miércoles, 1 de julio de 2015

Películas - Años 40: Cayo Largo (1948)


KEY LARGO (8/10)

Lo mejor que se puede decir de un director irregular es que al menos contó con una época en la que dirigió buenas películas, a lo mejor un par seguidas, o incluso tres, a lo largo de tres, cuatro, cinco años. Si se da el caso, podríamos considerarlo como la época dorada de dicho director o cineasta en general. Si bien John Huston no tuvo una carrera irregular, ya que lo peor que se podía decir de sus películas es que eran entretenidas, sin apenas fracasos o películas menores, si que contó con una época dorada con títulos que sobresalieron sobre el resto, y esta es, en mi opinión, finales de los años 40, principios mediados de los 50. Huston nos trajo durante esos años películas como El Tesoro de Sierra Madre, La Jungla del Asfalto, La Reina de África, Medalla Roja al Valor, Moulin Rouge, Moby Dick... en las que podemos apreciar a un director en estado de gracia. De ese periodo me ha faltado por mencionar la película que os hablaré a continuación, Cayo Largo
La historia en cuestión nos traslada hasta los cayos de Florida, un archipiélago formado por más de 1000 islas de diferentes dimensiones al sur de la costa de dicho estado norteamericano. Frank McCloud, un ex-combatiente de la Segunda Guerra Mundial acude a una de estas islas, Cayo Largo, para presentar sus respetos al anciano padre y a la joven viuda de un soldado que murió bajo sus órdenes en Italia. Ambos regentan un pequeño hotel actualmente cerrado y vacío por la temporada baja, a excepción de un sospechoso grupo de cinco hombres y una mujer que parecen estar de paso. Al poco descubrirán que en realidad son una banda de gangsters capitaneados por el legendario Johnny Rocco, que vuelve del exilio, con los cuales se verán obligados a permanecer encerrados en el hotel como rehenes al estallar un huracán. Únicamente Frank será capaz de plantarles cara, a pesar de haber perdido todo espíritu de lucha tras la guerra y el descontento del regreso a casa.
El guión está basado en la original obra de teatro de Maxwell Anderson con un trama similar aunque diferentes personajes. Y es que tras volver del rodaje de El Tesoro de Sierra Madre, Huston se encuentra con la obligación de adaptar y dirigir esta cinta para la Warner Brothers. Para ello decide elaborar el guión junto a un conocido suyo, y de Humphrey Bogart, el escritor y guionista Richard Brooks, futuro director de joyas como La gata sobre el tejado de zinc o Lord Jim, y que estaría presente durante el rodaje para aprender todo lo posible de su mentor, Huston. Tanto este último como Brooks no terminaban de convencerse con el original de Anderson, por lo que reinventar parte de la historia en busca de una mezcla de géneros pocas veces visto con anterioridad. Si antes los villanos eran unos bandidos mexicanos, y el protagonista un desertor de la Guerra Civil Española, estos pasaban a ser miembros de la Mafia y un veterano de la Segunda Guerra Mundial.

Dicho conflicto bélico cambió la sociedad americano de arriba a abajo. El final de la prohibición, el despunte económico, y la guerra acabaron con los estamentos de la Mafia tal y como la conocimos en los años 20 y parte de los 30. Eso se puede ver perfectamente reflejado en el personaje de Johnny Rocco, una leyenda del crimen organizado que se vio obligado a huir de su país ante la pérdida de poder que supuso la propia evolución de la sociedad, algo a lo que él no quiso aferrarse. La elección de Edward G. Robinson es seguramente el mayor acierto de la película, ya que el consagrado actor se hizo un nombre en Hollywood dando vida en gran número de ocasiones a este tipo de personaje. A mediados de los 40, y ante el declive del cine de gangsters, Robinson se centró en otro tipo de papeles, como podemos ver en las dos cintas que hizo con el director alemán Fritz Lang, La Mujer del Cuadro y Perversidad. El cine negro estaba en pleno apogeo, Robinson era una de sus estrellas, por lo que la Warner decide enfrentarle con otra de estas, Humphrey Bogart. Bogart, al igual que Robinson, había alcanzado parte de su fama con el cine de gangsters, si bien fue de los primeros que cambió de tercio pasando a ser el tipo duro, pero ocasionalmente galán, de la década de los 40. Fue junto a Huston con quien Bogart legó algunas de sus mejores actuaciones, ya que sus personajes tenían una profundidad y solidez que pocos guionistas podían ofrecer por aquel entonces al neoyorkino. En el caso de Cayo Largo, Frank McCloud ha vuelto desencantado de la guerra. Ha sido testigo de primera mano del sacrificio de miles de vidas inocentes por culpa de aquellos poderosos corruptos que dirigen al resto. Su espíritu combativo se ha visto mermado. Ya no tiene convicciones, ni sueños, ni metas. Es un hombre ambiguo que no sabe muy bien que hacer con su vida... hasta que conoce a la familia Temple, un ejemplo de todas las familias, que a pesar de encontrarse indefensas, aún tienen un motivo para resistir y luchar. Esto alentará a McCloud.


Los Cayos de Florida destaca por el terrible clima tropical que asola la zona gran parte del año. El calor y la humedad son constantes, lo que hace la vida más difícil a sus habitantes. Si esto no fuera poco, su proximidad a la zona del Caribe implica el constante riesgo de tormentas, pequeños tsunamis, ciclones... cuando todas estas adversidades repercuten en el estado de ánimo de una persona, hay que añadirle la presión del obligado aislamiento al que se ven sometidos los protagonistas de la cinta en el pequeño hotel. La presión constante, la asfixia, la angustia... todo esto hace mella en los personajes, desbordando de reacciones diferentes. Nos encontramos ante un thriller de categoría que aúna lo mejor de una serie de géneros como el drama, cine social, cine de acción, cine negro... junto a duelo interpretativo con mayúsculas. Junto a dicho tándem (Robinson-Bogart), nos encontramos a Lauren Bacall, más que correcta en su papel; al posiblemente mejor secundario de los años 30 y 40, Lionel Barrymore, dando vida al viejo Temple, en un papel que me recordó en cierta manera al que interpretaba con una brillantez que desgarraba en Remordimiento (Ernst Lubitsch, 1932), y por supuesto a Claire Trevor, una de las mejores interpretes del cine clásico, bastante olvidada a día de hoy, y que ganó el Oscar por su fabulosa interpretación de una cantante en declive y con serios problemas de alcohol. Trevor protagoniza la mejor escena de la película (junto a la presentación de Rocco en la bañera) en la que interpreta una antigua canción a cambio de un vaso de whisky.
No es un joya. No es una obra maestra. Pero es una gran película digna de todo elogio y merecedora de un visionado, o revisionado. Disfrutad de ella.


@solocineclasico

viernes, 26 de junio de 2015

Películas - Años 40: El Tesoro de Sierra Madre (1948)


THE TREASURE OF THE SIERRA MADRE (9/10)

El cine de aventuras es uno de los más queridos por los cinéfilos (y más infravalorados por la crítica especializada) desde los orígenes del séptimo arte. Es un género que siempre ha estado presente y que nos ha dejado películas inolvidables, desde luego. Pero eso no implica que no haya un antes y un después. El cine de aventuras clásico, antes de 1948, salvo contadas excepciones, contaba con un protagonista, o serie de protagonistas, perfectos en todos los sentidos, que lo convertía en algo inverosímil, pero que gustaba al público de todas maneras. Tuvo que llegar John Huston, quien, tras asentar las bases oficiales del film noir, no contento con ello, nos legó el arquetipo de cine de aventuras con personajes auténticos. No pretendo dotar de mayor importancia de la que realmente merece el director, pero si que es innegable de la relevancia de una obra maestra como El Tesoro de Sierra Madre.
Dobbs (Humphrey Bogart) y Curtin (Tim Holt) son dos norteamericanos que vagabundean por las calles de Tampico, México, en busca de un trabajo que les permita salir de la pobreza para volver a casa. Mientras pasan la noche un albergue barato conoce a Howard (Walter Huston), un viejo buscador de oro con el que se asocian para ir en busca del preciado metal a una de las zonas más peligrosas del interior de México. A pesar de las advertencias de Howard sobre los terribles efectos que tiene el oro en el alma de las personas, Dobbs y Curtin desoyen las advertencias del viejo, las cuales tornarán en predicción cuando Dobbs comience a perder la cabeza a raíz de las envidias, recelos y desconfianza de sus compañeros y de la posibilidad de que le roben su parte del oro. A esta inestable situación habrá que añadirle los peligros de los bandidos que merodean por la zona, y un extraño que podría chantajearles si no le dejan unirse a ellos.
Huston había logrado un gran éxito en Hollywood tras el éxito de su primera película, El Halcón Maltés, sin embargo la fama y el éxito tuvieron que esperar ya que tras el ataque a Pearl Harbor se alista al ejército donde rueda documentales sobre la guerra. Mientras rueda dos películas de encargo y sin mayor importancia en la filmografía de este gran director, A través del Pacífico, y Como ella sola, ambas del año 1942. Tras volver a los EEUU, comenzó a trabajar en el proyecto de El Extraño, el cual abandonó, acabando en manos de Orson Welles. Huston decidió arriesgarse y apretó a la Warner para que le permitieran rodar en México la adaptación de la novela del controvertido B. Traven, El Tesoro de Sierra Madre, una historia con toques autobiográficos sobre la extracción de oro en una recóndita zona de México. La productora no terminaba de confiar en el proyecto aunque finalmente cedieron ante Huston. Y bien que hicieron, ya que el director no rodó una película de aventuras al uso, no. Él fue más allá. El toque que Huston aportó a su cinta en cuanto a realismo y crudeza solo podría ser comparada con anterioridad con el maestro John Ford, aunque son dos casos diferentes. Lo que Huston logra es que nos olvidemos que en la pantalla tenemos a la super estrella Humphrey Bogart, a su entrañable padre, y al irritante crío de El Cuarto Mandamiento (Orson Welles, 1942). Lo que ves son tres buscadores de tesoros sucios, cuyas barbas crecen casi al mismo ritmo que la avaricia que les corroe (más Bogart que a los otros dos en realidad), y que no están a salvo de nada, ni de ellos mismos. La cámara se sitúa en casi todo momento a la misma altura que los personajes, convirtiendo al espectador en el cuarto miembro de la banda. Los cambios de humor de estos, y el desarrollo de los personajes se capta a la perfección con acertadísimos primeros planos. Todo esto a lo que me refiero es algo que el espectador siente constantemente gracias al perfecto dibujo de los personajes, cada uno diferente pero muy bien presentados y explicados. Mientras que el de Bogart es un tipo en cierto aspecto mezquino y sin más visión de futuro que tener dinero para gastar sin importar que al poco tiempo pueda verse en la misma situación, el de Huston padre es el de un hombre que ha sufrido los efectos del oro, tanto la riqueza que aporta como la pobreza en la que puede sumir si no se sabe manejar, y que no desea volver a caer en sus garras, solo conseguir lo suficiente para retirarse tranquila. En medio tenemos a Tim Holt, con una visión opuesta a la de Bogart, tiene un aspiración en la vida, el poder volver a casa, comprar un terreno o una propiedad, establecer una familia... el equilibrio, la paz. Quizás por esta razón el protagonista de Casablanca acabé perdiendo la cabeza ante la imposibilidad de fijarse ninguna otra meta que la propia acumulación de oro. Este es el tema central de la película.
Pero esto no es todo, ya que merece la pena destacar la propia evolución de la avaricia dependiendo de la compañía a la que esté atado el sujeto. En este caso hablamos del propio Bogart. Su personaje, mundano, corriente, capaz de lo mejor (compartir parte de su boleto premiado de lotería con su joven amigo para partir en busca del oro) y de lo peor (arrojar su último vaso de bourbon al niño) va cambiando según transcurre la historia afectado no solo por el efecto del oro. Esto es debido a las duras condiciones de vida en las que se encuentran. El viaje hasta aquel páramo ha resultado demoledor. En lo alto de la montaña se enfrentan a los peligros de los bandidos, animales salvajes, derrumbamientos, pésima dieta. Todo esto le hace perder las fuerzas que sin embargo cubren los otros dos personajes ya sea gracias a la experiencia o a la esperanza. Bogart no posee ninguna de estas dos cualidades.
El protagonista de La Reina de África realiza en esta cinta uno de sus mejores papeles, especialmente en la segunda mitad de la película cuando poco a poco su personaje se deja sucumbir por la locura. Es un trabajo sencillamente perfecto, en parte gracias al propio personaje, con sus repentinos cambios de humor, y la tensión que supone tanto para sus compañeros como para el espectador el tenerlo cerca. Tim Holt realiza también un gran trabajo en el papel, seguramente, más importante de su carrera junto al de la película mencionada anteriormente de Orson Welles. Pero si alguien merece elogios del reparto, ese es Walter Huston dando vida al entrañable Howard, el alma del grupo, la voz de la experiencia, el único capaz de controlar a Bogart y dar algún sentido a toda aquella locura. Consiguió el Oscar por su gran trabajo, al igual que su hijo John, como director y guionista. 
El Tesoro de Sierra Madre supone uno de los mejores ejemplos de cine de aventuras (o western de búsqueda de oro), el cual ha influenciado a grandes directores posteriores. Una joya imperdible.
@solocineclasico

miércoles, 24 de junio de 2015

Películas - Años 40: El Halcón Maltés


THE MALTESE FALCON (7,5/10)

¡No tienes precio, muñeca!

Corriente Artística: tendencia referente al arte, con una filosofía o estilo común, seguida por un grupo de artistas durante un periodo o característico de una época.
Dicho esto, podemos empezar a hablar de El Halcón Maltes. Y es que según no pocos expertos, la cinta dirigida por el mítico John Huston, su primera película de hecho, inaugura esa corriente o género artístico denominado film noir o cine negro, una de los más aclamadas por los cinéfilos. Si la película merece, o no, dicho honor, es algo que os dejo a vosotros. Os daré mi opinión tras hablar de la propia película que es lo que realmente importa.
Basada en la novela del aclamado autor de género, Dashiell Hammet, John Huston adapta para la gran pantalla una historia que recoge una serie de elementos y características con los que posteriormente se identificaría el cine negro. Una hermosa y desvalida mujer (no tan desvalida como parece en realidad) acude en busca de ayuda a la oficina de Sam Spade, un detective privado con un fuerte código ético y unos métodos desconcertantes aunque efectivos. Antes de que se de cuenta, su compañero es asesinado durante la investigación, siendo Spade el principal sospechoso. Con la policía pegada a sus espaldas, el detective tendrá que descubrir la verdad que oculta su ambigua clienta y averiguar porque una serie de personas están dispuestos a lo que sea por recuperar el halcón maltés.
La historia original se había llevado dos veces con anterioridad al cine, en 1931 y en 1936, esta última con Bette Davis, y re-escrita en un todo de comedia ligera que no ayudó precisamente. La novela era conocida, y no eran pocos los interesados en adaptarla nuevamente con la intención de hacerle justicia. Warner Brothers tenía los derechos, y en todo un acto de valentía, decidieron confiar el material a uno de sus mejores guionistas para que también dirigiese la película, John Huston. Hasta entonces Huston había escrito los guiones de películas como Jezabel (William Wyler, 1938), El sargento York (Howard Hawks, 1941) o El último refugio (Raoul Walsh, 1941) de la que hablaremos más tarde, pero esta era su primera experiencia en la silla del director, y es por ello que llevó a cabo un rodaje muy trabajado, cuidando cada detalle y respetando la novela que prácticamente no sufrió alteración alguna. Se pensó en un principio en George Raft, una de las estrellas de la productora y todo un icono del cine de gangsters, sin embargo el actor declinó la oferta alegando que no deseaba trabajar con un novato como Huston, decantándose por Manpower, de Raoul Walsh, junto a Edward G. Robinson y Marlene Dietrich. Descartado Raft, la Warner decidió dar el papel de Sam Spade a otro de sus actores con más proyección, que si bien únicamente había dado vida a personajes secundarios hasta ese momento, estaban decididos a relanzar su carrera definitivamente. El intérprete era Humphrey Bogart. El neoyorkino comenzaba a hacerse un nombre en Hollywood. Su porte, su carácter, su manera de hablar, el eterno cigarrillo en su boca... todas estas características le habían hecho destacar por encima de otras estrellas, incluida con las que compartía cartel en películas como El Bosque Petrificado (Archie Mayo, 1936), Siempre Eva (Tay Garnett, 1937) o Los violentos años 20 (Raoul Walsh, 1940). Pero no es hasta 1941, protagonizando El último refugio, y especialmente, El Halcón Maltés, que Bogart se convierte en toda una estrella. Y es que sería un grave error pasar por alto la importancia del papel de Bogart en la historia del cine. Su personaje, Sam Spade, creado por Hammet, perfeccionado por Huston, y definido por Bogart, crea el arquetipo del detective clásico del cine negro o detectivesco, diferenciado notablemente del detective europeo tipo Sherlock Holmes o Hércules Poirot. Este personaje es mucho más oscuro y complejo. Más cercano a la realidad que investiga. Su vida privada en ocasiones es casi tan caótica como los casos en los que trabaja, por lo que no es normal encontrarnos con un solitario con doble moral y que da vida al bueno, únicamente porque el malo es peor que él. Si bien está del lado de la "justicia", no tiene una confianza ciega en el sistema, ya que sabe la corrupción que la asola en ocasiones y no se guarda en mostrar una aptitud crítica hacia esta (algo, creo yo, heredado tanto del cine social como el de gangsters de la Warner de los años 30), y es que si bien este tipo de personaje es uno de los más habituales del cine negro, este género bebe de muchas fuentes, siendo el social y el de gangsters solo dos de ellos.

Pero, ¿es realmente El Halcón Maltés la primera película de cine negro?, creo que no. ¿Asienta definitivamente las características propias del género que habíamos visto repartidas en otras cintas anteriores?, sí. Dejando de lado las características principales que definen al género, me quiero quedar con dos bien diferenciadas. Por un lado, la influencia del expresionismo alemán de los años 20 y la técnica de clarooscuros y la cuidada fotografía. Por poner un buen ejemplo M, el vampiro de Düsseldorf (Fritz Lang, 1931). El cine negro norteamericano hizo uso de este tipo de técnica gracias a la gran cantidad de directores o técnicos europeos que emigraron a los EEUU como Fritz Lang, Karl Freund, Josep von Sternberg o Micheal Curtiz. Y por otro lado, la influencia de la novela negra estadounidense (James M. Cain, Raymond Chandler, W.R. Burnett o el propio Dashiell Hammet) propia de los años 20, 30 y 40 y que sirvieron de material original para ser adaptadas a la gran pantalla. Si tenemos en cuenta lo primero, está claro que el film noir no nace con El Halcón Maltés. Como máximo, asienta una bases definitorias. Pero si consideramos la vital influencia de la novela negra, podríamos decir que si. El debate está abierto. Juzgad vosotros mismos.
La película contó con un notable éxito tanto entre el público como entre la crítica. Humphrey Bogart se situó como una de las estrellas más prometedoras de Hollywood, mientras que John Huston vio como pasaba de ser un completo desconocido a uno de los más aclamados directores del momento. La cinta logró 3 nominaciones a los Oscar, incluyendo película, guión adaptado y actor secundario (Sidney Greenstreet).
Y a pesar de la importancia capital de esta cinta en la historia del cine, y de lo aclamada de la misma, no deja de tener defectos, como el desarrollo de la historia. Algo habitual del cine negro eran los enrevesados argumentos con constantes e inexplicables giros que en ocasiones dificultaban la comprensión del espectador. El Halcón Maltés no se libra de dicha tara, en mi opinión. Esto, junto a la actriz protagonista, Mary Astor, en lo que parece un intento a medios de crear el arquetipo de femme fatale y que fracasa por todos lados, además de que la propia actriz no parece estar hecha para el papel.
Podéis ver la película online aquí:

@solocineonline

viernes, 19 de junio de 2015

Libros: El cine según Hitchcock (François Truffaut, 1966)

Pocos artistas son capaces de crear algo nuevo. La mayoría sigue unas premisas ya establecidas, o a lo sumo juegan con ellas a su antojo, pero crear, ser vanguardista... es algo que se antoja más complicado. Por esa misma razón debemos tener en cuenta a aquellos que fueron capaces de semejante tarea. François Truffaut debía pensar algo parecido, ya que tanto él como otros colegas suyos de Cahiers du Cinema supieron ver en ciertos artistas menos valorados en Hollywood su auténtico talento. Uno de ellos fue Alfred Hitchcock. Y aunque este cineasta no estuviera precisamente infravolarado o incluso denostado, pero si que se encontraba con una crítica más superficial y simplista que la europea. Mientras que en EEUU todo el mundo esperaba con ansia el nuevo thriller de Hitchcock en el que mostraría uno o varios asesinatos, en el viejo continente apreciábamos como el realizador británico mostraba ser, no solo un gran director de actores, sino un apasionado de la técnica. La fotografía de las películas de Hitchcock es materia de estudio en cualquier escuela de cine del mundo. Por no decir su aportación a los guiones de sus películas (siempre con la colaboración de su esposa, Alma Reville), en los que desarrollaba una historia que jugaba constantemente con el espectador haciendo uso de herramientas como el mítico Macguffin o inesperados giros argumentales. Pero esto no es todo. Alrededor de Hitchcock giraba todo un universo de detalles, manías, secretos, costumbres, pasiones, que le hacían único. Podríamos elaborar la más larga y detallada biografía del director, sin embargo sería una tarea innecesaria. Para ello contamos con las aproximadamente 50 horas de entrevistas que realizó Truffaut a Hitch en la que analizaron cada una de las películas realizadas por el director hasta aquel momento y la visión de ambos genios sobre el cine y sus peculiaridades. 
La novela fue todo un éxito de ventas, convirtiéndose en un título de culto; la crítica y sociedad americana vieron y comprendieron finalmente a aquel cineasta tan excéntrico y diferente; a día de hoy El cine según Hitchcock es un libro imprescindible para cualquier cinéfilo. Mi más encarecida recomendación.
Aquí os dejo algunos de mis pasajes favoritos:

Sobre la entrevista.
Escribí pues, a Hitchcock para proponerle que respondiera a un cuestionario de quinientas preguntas exclusivamente relativas a su carrera, considerada en su desarrollo cronológico. Proponía que la discusión se centrase precisamente sobre: 
a) las circunstancias que rodearon el nacimiento de cada film; 
b) la elaboración y construcción del guión; 
c) los problemas particulares de la puesta en escena de cada film; 
d) la estimación personal del resultado comercial y artístico de cada película respecto a las esperanzas iniciales. 
Hitchcock aceptó. 

Sobre El hombre que sabía demasiado (versión original)
F.T. ¿Había visto usted M
A.H. Sí, pero no me acuerdo muy bien. ¿No había un hombre que silbaba? 
F.T. ¡Sí, precisamente Peter Lorre! Supongo que por aquella época habría visto otras películas de Fritz Lang, Los espías, El testamento del doctor Mabuse... 
A.H. Sí. Mabuse, sí. Pero hace mucho tiempo de esto... ¿Recuerda usted en El hombre que sabía demasiado la escena del dentista? En principio, tenía que transcurrir en una barbería y, para cubrir a los hombres, se colocaban toallas calientes sobre la cara. Justo antes de rodar, vi una película de Mervyn LeRoy titulada Yo soy un fugitivo, con Paul Muni, en la que había una escena parecida. Entonces lo traspuse todo al consultorio de un dentista, y mientras lo hacía transformé otras cosas que ya no me gustaban. 
Rebeca
F.T. ¿Está usted satisfecho de Rebeca
A.H. No es una película de Hitchcock. 

La explicación de Hitchcock sobre el MacGuffin
A.H. La famosa cláusula secreta, era nuestro «Mac Guffin». ¡Tenemos que hablar del «Mac Guffin»! 
F.T. El «Mac Guffin» es el pretexto, ¿no? 
A.H. Es un rodeo, un truco, una complicidad, lo que se llama un «gimmick». Bueno, esta es la historia completa del Mac Guffin. Ya sabe que Kipling escribía a menudo sobre los indios y los británicos que luchaban contra los indígenas en la frontera del Afghanistan. En todas las historias de espionaje escritas en este clima, se trataba de manera invariable del robo de los planes de la fortaleza. Eso era el «Mac Guffin». «Mac Guffin» es, por tanto, el nombre que se da a esta clase de acciones: robar... los papeles —robar... los documentos—, robar... un secreto. En realidad, esto no tiene importancia y los lógicos se equivocan al buscar la verdad del «Mac Guffin». En mi caso, siempre he creído que los «papeles», o los «documentos», o los «secretos» de construcción de la fortaleza deben ser de una gran importancia para los personajes de la película, pero nada importantes para mí, el narrador. Y ahora, conviene preguntarse de dónde viene el «Mac Guffin». Evoca un nombre escocés y es posible imaginarse una conversación entre dos hombres que viajan en un tren. Uno le dice al otro: «¿Qué es ese paquete que ha colocado en la red?» Y el otro contesta: «Oh, es un 'Mac Guffin'». Entonces el primero vuelve a preguntar: «¿Qué es un 'Mac Guffin'?» Y el otro: «Pues un aparato para atrapar a los leones en las montañas Adirondak». El primero exclama entonces: «¡Pero si no hay leones en las Adirondaks!» A lo que contesta el segundo: «En ese caso, no es un 'Mac Guffin'». 

Sobre la colaboración con Dalí
Cuando llegamos a las secuencias oníricas, mi intención era romper totalmente con la tradición de los sueños en el cine, que son casi siempre brumosos y confusos, con la pantalla que tiembla, etc. Pedí a Selznick que se asegurara la colaboración de Salvador Dalí. Selznick aceptó, pero estoy seguro de que pensó que yo quería que trabajara Dalí por la publicidad que nos haría. 
Naturalmente, Dalí inventó cosas bastante extrañas que no fue posible realizar: ¡Una estatua se resquebraja y unas hormigas escapan de las grietas y se arrastran por la estatua y, luego, vemos a Ingrid Bergman cubierta de hormigas! 

El personaje de James Stewart en Vertigo
A.H. Lo que me interesaba más eran los esfuerzos que hacía James Stewart para recrear una mujer, a partir de la imagen de una muerta.

A.H. ¿Le gustó el efecto de distorsión cuando Stewart mira en la caja de escalera del campanario? ¿Sabe cómo se hizo? 
F.T. Pensé que era un «travelling» hacia atrás combinado con un efecto de «Zoom» hacia adelante, ¿no es eso? 
A.H. Eso es. Ya cuando rodé Rebecca, en la escena en que Joan Fontaine debe desmayarse, quería mostrar que experimenta una sensación especial, que todo se aleja de ella antes de su caída. Me acordaba de que una tarde, en el baile del Chelsea Art, en el «Albert Hall» de Londres, me había enborrachado de una manera terrible, y había tenido esta sensación: todo se alejaba de mí.

Si queréis saber más, haceos con el libro hoy mismo.

@solocineclasico

martes, 9 de junio de 2015

Películas - Años 60: El Proceso (1962)


LE PROCÈS/ THE TRIAL (8,5/10)

Si metiésemos en un saco a los 10 escritores más relevantes del siglo XX, Franz Kafka estaría entre ellos por méritos propios. Si en otro saco introdujésemos también a los cineastas, Orson Welles entraría seguramente de los últimos mientras que los demás le hacen el pasillo. Dos genios del último siglo, juntos. A un lado, Kafka a través de una novela publicada de manera póstuma, con una historia compleja, inacabada, y catalogada como imposible como adaptación cinematográfica. Al otro, Orson Welles, con un gran puro en la boca, y la misma sonrisa pícara de El Tercer Hombre, sabiendo que sólo él puede llevar a cabo dicha tarea. 
Y es que las historia que se nos presenta, tal y como apuntaba arriba, suponía todo un reto en cuanto a lo que narración cinematográfica se refiere. Josef K. es un hombre normal y corriente que despierta una mañana en su dormitorio junto a dos agentes de policías que le informan que se encuentra bajo arresto abierto, aunque no le dicen de lo que se le acusa. A pesar de estar en libertad, el protagonista siente continuamente el peso de la "ley" bajo sus espaldas. Ante la presión que el sistema judicial ejerce sobre él, acude a un abogado en busca de ayuda legal aunque resulta fútil. La visión de una habitación llena de acusado como él que aguardan una interminable espera para ser juzgados le hace escapar del lugar. Poco después se enterará a través de un sacerdote que ha sido condenado a muerte. A lo largo de toda la película seguimos al protagonista en su incansable, aunque inútil, lucha por descubrir los cargos de los que se le acusan y llegar al origen de la propia acusación. Un viaje opresivo, agobiante y sin retorno al mayor de los infiernos burócratas.
Incluso desde el comienzo, Welles no se anda con rodeo ante la historia que tiene entre manos. Para ello se sirve del relato corto del propio Kafka, Ante la ley, que el mismo narra.

Resulta de cierta ayuda conocer a ambos autores para poder llegar a disfrutar, entender, e incluso seguir la historia de la que somos testigos. Kafka, autor de la novela, junto a otras obras maestras como Metamorfosis, El Castillo o América, quiso mostrar su punto de vista sobre la burocratización de la sociedad y la consecuente pérdida de humanidad que esta conllevaba. Una atmósfera agobiante y surrealista de la que el mismo autor se consideraba víctima, y que plasmaba tanto en esta historia, como en El Castillo, con un personaje que podríamos considerar como un alter-ego del propio autor. La lucha de una hombre sólo contra el mundo. Un mundo de pesadilla, pero que no por ello deja de recordar al real. Por todo esto, no deja de ser cuanto menos curioso que la posibilidad de llevar la obra al cine acabase en manos de Orson Welles. Un hombre que tras su ópera prima, la aclamada mundialmente Ciudadano Kane, había vivido una larga travesía de proyectos inacabados, mutilados en la sala de montaje, o vilipendiados injustamente por la crítica. El problema de Welles fue que mientras otros cineastas supieron amoldarse a las exigencias de productores, distribuidores y censores, el director de Wisconsin siempre fue un alma libre y rebelde, lo que unido a un carácter egocéntrico y megalómano, le granjearon una serie de enemigos que le dejaron mostrar todo su potencial. El cineasta también tuvo gran parte de culpa, pero eso daría para una entrada dedicada a la personalidad de Welles. Claros ejemplos de todo esto fueron El Cuarto Mandamiento, Otelo, Mister Arkadin, o Sed de Mal. Sin embargo, el caso de El Proceso es diferente. El director se encontraba rodado Austerlitz en Francia bajo las órdenes de Abel Gance cuando conoció a los hermanos, y productores, Ilya y Michael Salkind, quienes le ofrecieron la oportunidad de dirigir una película a su gusto. Para ello le mostraron un listado de novelas entre las que podía elegir a su gusto. Welles no se lo pensó dos veces y se decantó por El Proceso de Franz Kafka. Un reto de dichas características resultaba demasiado goloso para alguien de tan buen gusto. Y más si además contaba la oportunidad de versionar a Kafka a su manera. Como el mismo autor reflejó en más de una ocasión, no veía la necesidad de ser fiel al escrito original. Seguir el argumento y captar la esencia kafkiana era suficiente para él, lo demás lo llevó a su terreno. Esto se puede apreciar tanto en el uso narrativo que da a la fotografía, movimientos de cámara, uso de los decorados, montaje, como en el desarrollo de los personajes. Mientras que el Josef K. de Kafka es un hombre inocente perseguido injustamente por la alargada sombra de la justicia, el Josef K. de Welles  (interpretado por un soberbio Anthony Perkins) no deja claro en ningún momento que no pueda ser culpable. En ese sentido podemos considerar que el personaje llegar a ser más ambiguo, pero eso no hace más que acrecentar la confusión de la historia. Y si el personaje de Josef K. resume a la perfección al anti-héroe de los principales relatos de Kafka, el del abogado Huld (Hastler en la película) no deja de recordar a los personajes que tanto gusta interpretar a Welles y que pueden recordar a los de Mr. Arkadin o el Quinlan de Sed Mal. Corruptos, traicioneros, complejos... Cabe destacar, más que los personajes, las interpretaciones que de estos realizaron las actrices Romy Schneider, Jeanne Moreau y Elsa Martinelli.

Como la mayoría de las películas de Welles, recibió críticas dispares. Si bien casi todos llegaron a la conclusión de la cinta lograba una experiencia agónica, y única, no todos supieron apreciar dicha cualidad de la misma manera. A pesar de contar con un control absoluto de la producción, el bajo presupuesto de la cinta impidió a Welles realizar la película que el deseaba. A pesar de ello no dejo de defender la cinta como uno de sus mejores trabajos. Con el tiempo se ha revalorizado, especialmente en Europa, donde Welles siempre contó el reconocimiento tanto de la crítica como del público.


@solocineclasico

viernes, 5 de junio de 2015

Películas - Años 60: Doctor Zhivago (1965)


DOCTOR ZHIVAGO (10/10)

-¡Entonces es un don!

En ocasiones resulta ciertamente complicado realizar una crítica. Le das vueltas y más vueltas, pero te ves incapaz de plasmar todo lo que tienes en la cabeza por escrito. Si ojeáis los listados de críticas analizadas en esta página veréis ausencias notables. Doctor Zhivago era una de ellas y se debía principalmente al respeto que le tengo a una obra de semejante características. Honestamente, le hace temblar a uno los dedos sobre el teclado. Sin embargo, tarde o temprano tenía que traeros una de las mejores películas clásicas que jamás tendréis la oportunidad de ver, y ese momento ha llegado. Y es que a pesar de ser todo un clásico, he de reconocer que no tuve ocasión (o ganas) de ver esta cinta hasta no hace mucho (un par de años quizás). Siendo una de las principales películas de un director como David Lean, Doctor Zhivago era una tarea pendiente, un asunto a resolver. Debido a eso, a la propia fama de la película, y a la conocidísima banda sonora de Maurice Jarre, dejé de lado esta cinta buscando algo menos conocido o sobre lo que se hubiera debatido menos. Tras superar semejante estado de idiotez me dispuse a visionar la cinta. Al poco pasé de visionar a disfrutar como pocas veces he hecho en mi vida. La grandeza de Doctor Zhivago reside en el espíritu de la cinta. En como Lean nos transporta a la auténtica Rusia de los años 10 y 20 (aunque esté rodada entre Madrid y Salamanca), y en cómo los personajes, gracias en parte a los interpretes, llegan al espectador haciendo de estos compañeros y confidentes de la historia que se nos presenta.
Nuestro narrador es el general soviético Yevgraf Andréyevich Zhivago (Alec Guinness), el cual anda tras la pista de la que podría ser la hija perdida de su medio hermano, el famoso poeta y médico Yuri Zhivago (Omar Sharif). Para ello, decide contarle a esta la historia del que podría ser su padre. A través de un flash-back nos transportamos hasta la Rusia de principios de siglo para conocer a Yuri Zhivago, un joven que acaba de quedarse huerfano y pasa al cuidado de la familia Gromeko, amigos de su madre. Es criado por la familia, junto a la hija de estos, quien a la postre será su esposa, y aunque poseé un talento innato para la poesía, decide convertirse en médico para poder mantener a su futura familia. Al mismo tiempo se nos presenta el personaje de Lara (Julie Christie), una joven estudiante que se ve forzada a convertirse en la amante de un abogado sin escrúpulos a pesar de estar prometida con Pasha Antipov (Tom Courtenay), un joven revolucionario. Estalla la Primera Guerra Mundial, Yuri es enviado al frente como médico; Pasha, casado finalmente con Lara y con una hija, se alista como voluntario para alejarse de ellas; mientras que Lara acabará como enfermera a las órdenes de Yuri en el transcurso de su búsqueda de Pasha. Tras la revolución, y la salida de Rusia del conflicto bélico, Yuri vuelve a su hogar para descubrir que ahora vive en él varias familias más,  y que apenas cuenta con leña o comida para pasar el invierno. Yevgraf decide ayudar a la familia tras descubrir a Yuri robando madera. Estos parten rumbo a la casa de campo de los Gromeko en Varýkino, junto a los montes Urales. Allí la vida no es tan fácil como parecía en un principio, sin embargo volverá a encontrarse con Lara, de la que está profundamente enamorado. Ambos se convierten en amantes, aunque cuando Yuri descubre que su esposa está emabarazada, decide terminar con Lara, justo cuando estalla la Guerra Civil Rusa, para la que Yuri será alistado forzosamente.

(Julie Christie como Lara)
(Omar Sharif como Yuri Zhivago)
Creo que ya he contado suficiente sin revelar demasiado y sin mencionar algunos de los grandes momentos de la cinta, además del propio desenlace. Os recomiendo encarecidamente su visionado. Pero para hablar de Doctor Zhivago, hemos de hablar de Borís Pasternak, autor de la novela homónima, ganador del Novel por dicha obra, y hasta cierto punto, alter-ego del propio Zhivago. Y es que Pasternak, afamado poeta ruso, vivió de primera mano todos los acontecimientos que se describen en la obra, desde el estallido de la Primera Guerra Mundial, la Revolución Bolchevique, la Guerra Civil Rusa, el hambre, el terror... con el tiempo se vuelve crítico con la situación de su país. Siendo acusado de subjetivo, pierde el favor del Partido, y se libra por poco del Gulag tras la Gran Purga, a finales de los años 30. Podemos afirmar que Doctor Zhivago es la obra de toda una vida, sin embargo, no fue hasta el final de la Segunda Guerra Mundial que Pasternak comenzó a escribirla, concluyendo 10 años después. Ante la imposibilidad de publicar la novela en la Unión Sovietica, el autor entrega un manuscrito de la obra a Sergio d´Angelo, miembro del Partido Comunista Italiano, y corresponsal de Radio Moscú. Este le entrega el documento al editor, y también miembro del PCI, Giangiacomo Feltrinelli, el cual publica finalmente la novela en 1957 tras una serie de presiones por parte de terceros. Poco después se publica en casi una veintena de idiomas, logrando un gran éxito internacional. En Rusia la novela es prohibida, sufriendo Pasternak una fuerte persecución por la misma. La cosa empeora para el autor, paradojicamente, cuando la academia sueca decide otorgarle el Novel de Literatura por su trabajo. Este, temiendo por su propia seguridad, se ve obligado a rechazar el galardon, muriendo un par de años después. No sería hasta 30 años después que Doctor Zhivago llegase a Rusia. 
Debido al éxito de la novela, no era de extrañar que su adaptación cinematográfica llegase tarde o temprano. Carlo Ponti, productor italiano de La Strada (Federico Fellini, 1954) o Guerra y Paz (King Vidor, 1956), decide llevar a cabo la titánica tarea de llevar la obra a la gran pantalla para lucimiento de su esposa, Sophia Loren. David Lean, que viene de disfrutar del éxito de Lawrence de Arabia, acepta dirigir la cinta, acostumbrado a este tipo de proyectos, aunque con ganas de dirigir un film más romántico e intimista. Para el papel principal, Lean quería contar con Peter O´Toole, aunque acabaría finalmente en manos de Omar Sharif, quien había trabajado anteriormente también con Lean, y que en un principio había pedido dar vida a Pasha Antípov. Otros nombres como Paul Newman o Max von Sydow sonaron como Zhivago. El papel de Lara había sido pensando originalmente para Sophia Loren, aunque Lean convenció a los productores que la diva italiana no encajaría con el personaje. Se barajaron nombres como los de Audrey Hepburn, Yvette Mimieux, Sarah Miles, o Jane Fonda, aunque finalmente sería Julie Christie la elegida. Lean contó por tercera vey con uno de sus actores fetiches, Alec Guinnes, para el papel de Yevgraf Andréyevich Zhivago.
Ante la imposibilidad de rodar en Rusia, el equipo se trasladó durante casi un año para recrear la Rusia de la novela. Madrid, Salamanca, Soria, Salamanca, la Presa de Aldeadávila, fueron algunas de las localizaciones escogidas para el rodaje. También se rodaron un par de escenas en Finlandia, junto a la frontera con la URSS.
La película tuvo un gran éxito de taquilla, estando en pantalla durante años, y logrando que se reestrenasen frecuentemente. Actualmente, y teniendo en cuenta la inflación, nos encontramos con la octava película más taquillera de la historia. Sin embargo, la crítica nunca ha tenido a Doctor Zhivago entre las mejores. La acusan de presentar un ritmo lento, lo que acompañado de su larga duración no termina de ayudar a la cinta. Tampoco gustó que Lean diese más peso a la historia entre Yuri y Lara que al trasfondo histórico de la cinta. Curiosamente, y a pesar de ser uno de los temás conocidos de la historia del cine, la crítica también se cego con el tema principal de la banda sonora de Jarre, el Lara´s Theme. Todo esto no impidió que la película lograse el Globo de Oro a Mejor Película, Director, Actor, Guión y Banda Sonora, además de 10 nominaciones a los Oscar, ganando Guión Adaptado, Fotografía, Banda Sonora, Dirección Artística y Vestuario. Afortunadamente, la cinta ha ganado adeptos con el paso de los años, logrando un merecido reconocimiento.

@solocineclasico

domingo, 24 de mayo de 2015

10 Clásicos que ganaron en Cannes.

No hay festival de cine en el mundo de mayor prestigio que el de Cannes. Durante algo más de una semana, las principales estrellas del panorama cinematográfico mundial se dan cita en la ciudad francesa ubicada en la hermosa costa mediterránea. El cine como arte e industria se funde en uno durante los diferentes pases de las películas, en las diferentes categorías. La sección oficial es la que atrae el mayor interés de los aficionados al cine. La ganadora final, la película que se alzará con la Palma de Oro, pasará a ser una de las películas a tener en cuenta del resto de la temporada, independientemente de que sea buena o no.
El festival ha cambiado con el paso de los años, pero la esencia de alzar a una serie de películas como ganadoras, siempre ha estado presente. A continuación os dejo diez películas clásicas que triunfaron en Cannes.

ROMA, CITTA APERTÀ - Roma, Ciudad Abierta (Roberto Rossellini, 1945) ITALIA
Cinta clave del neorrealismo italiano, la película de Rossellini es a día de hoy una de las más importantes y aplaudidas de la filmografía italiana, que no es decir poco. Aquel ano, 1945, el primero en el que se volvía a celebrar el festival tras la Segunda Guerra Mundial, fueron varias las ganadoras.


BRIEF ENCOUNTER - Breve Encuentro (David Lean, 1945) REINO UNIDO
Injustamente olvidada a día de hoy debido al éxito posterior de David Lean con clásicos como El Puente sobre el río Kwai, Lawrence de Arabia, o Doctor Zhivago, sin embargo, no deja de ser una de las mejores películas británicas de la historia. 


THE LOST WEEKEND - Días sin huella (Billy Wilder, 1945) EEUU
Acabó ganando el Oscar aquel mismo ano, y es que la cinta de Wilder golpeó con fuerza a la sociedad norteamericana ante el retrato que hace de su protagonista y su alcoholismo.


THE THRID MAN - El Tercer Hombre (Carol Reed, 1949) REINO UNIDO
¿Qué decir de una de las mejores películas de la historia? Pues que aquel año en Cannes, se hizo justicia.



MIRACOLO A MILANO - Milagro en Milán (Vittorio de Sica, 1951) ITALIA
Otras de las grandes joyas del neorrealismo italiano aunque perteneciente a una vertiente más irreal e imaginativa. 


OTHELLO - Otelo (Orson Welles, 1952) MARRUECOS/ITALIA
Aunque solo fuera por la increíble epopeya que vivió esta cinta para verse terminada merecería la Palma de Oro (en aquel momento, Gran Premio). La razón se debió a los constantes problemas para encontrar financiación, por lo que el propio Welles tuvo que pagar de su bolsillo la producción gracias a los trabajos de actor que recibía, sin embargo, eso suponía pausar el rodaje durante largos periodos de tiempo. En total se tardó tres años en terminar la película.



LE SALAIRE DE LA PEUR - El Salario del Miedo (Henri-Georges Clouzot, 1953) FRANCIA
El mejor trabajo del director francés que aún a día de hoy sorprende por su realismo y crudeza. La historia de cuatro hombres que deberán a travesar la jungla a través de un asfalto de país subdesarrollado con camiones cargados de nitroglicerina. Soberbia.


FRIENDLY PERSUASION - La Gran Tentación (William Willer, 1957) EEUU
Magnífica tragicomedia sobre la comunidad cuáquera en Estados Unidos, su rechazo a la violencia, y como afectará que el hijo mayor decida alistarse para ir la guerra (Guerra Civil Americana). Gary Cooper en uno de sus mejores trabajos.


LA DOLCE VITA (Federico Fellini, 1960) ITALIA
¿Una de las mejores películas de la historia? Posiblemente, por lo que, ¿para qué decir más?


VIRIDIANA (Luis Buñuel, 1961) ESPANA
Única película española en ganar la Palma de Oro en la historia. No es de extrañar que fuera gracias a una cinta de Buñuel, el mejor director de nuestra filmografía, en un trabajo para el que decidió aparcar a una lado su rechazo a la dictadura y volver por un corto periodo de tiempo a su tierra natal.

@solocineclasico

domingo, 17 de mayo de 2015

Películas - Años 60. La Condición Humana III: La Plegaria del Soldado (1961)


NINGEN NO JOKEN (9,5/10)

-No hubo una despedida entre nosotros.

Tras el origen del conflicto, del odio, y todas y cada una de las motivaciones que llevaron a la guerra, tocó explicar como funcionaba esta y como las matanzas se sucedían una tras otras al ser dirigidas por quienes eran dirigidas. Llegado el final, era momento de recoger los frutos. Frutos de crueldad, violencia, desolación y muerte. Esto es lo que hayamos en la maravillosa conclusión de esta soberbia trilogía de La Condición Humana.
Tras la terrible batalla contra los rusos, la unidad de Kaji ha quedado destrozada. Apenas unos pocos supervivientes se reunen tras la lucha, decidiendo huir de aquella locura en dirección al sur en un último intento de regresar a casa vivos. Para ello, nuestro protagonista deberá evitar no pocos peligros, como otras unidades de japoneses que buscan a supervivientes o desertores; las tropas rusas que hacen prisioneros; los propios civiles chinos ansiosos por vengarse tras el brutal trato recibido con anterioridad por las tropas niponas; y por encima de todo, la fuerte culpabilidad que le atormenta por dentro tras haber participado en la batalla. Se considera un asesino, ha traicionado todo en lo que creía, y su único deseo, volver junto a Michiko, parece casi imposible. El viaje será tanto físico como mental.
Un relato homérico que poco o nada tiene que envidiar a cualquier otra historia de post-guerra que jamás se haya contado, y con la que Kobayashi pone punto y final a su trilogía, uno de los mejores documentos jamás filmados sobre la guerra, los orígenes, el desarrollo, y su conclusión. Todo un alegato anti-bélico como el propio protagonista, quien no es sino otra víctima más del poder de unos pocos que arrastran a muchos haciendo uso del terror, la violencia, y la manipulación. En las dos primeras entregas somos testigos de como el japonés medio es arrastrado a la guerra bajo proclamas que incitan al odio, junto al propio orgullo racial y nacional. Son principios ideológicos que convencen a los hombres y mujeres para unirse a la lucha. Son estás las razones por las que se sacrifican inútilmente. Si tenemos en cuenta este profano resumen por mi parte como una de las principales premisas de las dos partes anteriores, en esta última da una perfecta vuelta de tuerca al mostrar a los, anteriormente convencidos oficiales japoneses, colaborar concienzudamente con los guardias rusos en los campos de prisioneros. Los que antes eran sus más feroces enemigos, y sobre los que se había volcado todo el odio posible, ahora eran los jefes, y ellos lo aceptaban. De la misma manera que Kaji, socialista convencido, además de pacifista, asiste con horror al desencanto del comunismo como régimen, comprendiendo que este difiere poco de cualquier otro sistema totalitario. Kobayashi trata de internacionalizar su historia, ya que no es su conclusión sobre la guerra focalizado en el lado japonés lo que vemos en la pantalla, sino la conclusión a cualquier guerra. Las razones pueden cambiar, los métodos y los resultados posteriores no. 
Opino que la grandeza de La Condición Humana radica en esto último, en que si bien los personajes y la historia transcurren en el bando japonés, podríamos identificar a cualquier otro bando con la historia que nos muestra, resultando finalmente esta trilogía un relato sin fronteras, pura y trágicamente humano.
Y aunque esta última parte resulté sin duda alguna la mejor de las tres, es también la más pesada en cuanto a ritmo. Kobayashi no quiso dejar cabo suelto alguno, preocupándose más por lo que contaba, que como lo contaba. Es el único pero que le encuentro, y como yo, muchos más, que a pesar de ello, supieron ver en el trabajo del director una de las mejores obras anti-belicistas de la historia. No gustó mucho en Japón al estrenarse entre 1959 y 1961, ya que el retrato del ejército y la sociedad incomodó a muchos. Si triunfó, no obstante, en gran número de festivales internacionales. Lo que no impidió que pasase desapercibida para varias generaciones de espectadores. Debemos agradecer a The Criterion Collection su restauración y posterior lanzamiento en DVD en el 2009 (50 años después), el cual ha llegado a un gran número de cinéfilos que desconocían la que es una de las mejores trilogías jamás filmadas.
Kobayashi se granjearía el respeto y admiración de la comunidad artística japonesa gracias a su trabajo y talento, llegando incluso a superarse así mismo en 1962 con Karakiri, considerada por muchos como la mejor película japonesa de la historia. Además de la hermosa El más allá, toda una joya. En ambas volvió a colaborar con Tatsuya Nakadai, que como decía en la primera entrega, se convirtió en una de las grandes estrellas del cine japonés. Kurosawa se fijó en el joven actor y comenzó a trabajar con él. Resultado de dicha colaboración nos llegó en películas como El mercenario, Sanjuro o la genial El Infierno del Odio.

Podéis ver la película online aquí:

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miércoles, 6 de mayo de 2015

Películas - Años 50. La Condición Humana II: El Camino a la Eternidad (1959)


NINGEN NO JOKEN II (9/10)

-¡Soy un monstruo... pero sigo vivo!

Si en la primera entrega de La Condición Humana: No hay amor más grande, analizábamos el mensaje anti-imperialista y anti-totalitarista que su director, Masaki Kobayashi, buscaba transmitir al espectador a modo de crítica y denuncia hacia el pasado de su propio país, en esta segunda parte era el turno del estamento militar. Mencionado también en la primera parte, tanto el director como el autor de las novelas en las que se basa esta trilogía, Junpeo Gomikawa, decidieron dejar su concienzudo análisis del ejército japonés para esta entrega. Sabíamos que ir al frente era poco menos que ir al infierno, como en cualquier guerra. Y a su vez, formar parte del ejército nipón, dirigido con puño de hierro, victima de una disciplina y rigidez pocas veces vista en la historia, tampoco se quedaba corto. El espíritu racista y xenófobo que impregnaba el ambiente de este hacía que las campañas de dicho ejército fueran auténticas masacres. Todo esto era lo que nuestro protagonista, Kaji, trataba de evitar. Sin embargo, al final de No hay amor más grande era enviado al mismo como castigo por negarse a dar un trato "a la japonesa" a los trabajadores chinos de la mina en Manchuria.
Debido a las sospechas de sus superiores a cerca de su simpatía hacía la izquierda, Kaji es enviado al grupo de reclutas que sufren a los instructores más duros de todo el ejército. A pesar de habilidades como soldado, su buena puntería, su coraje, y sus dotes de mando, los oficiales y sub-oficiales tratan de hacerle la vida imposible siempre que tienen oportunidad. Durante el día a día, en los entrenamientos, en los barracones... Pero no sólo a él. Cualquier signo de debilidad, ya sea físico o ideológico ha de ser erradicado por los medios que hagan faltan. Irónicamente, la esposa de Kaji, Michiko, logra milagrosamente a través de un carta al superior de Kaji, cruzar toda Manchuria y llegar al campamento para pasar una última noche a solas con su marido. Finalmente será enviado al frente para luchar contra los rusos. Allí, nuestro protagonista será finalmente testigo de lujo de los horrores de la guerra. El miedo al enemigo, a la batalla, pero también a sus propios oficiales, que mandan a una muerte absurda a sus soldados, dejándose llevar por sus ideales antes que por sus propios conocimientos militares.


Cuando discutimos sobre que película de una trilogía o una saga continuada es mejor, hemos de recordar que cada una depende del resto para tener algún tipo de sentido. El conjunto es al final lo que prevalece. Eso no quita que una pueda gustar más que las demás. En mi caso, me quedo definitivamente con este título. Esta segunda (o cuarta y quinta) entrega se merece un lugar en la historia del cine debido a una simple razón: fue la primera que se atrevió  retratar las oscuras entrañas del ejército (en este caso el japonés) y como en vez de forjar soldados forjaban asesinos. La manipulación, la propaganda, la ideología, la dura disciplina, el acoso por parte de los veteranos a los reclutas, era un tema casi tabú en el cine. Por no mencionar las barbaries que parte de estos llegaban a realizar en el frente. Sí, podemos encontrar casos como Sin novedad en el frente (Lewis Milestone, 1930) en el que se denuncia a los políticos e ideólogos que incitan a las guerras que acaban con millones de vidas inocentes, o el de Senderos de Gloria (Stanley Kubrick, 1957), que se atrevía a criticar al ejército y a algunos de sus oficiales, sin embargo, el resto de cintas se centraban más en criticar al ejército enemigo que al propio. El Camino a la Eternidad supone toda una lección de cine en ese aspecto.

Resulta curioso visionar la primera parte, en la que vemos el día al día de los nuevos reclutas del ejército y del infierno que pasaban antes de marchar al frente. La dura disciplina de sus oficiales, los duros entrenamientos, etc... y que se te venga a la cabeza el comienzo de una película de temática similar, La Chaqueta Metálica (Stanley Kubrick, 1987), la cual copia literalmente en su también primera parte a El Camino a la Eternidad, incluyendo el personaje "patoso" que acaba suicidándose ante la presión de los veteranos y la alienación que sufre víctima de los malos tratos. Kubrick aprovechó, quiero pensar, el hecho de que esta trilogía apenas era conocida fuera de Japón, y no fue hasta tiempo después que comenzó a hacerse un nombre aunque a día de hoy siga siendo bastante desconocida. Y si bien el director norteamericano copió el trabajo de Kobayashi en la primera parte de su cinta, superó claramente al maestro en la segunda, ya que el japonés, más centrado en el mensaje y en mostrar el horror del ejército, descuidó un tanto el aspecto de la batalla final tal cual. Casi tres horas de cinta, y lo que debería haber supuesto el momento culmen de la película peca en casi todo. Le falta alma, le falta crudeza, le falta realismo. Aunque en su conjunto la trilogía pueda resultar actual como el mismo día que se estrenó esta parte carece de la fuerza del resto de la historia. Es, posiblemente, el único aspecto en contra que soy capaz de encontrar a esta magnífica cinta.

Podéis ver la Película Online Aquí:


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lunes, 4 de mayo de 2015

Películas - Años 50. La Condición Humana I: No hay amor más grande (1959)


NINGEN NO JOKEN I (8,5/10)

Existen muchas maneras de alcanzar el éxito al realizar una película. La mayoría subjetivas y dependientes de factores ajenos a uno mismo como artista. Sin embargo, se ha convertido en algo habitual para un servidor encontrar el alejamiento cultural y estilístico de origen de una cinta como algo digno de alabanza y sinónimo de calidad. Por poner un ejemplo, algo muy típico en España para catalogar una película como buena es decir que no parece española, aunque en nuestro caso sea porque somos así de especiales. Por el contrario, en el cine clásico, cuando este estaba menos globalizado, la procedencia de la cinta era algo fácil de ver y catalogar. Claro, que había excepciones. Si pensamos en el cineasta más conocido de Japón, por poner un ejemplo, Akira Kurosawa, podemos afirmar sin duda alguna que si bien su estilo era japonés, este se encontraba ciertamente alejado al habitual del país nipón. En occidente se le reconocía por ello, mientras que en su país de origen ciertas voces le resultaban críticas. Algo similar ocurrió con otro gran director japonés, Masaki Kobayashi, quien en su magnífica trilogía de La Condición Humana, dota de un estilo y ritmo a sus tres películas más propio de occidente, y dicha característica se le considera como algo digno de elogio. Por mi parte, todo lo que sea alejarse del pesado ritmo de cine japonés clásico es más que bienvenido. Pero esto no es todo.
Kobayashi nos traslada hasta la Segunda Guerra Mundial, conflicto en el que Kaji, un japonés socialista y pacifista acepta el puesto de supervisor laboral de una mina en la zona ocupada de Manchuria. para así evitar el servicio militar y poder seguir junto a su joven esposa, Michiko. Allí tratará de mejorar las condiciones de vida los trabajadores, prisioneros chinos, lo que le reportará no pocos problemas con sus superiores hasta que como castigo es enviado a servir en el ejército como soldado.

El argumento está basado en la trágica historia real de Junpeo Gomikawa, quien tras ser liberado de un campo de prisioneros de guerra japoneses en 1948, publicó su autobiografía en la que narraba tanto sus experiencias en Manchuria, como en el frente durante la Segunda Guerra Mundial. Esta serie de novelas impresionaron tanto al director Masaki Kobayashi, el cual se identificó en ciertos pasajes con Gomikawa por sus propias vivencias e ideales políticos durante la guerra, que decidió hacerse con los derechos de la misma tras hacerse un nombre en la industria fílmica japonesa gracias al éxito de sus trabajos anteriores, La Pared Fina (1956) y Río Negro (1957) para llevarlas a la gran pantalla.
Kobayashi buscó ser lo más fiel posible a las novelas, por lo que además de consultar constantemente al autor, decidió realizar tres películas divididas en dos partes de unos 100 minutos aproximadamente cada una, lo que nos reporta finalmente 10 horas de auténtico cine. Además, para el papel protagonista contó con Tatsuya Nakadai, con quien ya había trabajado en sus dos anteriores películas, y que le supone su primer gran papel. Tras estas cintas, y gracias a su soberbio trabajo, Nakadai se convertiría en toda una estrella en Japón, a la misma altura de Toshiro Mifune y Takashi Shimura, y con quien volvería a trabajar un par de años después de Harakiri (1962), considerada la mejor película japonesa de la historia.

Pero como podemos apreciar la calidad de esta obra (primera, segunda, o tercera entrega) es a través de su mensaje. Un mensaje anti-belicista, ante-totalitario, pro-pacifista y pro-humano. Analizando el momento y el tipo de sociedad que le toca vivir a nuestro protagonista, no podía sentirse más aislado y desamparado del mundo. Un individuo que rechaza todo ese sistema establecido (militarista, racista, imperialista) y que se debate entre ser fiel a sus principios como persona y mostrar su disconformidad hacia todo aquello, o aceptarlo tal y como está para sobrevivir y seguir al lado de su esposa. Ya que en otro tipo de circunstancia o película, el personaje femenino habría sido única y exclusivamente de soporte romántico con, seguramente, un personaje plano y hasta irritante. Pero en La Condición Humana, Michiyo Aratama nos regala una bellísima interpretación gracias a uno de los personajes más tiernamente escritos en la historia del cine. La fuerza de este personaje, y su admirable fidelidad hacia su esposo es digna de elogio y reivindicación, y sino esperad a la segunda entrega.
Existen ciertos momentos en la vida de todo aficionado al mundo del cine en el que tiene la oportunidad de visionar, por recomendación o casualidad, un documento artístico único. La Condición Humana será, dificilmente, la trilogía favorita de alguien, y sin embargo, pocos que la hayan visto y sabido apreciar como lo que es, dejarán de recomendarla y reconocerla como una obra capital de la historia del cine.

Podéis ver la Película Online Aquí:


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