo haciéndole lo que mejor se le daba, crear una película.
Fue sin duda una de las primeras películas, sino la primera, que trato el tema del alcoholismo en la sociedad norteamericana como lo que era, un gran problema. Con los años llegarían otras cintas que también tratarían el tema con mayor o menos acierto como Días de vinos y rosas (Blake Edwards, 1962); The Small Back Room (Michael Powell y Emeric Pressburger, 1949); El sabor del sake (Yasujiro Ozu, 1962);  El fuego fatuo (Louis Malle, 1963). Aunque la principal virtud de esta cinta es el tratamiento de la historia y su actualidad. Sin duda alguna hay problemas universales y constantes en el tiempo siendo el alcoholismo uno de ellos. La historia de esta película también. Da igual que esté ambientada en los años 40s, sigue siendo actual gracias al propio vicio del alcoholismo y el efecto que tiene en su protagonista y el resto de personajes.

Para el papel principal nos encontramos a Ray Milland, que ya había trabajado con Wilder en The Mayor and the Minor tres años antes, y que se encontraba en pleno apogeo de su carrera. Su trabajo dando vida al proyecto de escritor, Don Birman, le valió merecidamente el premio a Mejor Actor en Cannes, además del Oscar en la misma categoría, siendo seguramente el gran papel de su vida. Le acompañan un buen número de secundarios entre los que destacaría a Jane Wyman, ganadora del Oscar a Mejor Actriz tres años después, y que daría vida a Angela Channing en los 80s en la popular Falcon Crest, y que da vida a la infatigable novia de Birman; Phillip Terry, como el hermano de Birman; Howard Da Silva como Nat, el paciente barman que escucha hastiado las historias de borracho del protagonista; Doris Dowling, como Gloria, una chica de compañía enamorada de Birman y a la que consigue sonsacar algo de dinero por afecto; y finalmente a Frank Faylen como "Bim" Nolan, el enfermo del centro de desintoxicación para alcohólicos donde acaba Birman.
Como curiosidad apuntar que en un principio se pensó estrenar la película sin banda sonora. Tras una prueba con público se demostró que aquello era una pésima idea, por lo que se contrató a Miklós Rózsa para dicha tarea componiendo uno de sus mejores trabajos, entre lo que destacaba el uso del Theremín para crear el efecto propio del y que no ganó el Oscar por ganarse a sí mismo por la banda sonora de Spellbound (Alfred Hitchcock, 1945).
La cinta se llevaría finalmente 4 Oscars, Película, Director, Actor, y Guión Adaptado.
Toda una joya de obligado visionado.

@solocineclasico





viernes, 21 de noviembre de 2014

Los 10 Mejores Personajes de Billy Wilder

Podemos encontrar pocos casos, repito, muy pocos casos (como los de ese monstruo del cine clásico que fue Billy Wilder) en los que un director escribiese todas y cada una de sus películas. Independientemente de que lo hiciera con una varias personas, para mi siempre ha contado mucho, y contará, que el director no se dedique exclusivamente a versionar a su manera el guión de otra persona, sino que además lo haya elaborado anteriormente. Eso permite hacer suya la historia desde el principio creando un nexo perfecto (cuando se tiene talento, claro está) entre papel y celuloide. Aunque también es verdad que hay grandes directores que no necesitan sentarse frente a la máquina de escribir para dar vida la idea de otra persona.
Y me reafirmo en el ejemplo de Billy Wilder y en el gran número de, no sólo grandes películas, sino obras maestras que nos legó, con historias inolvidables. Y si estas historias resultaban tan inolvidables, es que acostumbraban a venir acompañadas con personas únicos que forman ya parte de la historia del cine. Los personajes que Wilder imaginó o adaptó de alguna novela u obra de teatro tuvieron la suerte de contar con algunos de los mejores actores del momento para ponerles un rostro. 
Esto es un listado de los diez mejores personajes que podremos encontrar en la filmografía de Billy Wilder.


01- C. C. "BUD" BAXTER - Jack Lemmon en The Apartament, 1960. Oscar al Mejor Actor
Uno de los personajes más complejos e interesantes de toda la filmografía de Wilder. Un hombre sencillo que presta las llaves del apartamento donde vive a sus jefes para que estos pasen un buen rato con sus amantes a cambio de una futura mejora en la empresa donde trabajan. Buddy es una persona sin malicia alguna. Es consciente del inconveniente moral de su plan, aunque piensa siempre en un bien mayor con el que excusarse así mismo. Al menos hasta que su jefe principal decide llevar allí a la mujer que Buddy ama. Un personaje ciertamente tragicómico que nos hace reír y sufrir a partes iguales y al cual no podemos más que compadecer constantemente. 

02- DON BIRNAM - Ray Milland en The Lost Weekend, 1945. Oscar al Mejor Actor
Al parecer, durante el rodaje de Perdición, el co-guionista junto a Wilder, Raymond Chandler, llevó bastante mal lo de trabajar con el director austriaco por lo que recayó en la bebida, vicio que había dejado tiempo atrás. Wilder decidió adaptar a continuación la exitosa novela de Charles R. Jackson, The Lost Weekend, como homenaje y disculpa a su compañero. Tanto en el libro como en la película seguimos el tortuoso viaje de más de cinco días de Don Birnam, un proyecto de escritor que trata en vano de superar su adicción a la bebida y con el que el espectador aparcará la divertida figura del borrachín de turno, para ver la del alcohólico crónico corrompido y destruido por la bebida. Ray Milland da vida a un personaje que no duda en engañar, utilizar, y hasta robar a sus conocidos con tal de echar un trago ilimitado. Poseedor de un carácter y personalidad tremendamente atractivos, Birnam no duda en hacer uso de sus encantos y talentos para alcanzar sus objetivos, que no es sino más y más alcohol.

03- NORMA DESMOND - Gloria Swanson en Sunset Boulevard, 1950. Nominada al Oscar a Mejor Actriz
Como buen amante del cine, no es extraño que un inmigrante europeo llegado a América durante pleno apogeo del cine sonoro se preguntara dónde estaban las grandes figuras del cine mudo que había contemplado tantas y tantas veces en las pantallas de los cines y que le habían convencido inconscientemente para dedicarse a aquella profesión. Poco a poco fue descubriendo la triste historia de muchas de aquellas antiguas estrellas que se habían visto obligados a cambiar de profesión, o directamente a abandonarla al no encajar con el cine sonoro. Unos lo llevaron mejor, y otros peor, llegando el caso de los que decidieron aislarse del mundo convencidos de que el cine sonoro no era más que una moda pasajera y que con el tiempo llegaría su regreso triunfal. Encerrados entre las paredes de las grandes y lujosas mansiones de Sunset Boulevard, esperando pacientemente, muchas de aquellas antiguas celebridades perdieron la noción de la realidad convirtiéndose en personajes dignos de pena y faltos de reconocimiento. Fue así como Wilder se imaginó a la lúgubre Norma Desmond, una gran estrella pasada que trata de aislarse del mundo e imaginar que sigue viviendo en los gloriosos años 20 que bebe de las figuras de Mary Pickford, Clara Bow y Mae Murray. Fue Gloria Swanson, actriz que en la vida real dejó el cine tras la llegada del cine mudo pero que supo adaptarse sin problema alguno al mundo de la radio, la que dio valientemente vida a este triste y carismático personaje, y por el que se la recuerda a día de hoy, a pesar de llegar a recibir más de 10000 cartas a la semana de sus admiradores durante sus años de gloria.

04- PHYLLIPS DIETRICHSON - Barbara Stanwyck en Double Indemnity, 1944. Nominada al Oscar a Mejor Actriz
Poco se puede decir sobre una de las primeras femmes fatales del cine negro norteamericano, que además protagoniza posiblemente la mejor cinta de dicho género de la historia. Barbara Stanwyck interpreta el papel de su vida con Phyllips Dietrichson, una mujer que seduce y convence a un investigador de seguro para asesinar a su marido y así cobrar su seguro de defunción para repartírselo entre ambos, en uno de los casos que mejor ejemplifica a la mujer fatal. Cruel, inteligente, hermosa (en este caso en concreto podríamos discutirlo), decidida, manipuladora. Jamás pierden los nervios, jamás pierden la sonrisa, jamás pierden el encanto. Pudimos ver todas estas características en muchos personajes femeninos durante los años 40 y 50, aunque jamás con tal protagonismo y fuerza como en la película, y primer éxito de Wilder en Hollywood. 

05- OSGOOD FIELDING III - Joe E. Brown en Some Like It Hot, 1959.
Para muchos, la mejor comedia de la filmografía de Wilder (para mi la de nuestro próximo personaje de esta lista), con algunos de sus mejores personajes. Siempre se tiene en cuenta al hablar de esta cinta a su trío protagonista: Jack Lemmon y Tony Curtis vestidos como mujeres, Marilyn Monroe más atractiva y sexy que nunca, y una frase, la frase final de la película, el cierre con el que Wilder ha pasado a la historia "Nadie es perfecto", aunque en realidad fuera de I. A. L Diamond, co-guionista. Parece que se llega a tener en cuenta mucho más la frase que a su autor en la cinta, que no es ni más ni menos que el divertido y entrañable personaje de Osgood Fielding III un multimillonario en busca de una nueva esposa y que se enamora de Daphne, quien en realidad es un músico buscado por la mafia. El bueno de Osgood se enamora realmente de la "chica" lo que quizás ayude a entender su indiferencia al saber que es un hombre. En mi opinión, Joe E. Brown se come la pantalla en cada una de sus apariciones, convirtiéndose en uno de los personajes más divertidos, no solo de la cinta, sino de todas las películas de Wilder, mas no por el cinismo habitual del director, sino por la dulzura y candidez de este mítico personaje.

06- C. R. MacNAMARA - James Cagney en One, Two, Three, 1963.
Esta sí. Esta sí que sí consideraría, en mi más humilde opinión, como la mejor comedia de Wilder (y escribió unas pocas). Y no es ni más ni menos por el sin fin de frases y citas que podríamos recopilar de la misma y que están cargadas de un humor incomparable en ningún otra película que jamás haya visto. Las historias pueden ser más o menos divertidas, los diálogos también, pero cuando ambos están tan perfectamente hilvanados como es en este caso, con un personaje central como es el de C. R. MacNamara, al que siguen unos secundarios de auténtico lujo, no hay más remedio que inclinarse con respeto.
El hombre al que da vida un siempre genial James Cagney coordina las ventas de Coca-Cola en Alemania desde Berlín Oeste. Su sueño es cruzar la frontera para llegar a Alemania Oriental, aumentar las ventas, y obtener su ansiado puesto de jefe de ventas en Londres, pero todo amenazará con irse al traste cuando su jefe en Atlanta decida enviarle a su tonta y malcriada hija adolescente a pasar unos días con este y su familia, lo que terminará en un romance con joven comunista del este al que tendrán que rescatar y hacer pasar por un joven aristócrata alemán si quiere conservar su trabajo. El frenético ritmo de la película, perfectamente dirigido tanto por Wilder tras las cámaras, como por Cagney en la pantalla, no dan un momento de respiro al espectador que asiste impotente a todo un espectáculo de lujo acompañado de los constante Uno, Dos, Tres de MacNamara.

07- Sgt. J. J. SEFTON - William Holden en Stalag 17, 1953. Oscar al Mejor Actor
Salvo en el caso de Marilyn Monroe, Billy Wilder siempre repitió con determinados actores ya que veía en ellos el suficiente potencial para explotar un personaje al máximo y poder darlo todo. En el caso del cínico y modelo de anti-héroe, el sargento J. J. Sefton, vemos a un William Holden en estado puro. Quizás el actor en el que mejor se vio reflejado el propio Wilder (esto es pura opinión mía), nos regala una de sus mejores interpretaciones dando vida a un antipático sargento norteamericano en un campo de prisioneros en los que un doble agente entre los prisioneros está saboteando todos los intentos de escape. No es de extrañar que todas las miradas se centren sobre Sefton, el cual parece llevar una vida bastante cómoda en el campo, ajeno e indiferente por voluntad propia a los problemas del resto.

08- CHUCK TATUM - Kirk Douglas en Ace in the Hole, 1951. 
En la filmografía de Wilder solemos encontrarnos con personajes de carácter, ciertamente, picaresco. Afables, simpáticos, cínicos, que en algunos aspectos pueden no gustar, pero que son algo más de lo parecen. Vimos ese modelo en personajes interpretados por William Holden, Walter Matthau, John Lund, Ray Milland, Fred MacMurray, pero jamás con un personaje tan brutal y ciego de codicia como el de Chuck Tatum en El Gran Carnaval. Para ello hacía falta un actor con una fuerza y capacidad propias de unos pocos. En este caso, Kirk Douglas, uno de los mejores actores de la historia. Su personaje, Chuck Tatum, es un periodista sensacionalista venido a menos que se ve obligado para trabajar en un periódico menor de provincias tras huir de Nueva York, y que ve en la tragedia de un joven atrapado en una cueva su oportunidad para volver a lo más alto, por lo que no dudará en retrasar el rescate lo máximo posible al hacerse con la exclusiva de la noticia, para así explotarlo al máximo. La película busca denunciar uno de los aspecto más hipócrita de la sociedad, la atracción que provocan las desgracias ajenas disfrazadas de falso interés y solidarización, y que alentados por la prensa siguen siendo uno gran lastre en nuestro días. Una cinta terriblemente actual que no ha envejecido un ápice salvo por la altura a la que lleva Douglas los pantalones.

09- Sir WILFRID ROBARTS - Charles Laughton en Witness for the Prosecution, 1957. Nominado al Oscar a Mejor Actor
Trabajó con algunos de los mejores actores y actrices de su tiempo. Siempre se quedó con las ganas de dirigir a su amigo Cary Grant. Pero de todos ellos, Wilder siempre afirmó que el mejor actor con el que tuvo la oportunidad de colaborar fue la gran leyenda británica, Charles Laughton.
Laughton es parte, no solo de la historia del cine, sino también del teatro. Un hombre con un registro tremendo que dio vida un gran número de grandes e inolvidables personajes. Curiosamente, solo estuvo nominado al Oscar en tres ocasiones, ganándola en su primera vez por interpretar a Enrique VIII. Partiendo de esta base, y analizando el colosal personaje de Sir Wildrid Robarts, vemos como Laughton hizo suyo uno de los protagonistas más trabajados de Wilder en el que combina un humor cínico y brillante, junto a una ternura casi infantil. 

10- LA CHICA - Marilyn Monroe en The Seven Year Itch, 1955. 
Mucho se hablar de Marilyn y su trabajo con Wilder en Con Faldas y a lo Loco. No dudo del talento de la actriz, y del gran resultado que dio en dicha película, a pesar de todos los problemas durante el rodaje. Pero es, nuevamente en mi opinión, en La tentación vive arriba, donde Wilder saca lo mejor de Monroe como pocos supieron hacer. El personaje de La Chica, una joven rubia, atractiva, con apariencia de ingenua, pero más lista de lo que parece bajo varias capas, no es ni más ni menos que la propia Marilyn, haciendo uso de todo su talento y encantos al servicio de la película. La película además nos regala una de las escenas más famosas de la historia del cine en la que el vestido de ella se levanta a causa del aire proveniente de una rejilla del metro y que ella, coquetamente, sujeta.

Esta es el listado que surge de mi más modesta opinión. Otros grandes personajes se han quedado en el tintero como Barton Keyes (Edward G. Robinson), Irma (Shirley MacLaine), Phoebe Frost (Jean Arthur), Richard Sherman (Tom Ewell), Christine (Marlene Dietrich), Sabrina (Audrey Hepburn), o Phillys MacNamara (Arlene Francis). ¿Qué opináis vosotros?

P.D.: Entiéndase que he seleccionado personajes de películas de Billy Wilder de hasta 1965.

@solocineclasico

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Películas - Años 30: La Gran Ilusión (1937)


LA GRANDE ILLUSION (9/10)

Ahí fuera los niños juegan a soldados. Aquí dentro los soldados jugamos como niños.

Bajo una misma temática un director puede contarnos una historia, mientras que otro otra completamente distinta. Mientras que en La Gran Evasión, John Sturgess se limita a mostrarnos la fuga de un grupo de oficiales aliados de un campo de prisioneros alemán a través de un túnel, y su infatigable lucha en busca de la liberta, Jean Renoir nos cuenta, con un argumento bastante similar, mucho más. No es mi intención infravalorar la labor de Sturgess, todo lo contrario, sino más bien mostrar la grandeza de la cinta de Renoir, el cual dirige una cinta catalogada como de fuga y que va mucho más allá. Bajo la latente amenaza de un nuevo conflicto bélico a escala mundial, el director francés narra la historia de un grupo de oficiales franceses durante la I Guerra Mundial que buscan evadirse a toda costa del campamento de prisioneros alemán en el que se encuentran recluidos. El objetivo de Renoir, más que hablar de la propia fuga, o consiguientes fugas, es la realidad del hombre allí atrapado, las consecuencias de la guerra, el humanismo o la falta del mismo, y otros aspectos sociales que busca criticar o ensalzar a partes iguales.
El teniente Maréchal (un trabajador de los suburbios parisinos) y el capitán de Boeldieu (aristócrata y oficial de carrera) son derribados mientras sobrevuelan una zona enemiga, y encarcelados juntos en un campo de prisioneros alemán. Aunque deciden colaborar junto al resto de los oficiales franceses de su cuarto en la fuga, la convivencia entre ambos se basa más en el respeto que en la amistad al ver que no tienen nada en común y que aunque compartan el mismo objetivo, no hay nada más que les una. A lo largo de la cinta Renoir busca mostrarnos la relación entre estos dos hombres en busca de retrata la realidad social del momento, la diferencia de clases, el auge de los trabajadores y los burgueses (retratados por Maréchal y el teniendo judío Rosenthal), y el declive de las vieja aristocracia europea.
Sobre esta última hay mucho más que analizar gracias a la figura tanto del capitán de Boeldieu y su carcelero alemán, el mayor von Rauffenstein, también aristócrata, militar de carrera, y el piloto que derribó a los dos protagonistas. De Boeldieu tiene mucho más en común con un hombre de su misma clase social, a pesar de ser enemigos, que con sus compañeros de diferente procedencia social. Estos lazos de amistad se plasman en el conocimiento de ambos a través de conocidos, también de alta clase y disposición social, el hablar varios idiomas, y una educación e ideales bastante similares. Esta unión entre ambos personajes, el capitán francés y el mayor alemán, se acrecienta al ser ambos testigos de como los de su propia clase comienzan a desaparecer para ser engullidos por las emergentes clases inferiores, dispuesto a tomar el mando social.
Pero esta no es la única inquietud que busca reflejar Renoir en su película. El antisemitismo es otro de los temas que trata, en busca de denunciar el odio proveniente de la Alemania nazi hacia los judíos. El director lucha contra el estereotipo clásico del judío avaro, mostrando al teniente Rosenthal, proveniente de una rica familia al que no le importa compartir todo que le envía su familia con sus compañeros.
Y finalmente, el título de la cinta, la gran ilusión, en referencia a una conversación entre dos de los protagonistas en el que uno afirma que esa guerra sería la última por su brutalidad y el sufrimiento mutuo de los hombres por ella independientemente de que fueran enemigos o no, a lo que el otro responde que aquello era una ilusión. La película es un claro alegato pacifista surgido durante los tensos años anteriores al estallido de la segunda guerra mundial, un intento casi desesperado y conscientemente ingenuo en busca de concienciar a los hombres del terrible mal que supone la guerra. Evidentemente, el intento fue vano, pero no por ello dejó de despertar todo tipo de reacciones. Fue declarada como película enemiga número uno por el ministerio de propaganda nazi de Goebbels y prohibida en todo el país, mientras que en Francia sería prohibida al iniciarse el conflicto por su mensaje pacifista para no desmotivar a las tropas. En otros países europeos se prohibiría por las mismas razones que los dos anteriores. Por otro lado, en EEUU contó con un gran éxito, al menos para la crítica especialidad, y la academia, nominándola al Oscar a Mejor Película, siendo la primera cinta de habla no inglesa en conseguir dicho honor.
La película cuenta con escenas que han pasado a la historia del cine, aunque seguramente una historia que no ha llegado con la suficiente fama que merecen, entre las que podemos destacar la del guarda alemán que se apiada de Maréchal; los buenos modales del mayor alemán cuando recibe a los dos franceses como invitados a su mesa tras derribarlos con su avión; cuando uno de los oficiales más jóvenes se disfraza de mujer y todos se le quedan mirando con añoranza; y la historia alrededor de la flor del mayor alemán. Todas con gran cantidad de simbolismos y mensajes.
Hemos de destacar a los cuatro actores principales de la cinta, a los que Renoir entrega todo el peso de la película: Jean Gabin, como protagonista principal, el cual era una de las grandes estrellas del cine francés del momento tras los éxitos derivados de Maria Chapdelaine, La Bandera, y Pépé le Moko, todas dirigidas por Julien Dudivier; Pierre Fresnay, como el capitán francés; Erich von Stroheim, afamado director, productor y actor del cine mudo de Hollywood, toda una leyenda. Conocido como un dictador durante los rodajes, la llegada del cine sonoro y sus problemas con las productoras le hizo decantarse por la actuación, donde daría vida principalmente a aristócratas europeos; y Pierre Fresnay, quien repetiría con Renoir en La regle du jèu, la otra (considerada) obra maestra del director, junto a Gaston Modot y Julien Carette. Sin olvidar a la actriz alemana Dita Parlo, protagonista de L´Atalante (Jean Vigo, 1934).
Toda una joya del cine bélico, que no muestra ni una sola escena de lucha, pero que aún así rebosa del mismo horror. Una cinta con un mensaje, como su reparto e historia, universal. De obligado visionado.

Podéis ver la película online aquí:


@solocineclasico

lunes, 3 de noviembre de 2014

Películas - Años 40: El Tercer Hombre (1949)


THE THIRD MEN (10/10)

La música de una película es tan sumamente útil. Hay gente que no lo creé, pero en mi opinión, una buena banda sonora puede llegar a mejorar una película, mas no al revés. Curiosamente, en el cine clásico tenemos buenos ejemplos de grandes bandas sonoras aunque no tantos como podríamos desear. En mi opinión nuevamente, las bandas sonoras han alcanzado su esplendor a posteriori, pero eso no quiere decir que antes no hayamos contado con magníficos trabajos. Si bien en la mayoría de los casos son en cintas épicas de gran factura, musicales, y algún que otro thriller de Hitchcock, no podemos recordar un cuantioso número de melodías que caractericen o se identifiquen tanto con una cinta. Hay excepciones, afortunadamente. Y una de ellas, posiblemente de las mejores, sea esta.

El responsable del mismo fue un autor viene llamado Anton Karas. Gracias a su talento para la música, su familia decidió pagarle clases en dicha materia, pero debido a su difícil situación económica, solo pudieron permitirse las clases para aprender a tocar la cítara que Anton había encontrado tiempo atrás en la casa de su abuela. A los 22 años contrajo matrimonio y durante la segunda guerra mundial estuvo destinado en el frente ruso en un escuadrón antiaéreo. Al volver a casa tras el conflicto a su Viena natal dividida en cuatro zonas por los aliados, Anton empezó a ganarse la vida tocando la cítara en bares y tabernas. Así hasta un día en 1948 cuando un inglés se le acercó para hablarle de su música y proponerle la creación de la partitura de la banda sonora de una película que pensaba dirigir en breve en Viena. La película se titula El Tercer Hombre, y el nombre de aquel inglés era Carol Reed.
Reed era considerado a finales de los años 30 y especialmente a principio de los 40 como uno de los directores británicos más prometedores junto a Alfred Hitchcock. Esto se debía principalmente a que ambos rompieron con el modelo de cine británico, en el caso de Reed, con títulos como Midshipman Easy, Laburnum Grove, Bank Holiday, The Starts Look Down, o Night Train to Munich. Todas estas cintas son aclamadas por público y crítica, en concreto por el afamado autor Graham Greene
Tras la guerra, Reed rodará probablemente las que son sus tres mejores películas: Odd Man Out (referencia al grupo irlandés del I.R.A.),  The Fallen Idol (primera colaboración entre Reed y Greene, y primera cinta de la London Film, productora de Reed y Alexander Korda), y finalmente la que es considerada por la mayoría de los entendidos como la mejor aportación británica a la historia del cine, The Thrid Men.
Por aquel entonces, y tras su experiencia en la guerra, tanto Reed como Greene estaban interesados en contar una película que se desarrollase en la Viena de posguerra, dividida en las cuatro zonas que ocupaban los aliados (EEUU, Reino Unido, Francia y la URSS). Para ello Greene se encargó de la escritura aunque decidió primero escribir una novela sobre la que guionizar la historia, ya que se veía incapaz de desarrolla un guión directamente. En dicha historia seguimos a Holly Martins, un escritor estadounidense de novelas baratas que acude a Viena tras la llamada de su mejor amigo, Harry Lime, a quien no ha visto en años. Al llegar descubre que Lime ha muerto atropellado en circunstancias sospechosas, lo que impulsará a Martins a investigar su muerte y a unir las piezas del terrible secreto que varias personas relacionadas con Lime tratan de ocultar a toda costa.
A la producción de la misma se unión el mítico productor estadounidense David O. Selznick confiado del éxito de la misma, de la fama de los nombres de Reed y Greene, y especialmente de los protagonistas: Joseph Cotten en el papel de Holly Martins, y Orson Welles como el misterioso Harry Lime, el cual aparece en escena apenas 10 minutos. 
También es de justicia mencionar al resto de miembros principales del reparto como Alida Valli, que venía de protagonizar The Paradine Case (Alfred Hitchcock, 1947); Trevor Howard, uno de los mejores, y más infravalorados, actores británicos de la historia que en 1945 nos regaló una de las más hermosas películas románticas de todos los tiempos, Brief Encounter, de David Lean; sin olvidar a Bernard Lee, Ernst Deutsch, Siegfried Breuer y Erich Ponto, los cuales realizan sus papeles más conocidos en esta cinta.
Especialmente destacable es el caso de Orson Welles, quien en aquel momento buscaba financiación para sus proyectos y aceptaba todos las películas que caían en sus manos, ya fuera para dirigir como para actuar tras los fracasos en EEUU de The Lady from Shanghai y Macbeth. El caso es que debido al innegable talento de Welles, y su figura como leyenda de la historia del cine ganada tan a pulso, se ha comentado en infinidad de ocasiones, y hasta se ha llegado a creer, que el mérito de esta película fue de Welles asesorando a Carol Reed y ayudándole a mejorar la película. Nada más cierto de la realidad, y si he empezado esta crítica hablando de Reed ha sido para destacar la labor y el talento de este director británico ciertamente olvidado, cuya filmografía habla por si misma como una de las más envidiables de la historia del cine de las islas. Si algo aportó Welles a esta cinta fue la archi-conocida frase sobre el reloj de cuco, algo que tanto Reed como Greene agradecieron al estadounidense y que ha pasado a la historia del cine. Aunque también Welles tuvo mucho que agradecerles, ya que con apenas 10 minutos de trabajo, Welles cuenta con las tres mejores escenas de la película: la aparición de Harry Lime (considerada como la mejor presentación de un personaje en la historia del cine), la parte de la noria, y el final en el alcantarillado.
No podemos focalizar la grandeza de esta película en una sola persona. Ni en Reed, ni en Welles. Sino más bien a todos aquellos que colaboraron en la misma. Desde el director hasta el guionista, los productores, el reparto, los técnicos, la población de Viena, y un estado de gracia que contagió a todo el equipo de la película tanto en Austria como Reino Unido, y que permitió presentar al mundo una de las mejores películas de la historia. Porque la historia que nos regaló Reed, y que curiosamente ganó más en su adaptación a guión, es un clásico del cine negro gracias a la misteriosa figura del tercer hombre y el omnipresente Harry Lime que en un principio recuerda a la inolvidable Rebecca de la novela homónima adaptada por Hitchcock. 
(Joseph Cotten y Carol Reed)
Porque la dirección de Reed, que ya venía apuntando maneras en la década de los 40 como una de las más innovadoras, llegó a su apogeo con esta joya del cine negro, ayudado por una magnífica fotografía en blanco y negro de Robert Krasker, tanto en interiores como en exteriores (las calles de la derruida y dramática Viena) junto a la escena final en el alcantarillado. Joseph Cotten, quien nunca me ha parecido mal actor, pero tampoco de los mejores, si tuvo la suerte o el talento para participar en algunas de las películas más interesantes de los años 40, y seguramente es en esta donde realiza su mejor trabajo interpretativo. Y la banda sonora... tras finalizar el rodaje, Reed instaló a Anton Karas en una habitación del Hotel Astoria de Viena para que compusiera la banda sonora. Una vez hecho, Reed se llevó el material a Londres para realizar la mezcla, aunque esto le resultó una tarea imposible por lo que se llevó a Karas a Londres para que le ayudase. Karas se vio obligado a componen la banda sonora de nuevo, trabajando durante 3 meses, más de 14 horas diarias hasta que finalmente lo logró. Aunque el parecer el destino se la tenía jugada a esta cinta, ya que un terrible incendio en los estudios destruyeron la mitad del trabajo de Karas que se vio obligado a repetirlo nuevamente. A la tercera fue la vencida, por lo que el compositor austriaco decidió encender una vela en la Abadia de Westminster como agradecimiento por poder volver a casa. Aunque no fue calma lo que disfrutó precisamente al volver, ya que poco después se estrenó la película recibiendo críticas muy positivas, en especial por la banda sonora que se convirtió en todo un éxito de ventas, impulsando el nombre de Anton Karas a la fama.
Si como decía al comienzo de la crítica, una película no hace mejor a una banda sonora, pero una banda sonora si puede con esta labor. Parece difícil creer que algo pudiese mejorar al Tercer Hombre, pero si nos fijamos, y atendemos al magnífico trabajo de Karas, veremos como una vez más, la música permitió que una gran película destinada a ser una de las mejores películas de cine negro jamás rodadas, se convirtiera en una de las cinco mejores, siendo catalogada como obra maestra.

Podéis ver la película online aquí:

Y para los que tengáis pensado ir a Viena en el futuro y hayáis disfrutado esta película tanto como yo, os recomiendo encarecidamente acudir un sábado de 14 a 18 horas a Pressgasse 25, dirección del Museo del Tercer Hombre. Este proyecto surgió hace años cuando Gerhard Strassgschwandtner decidió sacrificar todos los sábados por la tarde del resto de su vida para llevar a cabo una locura de proyecto, abrir las puertas a un pequeño museo de su película favorita, Der dritte Mann, tanto como de la Viena de posguerra. Poco a poco, con la ayuda de Karin Höfler, el museo ha ido creciendo con el paso de los años adquiriendo material de la película como posters; carteles publicitarios; reseñas de revistas; fotografías; artículos de la cinta; copias tanto de la película en diferentes formatos e idiomas, como de la novela; una sección dedicada a Anton Karas y todas las versiones posteriores del famoso tema de Harry Lime; una sala con todo el material sobre la película en Japón; la copia del guión de Trevor Howard... 13 salas decoradas con auténticos tesoros para los más nostálgicos y adeptos a esta cinta, en una lugar de obligada peregrinación para todos los cinéfilos.
@solocineclasico 

miércoles, 29 de octubre de 2014

Películas - Años 30: Sucedió una noche (1934)


IT HAPPENED ONE NIGHT (8/10)

Todo empezó como una serie de catastróficas desdichas que parecían no encajar: un director desilusionado con su propia idea, dos actores protagonistas que llegaron de rebote y una fecha límite de rodaje. Detallemos un poco más: todo empezó con una noticia en un periódico, una noticia que llamó la atención del director Frank Capra, que decidió crear un guion a partir de un diminuto fragmento que leyó de pasada. El desencanto fue inmediato, la historia no parecía nada creíble. Sin embargo, la suerte, el destino u otra fuerza mayor desconocida hizo seguir al director estadounidense con su proyecto adelante, a la zaga de unos protagonistas que dieran vida a esa especie de película basada en hechos reales. Así llegaron Clark Gable, castigado por su productora y Claudette Colbert, con un ego suficiente como para pedir condiciones. Y fue entonces, cuando la magia del cine hizo el resto. Sin embargo, la cosa acabó mejor de lo que empezó, nada más que con la gloria de ser la primera película en la historia en conseguir los cinco Premios Oscar en las categorías principales, así como un gran reconocimiento del público y de la crítica que la han ensalzado hasta el día de hoy como uno de los grandes clásicos de la historia del cine. Bien podríamos llamar a este suceso “paradoja cinematográfica”. Hablamos de Sucedió una noche.
La historia es sencilla: niña rica con la vida solucionada enamorada huye de papá para reunirse con su amante, en el camino conoce a chico-periodista-trepa hecho a sí mismo y que, abusando de la picaresca, pretende ayudarla con el fin de conseguir la exclusiva de su historia para relanzar su carrera. Añadiendo un muro de Jericó, un torso desnudo que hizo caer las ventas de las camisetas interiores masculinas y una pierna, tenemos la screwball comedy más que servida. Lo que había empezado como un proyecto maldecido empezó a tomar forma gracias a la química de la pareja protagonista, los gags que funcionaban y las sutilezas escondidas –aunque no demasiado- entre sus escenas. Diálogos ágiles, agudos y punzantes, que tomaban mayor agriedad en boca de Gable pusieron la guinda para rematar esta obra maldita y, como resultado, tenemos una comedia ligera, sin demasiadas florituras, pero eficaz en su esencia.

¿Se debe el éxito de este film de Frank Capra a su complicada trama y a la profundidad de sus personajes? “Nada más lejos”, podemos pensar en un principio, ya que si por algo puede destacar esta cinta es por su sencillez, pero ¡ojo! Eso no la resta de matices. Se perfilan unos personajes tipo que pretenden ser un reflejo de la sociedad estadounidense de la época: el perfil una mujer luchadora, que pretende romper con las imposiciones de su padres puede recordarnos a esas feministas que buscaban derrocar el sistema patriarcal y empezar a decidir por sí misma. Mientras que el padre del protagonista representa al hombre clásico, anticuado; el personaje de Gable representa al nuevo hombre, más avanzado en ideales y costumbres, capaz de ponerse a la altura de una dama sin tratarla como un ente diferente. Si sabemos buscar entre las pistas, encontraremos algo más que una historia de amor.
Sucedió una noche, puso la primera piedra en el camino de muchas comedias románticas que, hasta la actualidad, han imitado el estilo de Capra con mayor o menor acierto, ya que es difícil copiar la frescura y el dinamismo que desprende este film por sí mismo, apoyado en su ácido guión y en la sutileza y picardía de sus escenas. Solo los genios del cine saben hacer que una historia, a primera vista, simple tome forma y funcione. Capra fue uno de ellos.


@peripecias58
@solocineclasico

miércoles, 8 de octubre de 2014

Historia del Cine: Neorrealismo Italiano

"El neorrealismo no es nada, tan sólo una idea, un punto de vista, una actitud moral."
Cesare Zavattini

Si algún género cinematográfico fue cercano a la realidad social de su momento, este fue sin duda alguna el Neorrealismo Italiano, tanto por las circunstancias en las que surgió, como lo que mostraban en la pantalla. Sus características principales no son más que un espejo que reflejaba la situación que vivían tantos los personajes de sus historias, como la de los mismos que las filmaban. Entenderéis esto un poco mejor más adelante con varios ejemplos.
Pero, ¿qué es y cómo surge esta escuela/movimiento? Para empezar, podemos considerar cine neorrealista italiano a todas aquellas películas en el que la cotidianidad de las personas y sus propios problemas son el eje central de la historia tras el fin de la segunda guerra mundial y el nacimiento de la nueva Italia.
Italia vivía en un régimen dictatorial desde los años 20 por lo que el cine sufría de una gran censura. Pocos eran los autores que se atrevían a contradecir al sistema. El tipo de cine que predominó durante aquellos años siempre tuvo un carácter más ligado al propio espíritu italiano que trataba de inculcar Benito Mussolini, orgullo nacional, costumbrismo, musical, histórico... muy en la línea del cine generalmente aprobado por cualquier régimen totalitarista. Esto hace surgir una generación de directores que buscan realizar otro tipo de cine pero se ven incapaces por las trabas gubernamentales. Han de amoldarse a las exigencias de su tiempo, y esperar su oportunidad.
La guerra transforma las vidas de los italianos, obligando a que muchos de ellos pierdan sus trabajos, sus casas, sus propias vidas. La realidad social es terrible, y alguien tiene que registrarlo. Es aquí donde surge Roberto Rossellini y su Roma, Ciudad Abierta. En esta película, el director nos cuenta la historia de varios personajes durante la ocupación nazi de Roma: un miembro de la resistencia, su prometida la cual tiene un hijo, un sacerdote que ayuda a la resistencia. Todas eran historias verídicas que el propio Rossellini recopiló durante la "ocupación" nazi de la capital. El director adopta una responsabilidad social al narrar esta historia, siendo además los métodos de rodaje los que impulsaran unas normas no escritas para el resto del movimiento. Para empezar, ha de rodarse en la calle, ya que los estudios de cine estaban cerrados o destruidos, como es el caso de los famosos estudios Cinecittà (usado por los nazis como campos de concentración civiles, y posteriormente bombardeado por los aliados); y además las producciones apenas contaban con presupuesto, por lo que el rodaje suele ser bastante acelerado, contratando además en ocasiones a numerosos actores no profesionales. El rodaje en la calle donde transcurre las verdaderas historias impregnan las películas de una realidad total.
La película, a pesar de la censura en algunos países, se convirtió en un clásico desde su estreno, logrando la Palma de Oro en Cannes y una nominación al Mejor Guión en los Oscar.

Fragmento de Roma, Ciudad Abierta

Rossellini impulsó indirectamente el nacimiento del neorrealismo italiano asentando unas bases incondicionales en su gran película: conciencia social del cine; bajo presupuesto; método acelerado de rodaje; actores no profesionales en su mayoría; exteriores e interiores reales... Aunque ya existían precedentes del neorrealismo. En los años 30 surge un cine que busca retratar la vida rural y de los diferentes pueblos italianos a través de dramas o comedias, financiados por el régimen de Mussolini. Tras el estallido de la guerra surgen las primeras películas de tinte patriótico, en el que en ocasiones se retrata con crudeza la vida del soldado italiano. Pero es en 1943 cuando Luchino Visconti estrena Obsesión, una adaptación de El cartero siempre llama dos veces, la cual asienta el más claro antecedente de cine neorrealista. Algunos expertos afirman que se trata de la primera película neorrealista de la historia. Yo prefiero pensar que es la transición del cine italiano controlado por la censura, al cine libre y social de posguerra.
Visconti vivió unos cuantos años en Francia trabajando con Jean Renoir y empapándose del cine realista francés. Esta experiencia sirvió en parte de inspiración para el rodaje de Obsesión. En ella nos cuenta la asfixiante existencia de una joven casada con un hombre terrible con el trabaja en un hotel restaurante. Bajo este clima de angustia aparece un atractivo vagabundo que se convertirá en el amante de la chica, y con el que planeará el asesinato del marido.
La crudeza del argumento, junto a la estética opresora del film causó un gran impacto en la sociedad italiana aunque también sirvió de inspiración al resto de cineastas no afines al régimen.
Tras el estreno de Roma, Ciudad Abierta, llegaron otras películas en la que se reconocían las características principales ya trabajadas en esta y Obsesión.

1946
Rossellini vuelve a estrenar otra historia de argumento similar a su anterior cinta, Paisà (Camarada), en la que narra en diferentes episodios el avance de las tropas aliadas por Italia; Vittorio De Sica estrena El Limpiabotas, protagonizada por dos niños que sueñan con comprar un caballo, y que tendrán que traficar en el mercado negro de la Roma de posguerra sin ser descubiertos. La cinta obtuvo una nominación al Oscar al Mejor Guión Original. Y Alberto Lattuada presenta El Bandido, protagonizada por la estrella del momento, y de Roma, Ciudad Abierta, Anna Magnani, en la que un hombre vuelve a casa después de la guerra y se encuentra con su casa destruida, su madre muerta, y su novia desaparecida, a su vez será introducido en el mundo de la delincuencia por una fascinante mujer.
1947
Podemos destacar Caza trágica de Giuseppe De Santis, en la que el cine plantea por primera vez la necesidad de buscar un equilibrio que de paso a una nueva Italia basada en la convivencia social. Considerada la mejor película italiana de aquel año.

Fragmento de Alemania, Año Cero

1948 
Este año dio tres cintas capitales del cine neorrealista italiano. Supuso el regreso de Luchino Visconti tras su ópera prima, Obsesión. El final de la trilogía de posguerra de Rossellini. Y el estreno de la, en mi opinión, mejor película neorrealista y del cine italiano en general de la historia.
Visconti estrena La Tierra Tiembla, drama sobre la lucha de un pescador para independizarse de los mayoristas de la pesca. Supone la primera de una trilogía de películas sobre Sicilia.
Rossellini por su parte decide terminar la suya donde empezó todo, en Berlín. Se traslada allí para rodar en las mismas condiciones que Roma, Ciudad Abierta, una drama sobre la vida de los civiles en el Berlín de posguerra. Se trata de Alemania, Año Cero.
Y finalmente, Vittorio De Sica nos trae una de las películas más importantes y aclamadas de la historia, y en mi opinión, una de las más fieles representantes del neorrealismo, Ladrón de Bicicletas. En ella un padre de familia consigue un trabajo por primera vez en año en el que necesita de una bicicleta, pero en su primer día se la roban, por lo que este deberá comenzar una angustiosa búsqueda por toda Roma de la bicicleta para no perder el trabajo. Consiguió el Globo de Oro y el BAFTA a Mejor Película Extranjera, además de una nominación al Mejor Guión en los Oscar.

Fragmento de Ladrón de Bicicletas

1949
Rossellini vuelve para estrenar Stromboli, estupenda cinta neorrealista más conocida por ser el origen de uno de los mayores escándalos de la historia del cine debido a la relación que mantuvieron el director y la actriz Ingrid Bergman, que por la propia cinta
De ese año también podemos destacar la obra maestra de Giuseppe de Santis, Arroz Amargo, la cual retrata la vida de los trabajadores de los arrozales del norte de Italia. Obtuvo una nominación al Oscar por su Argumento.

Con la llegada de la década de los cincuenta, el cine italiano vive una transformación. El país disfruta de cierta estabilidad política y económica. La industria del cine ha resurgido gracia a las producciones de Hollywood, el aumento del presupuesto de las producciones, y la reconstrucción de estudios de cine como Cinnecittà. El cine neorrealista comienza a evolucionar al igual que la propia sociedad italiana aunque aún tiene mucho que mostrar y denunciar.

1951
No es hasta un año después donde el neorrealismo disfruta de titulos nuevamente aclamados por la crítica a diferencia del año anterior. Destacan los nuevos trabajos de Visconti y De Sica.
En el caso de Visconti, presenta Bellísima, con Anna Magnani dando una vida a una madre dispuesta a todo para que su hija se convierta en una estrella de cine y pueda tener un mejor futuro. Por otro lado, De Sica sigue fiel a sus historia con Milagro en Milán, aunque escribe un capítulo aparte en la historia del neorrealismo italiano, ya que nos encontramos con una excepción que podríamos libremente definir como Cuento Neorrealista. De Sica sigue a un joven huérfano llamado Toto que vive en los suburbios de Milán donde descubren petróleo, por lo que un temible empresario tratará de echar a todas estas personas de su hogar. El director se aleja del habitual mensaje realista/pesimista del neorrealismo dotando su cinta de una mayor y entrañable fantasía como si de un cuento se tratase. Consigue la Palma de Oro del festival de Cannes. Es con Milagro en Milán con la que el neorrealismo comienza a evolucionar con contadas excepciones.

Fragmento de Bellísima

1952
De este año nos quedamos con dos películas. La primera sería Dos centavos de esperanza, obra maestra de Renato Castellani en la que nos presenta la historia de Antonio, un joven que desea casarse con su novia pero que a su vez ha de mantener a toda su familia, por lo que buscará todo tipo de empleos. La cinta obtuvo la Palma de Oro de Cannes.
Y también la última cinta neorrealista de De Sica, y para muchos, película final de dicho género, Umberto D. Más que neorrealista (que lo es) se trata de drama sobre la vejez que sigue a un anciano que trata de sobrevivir de su escasa pensión acompañado de su extrañable perro Flike. Umberto D es una de las grandes obras maestras del cine italiano y una de las más dramáticas jamás filmadas. No tuvo un buen recibimiento en Italia, donde un cine más optimista y menos dramático llamaba con fuerza.
1953 y 1954
Aunque podriamos considerar el fracaso de Umberto D. como el final del neorrealismo italiano, hubo excepciones durante los siguientes años entre las que podemos destacar dos películas del mismo director. Un director que marcó una época y cuyos inicios bien pudieron estar influidos por el neorrealismo. Se trata ni más ni menos que de Federico Fellini.
Fellini ya había colaborado como guionista en películas neorrealista, destacando su colaboración con Rossellini en Roma, Ciudad Abierta. En 1951 debuta en la dirección con El jeque blanco, una comedia que fracasó en su momento pero que con el tiempo se ha reivindicado como una gran cinta, en la que Rossellini colabora por primera vez con el músico italiano Nino Rota.
Dos años después vuelve a presentar una nueva cinta, Los inútiles, en la que se puede apreciar la influencia neorrealista. Esta historia, que puede recordar en ocasiones a la obra maestra de Juan Antonio Bardem, Calle Mayor, narra la vida en la ciudad costera de Rímini y en concreto la de un grupo de jóvenes que se dedican a hacer el vago durante todo el día. La película obtendría el León de Plata en el Festival de Venecia.
Un año después, Fellini estrena una de sus obras maestras, y la película por la que tanto él como su esposa, la gran actriz italiana Giulietta Masina se darían a conocer por todo el mundo, La Strada. Cinta que homenajea tanto al neorrealismo como al mundo del circo y del espectáculo que tanto influyó en el director. En la película seguimos a Gelsomina, una joven un poco simple que es vendida por su madre a Zampanò, un bruto artista ambulante que maltrata y humilla a la chica constantemente. A pesar de ello, Gelsomina se siente fascinada por el estilo de vida ambulante que lleva Zampanò y los demás artistas que conocerá por el camino. Destacan en el reparto la presencia del mexicano Anthony Quinn y el estadounidense Richard Basehart.

Fragmento de La Strada

Fue sin duda alguna con La Strada con la que el cine neorrealista italiano dio por concluida su andadura en la historia del cine. Como decía antes, un nuevo tipo de cine se asentaba en Italia, por lo que el neorrealismo ya no era necesario, aunque su importancia fue vital para la propia historia del cine. Años después han sido muchos los cineastas que se vieron influidos por este género. Las grandes obras maestras del cine clásico español han bebido del neorrealismo, como podemos ver en la anteriormente mencionada Calle Mayor, u otros títulos como Surcos (J.A. Nieves Condes, 1951); Los jueves, milagro (Luis García Berlanga, 1957); El Pisito (Isidoro M. Ferry y Marco Ferreri, 1959); Plácido (Luis García Berlanga, 1961); o El Mundo Sigue (Fernando Fernán Gómez, 1963). Además, años después el cineasta ha hecho uso de las armas del neorrealismo para películas de tono independiente que han buscado plasmar una realidad social cualquiera. Es por ello la importancia de este género, la influencia posterior que han tenido, y la importancia de su compromiso social, buscando en el arte un arma de lucha contras las injusticias del momento.

@solocineclasico
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